Capítulo 1 - Parte 3

Durante la mañana de ese mismo día, y luego de ser severamente sermoneado por Letizia, me encontraba en la sala del trono, junto a mis tres compañeros de bebidas.

Frente a nosotros se encuentra la princesa, y su más leal asistente, Bastener Harley.

Miré a Letizia, y hablé.

— Esto… Princesa, ¿Por qué nos ha reunido a los cuatro aquí?

— Porque acaba de llegarnos un mensaje de emergencia del pueblo Mifer.

Los cuatro nos sorprendimos al oír eso.

— ¿Qué fue lo que ocurrió allí?

Pregunté.

— Han ocurrido desapariciones de niños desde hace un tiempo, avistamiento de personas sospechosas, y cadáveres hallados durante la noche. El alcalde de ese pueblo parece no hacer nada al respecto, y debido a eso, los pueblerinos solicitaron ayuda al reino por cuenta propia, están cansados de lo que ocurre allí, y que el gobernante de ese sitio no haga nada. De continuar así, tarde o temprano se esperará una revuelta, y las muertes aumentarán.

Dijo Harley respondiendo a mi pregunta.

— ¿Niños desaparecidos?... Eso es terrible…

Añadió Hana, con una cara pálida.

— En efecto es terrible que algo así suceda, por eso no puedo quedarme de brazos cruzados. Si fuera por mí, iría yo misma a ver qué sucede allí, ya que soy la princesa. Pero no puedo dejar solo el reino ya que mis padres no están aquí. Por eso los he convocado a ustedes cuatro para que vayan en mi lugar.

Así que esa era la razón por la cual nos llamó…

— Por supuesto, todos serán recompensados por sus servicios, a excepción de Aza-kun.

Añadió la princesa con una sonrisa en el rostro.

— Es por lo ocurrido anoche, ¿Verdad?

— Vaya, eres más listo de lo que pensaba, Aza-kun. Este será tu castigo por hacerme esperar, sabes que odio eso.

Noté como claramente mis amigos se reían en silencio, fue su culpa que esto pasara.

Suspiré.

Supongo que me lo merezco por seguirles el juego.

— Entendido, partiremos de inmediato hacia el pueblo de Mifer. Regresaremos lo antes posible, princesa.

— Que les vaya bien.

Respondió ella con una sonrisa.

Luego de eso, los cuatro nos pusimos en marcha hacia el pueblo de Mifer.

Ya había pasado más de una hora desde que dejamos Thiaden, y aún nos faltaba un buen rato para llegar a nuestro destino.

— Hacía mucho tiempo ya que no teníamos una misión juntos, esto me trae recuerdos.

Dijo mi amigo de rubios cabellos mientras caminábamos.

Hubo una época en la que los cuatro éramos inseparables, realizábamos misiones todo el tiempo. Incluso entrenábamos juntos durante nuestra juventud.

— Me gustaría que nuestro viaje fuera más largo, así podríamos acampar como en los viejos tiempos.

— Oh, eso sería genial Ed.

— Verdad que sí, ¿Tenma?

Hana suspiró al oír a mis dos amigos.

— Ustedes dos siempre piensan en eso.

— Y tú siempre piensas en beber, mujer.

Respondió Tenma al comentario de la chica de lentes.

— ¿Tienes algún problema con eso?

— No lo tendría, si no te pusieras tan molesta y competitiva al beber.

— ¿Ah? ¿Qué tiene de malo eso? No es mi culpa que siempre pierdas por ser una nena quejumbrosa.

— Tch, lo dice la mujer pervertida que siempre se la pasa borracha en la taberna.

Ambos se miraron fríamente y estaban listos para luchar.

Suspiré, si no evito esto, saldrán heridos.

— Ustedes nunca cambiarán ¿Verdad? Cálmense, recuerden que estamos en una misión, no en un viaje de placer.

Al oírme, ambos dirigieron sus miradas hacia mí, y hablaron al unísono.

— ¡Pero Aza, el comenzó!

— ¡Pero Aza, ella comenzó!

Volví a suspirar.

— ¿Tendré que lidiar con esto todo el viaje?

Edward rio.

— Jo, jo, justo como en los viejos tiempos.

Luego de unas horas de dolor de cabeza causado por las constantes peleas de mis dos amigos, llegamos al pueblo de Mifer.

Pese a ser no más del medio día, no se encontraba ninguna persona en las calles del pueblo, se mire por donde se mire. Todas las puertas de las casas se encontraban cerradas, incluso los puestos mercantiles estaban cerrados.

— Esto es demasiado extraño, por la hora que es, las calles deberían estar llenas.

Dijo la chica de lentes.

Y tiene toda la razón.

— ¿Estarán durmiendo la siesta todos juntos?

— No seas idiota, Tenma.

— Sólo era una broma, mujer.

Me dirigí hacia una tienda que se encontraba cerrada, tal vez los dueños estén dentro.

— Disculpen, ¿Hay alguien allí?

Golpeé la puerta, pero no recibí respuesta alguna.

— Si hay alguien allí dentro, fuimos enviados de la capital de Thiaden por una solicitud que alguien de este pueblo hizo.

Por segunda vez, no recibí ninguna respuesta.

Suspiré y me dirigí hacia mis compañeros, negando con la cabeza.

— ¿Acaso sólo fue una broma?

Dijo Tenma.

— No creo que alguien sea tan estúpido como para bromear con algo así.

Respondí.

— ¿Qué hacemos, Aza?

Preguntó Hana.

— No podemos irnos sin saber qué ocurre aquí, Hana. Debemos investigar por los alrededores.

— Pienso lo mismo que Aza, no podemos ignorar una situación como esta si resulta ser verdadera.

Asentí a lo que dijo Edward, y nos propusimos a buscar por el pueblo, y a continuar llamando a las casas.

Luego de varios minutos, no tuvimos suerte, no encontramos nada.

Los cuatro suspiramos.

— No puede ser que no hayamos encontrado nada. Ni siquiera hay animales rondando por aquí.

— Así es, y tampoco sería bueno meternos en las casas como si nada, no debemos tumbar las puertas tampoco.

Dijeron Hana y Tenma.

— Ni siquiera se escucha sonido dentro de las casas, es como si…

— Como si se estuvieran ocultando de alguien, o de algo.

Respondí al comentario de Edward, y el asintió con la cabeza.

Demonios, esto luce muy mal.

¿Acaso todos están muertos ya?

¿Qué diablos ocurre aquí?

¿Qué se supone que debemos hacer?

Esas tres preguntas se repetían sin parar en mi cabeza.

Maldición.

Tomé mi espada, y al hacerlo, mis compañeros se pusieron en guardia.

— Aquí vienen, tengan cuidado.

Los tres asintieron.

De repente, un grupo de personas encapuchadas aparecieron frente a nosotros, no parecen nada amigables.

Los recién llegados portaban armas, y entre ellos se encontraban algunos hechiceros.

— Tal parece que la razón por la que vinimos no fue una broma después de todo.

Dije mientras miraba a mis enemigos.

— Es lo más seguro.

Respondió Edward.

— Bah, todos parecen unos debiluchos.

— Tenma, no te confíes, puedes morir, ¿Sabes? Si mueres, me reiré mucho de ti.

— ¡Ah! Tan malvada como siempre, no pienso morir aún, ¡Hana!

— Sólo eres un niño creído, Tenma.

— Y tú una ebria asquerosa, Hana.

— ¿Ah? ¿Dijiste algo?

Hana le lanza una mirada atemorizante a Tenma al oír eso.

— N-No… no he dicho nada, Hana.

— Eso es lo que creí.

Estos dos, nunca cambian, han sido así desde niños.

— Oigan, saben que estamos rodeados de enemigos, ¿Verdad?

Pregunté.

— Pff, estos tipos no son nada, Aza. Yo sólo puedo contra ellos.

— Oh, quiero ver eso, Tenma. Vamos, acaba con todos ellos tú solito.

— Haremos esto entre todos, no debemos confiarnos.

Dije mientras me ponía delante de mis compañeros, y desenvainaba mi espada.

— Bien, bien, seguiremos tus órdenes, capitán.

Suspiré.

Detesto que me digan así…

— Tenma, izquierda. Hana, derecha. Ed, los que están detrás nuestro. Yo me encargaré de los que están frente nuestro y de los hechiceros.

— ¡Entendido!

Al dar la orden, mis compañeros ya se encontraban luchando contra los enemigos.

Tenma lucha con una lanza, Hana utiliza una espada corta, y Edward no necesitaba de algún arma en particular, sus puños eran lo suficientemente poderosos como para destruir rocas.

Yo manejaba una espada larga, aunque también se me daba bien la lucha con puños.

— Recuerden, no los maten si no es necesario, debemos interrogarlos.

Grité a mis compañeros.

En algunos casos no hay más remedio que matar al oponente. Pero en lo posible intento no hacerlo, ya que, como castigo, la muerte es algo muy benevolente.

En el reino de Thiaden se implementó que, como castigo, en vez de pena de muerte, los criminales normales son condenados a una prisión. Pero los criminales que iban a ser condenados a la horca, son dados como esclavos para las minas por el resto de sus vidas, de esa manera, su castigo serviría de ayuda para el reino, y se sacaría provecho de eso.

Me parecía correcto el hacer eso, ya que, al matarlos, todo termina allí mismo y descansarán en paz. Y no es justo brindarle ese privilegio a un criminal.

Tomé mi espada, y lo primero que hice fue incapacitar a los molestos hechiceros que se encontraban escondidos en la retaguardia, luego de eso fue sencillo acabar con los demás soldados.

Varios minutos más tarde, ya habíamos incapacitado a los soldados enemigos, por suerte no tuvimos que matar a nadie, pero envié un cuervo mensajero al reino para enviar un pequeño grupo de caballeros capaces de encarcelar a estos tipos.

Mientras esperábamos a que lleguen los soldados, me tomé la libertad de interrogar a nuestros enemigos abatidos.

— ¿Por qué razón se encuentran soldados extranjeros en este pueblo? Son de Deatrhor, ¿Verdad?

El sujeto al cual estaba interrogando me miró con una gran ira en sus ojos, y escupió cerca de mis pies.

— No tengo nada para decirle a alguien como tú.

Tch. Con que así va a ser.

— Sabes lo que les va a pasar a ustedes una vez que lleguen los caballeros y se los lleven, ¿Verdad?

— Nos ejecutarán.

Respondió el invasor.

— Oh, claro que no. Eso sería muy benévolo para invasores como ustedes, ¿Sabes? En este reino las cosas no son así. Ustedes serán entregados como esclavos para las minas, humillados, y obligados a trabajar por el resto de sus vidas allí. Con el mínimo de comida y agua para que sobrevivan día a día. Ni siquiera serán tratados como humanos, si no, más bien como simples bestias que trabajan para sus amos, ¿Sabes?

El soldado se horrorizó por completo al oír lo que dije.

— ¿A qué te refieres? ¿Cómo pueden ser capaces de hacerle eso a alguien?

— Ara, ¿A qué te refieres? ¿Acaso no son ustedes los que invadieron nuestro reino, secuestraron, y mataron personas en este pueblo?

— Tch. Sólo acaba con nuestra vida de una vez por todas. ¡Prefiero morir antes que pasar por toda esa humillación!

Sonreí a lo que dijo el sujeto, y me acerqué a él para susurrarle algo.

— Podría llegar a un acuerdo contigo entonces. Si me dices todo lo que quiero saber, perdonaré tu vida, y no tendrás que ser un esclavo, sólo pasar tu vida en una celda como un criminal menor. Pero tus compañeros sí serán utilizados como esclavos. Este trato te lo ofrezco sólo a ti, y a nadie más. Así que, ¿Qué dices?

Rápidamente el sujeto asintió con una gran sonrisa en el rostro.

— Así está mejor. Ahora dime, ¿Quién es el responsable de todo esto?

— ¡El alcalde del pueblo! Nosotros sólo le ofrecimos nuestro conocimientos y servicios, pero fue él quien secuestró y asesinó a todas esas personas desaparecidas.

Demonios, no esperaba que un residente del pueblo fuera el culpable, y mucho menos el alcalde. Así que por eso no quiso pedir ayuda de la capital.

— ¿Por qué razón vinieron a este reino?

— Para iniciar una revuelta desde dentro, y luego expandir nuestro territorio.

— Supongo que tu grupo no es el único infiltrado, ¿Verdad?

Él asintió a mi pregunta.

Esto es más grave de lo que pensaba, tuvimos suerte de toparnos con estos tipos lo antes posible.

— De acuerdo, tu confesión será agradecida.

— ¿Cumplirás con tu palabra?

— En efecto.

Él sonrió, y nuestra charla terminó allí.

Me dirigí hacia mis compañeros, los cuales habían oído toda la conversación, y se encontraban procesando lo dicho.

— Aza, ¿Realmente perdonarás a ese sujeto?

Preguntó Hana.

— Para nada, él en especial merece ese destino. Alguien capaz de vender a sus camaradas por salvar su culo, no es más que una basura.

Los tres sonrieron y hablaron al unísono.

— Bien dicho.

Junto con mis tres compañeros, esperé a que los caballeros del reino llegaran, no tardaron mucho. Luego de comentarles lo ocurrido, les pedí que se los llevaran, y que todos sufran el mismo castigo por lo que hicieron. El soldado soplón se quejó hasta más no poder, pero eso no importaba, ya que, de una manera u otra, tendría el mismo destino que sus compañeros, aunque lo más seguro era que ellos se encargaran de él por soplón y traidor.

Ahora sólo quedaba una cosa por hacer. Encargarse del alcalde de este pueblo.

Mis compañeros y yo nos dirigimos hacia su “mansión”, mientras que unos pocos caballeros esperaban en el pueblo por si algo más ocurría.

Al llegar, notamos que la puerta estaba firmemente cerrada, así que decidí dejarle este trabajo a mi enorme compañero.

— Ed, derriba la puerta.

Edward flexionó sus brazos para presumir de sus enormes músculos.

— Será pan comido, Aza.

En un instante, él tacleó tan fuerte la puerta, que la mandó volando hacia el interior del edificio, provocando un gran ruido.

— ¡Bua ja, ja, ja! ¡Hecho!

Exclamó mi amigo, mientras volvía a presumirnos sus músculos.

Una vez finalizada su demostración de fuerza, nos dirigimos hacia el interior del lugar, el cual se encontraba totalmente desierto.

— Tal y como el resto del pueblo, no hay nadie aquí.

Dijo Tenma mientras miraba hacia todos lados, como todos los demás.

— Hay un olor muy peculiar aquí… no puedo descifrar qué es, pero no me gusta.

Comentó Hana mientras tapaba su nariz.

Es cierto, el olor es insoportable… es similar a…

— ¿Carne podrida?

Dije mientras continuaba olfateando.

— Tienes razón, Aza. Es un olor muy similar.

— Creo que viene de allí.

— Oh, tienes razón, Ed.

Mientras Tenma y Edward hablaban entre sí, me dirigí hacia la puerta que señaló mi amigo de enorme fuerza.

Mientras más me acercaba allí, el olor era cada vez más fuerte.

Toqué la puerta, y al intentar abrirla, estaba completamente sellada.

— Hm… parece estar sellada con magia, es como si una fina capa protectora la rodeara. Aún así, si no es lo suficientemente fuerte el hechizo, no tiene sentido utilizarlo.

Tomé mi espada, y corté en dos la puerta junto con la capa que la cubría.

Al quedar expuesto el agujero en el cual se supone que estaba la puerta, una ráfaga apestosa golpeó mi cara. Claramente olía a carne podrida, muy, muy podrida. Por poco vomito, pero pude resistirlo.

— ¿Realmente debemos ir allí? No quiero entrar en un sitio tan apestosamente repulsivo.

— ¿De qué hablas, mujer? Tu hueles peor cuando bebes.

¡Slap!.

Se oyó como claramente Hana golpeó a Tenma por el comentario que hizo.

— Dejen de jugar y entremos de una vez.

Dije mientras me dirigí hacia el interior de la habitación.

Realmente apestaba….

La habitación que se ocultaba detrás de la puerta resultó ser el sótano, el cual era demasiado grande, más bien parecía una mazmorra.

Mientras nos adentrábamos en el lugar, notamos cómo claramente había celdas aquí…

— ¿Por qué demonios hay cosas como esta en la casa del alcalde?

— No lo sé, pero me da muy mala espina todo esto.

— Oigan, miren. ¿Acaso eso es…?

Dijo Hana mientras señalaba el interior de una de las celdas.

Y lo que había en el interior, eran cadáveres.

Pero no simples cadáveres… Sino, cadáveres de niños, de todas las edades.

Así que… aquí terminaron todos los niños desaparecidos del pueblo… ¡Maldición!

Hana cubrió su boca con sus manos y comenzó a llorar, inmediatamente Tenma se acercó a ella y la consoló entre sus brazos.

Edward presionaba con fuerzas sus puños mientras lágrimas salían de sus ojos.

Continué revisando cada celda del sótano, pero todas tenían lo mismo, sólo cadáveres… ningún sobreviviente.

En el fondo del pasillo se encontraba una especie de mesa, la cuál estaba llena de manchas de sangre, y en el piso un gran círculo que cubría completamente la mesa.

— ¿Acaso el alcalde ha estado jugando con magia negra?

— Así parece, la pregunta es, ¿Qué hizo con ella?

Respondí a la pregunta de Tenma.

— Eso es sencillo, jovencito. Obtener la inmortalidad, eso fue lo que hice.

Los cuatro nos sorprendimos, y al voltearnos, allí se encontraba un hombre de mediana edad, vestido de traje, y acompañado de varios caballeros Deatrhorianos.

Al verlos, todos tomamos nuestras armas.

— Ah, pero qué descortés de mi parte. Olvidé presentarme. Soy Julius, alcalde del humilde pueblo de Mifer. Es un gusto conocerlos a todos.

El hombre hizo una pequeña reverencia mientras sonreía en dirección nuestra.

Di un paso al frente, y hablé.

— Scarlet Azazel, he sido enviado por la princesa de Thiaden para hacerme cargo de la situación de este pueblo. Y dado todo lo que hemos visto aquí. Usted y todos los que lo acompañan, serán arrestados y llevados a la capital donde serán juzgados, siempre y cuando se rindan en este mismo momento.

El alcalde suspiró.

— Vamos, no seas así. No puedo concluir mi investigación en este momento, ¿Sabes? Además, tengo una gran deuda con Deatrhor. Por lo tanto, no puedo dejar que me lleven.

Empuñé mi espada, y señalé al alcalde con ella.

— En ese caso, no me deja otra opción. Quise acabar con esto de manera pacífica, y evitar que mueran. Pero dado que se negó, y que realmente estoy muy cabreado, deberé hacerme cargo de usted, señor alcalde.

El hombre se quitó su elegante saco, lo dobló, y lo colocó sobre un costado del pasillo.

— Ustedes encárguense de los demás.

Les hablé a mis compañeros.

— Entendido.

Respondieron al unísono, y corrieron hacia los soldados que acompañaban al alcalde.

Me acerqué a él.

— ¿Por qué hay cadáveres de niños en las celdas?

Pregunté.

— Oh, ¿Eso? Los utilicé como materia prima para realizar un hechizo. El cual, como dije antes, me daría la inmortalidad.

— ¿Inmortalidad?

— En efecto, jovencito. Verás, mis colaboradores me abastecieron de mucho conocimiento sobre magia negra a través de libros. Y en uno de ellos, se encontraba un extraño hechizo, el cual además de la inmortalidad, hablaba de fortalecer mi propio cuerpo, y dotarme de una enorme fuerza. Pero uno de los requisitos más exigentes que tenía, era vida, vida joven en especial. Ya que, este hechizo toma los años restantes de vida del sacrificio, y se los entrega al lanzador de la magia. Por eso, y gracias a mi posición como alcalde, fui capaz de reunir a la mayor cantidad de niños del pueblo, y consumir sus vidas. Y así, de esta forma, y mientras continúe haciendo esto, seré inmortal.

Todos nos sorprendimos al oír las repugnantes palabras que dijo este maldito hombre.

Eso es todo lo que necesitaba oír.

Por más que no quiera hacerlo, debo eliminar a este sujeto. Personas como él, no deben existir. Aunque lo lleváramos como esclavo, sería muy peligroso, y lo más probable es que termine huyendo.

— Veo mucho potencial en ti, muchacho. Y pareces muy fuerte, sería una lástima tener que matarte.

El alcalde extendió su mano hacia mí.

— Únete a mí. Ven conmigo al reino de Deatrhor, y dominemos a todos los que nos rodean. Te ofrezco la inmortalidad y una gran fuerza, a cambio de tus servicios. Estoy seguro de que mis aliados están de acuerdo conmigo. Así que no habrá problema con ello.

Negué con mi cabeza.

— Jamás me uniría a un asesino como tú, ni al reino invasor. Soy fiel a este reino, en el cual me he criado. Y tampoco tengo interés alguno en la inmortalidad. Por mí pueden irse todos ustedes a la mierda.

El rostro del sujeto cambió a uno serio.

— Mala respuesta.

El hombre corrió hacia mí, y lanzó un puñetazo.

Por más débil que él parezca físicamente, el golpe que lanzó fue muy poderoso, pero pude esquivarlo.

Él continuó lanzando golpes hacia mí. Sus puños eran cada vez más veloces.

Me encontraba a la defensiva, cubriendo todos sus golpes con una de mis manos.

— Eres bueno, no estaba equivocado contigo, muchacho.

Dijo el hombre mientras sonreía.

— Aunque no creas que esto es todo lo que tengo.

Añadió el alcalde mientras se quitó la ropa de su torso al arrancarla.

Al verlo, me sorprendí bastante.

Su cuerpo está lleno de tatuajes extraños, y suturas.

— Te lo dije, ¿Verdad? Este es el resultado de mis experimentos. Mi cuerpo luce grotesco, sí. Pero la fuerza bruta que he obtenido gracias a esto, es extraordinaria. Me temo, joven Azazel, que luego de esto, morirás.

El alcalde se sacó sus lentes, y los arrojó al suelo. De repente, su cuerpo comenzó a tornarse azul, y a aumentar de tamaño. Sus músculos se tonificaron al extremo, parecía un luchador profesional. Grandes colmillos salían de su boca, su rostro ya no era humano. Parecía más un ogro.

El monstruo delante de mí sonrió.

— Espléndido, ¿No crees? Gracias al grandioso reino de Deatrhor, he obtenido este enorme poder. Y junto a ellos, conquistaremos los demás reinos hasta que todo esté bajo nuestro mando. Ahora, ¿Continuamos?

Corrió hacia mí con una gran velocidad,

¡Maldición!

Alcancé a cubrirme.

El alcalde me tacleó, y mi cuerpo salió volando y chocó contra la pared que se encontraba detrás nuestro. Eso dolió demasiado.

— ¡Aza!

Oí gritar a mis compañeros, cielos, se burlarán de mí por esto luego.

Pese al dolor en mi espalda por el golpe, me levanté sin problemas.

— Hm, veo que eres más resistente de lo que pensaba, jovencito.

Sonreí.

— No moriría por alguien como tú. Ahora es mi turno, ¿Verdad?

— ¿Eh?

Corrí hacia él, y con mi espada, hice un gran corte en una de sus piernas. Haciendo que pierda el equilibrio y caiga arrodillado.

— ¡Maldito!

Rápidamente el sujeto se levantó, y lanzó uno de sus poderosos puños hacia mí.

— Pese a ser muy fuerte, eres muy lento por tener ese enorme cuerpo.

Esquivé el ataqué, y sin dificultad alguna, lo despojé de una de sus manos con mi espada.

Un gran grito de dolor se escuchó.

— ¡Ahhhh! ¡Eso duele, maldición! ¿Cómo te atreves?

Sin detenerme, continué atacando y cortando a mi enemigo.

La sangre de su cuerpo salía disparada hacia todas las direcciones, acompañada de sus gritos.

Corté una de sus piernas, y el sujeto cayó al suelo de espaldas.

— ¿Cómo…? ¿Cómo es que eres superior a mí, aún con todas las vidas que absorbí?

Miré al sujeto.

— La fuerza se obtiene entrenando, no a costa de las vidas de los demás.

Al decir eso, apunté mi espada hacia su pecho.

El rostro del alcalde se palideció por completo.

— ¡Espera! ¡Podemos llegar a un acuerdo! Si perdonas mi vida, puedo darte lo que quieras, mujeres, dinero. ¡Puedo conseguirte lo que quieras del reino de Deatrhor! Mis aliados conseguirán lo que tú quieras.

Este tipo me saca de quicio.

— ¿Aliados? Ellos ya han sido derrotados.

— ¿Eh?

El alcalde observó a su alrededor, y notó que los caballeros invasores estaban desplomados alrededor de mis compañeros.

Su rostro volvió a palidecerse, y miró a mis ojos.

— Es… ¡Estoy arrepentido! ¡Ellos me chantajearon! Me prometieron riquezas y poder si los ayudaba a derrocar a la familia real. Pero soy un fiel y humilde sirviente de este reino. ¡No un traidor! Sólo era un plan para acabar con los invasores, ¡Lo juro!

Mi rostro irradiaba furia.

— Dígame, señor alcalde. Tal y como usted lo está haciendo ahora mismo. Esos niños de las celdas, ¿No rogaron por sus vidas también? Usted no merece perdón alguno, merece morir aquí, ahora, y rogarles a todas sus víctimas en el otro mundo por su perdón. Hasta nunca.

— ¡No! Espe…

Antes de acabar su frase, hundí mi espada con todas mis fuerzas en su pecho, apuñalando su corazón. Si es que un monstruo como él tiene uno. Pero al parecer sí lo tenía, ya que acabó muerto.

Retiré la espada de su cuerpo, y la limpié. Luego me dirigí hacia mis compañeros.

— Bien hecho, chicos. ¿Se encuentran bien?

Los tres asintieron.

— Sólo eran pura basura.

Dijo Tenma mientras suspiraba.

— ¿Tú estás bien, Aza? Te dio un golpe bastante duro.

— Hm, sí. Estoy bien.

Respondí a la pregunta de Hana.

— No puedo creer que haya gente capaz de hacer algo como esto…

Dijo Edward mientras observaba las celdas en la que se encontraban los cadáveres.

— ¿Qué debemos hacer con ellos?

Preguntó Tenma.

— Deberíamos dejar que los pueblerinos se encarguen de ellos, después de todo, querrán darles una sepultura digna. Salgamos de aquí, no sin antes, explorar la casa en busca de más enemigos restantes.

Los tres, aún con una mirada triste en su rostro, asintieron. Y todos juntos salimos de la mansión.

Al salir, frente nuestro se encontraban todos los pueblerinos, incluidos algunos niños. Creía que ese tipo había acabado con todos… es un alivio saber que no…

Un anciano se acercó a nosotros.

— Ustedes… ¿Han acabado con el alcalde? Oímos fuertes ruidos provenientes de aquí, así que decidimos venir… los caballeros nos contaron de ustedes, fueron enviados por el reino… muchas gracias por haber respondido a mí solicitud.

El veterano se inclinó ante nosotros en forma de agradecimiento.

— No es necesario que agradezca, fue nuestro deber. Y sí, he acabado con el alcalde, ya no tendrán que temer. Por otro lado…

Mientras los caballeros que esperaron por nosotros se llevaban al resto de soldados invasores que se encontraban en el sótano, les conté a los pueblerinos lo ocurrido con los niños desaparecidos.

Claramente… todos rompieron en llanto. Incluso Hana estaba llorando.

— Lo siento, si tan sólo nos hubiéramos enterado antes…

El anciano negó con su cabeza.

— No se disculpe. Ustedes fueron los que nos salvaron de los invasores, no sé cómo agradecérselos.

— Cuidando de los niños que no cayeron en las garras del alcalde.

Todos asintieron a lo que dije.

— Sin duda lo haremos.

Sentí cómo alguien tiraba de mi ropa. Al ver, se trataba de una niña pequeña.

— Tenga, señor. No es mucho, pero es una forma de agradecerlo por salvarnos a todos… y por encontrar a mis amigos desaparecidos…

La niña extendió su mano hacia mí, y me entregó una flor.

Sonreí ante tal hermoso gesto, y acaricié la cabeza de la niña.

— Muchas gracias por esto, señorita.

La niña sonrió, y fue hacia donde se encontraban sus padres.

Nuestros asuntos en el pueblo de Mifer acabaron, así que mis compañeros y yo, decidimos regresar al reino.

Los caballeros ocuparon el carruaje restante al llevar a los prisioneros. Así que nosotros tuvimos que volver a pie… Edward estaba feliz por eso.

Mientras caminábamos, me encontraba viendo un libro negro.

— ¿Ese es el libro que tomaste del despacho del alcalde, Aza?

Asentí a la pregunta de Hana.

Mientras explorábamos la casa del alcalde antes de salir, encontré uno de sus libros de magia negra del que hablaba. Supongo que el resto se lo llevaron algunos soldados de Deatrhor que escaparon mientras luchábamos en el sótano.

— Esto es demasiado peligroso, así que lo tomé para evitar que caiga en malas manos otra vez. Una vez que lo examinen, lo destruiré.

— Me parece bien. Lo que ocurrió en ese pueblo fue atroz. No quiero que eso vuelva a ocurrir jamás.

Respondió Edward a mi comentario.

— Aún tengo escalofríos por haber visto eso…

Dijo Hana con una mirada triste en el rostro.

Tenma se acercó a ella, y acarició su cabeza.

— Cambia esa cara, es raro que te veas así.

— Tu forma de consolar a alguien es terrible, así ninguna mujer te querrá, idiota.

Suspiró Hana mientras se alejaba de mi compañero de dorados cabellos.

Pero Edward tiene razón… últimamente hay más invasores de Deatrhor por aquí, y por allá. En todos los países es lo mismo. Debemos tomar las medidas defensivas necesarias. Temo que, dentro de poco, terminemos librando una guerra para defendernos… Y si ellos cuentan con bestias como el alcalde… no hay muchas esperanzas que digamos…

Suspiré, y continuamos nuestro camino.

Luego de unos minutos, nos topamos con un grupo de bandidos, rodeando a una joven encapuchada.

Estoy cansado de los problemas, ¿Saben?

Me acerqué a ellos mientras suspiraba.

Capítulo 1 Fin.

Capítulos
1 Capítulo extra 1: Por las lágrimas de una niña
2 Capítulo extra 2: La primera misión de Yasu
3 Capítulo extra 3: Lamentos luego de la batalla
4 Información extra de los personajes 1: Azazel
5 Volumen 1: El inicio de una historia - Capítulo 1: Invasores - Parte 1
6 Capítulo 1 - Parte 2
7 Capítulo 1 - Parte 3
8 Capítulo 2: La chica de la capucha blanca - Parte 1
9 Capítulo 2 - Parte 2
10 Capítulo 2 - Parte
11 Capítulo 2 - Parte 4
12 Capítulo 3: Misión de emergencia - Parte 1
13 Capítulo 3 - Parte 2
14 Capítulo 3 - Parte 3
15 Capítulo 3 - Parte 4
16 Capítulo 3 - Parte 5
17 Capítulo 4: Secuestradores de mujeres - Parte 1
18 Capítulo 4 - Parte 2
19 Capítulo 4 - Parte 3
20 Capítulo 4 - Parte 4
21 Capítulo 4 - Parte 5 y Parte 6
22 Capítulo 4 - Parte 7 y Parte 8
23 Capítulo 5: Batalla en la cueva - Parte 1 y Parte 2
24 Capítulo 5: Batalla en la cueva - Parte 3
25 Capítulo 5: Batalla en la cueva - Parte 4
26 Capítulo 5: Batalla en la cueva - Parte 5
27 Capítulo 5: Batalla en la cueva - Parte 6
28 Capítulo 6: Azazel vs Kanki - Parte 1
29 Capítulo 6: Azazel vs Kanki - Parte 2
30 Capítulo 6: Azazel vs Kanki - Parte 3
31 Capítulo 6: Azazel vs Kanki - Partes 4 y 5
32 Capítulo extra 1: Por las lágrimas de una niña
33 Capítulo extra 2: La primera misión de Yasu
34 Capítulo extra 3: Lamentos luego de la batalla
35 Información extra de los personajes 1: Azazel
36 Volumen 2: El Entrenamiento | Capítulo 7: Secuelas de la batalla | Parte 1
37 Capítulo 7: Secuelas de la batalla | Parte 2
38 Capítulo 7: Secuelas de la batalla | Parte 3
39 Capítulo 7: Secuelas de la batalla | Partes 4, 5 y 6
40 Capítulo 7: Secuelas de la batalla | Parte 7
41 Capítulo 8: Comienzo del entrenamiento | Parte 1
42 Capítulo 8: Comienzo del entrenamiento | Parte 2
43 Capítulo 8: Comienzo del entrenamiento | Partes 3, 4, 5, 6 y 7
44 Capítulo 9: La Batida de Caza | Parte 1
45 Capítulo 9: La Batida de Caza | Partes 2 y 3
46 Capítulo 10: El juicio del cielo
47 Capítulo 11: El regreso de los aventureros de rango diamante
48 Capítulo 12: ¿De regreso a la rutina?
Capítulos

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Capítulo extra 1: Por las lágrimas de una niña
2
Capítulo extra 2: La primera misión de Yasu
3
Capítulo extra 3: Lamentos luego de la batalla
4
Información extra de los personajes 1: Azazel
5
Volumen 1: El inicio de una historia - Capítulo 1: Invasores - Parte 1
6
Capítulo 1 - Parte 2
7
Capítulo 1 - Parte 3
8
Capítulo 2: La chica de la capucha blanca - Parte 1
9
Capítulo 2 - Parte 2
10
Capítulo 2 - Parte
11
Capítulo 2 - Parte 4
12
Capítulo 3: Misión de emergencia - Parte 1
13
Capítulo 3 - Parte 2
14
Capítulo 3 - Parte 3
15
Capítulo 3 - Parte 4
16
Capítulo 3 - Parte 5
17
Capítulo 4: Secuestradores de mujeres - Parte 1
18
Capítulo 4 - Parte 2
19
Capítulo 4 - Parte 3
20
Capítulo 4 - Parte 4
21
Capítulo 4 - Parte 5 y Parte 6
22
Capítulo 4 - Parte 7 y Parte 8
23
Capítulo 5: Batalla en la cueva - Parte 1 y Parte 2
24
Capítulo 5: Batalla en la cueva - Parte 3
25
Capítulo 5: Batalla en la cueva - Parte 4
26
Capítulo 5: Batalla en la cueva - Parte 5
27
Capítulo 5: Batalla en la cueva - Parte 6
28
Capítulo 6: Azazel vs Kanki - Parte 1
29
Capítulo 6: Azazel vs Kanki - Parte 2
30
Capítulo 6: Azazel vs Kanki - Parte 3
31
Capítulo 6: Azazel vs Kanki - Partes 4 y 5
32
Capítulo extra 1: Por las lágrimas de una niña
33
Capítulo extra 2: La primera misión de Yasu
34
Capítulo extra 3: Lamentos luego de la batalla
35
Información extra de los personajes 1: Azazel
36
Volumen 2: El Entrenamiento | Capítulo 7: Secuelas de la batalla | Parte 1
37
Capítulo 7: Secuelas de la batalla | Parte 2
38
Capítulo 7: Secuelas de la batalla | Parte 3
39
Capítulo 7: Secuelas de la batalla | Partes 4, 5 y 6
40
Capítulo 7: Secuelas de la batalla | Parte 7
41
Capítulo 8: Comienzo del entrenamiento | Parte 1
42
Capítulo 8: Comienzo del entrenamiento | Parte 2
43
Capítulo 8: Comienzo del entrenamiento | Partes 3, 4, 5, 6 y 7
44
Capítulo 9: La Batida de Caza | Parte 1
45
Capítulo 9: La Batida de Caza | Partes 2 y 3
46
Capítulo 10: El juicio del cielo
47
Capítulo 11: El regreso de los aventureros de rango diamante
48
Capítulo 12: ¿De regreso a la rutina?

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