— No importa lo que digas, es claro que te he vencido, mujer. Acéptalo.
Dije eso, y bebí un gran sorbo de vino.
Hana, a la cual, claramente he derrotado en este juego de cartas, luce bastante enfadada.
— ¿Ganarme? ¿Tú a mí? Claramente has hecho trampa, Aza. No hay posibilidad alguna de que me hayas vencido sin hacer trampa.
Comentó mi enfadada amiga, mientras bebía largos sorbos de vino.
Al principio no pensábamos beber tanto, pero luego de varias horas de juego, llegó un momento en el que la situación se puso tan tensa, que Hana comenzó a beber. Y por lógica, yo también lo hice, no podía dejarla bebiendo sola, sería de mala educación.
Como ya es de noche, nos detuvimos hace un par de minutos en medio del camino, y decidimos acampar. Los caballos necesitan descansar, y nosotros comer.
Por lo tanto, luego de montar el campamento, Hana y yo seguimos con nuestra competencia. Mientras que Tenma y Yasu estaban observando el juego, y Edward cocinando la cena.
A decir verdad, fue buena idea esta competencia, el tiempo pasó bastante rápido, y parece que ya se han olvidado de la razón por la cual comenzamos esto.
En fin, debería terminar con esto…
Miré a Hana, la cual seguía observando fijamente las cartas.
— Hmmm, sí, ya veo cuál fue el problema…
Ella levantó la mirada, y señaló detrás de mí.
— ¡¿Qué demonios es eso?!
Dijo mi amiga.
Rápidamente volteé para ver lo que ella señalaba, pero allí no había nada.
De repente, el ruido de algo cayendo se oyó.
Volteé nuevamente a mi posición original, y al ver la mesa de juego, esta se encontraba tirada en el suelo, junto con las cartas.
Al ver a Hana, ella miró hacia otro lado como si nada pasara, y bebió más vino.
Hmmm.
Claramente, ella fue la que tiró la mesa.
Desvié mi mirada hacia Tenma, el cual estaba señalando a Hana, demostrando que ella fue la que tiró la mesa.
— Hana-san, ¿Por qué tiraste la mesa?
Pregunté.
Ella puso una expresión de “no sé de qué hablas” y respondió.
— No tengo idea de qué estás diciendo. Yo he estado sentada aquí, bebiendo, desde que preparamos el campamento.
Al decir eso, continuó bebiendo, e ignorando del hecho de que arrojó la mesa al suelo por haber perdido.
— ¿Acaso no estábamos jugando a las cartas?
Volví a preguntarle, sin esperanza alguna de que se haga cargo de lo que hizo.
— Como ya te he dicho, yo he estado bebiendo desde hace rato, no sé de qué juego de cartas me hablas.
Hmm… ella claramente está mintiendo, allí mismo junto a ella están las cartas tiradas.
O, ¿Será que ya estaban allí desde un principio, y bebí tanto que mi mente me juega bromas?
No, nada de eso. Siempre me mantengo consiente al beber.
Bueno, la mayor parte del tiempo…
Está bien, a veces.
Hana me miró fijamente, y habló.
— Ahora que lo recuerdo, Aza. No me has respondido acerca de esa chica que ocultas.
Mierda, estaba seguro de que ya lo había olvidado.
Miré hacia otro lado.
— No sé de qué hablas.
Ella me miró fijamente nuevamente.
— No te hagas el tonto, sabes bien a lo que me refiero. Dijiste que estás interesado en una chica, ¿Quién es?
Qué insistente que es…
— No creo que sea de importancia eso, ¿Verdad? Eres la única que insiste tanto en saberlo, estoy seguro de que a los demás no les importa. ¿No es así chicos?
Al decir eso, dirigí mi mirada hacia mis demás compañeros, los cuales se encontraban observándome fijamente.
— Queremos saberlo.
Respondieron los tres al unísono.
Y al hacerlo, Hana puso una sonrisa maliciosa.
— ¿Lo ves? Todos queremos saberlo, no tienes escapatoria, Aza.
Mierda…
Supongo que ella tiene razón…
Aún así, no les puedo decir.
— No les diré.
Dije, al mirar hacia otro lado.
— Conque haciéndote el difícil, ¿Eh? Bueno… pues, quizás si te portas bien, y me lo cuentas, te podría recompensar, ¿Sabes?
Hana, al decir eso, desabrochó un poco su camisa, dejando ver un poco de sus pechos. Luego hizo una pose “sexy”.
No sé si lo dice en serio, o solo bromea…
Pero sería mejor que la detenga…
Antes de ver algo que nunca podré borrar de mi memoria.
— Ah, no te molestes con eso, luego de verte tantas veces vomitar, dejé de pensar en ti como una mujer. Eres más como un chico para mí, que una chica.
Al oírme, ella rápidamente sonrió malévolamente.
— Conque no piensas en mi como mujer, ¿eh? Está bien, no te culpo. Es cierto que me has visto hacer cosas que no le corresponderían a una “señorita” … Pero por suerte, esta vez hay otra chica en el grupo que puede ayudarme. ¿Me darías una mano, Yasu-san?
¿Eh? ¿Yasu?
Rápidamente, volteé hacia donde se encuentra Yasu.
Ella con una sonrisa en el rostro, se acerca a mí.
— Por supuesto, Hana-san.
Respondió mi castaña amiga.
— Aza, lo que le dijiste a Hana-san fue duro. Ninguna chica quiere que le digan que no la ven como mujer, ¿Sabes? Pero bueno, sabiendo cómo es ella, no te culpo. Pero dime, ¿A mí no me ves cómo mujer?
Al decir eso, ella se sienta en mis piernas, rodeando mi cuello con sus brazos, y observando fijamente mis ojos.
Latido.
Mi corazón comienza a latir rápido debido a la situación.
Siento calor en el rostro, estoy seguro de que me sonrojé.
Esto es peligroso…
Al mirar a Yasu, noto, nuevamente, lo hermosa que es.
Y ya que ella está pegada a mí, puedo sentir sus pechos sobre el mío, además de verlos un poco, debido a su ropa.
Esto es peligroso…
Para ella…
Ya que, si continúa así, dudo demasiado de que pueda controlarme…
Así que me armo de valor, y pese a que esta situación no me desagrada para nada, al contrario, estoy encantado… decido hablarle a Yasu.
— Yasu-san… ¿Podrías quitarte de encima de mí? Esto es algo incómodo.
Digo eso, mientras hago una risa “inocente”.
Ella pone una sonrisa malévola, y sus mejillas se sonrojan levemente.
— No siento que esto te incomode, Aza… Si es que sabes a lo que me refiero. Se nota que eres todo un hombre, Aza, me siento halagada.
Al decirlo, ella guiña un ojo.
Entendí perfectamente lo que quiso decir.
Como hombre, sólo puedo decir que fue un reflejo natural…
No encuentro palabras para responderle…
Así que dirijo mi mirada hacia mis amigos, buscando ayuda.
Y como era de esperarse, nuevamente, ellos observan el espectáculo desde lejos, sin entrometerse.
Los tres se encuentran bebiendo, y comiendo algo que preparó Ed.
Los chicos levantan sus pulgares, en señal de aprobación, y de ánimos.
Por otro lado, Hana sonríe malévolamente, mientras levanta su tarro de cerveza.
Qué buenos amigos que tengo…
Si Letizia me viera en esta situación, me mataría. Como mínimo dos o tres veces.
— Yasu-san… es en serio, ¿Podrías levantarte?
Ella se acerca más y más a mí. A tal punto de que nuestros rostros casi hacen contacto.
— ¿Estás seguro de que quieres eso, Aza? Yo no tengo problemas en quedarme así, o de hacer algo más, si es que tú quieres… Al contrario, estaría encantada… de poder… hacer algo más contigo…
Al diablo con todo, por supuesto que estaría encantado de hacer algo contigo, ¿qué clase de hombre no quisiera hacer algo con una hermosura como tú, cuando le ponen unos ojos así?
Por supuesto, que no puedo decirle eso.
Me gustaría, pero no.
¿Cómo es que llega tan lejos sólo para saber el nombre de la chica que me gusta?
Además… ¿Por qué rayos no siente vergüenza por estar en una situación así?
Aún con todo lo que está haciendo… no pienso contarle sobre Letizia… mi relación con ella, es un tema demasiado delicado…
— A pesar de la situación en la que estamos, no les contaré quién es la chica que me gusta… No pueden hacer nada que me haga cambiar de opinión al respecto.
Al decir eso, desvío mi mirada de los ojos de Yasu.
Si los continúo viendo, definitivamente ya no podré controlarme.
— Oh, así que sigues resistiéndote a los encantos de la gran y hermosa Yasuhika. Dime, ¿Y si hago esto?
Yasu se pone de pie, me toma por la camisa, y me arroja al suelo.
¡Cuánta fuerza!
¿Qué demonios le ocurre?
— ¿Yasu-san? ¿Qué piensas hacer?
— Ya lo verás.
Responde ella, mientras vuelve a subirse encima de mí, pero esta vez baja un poco más su blusa, y levanta un poco su falda.
Demonios…
Esto ya es demasiado.
Contrólate, Azazel.
No pienses en el hermoso ángel que tienes frente a ti.
Piensa en Hana vomitando debido a lo ebria que siempre se pone.
Sí, piensa en eso, de lo contrario, la castidad de Yasu correrá peligro.
Ella sopla en mi oído.
— Oye, Aza, no te hagas el difícil, sólo tienes que decirme quién te gusta, y me detendré. A menos que estés disfrutando esto. En ese caso, puedo seguir.
Negué con la cabeza.
— No te diré. ¿Por qué rayos llevas tan lejos este juego?
Ella ríe burlonamente.
— Al principio solo era un juego, pero ahora, no siento que me desagrade hacer esto contigo.
Diablos señorita…
No me digas esas cosas…
¿Qué se supone que deba hacer?...
Estoy al límite…
— ¿Sabes, Aza?... siento claramente cómo disfrutas esto… Jeje.
Miro hacia otro lado, y no le respondo nada.
Creo que… ya no puedo aguantar…
Mis manos se mueven solas… estoy a punto de agarrar el trasero de Yasu.
Ya no me importa una mierda qué es lo que suceda, o si los demás nos están viendo.
Soy un hombre sano, maldita sea. ¿Cómo podría no aprovechar esta oportunidad, y comer tan delicioso manjar?
Lo siento, Letizia… tu hermano hará algo de lo que luego se arrepentirá…
Pero antes de que sea capaz de hacer algo, Yasu habló nuevamente.
— Estuve pensando. ¿Qué ocurriría si le contara a Letty-chan lo que estoy haciendo ahora mismo, o lo que haremos, si es que algo más pasa?
De repente, un escalofrío recorrió mi espalda.
Demonios…
Mi mente volvió a su estado normal, y olvidó el calor del momento.
— Por favor, todo menos eso.
Ella sonrió malévolamente.
— Joo, así que ese es tu punto débil, Aza. Jejeje.
Maldición…
— En ese caso, le contaré todo esto a Letty-chan. Estoy muuuy segura de que querrá saberlo.
Yasu-san… eres malvada… muy…
— Haré lo que quieras, pero por favor no le cuentes esto. No sabes cómo es ella cuando está furiosa. No miento al decir que mi vida correría peligro.
Ella se acerca a mi oído nuevamente. Apoyando sus pechos sobre mí.
— En ese caso, dime quién te gusta…
Susurró de manera erótica.
No tengo escapatoria…
Si no le digo el nombre de una chica, esto continuará, terminaré haciendo algo malo, y ella se lo contará a Letizia…
Pero… No puedo decir simplemente el nombre de Letizia... y menos el nombre de alguna chica que no conozca. Porque pensarán que estoy mintiendo…
Piensa Azazel, piensa con tu vida…
Luego de unos segundos.
¡Ya sé! Luego me disculparé con ella por mentir de esta manera… pero, es la única forma en que todo esto no se ponga peor…
Le diré el nombre de una chica a Yasu…
— La chica que me gusta es… Lucrecia-san…
Rápidamente, Yasu se levanta, pero aún sigue sentada sobre mí.
Su mirada refleja confusión.
— ¿Eh? ¿La recepcionista del gremio? ¿Esa Lucrecia-san?
Preguntó mi feroz, y castaña compañera.
A lo que asentí.
Lo siento, Lucrecia-san…
— Así es, ella me gusta. Cada vez que la veo, mi corazón palpita a más no poder. Es demasiado hermosa, y sus orejas de conejo me vuelven loco. Podría acariciarlas todo el día. Lo mismo con su cola, me encanta lo esponjosa que se ve.
Espero que ella se crea lo que dije…
No todo es mentira, a decir verdad, me gusta cómo se ve Lucrecia-san…
Yasu piensa un momento, y luego habla.
— Tiene sentido, sí. Ella es muy bonita, es bastante pechugona, y sus orejas y cola se ven adorables.
Ella ríe al decir eso.
— Así que era ella, sí que tienes buen gusto, Aza. Jeje.
Al decir eso, Yasu se levantó.
— Lamento esto… como ves, soy muy curiosa…
Suspiré.
Eres demasiado curiosa, señorita.
Llevaste esto demasiado lejos…
A tal punto, de que casi te pongo la mano encima…
— No hay problema…
Respondí mientras me levantaba.
— A decir verdad, por dentro me estaba muriendo de vergüenza… y ahora que recuerdo todo lo que dije e hice, quiero correr hacia una cama, hundir mi rostro en una almohada, y gritar. Realmente lo lamento, Aza…
Bueno… suponía que Yasu no es una chica que haría esto con cualquiera, supongo que sólo se dejó llevar…
— Está bien… sólo no lo vuelvas a hacer…
Ella tímidamente, y con sus mejillas sonrojadas, asintió. Y luego corrió hacia donde se encuentran mis compañeros.
Los cuales, luego de escuchar a Yasu, gritan.
Supongo que les contó lo que dije sobre Lucrecia-san…
Estoy seguro de que esto traerá problemas en el futuro…
Deberé compensar a Lucrecia-san como corresponde por esta mentira…
Como era de esperarse… me molestaron toda la noche con respecto a Lucrecia-san… No debí decir eso…
Luego de soportar las burlas de mis compañeros, y las insinuaciones que hacía Yasu, durante el resto del viaje. Finalmente logramos llegar a la aldea Wimuk.
Y lo que vimos… no fue nada lindo…
La mayoría de las casas se encontraban destrozadas…
Había manchas de sangre en varios lugares.
Nadie se encontraba fuera de las casas.
Y a lo lejos, se podía ver claramente cómo había demasiados montículos de tierra, junto a cruces a su lado.
Lo cuál claramente, era un cementerio…
Todos nos encontrábamos impactados por lo que vimos…
Nadie dijo nada.
Al ver a las chicas, noté cómo sus rostros reflejaban terror.
Ambas se abrazaron, consolándose mutuamente.
No las juzgo… Algo como esto es difícil de ver.
Debemos terminar con lo que sea que haya devastado este sitio lo más rápido posible.
Sin decir nada, continué el camino hacia la aldea. Sin apartar mi espada de la mano.
Todos me siguieron en silencio, mientras observábamos todo lo que nos rodea.
Las puertas de las casas que aún se mantienen en pie, están firmemente cerradas. Las ventanas también. Cada casa es como una pequeña fortaleza.
Me pregunto qué demonios es lo que ocurrió aquí…
Nadie parece percatarse de nuestra presencia, o simplemente, no les importa.
Nadie, excepto alguien de la posada que se encuentra en medio de la calle que transitamos.
La puerta de allí se abre, y una joven sale de ella. Cargando consigo una lanza de madera.
— ¿Son del gremio?
Preguntó la joven.
Asentí a su pregunta, y me acerqué a ella.
— Así es, señorita. Somos un grupo de aventureros. Vinimos por una misión de emergencia, ¿Puedo asumir que usted fue quien nos solicitó?
Ella asiente a mi pregunta.
Luego deja caer la lanza de sus manos, cae de rodillas al suelo, y comienza a llorar.
— Por favor, sálvennos… No tenemos mucho con qué pagarles… pueden tomarme como esclava si así lo desean, pero por favor… sálvennos, o al menos, a los niños… por favor. Ya no puedo seguir viendo más masacres… se los ruego…
Todos nos asombramos a lo que ella dijo.
Me acerco a la chica, y gentilmente, le extiendo mi mano para que se levante.
— No tiene que temer más, señorita. Hemos venido para ayudar. Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para ayudar.
Ella se puso de pie, sonrió, y aún entre lágrimas, me abrazó.
— Muchas gracias…
Parece que… tenemos un verdadero problema aquí…
Capítulo 3 Fin.
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