El sultán besó a su hermosa niña en la frente. —Mi pequeño rayo de Sol— Sonrió, al igual que Malih se conmovía con las escena.
—Aynur disfruta de su presencia, mi sultán— Él se acercó a Samir para que recibiera a la bebé y esta vez besó la frente de Malih.
—Vendré más seguido— Le decía. —También debes aprovechar de elegir todas sus ropitas— Lo abrazó, y el omega correspondió. —Cuando crezca deberíamos llevarla a dar un paseo por los otros palacios—
—Me gustaría mucho— Le sonrió encantado. Nadir se alegró de ver a su sultana ablandandose. Así que no desperdició su tiempo y le besó en los labios.
Samir se dirigió lentamente a su cuarto para jugar con Aynur. Mientras, el sultán devoraba los labios de su amado Malih.
—M-mi sultán...— Se sonrojó, viéndose aún más lindo que nunca con sus mejillas rosadas y su perfume esparciendose como flores.
—Tuviste el bebé hace poco, así que soportaré un tiempo más— Le susurró, acariciándole el cabello tras su oreja.
Malih se rió, extrañamente su risa resonó como nunca, asombrando en una tibia turbulencia al sultán. —Nadir, eres realmente un alpha raro— Él pudo apreciar los dientes de Malih, cosa muy asombrosa, ya que a lo más le daba una sonrisa con la curvatura de sus labios.
Nadir sonrió totalmente enamorado. —Tú eres quien me vuelve extraño—
—He visto que las cosas han estado tranquilas últimamente, siento que te marcharás pronto—
—Habrá una larga expedición— Habló el sultán abrumado. Jamás había tenido la necesidad de querer quedarse en el palacio, pero ahora sí. Sentía que había conseguido finalmente una familia.
—Oh...— Dejó salir Malih, ligeramente decepcionado.
—Estaré mucho tiempo afuera, así que Khalil se quedará aquí— El rubio omega alzó su ceja no muy convencido. A pesar de que Khalil lo salvó una vez, también se atrevió a tocarle después de conocerse. —Es un perro, así que puedes tratarlo como tal—
—Mhm... ¿Podría golpearlo?— No era algo que le hiciera a un perro, pero sí a Khalil.
—Sí, entrenalo— Le ofreció. —No tiene una buena personalidad y puede ser traicionero dependiendo de quién le dé la comida más deliciosa... No obstante es el mejor guerrero que conozco. Nadie podría protegerte mejor, después de mí.— Le guiñó un ojo, provocando que Malih desviara sus ojos intranquilo.
—Entonces, lo convertiré en un perro fiel para su majestad—
—Ahaja, está bien— Lo abrazó una última vez. —Debo irme— Golpeó la puerta y la abrieron para que pudiera salir.
Malih dió un largo suspiro, y Samir regresó a acomodar a la niña en la cuna. —¿Suspiras por amor?—
—Nada de eso—
—¿Vas a decirme que no te gusta al menos un poco el sultán?— Malih lo pensó, como una regresión en el tiempo.
Hubo una vez que admiró al sultán tanto como su padre. Porque cuando lo vió en el desfile de vuelta a su palacio creyó enamorarse de él.
¿Cómo una persona podía verse tan maravilloso en una armadura? La medalla del turbante que cubría por completo su cabello relucía junto al Sol. Y viendo sus cejas, se preguntaba si su cabello era igual de oscuro y parejo.
Quizás fue Malih quien tuvo un amor a primera vista, cuando toda la multitud se agachó a reverenciarlo. El omega se atrevió a echar un vistazo cuando estaba prohibido.
Y se fijó que aquella piel morena considerada común se mostraba hermosa en un joven como él. Sus adornos no resaltaban al ver un perfil fuerte como el del sultán. Además que cabalgara sobre un excelente semental, le hacía la ilusión que el sultán realmente era también el mejor semental.
Un alpha escogido por el todopoderoso Alá, Nadir el extraordinario, el sultán que tomó el trono a sus 18 años, después de combatir contra sus hermanos y purificar el palacio de los traidores, fue temido por sus enemigos, debido a sus tácticas crueles e instinto sanguinario.
Atributos valorados para un alpha, pero tenebrosos para un omega. Sin embargo, a Malih le excitaba reconocer aquel espíritu sádico. Creía que le atraía por las historias de su padre, sin embargo un hilo rojo conectaba sus caminos.
Desde el principio, Malih estuvo destinado a caminar por el pabellón dorado y caer en las manos de ese posesivo y cruel sultán.
—Yo realmente lo odio— Contestó Malih a lo dicho por el odalisco. —Sin embargo, lo respeto por los que serán nuestros hijos y le sonrío para cautivar su corazón—
Sin el sultán, Malih se perdería en ese palacio y las paredes del harén los tragarían en su penuria hasta que termine en el olvido.
Su piel se erizaba al pensar en una muerte prematura. —Samir, no quiero traer a una institutriz... ¿Sabes de algo que podría ayudarme con la educación de Aynur?—
—Será difícil encontrar un libro de crianza, pero trataré de encontrar algo que le sirva— Malih pensó que era momento de enviarle una carta a su madre.
Iba a escribirla, cuando Aynur empezó a llorar. —Shh.. ¿Qué ocurre?— La tomó en brazos y ella empezó a palpar el pecho de Malih. —¿Tienes hambre?— Se sentó para descubrir uno de sus pechos y así amamantar a su hija.
Malih no evitaba sonreír al ver a su bebé beber de su leche. Un sentimiento maternal nunca antes sentido brotaba en él. —Los hijos son una gran felicidad, Alá— ¿Por ello es que estaba aquí ahora?
Haría de sus hijos su felicidad. Solamente ellos serían prioridad en el corazón de Malih, no había más espacio en él.
En la partida del sultán Malih se sintió nervioso. Cuando él se vaya en el palacio crecerían llamas ardientes, que amenazarían con convertirlo en cenizas.
Y así fue una vez Nadir pisó fuera de su hogar.
Las otras sultanas no entendían por qué Khalil se quedaba a cuidar de Malih.
—¿No se suponía que debías cuidar de su alteza?—
—También es mi trabajo proteger a todos los de la dinastía— Respondió ante la interrogante de la madre sultana.
Sin previo aviso fue hasta su estudio para llenarlo de preguntas. —¿¡Acaso no estás de mi lado!?—
—Oh, gran sultana, creo que más que nadie sabe que mi lealtad se dirige al imperio—
—¿Entonces...?— Le miró sin entenderlo.
Aunque siempre Khalil ha sido difícil de entender, él era un niño persa llevado al palacio exclusivamente para convertirse en un perro de los más poderosos.
Ha olvidado su procedencia, ya que para sobrevivir no necesitaba de esas memorias. Y aprendió que el estar del mejor lado te daba enormes recompensas. Khalil era una persona codiciosa y bastante astuta.
Desde niño ha estado a merced de la Sultana Ceren, madre de Nadir, así que nunca dejaba de lado sus órdenes. Sin embargo, las posiciones se han volteado.
El sultán estaba en primer lugar y la madre sultana en segundo. Más importante, desde que el sultán se enamoró tuvo la oportunidad de conocer a alguien digno de la nobleza.
Khalil tenía el mejor olfato, Malih arrasaría con todos en ese palacio, además estaba controlando al sultán aunque no quiera.
—Sultana, creo que no debería ser parte se una batalla que no podrá ganar—
—¡Ahg!— Gritó en un disgusto. —Ya estoy demasiado vieja para preocuparme por más...— Habló desdeñosa.
Khalil la despidió con una sonrisa, a pesar de ser maltratado verbalmente por ella.
—Necesito un respiro— Cambió su expresión.
Miró a uno de los betas que pasaban llevando cosas para el harén. —Tú— Jaló a uno que llevaba sábanas. — Tú servirás— Lo entró al dormitorio para saciar su constante hambre.
Notita:
Se dice que los compañeros destinados se enamoran a primera vista.
Lo betas aquí son el remplazo de los eunucos de esa época. A parte de cuidar y servir en el harén, los servidores del sultán que vivían en el palacio los podían usar para satisfacer sus placeres, ya que ni siquiera eran considerados “Hombres”.
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Updated 130 Episodes
Comments
Estrella Guadalupe Martinez Vera
que humillante 😡 pobres Betas
2025-01-30
2
ECRA
que cruel un beta tratado peor que un imega
2024-04-10
12
ECRA
😳😲😯😮
2024-04-10
2