Los meses siguientes fueron divertidos, el sultán Nadir tenía talento para encantar a Malih por medio de historias de guerra. Aunque tenía una que otra anécdota divertida y le sacaba una sonrisa a Malih.
En ese instante, el sultán esperaba fuera de los aposentos de Malih, ya que el omega estaba en su proceso de parto.
El llanto del bebé dió vida a la pequeña criatura. —¡Felicidades!— Se emocionó el doctor omega. —¡Es una niña alpha!—
La sonrisa de Malih se desvaneció al oírlo. No había vuelta atrás, se quedaría en ese palacio para siempre.
Le entregaron a la bebé, pero su madre la mojó en algunas lágrimas. Enseguida ella lo miró, curiosa por las gotas cálidas y le sonrió.
Malih abrió sus ojos en el asombro. —Perdóname— Le dijo y le abrazó con cariño.
—¡Malih! ¿Es verdad? ¿Es un alpha?— Se alegró enormemente el sultán y tomó a su hija orgulloso. —Puede que te conviertas en el siguiente sultán— Le besó la frente. —Aynur, luz de luna— Nombró junto a su significado. —Serás la luz que guíe a los guerreros, como el mejor guía para tus hermanos—
—¿Hermanos?— Preguntó Malih.
—¡Claro!— Dijo él sonriente. —Tendremos un montón de hijos, Malih— El omega se sintió mareado al escucharlo.
—Yo no sé si pueda ser una buena madre...— Nadir le dió la bebé a la doctora para que terminara la examinacion.
—Malih, serás una sultana— Decreto con voz potente. —¡Y ganarás más poder cuánto a más de mis hijos tengas!— Le dijo. —Necesito una sultana fuerte y que sepa orientar a sus hijos para regalarle el mundo, así que no me decepciones— Lo último lo dijo con una voz más leve.
—Por ahora, descansa— Salió de la habitación.
Malih apretó las sábanas. ¿Ser fuerte? ¿No decepcionar al sultán? Jamás tuvo que meterse algo de aquello en la cabeza hasta que llegó al palacio.
Un palacio que podría ser su fin, sin embargo ahora no solo debía pensar en su vida, también en la de Aynur.
—Sultana, ¿Desea sostener a la princesa?— Preguntó Samir, quien ya le había puesto las cobijas.
—Sí— Tomó a su bebé. —Ahora serás mi odalisco principal, Samir—
—Es todo un honor, sultana— Sonrió el moreno.
Malih vió a su bebé con ternura y cansancio. —¿La cuna ya está lista?—
—Sí, sultana, es una fina cuna— Los decorados de los lados daban a entender que se trataba de un bebé poderoso. Era cómodo de mecer, ya que se hacía desde el palo transversal.
—Aynur parece contenta...— Malih suspiró. —Por Alá, tengo miedo Samir—
—Es comprensible, es una madre primeriza— Malih asintió. —¿Desea que una institutriz se haga cargo?—
—No, no sé si sea una buena idea... Trataré de hablar con la madre sultana si es posible—
—¡Es una buena idea! Seguramente la madre sultana sea una buena guía, ya que crió al sultán—
Malih emocionado pidió ver a la madre sultana. Sin embargo, dentro ya estaba Amira haciendo causa común.
—Gran sultana— Se inclinó Malih.
—Así que tú eres el que ha embrujado a mi hijo— Habló, viéndolo con superioridad. Tenía los mismos ojos frívolos del sultán.
Tanto Amira y los demás en la habitación no ocultaron su risa. —¿Para qué atreverse a venir hasta mis aposentos?—
—¿Puedo levantarme para responder?— Preguntó, ya que aún estaba arodillado.
—¿Acaso te di la órden?—
—No, sultana... Como ya sabe, concebí un hijo hace poco— No le permitieron seguir hablando.
—¿Es por esa razón que ya te crees la gran sultana?— Preguntó ella, cruzando sus piernas.
—¿He hecho algo para ofenderla?— Preguntó.
—Solo eres el hijo de un traidor... Eres un asqueroso criminal, incluso los esclavos de este harén tienen mayor dignidad que tú— Presionó sus puños sobre la alfombra ante semejante insulto. —Alguien como tú no ascenderá más alto—
—Sultana... Está diciendo que la hija de el sultán también es una escoria por llevar mi sangre— Todos se espantaron por lo que dijo y la mujer se levantó enfurecida para golpear la mejilla de Malih con todas sus fuerzas.
El rubio cayó contra el suelo. —¿¡Cómo se te ocurre decir algo así!?— Gritó la madre sultana. —¡Vete de aquí! ¡Fuera maldito brujo!— Quería golpearlo de nuevo. —Si vuelvo a ver tu cara te aseguro que terminarás en los calabozos.—
—Sultana...— Samir lo levantó rápidamente. —¿Está bien?— Le preguntó al salir.
Malih se mantuvo en silencio, avanzó aún levantando su rostro y caminó como si nada hubiera pasado. Como si la cara no le ardiera por el dolor.
Samir le miró preocupado, pero supo enseguida que debía seguirlo con el mismo semblante. No era momento de flaquear, nadie debía ver la debilidad en este palacio, porque a la mínima lágrima ellos arrancarían todo de tí con un simple ruido de manos.
Al llegar a su cuarto le pidió a Samir que lo dejara solo. Se sentó en frente de la cuna, viendo a su hijo con una inmensa tristeza.
Entonces, cerró los ojos con fuerza, transformando el escenario en ese sencillo estudio donde su padre trabajaba.
—Mira, Malih— Le decía, subiendo las escaleras al pequeño espacio donde tenía un telescopio. —El día de hoy los planetas se alinean—
Malih se acercó curioso a mirar lo que señaló. —¡Es verdad!— Sonrió encantado. —¿Por qué?—
—Llega un momento en que ocurre— Le mostró un mapa planetario. —Los planetas forman una línea cuando coincidente las oscilaciones dan a lugar a este fenómeno— Su padre siempre le enseñaba a Malih, porque él estaba interesado en adquirir conocimiento.
Además, ya que no tuvo un hijo alpha, le dió toda su voz a Malih. A su único hijo curioso en saber el más allá de las cosas.
—Cuando llegue el momento de que te cases, ese alpha será muy afortunado— Sonrió.
—Pero, no quiero casarme, me gustaría quedarme contigo siempre— Le dijo a su padre y él se rió.
—¿Sabes? Eres mi mayor tesoro, Malih, es por eso que espero caiga en buenas manos—
—¿Cómo en quién?—
—Algún joven capaz de completarte, y al que tú seas capaz de rendirle todo tu apoyo— Opinó. —Alguien con una enorme fuerza para cuidar tu fina complexión—
—¿Lo dice en el sentido físico?— El Pasha rió ante la pregunta de su hijo.
—Malih, eres como una calma... Cada vez que hablo con el sultán pienso en que deberías conocer a un alpha así—
—¿Por qué el sultán es el mejor alpha de este mundo bendecido por Alá?—
—Más que eso, es porque él es como un poderoso león. Un carácter fuerte y con una gran experiencia combinaría contigo, Malih—
El omega suspiró. —Papá, siempre hablas de el sultán, ¿Por qué no mejor me casas con él si tantos insistes?— Se cruzó de brazos de mal humor.
Su padre rió de manera agradable. ¿Quién hubiera dicho que al final su destino sí era con él?
Malih dejó caer sus lágrimas sin control y se levantó para gritar al cielo. —¡Alá! ¡Estoy aquí! ¿¡Por qué Alá!? ¿¡No había otra manera!?— Centelleó su voz. —¿¡Por qué tuviste que quitarme a mi padre así!?— Se arrodilló afirmandose en el barandal. —Mi dios... Si mi destinado era el sultán Nadir, ¿Por qué llevarme a la fuerza ante él? ¿Por qué hacerme odiarlo de esta manera?—
Finalmente se calmó, dejando caer las últimas lágrimas.
—Malih— Oyó la voz del sultán al lado. —¿Por qué lloras?— Lo vió con sorpresa. —¿Y por qué tu rostro está lastimado?—
Malih apretó su pecho, Nadir hacía latir su corazón con rapidez. Una sensación de ebriedad inevitable.
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Comments
Estrella Guadalupe Martinez Vera
vamos Malhi tienes que ser fuerte para demostrar quien eres en realidad y cun valioso eres habla con Nair el está de tu parte
2025-01-30
0
BEIYUE la fujoshi
se me hace que esto es por Nadir, siempre saca niña que fue
2025-01-22
2
hanako-kun ✩♡
ufff que emocion!!
2024-09-10
3