El sultán ordenó cambiar las sábanas de Malih por unas que él hubiera utilizado e hizo lo mismo con las mantas. Así Malih se recuperó de su malestar y ya podía comer a grandes bocados.
—¡Estoy tan feliz!— Sonrió Samir. —Ya puedes levantarte y comer apetitosamente— Incluso el gusto del moreno había vuelto, porque disfrutaba de los deliciosos dulces junto al entusiasmo de Malih.
—Estaba pensando ir a pasear al jardín—
—Oh, por el momento no puede, ya que lo están reacomodando— El otro omega alzó su ceja sin entender. —Hace unos días, mientras usted reposaba, el sultán mandó a arreglar el jardín— Malih se levantó, yendo hacia la terraza. Desde ahí vió cómo movían las plantas.
—¿Qué es lo que están haciendo?—
—No estoy seguro, pero me informaron que sería una sorpresa para usted—
—Espero no sea alguna loca idea del sultán— Dijo entre dientes.
Y lamentablemente para Malih, fue así. En una de las caminatas del sultán, se le ocurrió una espléndida idea para conquistar a Malih.
Sus ojos se fijaron en un estanque llenos de lotos.
—Khalil, ¿Qué flor es esa?—
—Esa es una flor de loto, gran sultán— Le contestó. —Si no me equivoco la trajo un comerciante de Arabia—
—Es una flor hermosa, con un pálido rosado alrededor del blanco... Me recuerda a Malih— Khalil hacia lo posible por no mostrar una mueca de desagrado. —Este laberinto es muy aburrido— Mencionó la posición de los arbustos.
—¿Desea que llame al jardinero?—
—Sí, Khalil, hay que hacer algo con este jardín, debe ser hermoso, Malih lo mira todos los días, voy a darle un presente— Sonrió.
Aquello era lo que se construía en el palacio. —No me sorprendería que el sultán moviera cielo y mundo por usted— Malih suspiró, lo único que deseaba era ir al cielo.
—Iré a ver al sultán—
—¿Con ese aspecto?— Se asombró Samir.
—¿Qué quieres decir?—
—¡Lo arreglaré ahora!— Lo empujó dentro, para cambiarle el vestido, maquillarlo y colocarle sus joyas. —¡Listo!— Para el omega era excesivo tener que verse siempre hermoso para el sultán.
Se encaminaron al dormitorio de su majestad. —Malih, futura sultana— Le sonrió sarcástico Khalil. —El sultán se pondrá de buen humor— Abrió las puertas.
Malih entró solo. —Samir, ¿No es así?— Miró Khalil al omega moreno.
—Así es— Se inclinó.
—¿No has pensado en casarte?—
—Estoy bien de esta manera, con fortuna volveré a mi hogar cuando complete mi tiempo aquí— Respondió.
—Qué desperdicio... Siempre he pensado que tu belleza se pudre en un lugar como este, es una lástima que no le hayas gustado al sultán— Samir vió a Khalil extrañado.
—¿Por qué? ¿Deseaba que me convirtiera en la luna del imperio?—
—Te hubiera ofrecido mi vida— Dijo Khalil, y Samir cubrió su rostro con el hiyab, porque sintió sus mejillas enrojecer.
—¿No hubiese sido mejor pedirle al sultán una esposa para usted?— Ahora Khalil se quedó con la boca abierta y se sonrojó en una risa. —De todos modos, todos los omegas que escogía para él eran según sus gustos, ¿No es así?—
—Tus palabras son bastante audaces, debería cerrarte la boca con mi lengua—
—¡Por Alá! ¡Lo oirán!— Exclamó Samir, alejándose un metro de Khalil. —Sigo siendo propiedad del sultán, lo ejecutarán si ven que me habla así— Khalil se reía por lo que decía Samir. Le agradaba molestar así a los omegas bien parecidos.
Dentro de los aposentos, Malih entró sin siquiera inclinarse. —¡Malih!— Se alegró Nadir. —¿A qué se debe tu visita? Acércate—
El omega caminó hacia el sultán, y él le hizo sentar en sus piernas. —Estaba preparando los siguientes planes... Debo irme pronto— Aprovechó de oler la esencia de Malih.
—Aquí...— Apuntó sobre el mapa. —¿Por qué no usarás las montañas?—
—Suelen aparecer bandidos ahí y...— Malih deslizó su dedo por una ruta y Nadir miró con sus ojos expectantes al dedo del omega trazar sobre las montañas.
—Es mejor utilizar las viejas minas... Aún es peligroso, pero llegarán desde la retaguardia—
—Ja... ¿Puedo saber por qué las sultanas no pueden ser estrategas...?— Se tapó la cara avergonzado.
—Porque somos omegas...— Habló con tristeza.
—Malih, por tí enviaría las tradiciones al piso—
—¿Estás diciendo que puedo ayudar directamente?— Se asombró, él solo buscaba el reconocimiento que perdió su padre al darle aquellas pistas.
—No creo que puedas asistir a un consejo... Pero lo intentaré— Malih besó los labios de Nadir. Era la primera vez que le robaba un beso. —Vaya, Malih... ¿Tanto te emocionó la idea?—
—Ahora entiendo porqué su nombre es Nadir, usted es único y extraño... Sus ideas podrían llevarlo a cambiar tantas cosas que nos inmovilizan... Si es así, le pediré perdón a Alá por haberlo insultado— El sultán se sintió apreciado por primera vez. Siempre le habían codiciado, sin embargo el afecto de Malih era amable.
Unió sus labios con delicadeza, Malih lo abrazó sin oponerse. Y aquello hizo sentir al sultán mejor que nunca. —Si ganamos te haré parte del consejo, serás mi cabeza al triunfo— El omega le sonrió con ternura, conmocionando más al corazón del sultán. —Si hago tus pensamientos libres, ¿Te casarías conmigo?—
—Incluso en ello es excepcional— Malih se levantó con suavidad. —No sé si acceder tan fácilmente— El sultán prefirió no insistir. Ya parecía estar ganándose a Malih con sus ideas revolucionarias. Si las llevara a cabo, tal vez él finalmente lo amaría y le miraría con el amor que tanto ansiaba.
Pronto el sultán debía partir, sin embargo esta vez le dió una anormal órden a Khalil. —Khalil, te quedarás aquí—
—Sultán... ¿Qué quiere decir con eso? Soy un guerrero—
—Khalil, escúchame bien, no es como si no supiera de las serpientes que se arrastran en mi palacio— Le habló frío. —Quédate y protege a Malih, finalmente está a punto de convertirse en sultana y no quiero le pase algo—
—Pero, su majestad—
—¡No me cuestiones! A ver si logras que mi confianza vuelva a tí— Le advirtió antes de ir al salón para despedirse de su familia.
Su madre se dirigió primero para besar la mano del sultán. —Mi hijo, que Alá te proteja—
—Amén— Contestó. —Y espero que tú protejas mi palacio mientras no estoy, no quisiera ver algo fuera de lugar— Fue una advertencia para la madre sultana.
El sultán pasó de largo a Amira y a su hijo. —Mi sultán— Se inclinó Malih y le besó su mano.
—Malih, que Alá le dé salud a nuestro hijo— Le besó la frente.
El sultán había partido a conquistar el mundo.
Notita:
Hiyab: Es el velo que usan las mujeres, en este caso lo usan los omegas. Pueden cubrir su cabello y cara con él, rodeando el cuello.
Hay muchos más tipos de velos que cubren más o menos el cuerpo de la persona.
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Comments
Luca Cabral
la queso Ah mira
2025-02-06
1
Luca Cabral
Yo también me ofrezco yo hablo mucho
2025-02-06
1
insomnio 1.0
Jajajajaja
2025-01-30
1