Ella renace en una novela que vio en su vida pasada, hará todo hasta lo imposible por cambiar su destino y no vivir atrás de un hombre que en cualquier oportunidad la traiciona. El interés amoroso de la protagonista en la novela será para ella la Villana no tan Villana…
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10. He escuchado un rumor…
—Cuéntame qué tal les ha parecido el evento —pregunta Alessandro sirviéndose vino.
—Está muy bien, aunque le falta, ya sabes, fiesta —dice Vanessa, refiriéndose a que no hay alcohol, baile y chicos con los que pueda liarse toda la noche.
—No te preocupes, después de las diez será el after party —dice Alessandro divertido.
—Ya
—Ya solo falta media hora —celebra brindando con Madison.
—Y cuéntame, Ginebra, ¿qué te ha parecido este evento? —me pregunta sin despegar la mirada de mí.
—Me parece muy bien organizado, la atención es buena, la comida diez de diez y el vino exquisito —digo respondiendo sin pensarlo mucho.
—Me alegra que te gustara, ya que ella quiere fiesta y alcohol; las invito al after party, que será exclusivo —menciona Alessandro, refiriéndose a Vanessa.
—Muchas gracias, pero yo debo trabajar mañana —mencionó, tratando de negarme a ir.
—No seas así, ven con nosotros —dice Vanessa.
—No puedo, sabes bien que debo ir a la empresa —le digo mirándola a los ojos.
—Vamos, haz una excepción; después de todo, eres accionista de la empresa y no pueden despedirte si llegas tarde —responde Vanessa.
—Está bien, voy con ustedes —les digo.
—Verás que no te vas a arrepentir —dice Alessandro tomando mi mano; yo dirijo la mirada a sus manos tratando de descifrar qué es lo que trata de hacer.
Mis mejillas se calientan al sentir cómo me da un beso en la palma; sonrío tratando de mantener la calma. Si él me sigue coqueteando de esta manera, no desaproveche la oportunidad.
—Quizás tengas razón. Mi voz sale casi en un susurro.
Él asiente a mi respuesta; después se retira. Sobre mí caen las miradas acusadoras de Vanessa y Madison, quienes me observan detenidamente, tratando de averiguar qué es lo que estoy pensando.
—Te lo dije, nos invitó por ella —le dice Vane a Madi.
—Y ahora, ¿de qué hablan ustedes dos, si se puede saber? —digo observando cómo se sobresaltan ante mi pregunta.
—Eh, no es nada, le preguntaba a Madison si nos acompañará —dice Vasesa, negando cualquier insinuación.
—En serio, bueno, ahí es decisión de ella si quieres ir —le digo tomando un sorbo de vino.
—Iré un rato, ya que debo llegar temprano al trabajo —dice Madison terminando de comer su postre.
Una hora después estábamos llegando a un club nocturno; aunque en mis memorias la ginebra de antes no había venido a este lugar, tal parece que es nuevo, supongo.
Al haber bastante gente, nos está tocando hacer fila para entrar. Vanessa mira la hora en su teléfono, despertando por el alcohol que aún no entra en sus venas.
—¿Por qué tardarán tanto? —murmura Vane.
Le iba a responder, pero veo al guardia hablar con un mesero; después el guardia se acerca con una mirada de pocos amigos.
—¿Es usted la señorita Ginebra? —me pregunta mirándome directo a los ojos.
—Sí lo soy, ¿por qué? —le digo.
—Usted y sus amigas pueden seguir —dice señalando el camino; nosotras agradecemos.
Al llegar a la puerta, el mesero nos pide que lo sigamos. Mientras caminábamos, escuché a unos chicos alegar con el guardia por qué nos dejó entrar y a ellos no.
El mesero nos guía hasta la segunda planta; abajo hay dos guardias cuidando que nadie suba. Al llegar, nos recibe Alessandro, quien está sirviéndose un trago; junto a él hay varios chicos y chicas; a algunos los vi en el restaurante.
—Lo siento por hacerlas esperar, es que recibí una llamada y no me dio tiempo de ir por ustedes —dijo tomando asiento en un sofá de una persona.
—Lo entendemos —le respondo después de sentir un leve golpecito de Vanessa.
Nos pide que nos sentemos y así lo hacemos. Unos segundos después, un mesero se acerca y nos ofrece un trago. La música es tan adictiva que dan ganas de bailar; algunas chicas comienzan a bailar en medio de los sofás. Las luces se vuelven de colores brillantes.
—Bailas —me dice Alessandro extendiendo su mano a mí.
—Sí, claro —le digo tomando su mano, ya que si algo tiene que pasar, pues que lo haga, y mejor que con este hombre divino...
Él me guía hasta la pista de baile; la música cambia y Aless comienza a mover su cuerpo al ritmo de la música. Yo le sigo moviendo mis manos al son de la vibra.
—Esto es divertido —gritó Vanessa a un lado junto con Madi.
Aless toma mi mano y me hace girar pasando debajo de su hombro para luego terminar en sus brazos. Toma mi cintura, acercándome más a su cuerpo; nuestras miradas chocan. El azul eléctrico de sus ojos hace que pierda, tratando de encontrar su historia.
—Tus ojos son tan hermosos —dice tocando mi mejilla.
—Gracias, el color de tus ojos es tan bonito —digo con una sonrisa en los labios.
Cuando la música se detiene, nos separamos; bajé la mirada con una leve sonrisa que no puedo contener, acomodo mi cabello detrás de la oreja para disipar el calor que me sube por el cuello.
Mis manos sudan ligeramente mientras me alejo hasta llegar a la barra; el bartender me sirve un martini, lo veo preparar otro y, al voltear, ahí está él apoyando su brazo en la barra.
—He escuchado un rumor —dice tomando la copa que le ofrece el bartender.
—¿Qué clase de rumor? —le respondo tomando un trago.
—Es verdad que estás comprometida —susurra sin dirigirme la mirada.
—Sí lo estoy, pero no por mucho. —Cuando escucha mi respuesta, se voltea a ver, aún con su copa en mano.
—Así, ¿y eso por qué? —murmura.
—Creo que todos en el país saben que mi prometido es un mujeriego —digo sin más.
El guarda silencio observando mi rostro como si buscara algún rastro de tristeza o enfado, pero la verdad no siento nada de eso por ese pegote; lo único que puedo sentir es asco. Nunca en mi vida me ha gustado un hombre que sea tan pantalones flojos y gritón como él; mejor me quedo para vestir santos o me vuelvo monja.