Dos amigos, un destino marcado por la sangre y una búsqueda desesperada. Cuando su amiga de la infancia desaparece sin dejar rastro, Joan y Ralph deberán despertar el poder oculto de sus linajes. Desde las sombras de la Hermandad del AMO hasta los secretos prohibidos de civilizaciones ancestrales, descubrirán que la realidad es solo un velo... y que para rescatar a quien aman, primero deben aceptar quiénes son en realidad.
En el juego del AMO, la lealtad es un mito y la sangre es la única moneda. ¿Estás listo para cruzar el umbral?
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CAPITULO 10 LA LEYENDA DEL POZO DEL DIABLO.
El avión aterrizó en el aeropuerto de Texas. Una mujer pelirroja de cabello largo bajó, con elegancia y prepotencia en los escalones. Tras tocar suelo firme se dirigió a una limusina que quedaba a unos metros de la puerta de la nave en la que habían estacionado el avión. Aunque no estaba permitido el paso a coches la licencia de servir a su gran jefe se lo permitieron.
- Vámos al hotel, necesito darme una buena ducha. – miró hacia la ventanilla con gran asco hacia ella misma. Cuando la limusina giró pudo ver con gran gusto explosionar el avión privado y en consecuencia por estar en un recinto cerrado toda la nave explosionó con una furia demencial.
- Creí que te gustaba tener el poder entre tus piernas. – ironizó el chófer mostrando una gran confianza y cercanía con la mujer.
- Hasta cierto punto sí, pero ahora solo quiero poseer a alguien que se me escapa.
- Ese desertor te tiene obsesionada Jasleen… eso no es bueno.
- Llevas razón, pero se ha vuelto una cuestión de honor para mí doblegarlo y hacerlo mi sirviente.
- El jefe se sentiría orgulloso de escucharte. – en eso sonó el teléfono y Jasleen lo cogió de la mesa y lo descolgó. El chófer subió la mampara divisoria para darle una privacidad autentica a la conversación, luego tocó un botón e instantáneamente se tiñó de negro opacando la visibilidad de la pasajera.
- Bien jefe, he acabado con los dos pilotos y los dos guardaespaldas. Ahora mismo están ardiendo en el infierno. – dijo dándose la vuelta para ver como las llamas devoraban la nave perteneciente a Mark en la que habían estacionado el avión privado.
La limusina se perdió en la oscuridad de la noche, hacia Texas. Las sirenas aullaban en la lejanía alarmadas por la alerta del incendio en el aeropuerto. Pronto el escenario quedó envuelto por sirenas y luces de diversos colores que representaban las distintas autoridades y profesionales que se habían concentrado en el lugar.
En la cabaña Annie, estaba observando la gravedad de la herida. La zona había quedado limpia de sangre y provisionalmente desinfectada pero su mayor temor era que requería de un par de puntos.
- Annie debes coserme la herida.
- Está bien … aunque siento que me vuelven a temblar las manos.
- Me has curado con esmero y cuidado, eres una magnífica enfermera. Lo harás bien, relájate y toma tu tiempo.
- Gracias Ralph por confiar en mí.
El frío del bosque se volvía más punzante, pero Vicky no se movía. Joan notó cómo un leve temblor recorría los hombros de la chica, quien seguía vistiendo solo los restos de su ropa destrozada tras la huida. Sin decir palabra, Joan se desabrochó su chaqueta beisbolera y, con un movimiento pausado, se la colocó sobre los hombros. Vicky se estremeció ante el peso de la prenda, que aún conservaba el calor corporal de Joan y un aroma a cuero y asfalto. Se hundió en ella, sintiéndose por primera vez en mucho tiempo envuelta por algo que no era miedo.
- Gracias, Joan. De verdad —susurró ella, ajustándose las solapas—. No pareces el tipo de hombre que va por ahí rescatando extrañas y regalando su chaqueta.
- Quizás no lo sea —respondió Joan con una sonrisa de medio lado, apoyándose en un poste de la entrada—. Pero mi padre solía decir que hay encuentros que no son casuales. Que hay personas que son como faros: aparecen cuando la tormenta es más fuerte.
Vicky lo miró a los ojos, intrigada por la serenidad que emanaba.
- ¿Crees que soy un faro, tu faro? —preguntó ella con un deje de ironía triste.
- Creo que eres la pieza que faltaba en un rompecabezas que empezó hace mucho tiempo. Una nacida bajo la Luna Azul... eso no es solo una anécdota curiosa, Vicky. Es una señal de que tienes una fuerza interna que Bruno teme tanto como desea. Por eso te perseguía. No quería una mujer; quería tu esencia.
Vicky guardó silencio, asimilando que su identidad era la clave de todo. Se sintió más cerca de Joan en ese instante; ya no lo veía solo como un guerrero, sino como alguien que entendía su propia naturaleza mejor que ella misma.
- Entremos —dijo Joan, poniendo una mano protectora en su espalda—. Annie y Ralph deben saber lo que acabamos de descubrir. Es hora de dejar de huir y empezar a planear cómo vamos a ir a por ellos.
Entraron en el calor del refugio. Ralph, ya vendado y con un color más sano en el rostro gracias a los cuidados de Annie, levantó la vista. Joan se colocó en el centro de la habitación, con Vicky a su lado, todavía envuelta en la chaqueta beisbolera.
En el interior Annie estaba limpiando la aguja, cuando Ralph la sorprendió mientras se incorporaba regalándole un beso tierno de agradecimiento en la mejilla, ella se ruborizó con el corazón desbocado. Se colocó la camiseta sentada a su lado dispuesto a observarla. En eso vieron entrar a Joan y Vicky con un aire revelador y una mirada de esperanza.
- Tenemos respuestas —anunció Joan, captando la atención inmediata de Annie—. Vicky nació bajo una Luna Azul en febrero. No es una víctima al azar, creo que Sally se recelaba algo y por eso fue tan protectora con ella desde que la conoció.
Ambos miraron a Vicky con una mezcla de asombro y renovada esperanza. Ralph quedó encantado pues al igual que Joan sabía de qué iba la historia detrás de esa coincidencia entre la luna llena azul, Vicky y su tormentosa relación con Bruno y la firme protección de Sally. En cambio, Annie sintió que la esperanza de encontrar a su hermana viva empezaba a crecer con más fuerza.
El silencio que siguió a las palabras de Joan fue denso, cargado de la importancia de lo que estaba en juego. Ralph, tomó la palabra no sin hacer previamente un gesto de dolor por un pinchazo que notó en la herida.
- Joan, recuerdas aquella historia sobre un lugar en Texas, un antro donde se practica las peleas ilegales de gallos, perros y personas. – Joan asintió al recordarlo de inmediato – Pues el señor Takemura me la contó en versión realidad pura y dura, el lugar apesta a corrupción, aún, así es un lugar tenebroso, una tapadera – comentó Ralph que se silenció por unos segundos para encontrar la palabra más adecuada. Joan le miraba entendiendo su silencio. – de algo más terrible.
- También me contó sobre ese lugar Alfred — dijo Joan, con la voz rasposa—. Lo llaman "El Pozo del Diablo". Es tierra de nadie. Los brazos ejecutores de los Dracon se reúnen allí, desde hace un par de décadas y organizan sus malas intenciones ordenadas por los cabecillas.
Vicky, que seguía envuelta en la chaqueta de Joan, sintió un escalofrío. La escala de la organización a la que se enfrentaban era mucho mayor de lo que jamás imaginó en el pub.
- Ahora que nombras “El pozo del Diablo” recuerdo que Bruno recibía muchas llamadas y en todas constantemente nombraba Texas y en ocasiones ese maldito lugar —intervino Vicky, recordando detalles que antes le parecían banales—. Siempre se encerraba en su oficina y salía con una expresión de triunfo... o de miedo.
Joan se cruzó de brazos, su silueta recortada por el fuego de la chimenea oscilaba en la pared, mirando con complicidad a Ralph que conectó rápidamente con los pensamientos de Joan.
- Si la intención de Bruno es hacer el ritual con Vicky tiene sentido que merodee ese lugar o lo tenga bien vigilado. Pues en él se dice que está el mapa donde se ubica la llave maestra para dicho fin. – aclaró Ralph.
- El siguiente paso está claro. Al amanecer iremos hacia Texas. No Vamos a entrar por sorpresa, sino que, entraremos como parte del juego. Ralph, ¿crees que podrías estar preparado para participar en ese círculo de luchas ilegales?
- Eso es una locura, todavía tiene reciente la herida y los puntos que le he cosido están tiernos. Cualquier movimiento puede ser perjudicial para él – se alarmó Annie, que en poco tiempo pasó de estar en las nubes a aterrizar de golpe en suelo firme.
- No nos queda otra alternativa, no olvides que Sally puede estar en peligro – le recordó Ralph con amargura - además necesitamos ese mapa para evitar que caiga en manos equivocadas.
- ¿Tenéis pensado hacer ese ritual? – se sorprendió con cierto temor Vicky.
- No exactamente Vicky, venga a descansar mañana nos espera un día duro – finalizó Joan.