Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.
Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr
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capítulo 10
Al llegar al destino, Alejandro se detiene y exclama: ¡Hemos llegado!. Alana, que no estaba familiarizada con el lugar, baja del automóvil y permanece a la espera de que Alejandro inicie su camino para seguirlo. Alejandro comienza a caminar y, juntos, entran a la imponente sede de la empresa Tecnocris.
Una vez dentro, son recibidos cordialmente por la recepcionista, quien les ofrece su ayuda y los orienta hacia la sala de juntas. Alana y Alejandro se dirigen a la sala y toman asiento. A medida que avanza el tiempo, los demás inversores llegan uno a uno; se saludan entre ellos de manera amistosa y se presentan.
Alejandro aprovecha la ocasión para presentar a Alana a los inversores, destacando su experiencia y habilidades. Poco después, la reunión comienza. Alana, con gran claridad y seguridad, explica cada uno de los detalles del proyecto, cautivando a todos con su forma de comunicar y su capacidad para hacer comprensibles conceptos complejos. Todos los presentes se sienten cómodos y satisfechos con lo que escuchan, mostrando un interés genuino por lo que Alana está exponiendo.
Alejandro no podía dejar de observarla; había algo en ella que capturaba su atención de manera incesante. Sin embargo, no era consciente de que algo tan simple como su forma de hablar lo intrigaba. Alana terminó su presentación, y uno de los inversores le lanzó varias preguntas; ella, con una actitud cordial y profesional, las respondió una a una con claridad. Posteriormente, continuaron conversando y acordaron que la próxima reunión se llevaría a cabo el sábado en un lugar diferente. Alejandro aceptó sin dudarlo.
Alberto, uno de los inversionistas, intervino en la conversación y les sugirió que se prepararan para un fin de semana productivo, ya que era importante que llevaran algunos documentos y materiales relevantes. Alana escuchó atentamente y miró a Alejandro, quien asintió con la cabeza y comentó: Así será. No había mucho más que decir en ese momento, así que se despidieron y comenzaron a retirarse. Sin embargo, Alana decidió seguir a Alejandro.
Alejandro y Alana subieron al automóvil. Una vez dentro, Alejandro se dirigió a ella con una sonrisa y le dijo: ¡Felicidades! Hiciste un gran trabajo. Alana, emocionada por el cumplido, le agradeció sinceramente.
Mientras tanto, Alejandro echó un vistazo a su reloj y comentó: Vaya, ya es hora de almorzar. Te invito. Alana no respondió de inmediato, pero Alejandro, entusiasmado, decidió llevarla a uno de los restaurantes que él solía visitar con frecuencia.
Al llegar al restaurante, ambos se acomodaron en una mesa y pidieron sus platillos. En un momento dado, Alana, un poco nerviosa, tomó la iniciativa y le dijo a Alejandro: Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?.
Alejandro, mostrando interés, respondió: Claro, adelante. Alana continuó: Yo también debo ir el fin de semana, refiriéndose a un compromiso relacionado con el trabajo.
Alejandro asintió y respondió: Por supuesto que sí. Tú eres quien lleva el proyecto. ¿Hay alguna inquietud que te gustaría discutir?.
Alana comentó: No es solo que sea fin de semana.
Alejandro, tratando de tranquilizarla, respondió: No te preocupes, sé que valoras tus días libres; pero cada vez que tengas que trabajar un fin de semana, tu salario será el triple. No deberías estar preocupada, a menos que se trate de tus padres o de tu novio.
Alana lo interrumpió con firmeza: No, no, nada de eso. Está bien.
Alejandro asintió y dijo: Entonces, almorcemos y volvamos al trabajo.
Alana respondió: Está bien.
En ese momento, el teléfono de Alana sonó. Era Diana, quien le preguntaba si faltaba mucho para que regresaran.
Alana contestó que no quedaba mucho tiempo y luego continuó comiendo.
El teléfono de Alejandro sonó de nuevo, esta vez era uno de los inversionistas que le llamaba urgentemente. El inversionista le comunicó que debía regresar a la oficina porque había un error en uno de los documentos, y que era necesario corregirlo antes de la reunión programada para el fin de semana. Alejandro, un poco confundido, respondió que había revisado cada hoja con sumo cuidado, y que no había notado ninguna irregularidad.
El inversionista, conocido como Maximus, insistió: Parece que hemos pasado por alto algo. ¿Puedes regresar ahora o ya te has ido a la empresa?. Alejandro, reconociendo la importancia de la situación, le explicó: Acabamos de almorzar y estábamos a punto de volver, pero no te preocupes, ya nos estamos dirigiendo allí.
Alana, que había estado escuchando la conversación, preguntó curiosa qué estaba sucediendo, mostrando su interés por la situación que estaban enfrentando.
Alejandro se tomó un momento para explicarle la situación a Alana. Después de su conversación, ambos se dirigieron de nuevo hacia la empresa de Maximus.
Al llegar, subieron directamente a la sala de juntas. En cuanto Alejandro vio a Maximus, le preguntó qué había ocurrido.
Maximus, con un aire de preocupación, le respondió: Mira, Alejandro, es urgente que redacción revise estos documentos de nuevo hoy mismo. He notado que hay varias hojas con errores ortográficos, y eso es muy grave si los llevamos así el sábado.
Alana, sintiéndose algo incómoda, intervino: De verdad, permítanme un momento.
Maximus le entregó las hojas para que las revisara. Alana se dio cuenta de que las transcripciones de Sara contenían varios errores. Se sintió apenada al descubrirlo y no pudo evitar una sensación de vergüenza.
Entonces, Alana se dirigió a ellos con una expresión de seriedad y dijo: Señor Maxiimus, le ofrezco mis más sinceras disculpas. Y a usted también, señor Alejandro. La verdad es que no sé qué sucedió exactamente, pero si me permiten disponer de una computadora y un espacio, puedo encargarme de arreglarlo personalmente.
Alejandro, un poco preocupado, respondió: Alana, pero creo que te llevará mucho tiempo hacerlo tú sola, y además estamos un poco alejados de donde necesitas trabajar.
Alana, con confianza, le contestó: No se preocupe, señor Alejandro. Tengo amplios conocimientos sobre el tema y, aunque me lleve bastante tiempo, es algo que debo hacer por mí misma.
Maximus, asintiendo con aprobación, dijo: Está bien, te enviaré a traer lo necesario para que puedas comenzar ahora mismo.
Alejandro, todavía dudando, preguntó: ¿Estás segura de que quieres hacerlo de esta manera?