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“La Caída De La Heredera” Ella Lo Tenía Todo, Hasta Que La Verdad La Dejó Sin Nada.

“La Caída De La Heredera” Ella Lo Tenía Todo, Hasta Que La Verdad La Dejó Sin Nada.

Status: En proceso
Genre:Hija rica en bancarrota / Diferencia de edad / Apoyo mutuo
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: @maryurisve

Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.

NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo X: Retratos de una mentira

Luego de esa noche ocurrió lo impensable, porque a pesar de que Keila y Kendra no eran unas hermanas muy unidas debido al favoritismo tóxico de sus padres hacia Kendra, por alguna razón Keila al sentirse devastada buscó refugio en su hermana y Kendra al sentirse tan culpable quería compensarla de alguna manera.

—Gracias por estar conmigo en este momento, Kendra … no sé qué haría sin ti —sollozó Keila desconsolada hundiendo el rostro en el hombro de su hermana.

Kendra contuvo las ganas de reírse con amargura, porque observar a Keila, totalmente deshecha por un hombre que no valía ni una sola de sus lágrimas, era un espectáculo insoportable.

—Ángel es un imbécil —dijo Kendra con una convicción que no era fingida — Estoy segura de que encontrarás a alguien más acorde con tus intereses, alguien que realmente te merezca.

Mientras la estrechaba entre sus brazos, Kendra sintió que la tristeza de su hermana era un peso insoportable.

A pesar de todo Keila insistía en que, en medio de la tragedia, lo único bueno era haber recuperado la conexión con ella, recordándole que “después de todo, eran familia”, y cada palabra de afecto de Keila era una puñalada; y por primera vez en su vida Kendra se sintió pequeña, y ruin.

A la noche siguiente, mientras consolaba a su hermana, Kendra comprendió que la redención no sería un camino de rosas y se sentía muy mal, aunque no lo expresaba con palabras.

—Te aseguro que todo va a estar bien — dijo intentando consolarla.

Transcurrieron dos días y cuando Andrés escuchó la noticia de la cancelación de la boda por alguna razón sintió alivio, porque el amante de Ifigenia era el tío de Ángel así que era el primo de Keila y para él esta era una relación incestuosa.

Pudo haberse negado a la relación, sin embargo, en el pasado, todos habían sido tan crueles con Keila que él decidió guardar silencio para no sumarle más dolor, pero ahora que el compromiso se había roto, sentía que el destino le hacía un favor.

—Conocerás a alguien mejor... —dijo Andrés con una torpeza que Keila recibió con incomodidad.

—Gracias papá —respondió Keila con una voz seca y distante.

Anabella observaba a Andrés con enojo mientras escoltaba a su sobrina hasta su habitación.

—No culpes a tu papá—intentó suavizar Anabella una vez que estuvieron a solas—Es solo que él es un poco torpe para consolar a las personas y no sabe cómo expresar lo que siente.

Keila se detuvo en la puerta y miró a su tía con resignación.

—Papá no me quiere, tía, así que no le importa lo que estoy sufriendo en este momento.

Anabella la abrazó, y continuó consolándola, la verdad es que Andrés no era una mala persona solo era un hombre que estaba profundamente herido, ella quería explicarle porque su padre se comportaba de esa manera, cuando le llamó la atención un libro que estaba colocado sobre la mesa de noche al lado de la cama de Keila.

—¿Qué es esto? —preguntó, señalando un volumen encuadernado sobre la mesa de noche.

—Es un álbum que hice con fotos antiguas —respondió Keila, limpiándose las lágrimas— He estado recopilando la historia familiar.

—¿Puedo verlo?

Keila había hecho un excelente trabajo recopilando las fotos de los antepasados de los Barreto, pocos sabían que Anabella era realmente una Barreto de sangre, y que se trataba de una pariente lejana adoptada por los padres de Andrés tras quedarse huérfana, así que conocía ese linaje mejor que nadie, y al pasar sus dedos por el libro sus dedos se detuvieron sobre una fotografía en particular.

—¿Quién es esta mujer? —susurró Anabella, con la voz entrecortada.

Keila observó la foto y esbozó una sonrisa porque ignoraba la identidad de ese antepasado, se trataba de un retrato antiguo de una mujer joven con una mirada profunda ojos violetas y una estructura ósea muy parecida a la de Keila.

—No tengo idea, tía, creo que es una tatarabuela, pero es evidente que es una Barreto; de lo contrario, no nos pareceríamos tanto.

Anabella sonrió y sentía que el corazón le dio un vuelco porque a pesar de que sabía del resultado de la prueba de ADN de hace años, siempre sintió un vínculo especial con Keila y no con la perfecta Kendra como si la sangre pesara más de lo que imaginaba.

—¿Me lo prestas por unos días? —preguntó Anabella, aferrando el álbum como si fuera un tesoro.

—Por supuesto, tía.

Anabella abrazó ese libro con esperanza porque a diferencia de su hermano nunca creyó en esa prueba de ADN, pero antes necesitaba saber quién era ese antepasado porque allí estaba la clave para aclarar ese malentendido.

—Juro que no descansaré hasta descubrir la verdad —susurró para sí misma por el pasillo—Porque tú eres una Barreto, y voy a demostrarlo.

Durante los siguientes días Kendra intentaba expiar su culpa y fue así como se encargó de cancelar cada contrato de la boda —el banquete, las flores, el fotógrafo— con mucha eficiencia, desviando todos los reembolsos a la cuenta personal de Keila como un intento desesperado de compensar el daño.

—Hice que todos los reembolsos fueran directamente a tu cuenta personal —le informó Kendra, mientras Keila miraba absorta por la ventana.

Keila frunció el ceño, al escuchar el comentario y estaba muy confundida por el gesto de Kendra.

—Pero ese dinero le pertenece a papá... y a Ángel, fue una fortuna lo que se invirtió en esa boda, así que no puedo aceptarlo.

Kendra se acercó a la ventana y le puso una mano sobre el hombro, a manera de consuelo.

—No te preocupes por eso —replicó Kendra— Déjamelo todo a mí, y considera que esta es una indemnización por el tiempo perdido.

Kendra en secreto se reunió con los padres de Ángel, los cuales estaban encantados con la noticia de su embarazo, por suerte René se encontraba de viaje, y era un alivio, porque era cuestión de días para que tuviera que terminar su relación con él.

Aunque antes debía hacer algo más doloroso y era contarle la verdad a su padre.

— Estamos mucho más satisfechos contigo que con tu hermana, porque ella es muy... diferente —dijo Angela con desprecio.

Kendra contuvo su desagrado y estaba incrédula porque su hermana menor era brillante, y una profesional muy elogiada además de que tenía un gran futuro en el mundo de las letras, sin embargo, estas personas cortas de mira la despreciaban solo por ser de tipo bohemio y estéril.

—Descuiden, que "Lord Ángel" tendrá quién herede su título —soltó, con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

En ese momento, los padres de Ángel se quedaron fríos porque se dieron cuenta de que Kendra no era la dócil y encantadora mujer que ellos suponían.

Al terminar la reunión recibió un mensaje de René diciéndole que había regresado a la ciudad y que necesitaba hablar con ella y fue así como supo que el momento de la ruptura había llegado.

—Lo siento, René —se dijo a sí misma mientras se miraba al espejo— Eres un buen hombre, y no te mereces a alguien como yo.

Era el mediodía y el lugar estaba lleno, René estaba ansioso, y había repasado su petición de matrimonio varias veces durante su viaje, para un antiguo mujeriego como él que finalmente había encontrado a la indicada, Kendra no solo era su futuro, sino que preparó su tesoro más grande de su pasado y era el anillo de compromiso de su difunta madre.

—Gracias por venir, Kendra —dijo él, con una chispa de ilusión que a ella le resultó insoportable.

Kendra lo miraba con una indiferencia que venía practicando como una armadura, era un buen hombre y sabía que esta sería la última vez que lo vería y prefería que él la recordara con asco y rencor antes que con lástima.

—René, sé breve porque no tengo mucho tiempo —cortó ella, evitando mirar sus ojos.

—Lo sé, por eso elegí este lugar cerca de tu oficina, Kendra... este tiempo a tu lado ha sido lo mejor de mi vida, y por eso, quería preguntarte... ¿Quieres casarte conmigo?

Kendra se quedó con la mente en blanco porque no deseaba que él le pidiera matrimonio porque de lo contrario esto sería más doloroso, no quería lastimarlo porque no se lo merecía, pero ella ya no podía estar con él no solo no lo amaba, sino que se sentía sucia.

René con manos temblorosas, sacó una cajita gastada y la abrió, dentro descansaba un sencillo anillo, y esto estremeció el corazón de Kendra, porque se notaba que era una pieza que hablaba de amor y sacrificios.

Ella sintió una oleada de náuseas, no era solo por el anillo, sino por la pureza del detalle, algo que alguien como ella ya no podía tener, estaba embarazada de otro y esa joya era un insulto a su humillante realidad.

—Por supuesto que no me voy a casar contigo, René —soltó ella con frialdad.

—¿Qué? —René parpadeó, incrédulo.

—Eres un muerto de hambre que ni siquiera puede comprarme un anillo decente —escupió Kendra, con desdén— ¿De verdad crees que yo valgo esto?

René sintió que la sangre se le subía al rostro y el enojo empezó a ganarle al dolor, porque ese anillo le había costado a su padre meses de duro trabajo, y su madre lo había atesorado hasta su último aliento.

—No lo entiendes, Kendra, este es el anillo de mi madre...

Kendra sintió un escalofrío porque acababa de decir algo terrible, porque esa joya era de un valor incalculable, sin embargo, ella no lo merecía, así como tampoco al hombre frente a ella, así que afirmó su decisión y con expresión fría continuó destilando veneno.

—Peor aún, René. ¿Qué tan miserable tienes que ser para darme algo usado? Yo necesito algo nuevo, algo que esté a mi altura, no quiero esta mediocridad para mi vida —gritó ella, elevando la voz a propósito.

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Fran Sánchez
Estoy así 🤯..... qué pasará en la fiesta..... me estoy comiendo las uñas, de esta intriga....
María Angelica Stessens
me gusta mucho la forma de ser de Axel
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