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Notas Y Colores Del Destino

Notas Y Colores Del Destino

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / BL / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Dos genios.
Una rivalidad que duele.
Un amor que se repite en cada vida.
Cuando él gana, yo recuerdo.
Cuando yo brillo, él tiembla.
Esta vez… ¿podremos elegirnos antes de volver a perdernos?

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: El precio de romper el ciclo

El silencio que siguió a la elección de Aiden no fue inmediato.

Primero hubo un murmullo confuso, como si el aire se hubiese llenado de preguntas que nadie sabía formular. Luego, poco a poco, el sonido comenzó a desvanecerse. Las voces del público se volvieron lejanas, distorsionadas, como si provinieran de otra habitación… o de otro tiempo.

Ren seguía aferrado a Aiden.

No lo soltaba.

No podía.

Un frío extraño le recorrió la espalda, una sensación conocida, demasiado parecida a la de otras vidas. Como si algo invisible estuviera tirando de él, intentando arrancarlo del lugar que acababa de elegir.

—Aiden… —susurró, con la voz quebrada—. Esto… esto no se siente bien.

Aiden lo rodeó con ambos brazos, apoyando la frente contra la suya.

—Mírame —dijo con firmeza—. Estoy aquí. No te vayas.

Las luces del escenario parpadearon con violencia.

Un sonido grave, profundo, recorrió el auditorio, como un eco que no pertenecía al mundo físico. Algunos asistentes se llevaron las manos a los oídos; otros miraban alrededor, desorientados, incapaces de entender qué estaba ocurriendo.

Milo dio un paso atrás.

Su rostro había perdido todo rastro de ironía.

—El ciclo… —murmuró—. El ciclo se está desmoronando.

Ren alzó la vista, con el corazón golpeándole el pecho.

—¿Qué significa eso?

Milo tragó saliva.

—Significa que el destino ya no puede repetir lo mismo —respondió—. Y cuando no puede repetir… exige un pago.

Aiden tensó la mandíbula.

—No voy a dejar que Ren desaparezca otra vez.

Milo negó lentamente.

—No será él —dijo en voz baja.

El suelo pareció inclinarse.

Ren sintió un mareo violento. Las imágenes comenzaron a superponerse unas con otras: escenarios antiguos, aplausos que dolían, despedidas sin palabras, miradas que nunca se encontraron.

Y, entre todas ellas, una constante.

Milo.

Siempre al margen.

Siempre observando.

Siempre recordando cuando ellos no podían.

—No… —susurró Ren, mirándolo con horror—. No puede ser.

Milo dejó escapar una risa breve, rota.

—Claro que puede —dijo—. Siempre fue así.

Los recuerdos que había mantenido a raya durante tantas vidas lo golpearon de golpe.

Recordó el instante exacto en que Ren desapareció en la vida pasada.

Recordó haber sido el único que entendió lo que ocurrió.

Recordó haber decidido, en silencio, que el ciclo debía mantenerse… porque al menos así el mundo no colapsaba.

—Yo fui el equilibrio —admitió—. El testigo. El que sostuvo el destino cuando ustedes no podían.

Aiden dio un paso hacia él.

—Eso no significa que debas pagar ahora.

Milo negó con la cabeza.

—Sí lo significa —respondió—. El ciclo ya no me necesita.

El aire vibró con más fuerza.

Por un instante, Milo pareció desdibujarse, como si su cuerpo ya no terminara de encajar en la realidad. Las luces del auditorio comenzaron a estabilizarse lentamente, mientras el público recuperaba el sonido, la forma… la normalidad.

Pero Milo no.

Ren sintió un nudo en el pecho.

—No es justo —dijo—. Tú no pediste esto.

Milo lo miró con una expresión suave, casi agradecida.

—Nadie pidió este destino —respondió—. Pero ustedes tuvieron el valor de romperlo.

Se giró hacia Aiden.

—Cuídalo —le dijo—. No vuelvas a elegir un aplauso vacío.

Aiden apretó los puños.

—Gracias —dijo con dificultad—. Por darnos una oportunidad.

Milo sonrió.

Por primera vez, sin amargura.

—Vivan —susurró—. Eso es suficiente.

Y entonces, sin dolor ni dramatismo, Milo desapareció.

No hubo luz cegadora.

No hubo gritos.

Solo un espacio vacío donde había estado.

El auditorio volvió por completo a la normalidad.

Las personas comenzaron a hablar, a moverse, confundidas, incapaces de recordar con claridad qué había ocurrido. Para ellos, la noche solo quedaría como un evento extraño, difícil de explicar.

Para Ren y Aiden, nada volvería a ser igual.

Ren cayó de rodillas, respirando con dificultad.

—¿Terminó…? —preguntó, con miedo—. ¿De verdad terminó?

Aiden se arrodilló frente a él y lo abrazó con fuerza.

—El ciclo terminó —respondió—. Pero lo que viene… es nuevo.

Ren apoyó el rostro en su pecho.

Lloró en silencio.

No solo por Milo.

Sino por todas las vidas perdidas.

Por todas las veces que no pudieron elegirse.

Aiden cerró los ojos, sintiendo por primera vez algo distinto a la culpa.

Paz.

Una paz frágil.

Imperfecta.

Pero real.

Esa noche, mientras el auditorio se vaciaba y el mundo seguía su curso, dos almas permanecieron abrazadas en el escenario.

No como ganadores.

No como rivales.

Sino como personas que habían pagado el precio de existir…

y decidido que valía la pena.

1
Esmeralda Johner
Excelente
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