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Memorias Para Amar Al CEO

Memorias Para Amar Al CEO

Status: En proceso
Genre:Pérdida de memoria / Oficina / CEO / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Denis Peinado

En un mundo donde el poder compra silencios y el amor puede destruir imperios, ella se convirtió en su única luz… justo cuando él olvidó quién era.
Un accidente cambia el destino del CEO más temido de la ciudad, y una asistente invisible se convierte en la mujer a la que él promete proteger con una obsesión casi irracional.
Pero la memoria no permanece perdida para siempre… y cuando regrese, todo se romperá. O sanará o ambos.

NovelToon tiene autorización de Denis Peinado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: él viene por ti

La alarma roja seguía parpadeando como un latido enfermo.

Las sombras del pasillo se movían al compás de la luz intermitente, alargando figuras imposibles sobre el suelo.

El hospital entero parecía conteniendo la respiración.

La voz en el altavoz volvió a sonar, distorsionada, como si alguien hablara desde un lugar demasiado cerca… o demasiado lejos.

“Habitación 407… él ya está aquí.”

Mía sintió que un frío metálico se deslizaba por su columna.

Liam la rodeó con un brazo, acercándola contra su pecho. Él también estaba respirando demasiado rápido. Pero no era miedo.

Era rabia.

Rara vez había visto esa expresión en él:

los ojos entrecerrados, la mandíbula marcada, la respiración controlada como si estuviera conteniéndose de romper algo… o a alguien.

—Mía —dijo con voz baja, temblorosa—, no te sueltes de mí. No importa lo que pase. ¿Entiendes?

Ella asintió, incapaz de hablar.

El guardia infiltrado se acercó a la puerta.

—Voy a revisar—

No alcanzó a terminar.

Un golpe seco retumbó desde el otro lado de la puerta.

PUM.

Luego otro.

PUM.

Y otro más, más fuerte, más profundo, más amenazante.

PUM.

Mía retrocedió dos pasos.

—No… —susurró—. No puede ser tan rápido… no puede…

Liam apretó su mano.

—No va a entrar —dijo, aunque ambos sabían que no podía prometerlo.

El guardia levantó su arma.

—Atrás —ordenó—. Pónganse detrás de la cama. Cúbranse.

Pero antes de que pudiera terminar de hablar…

La luz se cortó.

Negro absoluto.

Solo el sonido de las respiraciones.

Y la voz de Mía, casi inaudible:

—Liam…

Él apretó su cintura con más fuerza.

—Estoy aquí.

Un zumbido extraño llenó el pasillo. La luz volvió a parpadear, una sola vez, mostrando una figura oscura frente a la puerta…

Y luego otra vez, negro.

El guardia maldijo en voz baja.

—No puede abrir la puerta sin código… no puede… no…

CLICK.

El sonido del seguro eléctrico se abrió por sí solo.

La puerta se entreabrió un centímetro.

Liam empujó a Mía detrás de él, con un instinto feroz.

—No mires —le ordenó.

Ella no obedeció.

La puerta se abrió lentamente.

La silueta de un hombre entró a contraluz.

Era alto.

Más delgado de lo que recordaba.

Más pálido.

Como un fantasma.

Pero su voz seguía siendo la misma.

Calder.

—Te dije que vendría —dijo, con una calma perturbadora.

El guardia apuntó.

—¡Alto ahí! ¡No des un paso más!

Calder sonrió, como si le diera risa.

—¿Vas a disparar? ¿Aquí? ¿En un hospital lleno de gente?

El guardia dudó.

Error mortal.

Calder se movió tan rápido que Mía apenas lo vio.

Un golpe seco.

Un crujido.

El guardia cayó al suelo, inconsciente.

—¡NO! —gritó Mía.

Calder levantó la mirada hacia ella.

Y sonrió.

—Hola otra vez, Mía.

Liam avanzó un paso, tambaleando, pero decidido.

—No te acerques a ella.

Calder lo miró de arriba abajo.

—Ah, sí. El hijo rebelde. Te ves más… frágil de lo que te recordaba.

—No des un paso —advirtió Liam—. Si lo haces, te juro que…

—¿Me matarás? —Calder inclinó la cabeza, divertido—. ¿Con qué, Liam? ¿Con tu voluntad?

Liam se lanzó hacia él.

Mía no alcanzó a detenerlo.

El golpe que Liam lanzó salió con toda la fuerza que su cuerpo debilitado permitió… pero Calder lo esquivó con facilidad, como si estuviera jugando con él.

Liam tropezó.

Calder lo atrapó por el cuello antes de que cayera.

Mía gritó:

—¡SUÉLTALO!

Calder acercó su rostro al de Liam.

—Tú nunca fuiste mi objetivo.

Y lo empujó contra la pared.

Liam cayó de rodillas, jadeando.

Mía se arrojó hacia él.

—¡Liam! ¡Liam!

Él levantó la vista hacia ella, tosiendo.

—Estoy bien… estoy…

Calder dio un paso hacia ellos.

—No vine a matarte, Liam.

—Su mirada se posó en Mía—. Vine por ella.

—¿Por… qué? —jadeó Mía.

Calder ladeó la cabeza.

—Porque tú eres la pieza que no encaja. La que no debía sobrevivir. La que no debía recordar.

—Sus ojos brillaron con algo extraño—.

Y la que él… protegió.

Liam gruñó, intentando ponerse de pie.

—No la vas a tocar… te lo juro…

Calder lo ignoró.

—Eres un error, Mía.

Un error que interrumpió algo importante.

Algo que no debió ser interrumpido.

Mía lo miró con horror.

—¿Qué… interrumpí?

Calder sonrió.

—La ascensión de tu querido Alexander.

Liam quedó paralizado.

—¿Alexander… qué?

Calder levantó una ceja.

—¿No te lo dijo?

Él tenía planes esa noche.

Planes para tomar el control de la empresa…

planes que tú arruinaste cuando entraste donde no debías.

El corazón de Mía golpeó su pecho.

No podía respirar.

—Pero te salvaron —continuó Calder, como quien narra un cuento—. Liam te salvó. Y con eso, arruinó los planes de todos.

Liam tembló.

—Cállate…

—¿La verdad te duele, pequeño Vander?

Liam apretó los dientes.

—No le hagas daño…

Calder se detuvo frente a Mía.

Ella retrocedió hasta chocar con la cama.

Él inclinó la cabeza.

—Voy a darte un trato, Mía.

—No… —susurró Liam, tratando de ponerse de pie.

Calder sonrió como un depredador.

—Vienes conmigo…

—le tocó la barbilla, y Mía se estremeció—

…o él muere hoy mismo.

La sangre de Mía se congeló.

—Tú eliges —susurró Calder.

Liam intentó levantarse, pero cayó otra vez.

—No… Mía… no lo hagas… —jadeó, extendiendo la mano hacia ella—. No… no…

Calder la observaba.

Expectante.

Hambriento.

El mundo se detuvo.

Y entonces, Mía tomó una decisión.

La más cruel.

La más necesaria.

La que rompería a ambos.

Se acercó un paso a Calder.

Y susurró:

—Me voy contigo.

Liam gritó.

Un sonido brutal.

Desgarrado.

Doloroso.

—¡NO, MÍA, NO!

¡NO TE VAYAS!

¡NO LO HAGAS!

Calder sonrió.

—Buena chica.

Y mientras él la tomaba por el brazo…

El último sonido que Mía escuchó antes de que la arrastraran al pasillo fue la voz rota de Liam, suplicando:

—Mía… por favor… no me dejes…

1
Eret Lopez
ES DEMASIADO CANSADO ESTAR LEYENDO ALGO QUE NO CONCLUYE EN NADA BEY
Eret Lopez
Mia PORQUE NO HABLAS CON LA VERDAD ES MEJOR UNA VEZ COLORADO QUE MIL DESCOLORIDO AGARRA EL TORO POR LOS CUERNOS
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