Gabriela es una adolescente. Quien no gusta mucho de estudiar. Pero un día. recibe una llamada, no sabe de quien se trata. Pues es número desconocido., cuelga pero al día siguiente. Vuelve a recibirla. Esta vez contesta. Escucha una vez. Que pregunta ¿Eres tú? Cada día recibirá la misma llamada e intentará no contestar. O ser lo más cortante posible. Aunque al final. Deja alargar la llamada y descubre algo sorprendente e inmaginable.
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Capítulo 10
—¿¡Eeeeh!? ¿Es en serio? —reaccionaban Gabriela y Carolina a la vez.
—sí. No tengo por qué mentir.
—vaya, eso si nos tomó por sorpresa. —dijo Gabriela.
—¿En serio esa mujer hizo eso? —Pregunto preocupada Carolina.
—sí. Lo hizo, aunque... No fue la única vez.
—¿Eh? —reaccionaron ambas a la vez.
—bueno, ella me besó, y unos segundos después apareció mamá, pero ella ya había dejado de besarme. No entendí por qué lo hizo. Pero, pensé que era por algo bueno. Ella habló un poco más con mamá.
—Oye, disculpa que te interrumpa, pero, ¿no dijiste que no era la única vez? ¿Podrías saltarte todo esto e ir al punto por favor?
—Gaby...
—aaaah, está bien. Ella se fue. Llego al día siguiente y volvimos a hablar a solas. Y volvió a besarme y bueno. Empezó a hacer eso casi todos los días. Incluso cuando mamá me enviaba a su casa a llevarle algo o pedirle algo. Me hacía pasar y de la nada me besaba. Fue durante muchos días. Hasta que un día me quede sola. Mamá tuvo que salir urgentemente hacia otra ciudad. Donde papá estaba trabajando. Pues había olvidado llevarse unos documentos muy importantes. Y no iba a poder volver luego. Creo que estaba como a unas 9 horas en auto y como 1 hora y quince minutos en avión. ¿O Eso creo? Bueno, mamá solo pudo conseguir el boleto de ida. Y ya era más de medio día. Ella se fue y me dejó a cargo con ella.
—aja, ¿y qué paso luego? —preguntaba Gabriela muy atenta.
—bueno, ella empezó a hacer algunas cosas. Y después. Empezamos a ver la televisión. Y... Volvió a besarme. Ese beso se fue haciendo cada vez más profundo. Y cuando menos sentí. Metió su lengua en mi boca y... Empezó a tocar mi trasero. Era mucho para mí. Pero, ya estaba empezando a gustarme y... Recibió una llamada. Ella se levantó. La vio y contesto y se fue hacia otro lado. Yo solamente la veía, mientras mi respiración estaba agitada. Tardo bastantes minutos en esa llamada. Durmió conmigo, pero no pasó nada. Y al día siguiente. Actuó como si nada hubiera pasado. Mamá regresó en la tarde y ella se fue. Y ya no volvió y su rastro desapareció. Porque a los días. Su casa se encontró completamente vacía.
—oh... Vaya, eso sí que está loco.
—¿En serio esa mujer no te hizo nada esa noche?
—sí. Esa noche no podía dormir por lo sucedido. Y ella se acostó y se quedó dormida al instante mientras yo pase toda la noche despierta.
—¿qué extraño? —dijo Carolina.
—¿qué cosa? —dijo Gabriela.
—ella empezó a besar a Clara de un momento a otro y de un momento a otro dejo de hacerlo y hasta termino yéndose de ahí. ¿No crees que es extraño?
—Mm… Puede que sí. No, espérate, sí. Es extraño.
—¿lo ves?
—sí... Bueno, dejando eso de lado. me alegra saber que no te hizo nada más.
—gracias, supongo, como iba diciendo, ella se fue. Eso me hizo sentir triste. Ya... Me había acostumbrado a que me besara. Y... Bueno. Una vez intente hacer que mamá me besara. Aunque al final no pasó. Pero, tenía tantas ganas de besar o que me besaran qué no me importaba sí era mi propia madre. Me sentía necesitada de ellos. Quería volver a sentir esa sensación en mis labios. Una familia llego a mudarse a esa casa y tenían una hija. Dos años más grande que yo. Pero nos empezamos a llevar bien. Charlábamos y cosas así. Solía ir a ayudarme con mí tarea. Y bueno. Un día de la nada... Bueno, yo la besé.
—¿qué? —Reacciono Gabriela. —lo siento, continua.
—claro gracias. Como decía. ella estaba hablándome sobre unos problemas de matemáticas que eran fáciles de resolver y que me estaban costando. Yo... Empecé a prestar atención a sus labios. Eran muy hermosos. Eran rosados. No, sabía si eran naturales o por el pintalabios. Ya no escuchaba lo que decía. Lo único que quería. Era sentir sus labios y en cuanto se me acercó. Lo hice. Me lancé sobre ella y la bese. Ella estaba muy sorprendida. E intento apartarme. Pero no podía. Yo pude dominar en ese momento. El beso se fue haciendo intenso. Tanto que termine metiendo mi lengua en su boca. No sé cuanto tiempo estaba pasando. Yo sentía muy genial. Tanto. Que sentía ganas de...
—¿de qué? —pregunto Gabriela.
—de... Ya saben. —sonrojada.
—¿cuál? —pregunto nuevamente a Gabriela —Ah... Creo qué yo entiendo que quieres decir. —dijo sonrojada.
—así es. Eso fue suficiente para que ella viera una abertura y la aprovecho. Y bueno. Se fue. Dejándome el rostro completamente rojo y sus lágrimas siendo parte de ese recuerdo. Y bueno. Desde ese momento decidí no volver a hacer eso. Y empecé a tratar de estar tranquila. Conocí a esas chicas que decían ser mis amigas y empecé a actuar como ellas. Pero, no contaba con algo y eso. Eras tú. —señala a Carolina.
—¿Yo?
—sí. Cuando te vi el año pasado. Empecé a sentir raro. Empecé a observarte y cada cosa que hacías y bueno. Creí que había conseguido a alguien a quien molestar. Pero. Cuando esta apareció.
—¡oye! Esta tiene su nombre.
—lo siento. Cuando apareciste tú. Empecé a sentirme mal. Me empecé a molestar cada vez que andaban juntas de aquí para allá. Trate de mantenerme serena. Pero no pude. Tenía que alejarte de Carol. Por eso empecé a molestarte a ti y solo a ti. Desde el año pasado y bueno. Hasta llegar a ese día en el gimnasio. Te detestaba. No quería que Carol fuera tuya.
—Eh...
—era lo que yo creía. Las veía tan unidas. Y hacer algunas cosas que parecían de parejas. Que actúe estúpidamente. Y ahora que sé que no es así. En verdad lo siento. Siento mucho dejar que mis celos pudieran más. Gabriela Sánchez. Lo siento. Realmente lo siento.
—está bien, no tienes que disculparte tantas veces. Ya paso. Ahora somos amigas. ¿No?
—sí. Y también te pido disculpas a ti. —hablando con Carolina. —Sé que no podre olvidarte fácilmente. Pero haré el intento. Daré mi mayor esfuerzo para lograrlo.
—está bien. Aquí estaré para apoyarte. No te preocupes. ¿Sí? —sonríe.
—ah... Creo que me enamore más.
—¿Ah?
—tranquila Clarita, aquí estoy yo para ayudarte en lo que sea necesario. Y verás que pronto encontrarás al amor de tu vida.
—ah, ¿Gracias?
—¿Y eso hace cuanto fue?
—¿Eh?
—lo que nos acabas de contar.
—bueno... Fue... Hace tres años... — con la mirada.
—¡eras muy joven! —exclamaron Carolina y Gabriela a la vez.
—sí. Lo sé. No sabía que pensar en ese momento sobre eso. Y ahora... Creo que ya lo sé. —sonrió. —Bueno, vamos a clases. —sonaba la campana qué marcaba el fin del almuerzo.
El almuerzo había Terminado. Las tres regresaron juntas Regresaron al salón. Las clases pasaron de forma más lentas. Aunque eso era así solo para Gabriela. La campana de fin de las clases sonó tomo sus cosas. Medio se despidió y rápidamente a casa llego. Subió a su habitación y se recostó en su cama. Y los ojos cerró. Quedándose dormida. Sintiendo justo cuando una llamada entraba a su teléfono y esa era de un número ya conocido contesto y esa voz del teléfono dijo.
—¿ahora son amigas verdad?