Florencia tuvo que sacrificarse por salvar a su hermano menor, vender su cuerpo por dinero, pero su sacrificio fue en vano.
Pero, esa noche tuvo consecuencias, y termina embarazada.
Ella lucha por salir adelante con sus hijos y su madre, sin saber que el hombre de aquella noche no puede olvidarla.
Shane Hillings estaba deprimido por su exnovia, quien le engañò de una forma cruel, estbaa tan mal que se sentía impotente como hombre, sin embargo, una noche con una mujer lo cambia todo, ahora obsesionado, solo quiere encontrarla, pero cuando piensa que ella no existe, decide olvidarla, hasta que un día la encuentra de nuevo ante él, como su empleada y con dos secretos de sangre que no puede ocultar, ¿puede el amor nacer de una noche de pasión?
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Capítulo: Ella
La noticia de la llegada del dueño había provocado una especie de tormenta dentro de la empresa.
Florencia caminó hacia el área de Recursos Humanos mientras observaba el caos que se extendía por los pasillos.
Los empleados se movían de un lado a otro con carpetas, informes y laptops. Algunos hablaban en voz baja, otros revisaban documentos con evidente ansiedad.
Cuando entró en la oficina de su departamento, la escena no era diferente.
El equipo de Recursos Humanos parecía completamente desbordado.
Paola revisaba frenéticamente unos reportes de contratación, Fatima organizaba expedientes sobre rotación de personal y Gonzalo limpiaba su escritorio por tercera vez, aunque ya estaba impecable.
Papeles se movían de un lado a otro, las impresoras trabajaban sin descanso y el sonido de los teclados llenaba el aire.
Florencia observó la escena durante unos segundos antes de intervenir.
—Tranquilos, chicos —dijo con voz firme pero amable.
Los tres levantaron la mirada al mismo tiempo.
—Respiren —añadió ella con calma—. No es el fin del mundo.
Paola soltó un suspiro nervioso.
—Es que… el señor Hillings viene en camino.
Florencia cruzó los brazos con curiosidad.
—¿Y eso significa que debemos entrar en pánico?
Gonzalo negó rápidamente.
—No, pero… todos dicen que es terrible.
Florencia sonrió ligeramente.
—Pues entonces será mejor que vea a un equipo profesional trabajando con normalidad.
Sus palabras lograron bajar un poco la tensión en la sala.
—Solo asegúrense de que la información esté clara y ordenada —continuó—. Eso es lo importante.
Los tres asintieron, un poco más tranquilos.
Mientras tanto, en el área administrativa, Ivonne revisaba su escritorio con cuidado.
Había ordenado cada documento, alineado los lápices y limpiado la superficie varias veces.
Cuando terminó, levantó la vista justo cuando el señor Caceres se acercaba.
—Ivonne —dijo él con tono tranquilo—, olvidaste incluir en las prestaciones de Florencia al señor Hillings.
Ivonne se quedó congelada.
Su rostro se puso rojo de inmediato.
—Yo… lo siento, señor Caceres.
Pero Caceres simplemente sonrió con paciencia.
—No te preocupes.
Ivonne todavía parecía aterrada cuando, de pronto, se escuchó el sonido del ascensor abriéndose.
Ambos voltearon al mismo tiempo.
El hombre que entró al piso lo hizo con paso firme.
Shane Hillings había llegado.
Vestía un traje impecable, perfectamente ajustado a su figura. Sus zapatos oscuros brillaban bajo la luz del lugar, y la corbata combinaba con elegancia con su camisa azul cielo.
Ese mismo tono azul se reflejaba en sus ojos.
Un azul grisáceo, frío y penetrante. Su expresión era seria, casi severa. Todo en él transmitía autoridad.
Cuando caminó hacia ellos, saludó primero al señor Caceres con un leve movimiento de cabeza.
—Caceres.
—Señor Hillings —respondió este con tranquilidad.
Ivonne apenas pudo contener el nerviosismo. Bajó la mirada para evitar el contacto visual directo.
—¿Llegó la nueva jefa de Recursos Humanos? —preguntó Shane.
Su voz era profunda y controlada.
—Así es —respondió Caceres.
Shane frunció ligeramente el ceño.
—No vi el correo.
Carter sonrió con calma.
—Sabía que vendrías hoy. Preferí presentártela personalmente.
Shane asintió.
Luego dirigió una breve mirada hacia Ivonne.
—Buenos días.
—B-buenos días, señor Hillings —respondió ella casi en un susurro.
Cuando el hombre siguió caminando hacia la sala de juntas, Ivonne soltó el aire que había estado conteniendo.
—Gracias… —susurró mirando a Caceres.
El hombre sonrió con complicidad.
Ella siempre sentía que su jefe la protegía en momentos así.
Mientras tanto, Shane entró a la sala de juntas.
Observó el lugar con atención.
La sala era amplia, con una mesa larga de madera oscura rodeada de sillas modernas. Las ventanas mostraban el paisaje urbano de Nueva York.
Shane caminó lentamente alrededor de la mesa. Pasó los dedos por la superficie. Luego miró su mano.
—Hay polvo.
Repitió el gesto una segunda vez.
—Y aquí también.
Su tono comenzó a endurecerse.
—Haz que limpien bien este lugar. No les pagamos el sueldo gratis.
Miró a Caceres con severidad. Sus palabras estaban cargadas de irritación.
Caceres asintió con serenidad.
—Me encargaré de ello.
Shane se detuvo frente a la ventana.
—Llama a la nueva jefa de Recursos Humanos.
Su voz volvió a sonar firme.
—Quiero conocerla.
Luego añadió:
—Y darle algunas advertencias.
Eugenio Caceres lo miró con un leve gesto de fastidio.
—¿Puedo pedirte un favor?
Shane giró la cabeza hacia él.
—Depende.
Eugenio suspiró.
—Es bastante aburrido ver cómo tratas mal al personal.
Shane arqueó una ceja.
—¿Perdón?
—Luego te quejas de que nadie dura en la empresa.
Shane se cruzó de brazos.
—Si no quieren trabajar aquí, hay miles de personas que matarían por hacerlo.
Eugenio negó lentamente.
—Eso era antes, Shane.
El silencio cayó unos segundos.
—Ahora la gente ya no quiere trabajar con jefes crueles.
Shane lo observó sin expresión.
—Así que ten cuidado.
Eugenio lo miró con firmeza.
—Si haces que esta nueva jefa de Recursos Humanos renuncie… no pienso buscar otra.
Shane soltó una pequeña risa fría.
—Entonces espero que hayas hecho bien tu trabajo al entrevistarla.
Eugenio puso los ojos en blanco.
Conocía demasiado bien el carácter del hombre.
A veces pensaba que, si Shane seguía así, terminaría llamando a la señora Hillings para que visitara la empresa y viera cómo su hijo estaba destruyendo poco a poco el imperio familiar.
Finalmente suspiró.
—Ivonne —dijo a través del intercomunicador—, por favor llama a Florencia.
—Sí, señor Carter.
***
Florencia recibió el mensaje unos minutos después.
Ivonne le pidió que acudiera a la sala de juntas.
Mientras caminaba por el pasillo, Florencia sintió un ligero nudo en el estómago.
Recordó a los empleados hablando del “Ogro”. Ese apodo no parecía muy tranquilizador.
Durante un instante dudó. Pero luego respiró profundamente.
Había pasado por situaciones mucho peores en su vida. No iba a dejarse intimidar por un empresario arrogante. Mientras siguiera siendo solo un ser humano.
Enderezó la espalda y caminó con decisión.
Cuando llegó a la sala de juntas, tocó la puerta.
—Adelante.
Florencia entró.
Primero saludó al señor Eugenio Caceres con una sonrisa respetuosa.
Pero el dueño de la empresa estaba de pie cerca de la ventana. De espaldas a ella.
Sostenía un vaso de cristal con agua mientras observaba la ciudad.
Eugenio habló primero.
—Señor Hillings, permítame presentarle a la nueva jefa de Recursos Humanos.
Shane abandonó sus pensamientos. Se giró lentamente.
—Bienvenida, señorita Florencia Herrera…
Pero antes de terminar la frase, algo inesperado ocurrió.
El vaso de cristal resbaló de su mano. Cayó al suelo.
El sonido fue seco y fuerte cuando se hizo añicos.
Shane se quedó completamente inmóvil. Su rostro había perdido todo color. Parecía tan pálido como una hoja de papel.
Sus ojos estaban abiertos de par en par mientras miraba fijamente a la mujer frente a él. Una expresión de shock absoluto cruzó su rostro.
Esa mujer.
Era la misma mujer de aquella noche.
😡😡😡
Ella lo hizo una sola vez, no se dedicó a eso y lo hizo por necesidad
Respiro con un solo pulmón... 🎵🎶😭