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LA REINA DEL ASFALTO

LA REINA DEL ASFALTO

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / CEO / El Ascenso de la Reina / Romance / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Cuando era pequeña, soñaba celebrando llena de emoción, con una alegría que no sé cómo explicar; solo recuerdo que mi pecho se llenaba de una sensación abrumadora al levantar en mis manos una gran copa.
Sin embargo, jamás imaginé que, para plasmar esa fantasía, tendría que sacar una fuerza que ni siquiera sabía que tenía: una especie de coraje como el de una leona que protege a su familia con uñas y dientes, o la fortaleza de una madre en pleno alumbramiento.
Pero, en fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para perseguir de manera incansable todos sus sueños, aunque el mundo se oponga y diga que no puedes lograrlo.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

ISMAEL

Cuando se levantó de la cama para salir casi corriendo de la habitación, experimenté un sinnúmero de emociones simultáneas: desde un vacío helado en el estómago con la sola idea de perderla, hasta una erección descomunal como ni cuando era un chavito precoz había tenido. Recordaba la torpeza de sus besos y cómo su cuerpo se estremecía ante mis caricias, como si jamás hubiese experimentado algo tan básico como eso...

¡Demonios, qué hice! ¿Y si la ofendí? ¡No, no, no!

Pero somos adultos. Aunque... si ahora todo cambia o si decide renunciar por mi imprudencia, ¿qué pasaría con Isa? No, no, no; todo sería mi culpa. Ismara ya ha pasado por demasiado, no puedo permitir que pierda a Vicky también.

Me termino de bañar teniendo que recurrir a algo que no me simpatiza mucho, pero de lo contrario mi par de bolitas de gato pronto van a explotar del dolor. Además, ni el remordimiento que siento por temer lo peor con Victoria logra hacer que este despiadado ceda o siquiera baje un poco este endemoniado conflicto entre mis piernas. Algo que, aunque me cueste reconocerlo, nunca me había pasado antes. Soy un hombre saludable que, al enviudar joven, le ha tocado hacer unas cuantas horas de ejercicio extra para mantener a raya a mi amigo de mente propia; pero jamás se había comportado así, como un energúmeno que apenas me deja caminar para llegar a la regadera.

Cuando al fin entro, abro la llave de agua fría dejándola correr sobre mi cuerpo esperando lo mejor. Pero nada: recordar sus labios sobre los míos o mis manos en su piel delicada solo compromete más mi situación, ya de por sí bastante precaria. Así que, ni modo: cierro la llave porque estoy a punto de entrar en hipotermia y me toca trabajar duro con la mano para liberar un poco la represa acumulada. No es lo más ortodoxo ni algo que disfrute hacer, pero necesito aclarar mi mente para saber qué va a pasar ahora con ella.

Al terminar, dejo correr el agua para que se lleve el deshonroso espectáculo y me visto apresuradamente. Una colección de interrogantes me invaden la cabeza. Al verla en la cocina, distraída preparando la sopa para Isa, no puedo evitar sentirme contrariado. Ella me gusta, y mucho; pero si algo sale mal, la única perjudicada aquí va a ser mi nieta.

Al verme, se apresura a servir un plato junto al café que sabe exactamente cómo me gusta. Es evidente la incomodidad que le causo, por lo que intento disculparme; pero ella se me adelanta de inmediato:

—¡No diga nada, señor! No es necesario —dice, bajando la cabeza, evidentemente avergonzada.

—¡Por favor, déjame explicarte!...

Por Dios, explicar qué, si ni siquiera yo entiendo un carajo de lo que está pasando. Solo sé que cuando toqué sus labios nada volvió a ser igual: despertó algo que yo daba por muerto dentro de mí desde el día en que perdí a mi esposa.

—¡Como le dije, no es necesario! Usted es mi jefe, yo soy solo la nana de su nieta y aquí no ha pasado nada. Si me disculpa... —toma el recipiente que preparó y sale rápidamente de la cocina.

No puedo dejarla ir sin saber qué piensa hacer, así que voy detrás de ella sin invadir su espacio personal. Al llegar al taller, los muchachos la abordan con preguntas sobre el estado de Ismara. Intervengo para explicarles que ella se encuentra fuera de peligro y que es probable que hoy mismo esté de vuelta en la mansión.

Aprovecho para indicarle a Victoria que se suba al auto para irnos al hospital. Ella camina sin siquiera voltear a verme. Le abro la puerta, pero me ignora por completo.

Mientras conduzco, la incertidumbre me corroe. Le digo que necesitamos hablar y ella termina aceptando mi súplica. Pongo las luces intermitentes y salgo de la carretera para estacionar a un costado.

Sigue mirando por la ventana para evitar el contacto visual conmigo, manteniendo un silencio denso. Me aclaro la garganta:

—Victoria, ¿me puedes mirar, por favor?

—No es necesario, señor. Lo que necesite decirme hágalo de una vez, para llegar pronto donde Isa...

Dudo un poco, guardando silencio, hasta que me voltea a ver y vuelve a bajar la mirada. Tomo su barbilla para elevársela suavemente:

—Lamento si te ofendí, no era mi intención...

—No se preocupe, señor...

—No, no entiendes, Vicky. Mi nieta ya ha perdido demasiado en esta vida como para que también le quitemos de forma egoísta a su nana si las cosas no salen bien entre nosotros...

—¿Ah?... ¿Qué acaba de decir? —pregunta, completamente sorprendida por mis palabras.

—Me preocupa que renuncies por esta imprudencia mía...

—¿No está arrepentido de lo que ocurrió?

—¿Qué? ¿A qué te refieres? —respondo, algo impresionado.

—Es que, por su expresión contrariada, yo creí que usted estaba confundido o hasta arrepentido... —dice, mientras su rostro parece iluminarse gradualmente.

—Bueno, sí y no. Cuando tú dudaste de si era correcto lo que estábamos haciendo, yo creí que estaba mal continuar, pero no porque no te deseara o porque no me gustes.

—Qué... —murmura, mientras un rubor natural sube a sus mejillas.

Sonrío un poco, mirándola fijamente a los ojos:

—Después de mi esposa, yo no he estado con ninguna otra mujer, Victoria...

—Ummm... ¿Le puedo preguntar algo?

—Dime.

—¡Usted no estuvo solo con la señora Isabella!

Sus palabras me hacen gracia, así que entrecierro los ojos, divertido:

—¿A qué se debe esa afirmación? Yo soy un hombre de una sola dama.

—Ummm, no lo sé...

—Los caballeros no tenemos memoria, Vicky...

—¡Cómo lo imaginé! Usted, antes de su esposa, estuvo con otras...

—Ya te dije: los caballeros no tenemos memoria...

—¡Ajá! Lo que diga... —responde, rodando los ojos.

—Victoria, tú me gustas y mucho; pero si algo no sale bien, la única perjudicada sería Ismara.

—De algo puede estar seguro, señor Ismael: yo nunca haría algo que dañe a mi ángel, así las cosas, no salgan bien con usted en el hipotético caso...

—Pero de verdad me gustas mucho. Eres una mujer preciosa, además de excepcional, con unos sentimientos puros. Has amado de manera desmedida a mi hijo como si fueras su propia madre, al igual que lo haces con Ismara, priorizando su bienestar por encima de todo...

—¿Me lo jura? —pregunta, con un punto de incredulidad.

—Te lo juro...

No me contengo más y tomo sus labios con urgencia para deleitarme con su inexperiencia, la cual me resulta fascinante. Sentir cómo aprende rápidamente se convierte en un placer gratificante, mejor que un helado que se derrite en la boca en una tarde caliente de verano. Sostengo su rostro entre mis manos sin dejar de disfrutar cada sensación, iniciando un juego con nuestras lenguas, deseando devorar cada rincón de su piel; pero me procuro contener al recordar que estamos en plena vía pública.

Suelto un suspiro profundo y me separo despacio, observando cómo mantiene los ojos cerrados, asimilando lo que acaba de ocurrir.

—Vicky...

—Ummm... —responde, apenas audible.

—¿Te puedo preguntar algo personal?

Abre los ojos y levanta una ceja con intriga:

—Sí...

—Me dijiste que solo estuviste una semana casada cuando tu esposo lamentablemente murió...

—Sí, ¿por qué la pregunta? —responde, evidentemente avergonzada.

—No me malinterpretes, no es nada malo...

—Entonces...

—¿Qué edad tenía él?

—Dieciocho, igual que yo...

—Ummm...

—Si lo que quiere saber es si él había tenido experiencia previa a nuestro matrimonio, la respuesta es no. Ambos nos casamos vírgenes, además de torpemente inexpertos, y duró menos de una semana...

—Ya veo... Eso quiere decir que desde que él murió no estuviste con nadie más, ni siquiera para experimentar tu sexualidad siendo tan joven...

—No... —responde, bajando nuevamente el rostro, apenada.

No dudo más y le digo lo que pienso sin miedo a que se aleje de Ismara. Me he dado cuenta de que la necesito a mi lado; de una u otra forma, yo también he estado atraído por ella sin admitirlo. Aunque no sé cuándo ocurrió exactamente, han sido tantos años juntos que ya no me imagino mi vida sin tenerla a mi lado.

—¿Qué dirías si te digo que me gustaría experimentar todo contigo, como pareja?

—¡¡¡Qué!!!... —exclama, completamente atónita.

—No me lo tomes a mal, pero estoy cansado de estar solo. Quiero tener a mi lado a una buena mujer como tú; no solamente por sexo evidentemente —aunque en este momento me encantaría, a decir verdad—, sino para volver a vivir toda esa parte de mi vida que dejé de lado desde el día en que Isabella murió. Pero si tienes dudas, haz de cuenta que no dije nada...

—¿No se ha dado cuenta, Ismael, de que estoy perdidamente enamorada de usted desde hace mucho tiempo? Deseo sus caricias como el aire que respiro, he soñado con sus besos desde hace tanto que ya perdí la cuenta; deseo su cuerpo sobre el mío, haciéndome suya cada día y cada noche. Con lo poco que he disfrutado de su contacto, estoy en completa ebullición sin poder evitarlo...

—¿Estás segura de lo que estás diciendo, Vicky? —pregunto, halagado por su sinceridad.

—Sí, lo estoy... No obstante, ¿tú crees que a Isa le moleste si llegamos un poquito más tarde? —pregunta, ruborizándose por la indirecta.

Sonrío y tomo su mano para besarla suavemente:

—No creo que a ella le moleste; recuerda que nos dijo que descansáramos y apenas son las siete de la mañana... Gracias por todos estos años en que me has amado en silencio.

—No necesita agradecer nada, usted es un gran hombre...

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Olga Silva
muy bella felicidades autora 👏
DAKI: Muchas gracias
total 1 replies
Tere Jimenez
gracias empieza muy interesante
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