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QUIEN MATÓ A IVY SAWYER?

QUIEN MATÓ A IVY SAWYER?

Status: Terminada
Genre:Casos sin resolver / Escuela / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:632
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

En Markhan College, los secretos tienen precio… y algunos se pagan con sangre.

Ivy Sawyer era hermosa, brillante y aparentemente perfecta. Todos querían ser su amigo, todos la admiraban y muchos la envidiaban. Hasta que apareció muerta.

Rose Dawson no está dispuesta a aceptar la versión oficial. Mientras comienza a investigar, descubre que Ivy había dejado detrás una colección de secretos, mentiras y enemigos. Profesores destruidos por acusaciones, alumnos expulsados injustamente, becas obtenidas mediante accidentes, estudiantes acosados hasta la tragedia y una misteriosa Orden que controla silenciosamente los pasillos de Markhan.

Pero cuanto más investiga Rose, más incómoda se vuelve la verdad.

Ivy no era la víctima inocente que todos creían.

Era una estratega.

Una manipuladora.

Y quizá, la persona más peligrosa de toda la academia.

Ahora Rose deberá descubrir quién la mató… antes de convertirse en el próximo secreto enterrado de Markhan.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL CATÁLOGO DEL DAÑO

El silencio en la habitación 201 era denso, pesado. Pasé el doble cerrojo. Nadie más tenía acceso a este espacio; la administración me lo había asignado como habitación individual, un búnker del que yo era la única dueña. Ni siquiera Margarita tenía permiso para cruzar este umbral. Este era mi santuario.

Fui directo al armario. Los registros indicaban que Ivy había dejado pertenencias ocultas. Me arrodillé y retiré mis zapatos. En la esquina inferior izquierda del fondo había un fallo en la madera. Hice palanca con una lima metálica y el falso fondo cedió con un crujido.

Allí estaba: un cuaderno de cuero negro, pesado y sin título. Al sacarlo, el aroma de su perfume —vainilla mezclada con algo metálico— inundó el aire. Era el olor de su fantasma.

Me senté en el suelo y abrí la primera página. La caligrafía era perfecta, fría y simétrica.

«Catálogo de daños», decía la primera línea.

Hojeé las páginas. Nombres, fotos pegadas con precisión y debilidades subrayadas en tinta roja. Ivy no escribía sentimientos; registraba tácticas de guerra. Disfrutaba del proceso.

Llegué a la sección que buscaba: Claudia Thorne. Había una foto suya sonriente, radiante. Debajo, la primera entrada de Ivy:

«Brilla demasiado. Es molesto. Y Malcom la mira como si fuera una salida de emergencia. Un error. En Markhan solo hay habitaciones más profundas».

Ivy detallaba la demolición del alma de Claudia con orgullo sádico:

«Semana 1: Sembrar la duda. Notas en la taquilla de Malcom. Claudia es demasiado buena para ser verdad, ¿no?»

«Semana 2: Aislamiento. Convencí a las chicas de que Claudia las llamaba "casos de caridad". Ahora nadie se sienta con ella. Hoy la oí llorar en el baño. Fue musical».

«Semana 4: El fin de Malcom. Le dije que ella guardaba fotos de su madre. Él odia que toquen su pasado. Es delicioso verla intentar alcanzar una mano que ya no está».

Ivy orquestó su humillación filtrando su diario privado por la megafonía del gimnasio. Claudia corrió a la salida mientras Malcom ni la miró.

«Claudia ya no come. Parece un esqueleto. Le envío mensajes a las tres de la mañana: "Mírate". Es suficiente».

En noviembre, Claudia colapsó en la biblioteca gritando que los libros sangraban. Había una foto pegada de ella en camilla, con los ojos vacíos. Al lado, Ivy escribió: «Parece una muñeca rota. Me gusta más así. Gané. Malcom vuelve a ser mío».

Dejé caer el cuaderno. Sentí un asco profundo. Ivy no murió por accidente; era un monstruo que devoraba a quienes la rodeaban.

Me miré en el espejo. Antes de los dieciocho, Ivy se había sometido a cirugías plásticas para borrar cualquier rastro de nuestra herencia compartida. Quería ser una Sawyer, no una Dawson. Ella borró su parecido para ser perfecta; yo usé mi anonimato para ser letal. Nadie sospechaba que Rose Dawson fuera su hermana.

Ahora entendía a Malcom. No entierras a un ser querido cuando alguien como Ivy muere: entierras una pesadilla.

Pero había algo más en la última página: «Malcom no sabe que él me dio el arma. Si supiera lo que hay en el lago, no estaría corriendo. Estaría saltando a la oscuridad».

El lago. La "X" del mapa.

Buscaba al asesino de mi hermana, pero ya no pedía justicia para una santa; buscaba al ejecutor de un demonio.

Un paso lento resonó en el pasillo y se detuvo frente a mi puerta. Miré la sombra por debajo de la madera: zapatos de mujer, elegantes. Margarita. Se quedó en silencio un minuto agónico antes de alejarse.

Miré mis manos. Temblaban, no por miedo, sino porque al leer cómo Ivy destruyó a Claudia… sentí una chispa de admiración por su control. Y eso era lo más peligroso.

El juego no era descubrir quién la mató. El juego era sobrevivir al legado que dejó en el armario.

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