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Los Protegeré

Los Protegeré

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Venganza
Popularitas:364
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

En un pequeño orfanato una niña no sabe que será una de los pocos sobrevivientes y quién era como su madre da la vida par aque ellos puedan escapar.
Decidida y con una promesa echa a la lus de luna, jura proteger a quienes sobrevivieron y a los que la necesiten.

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Primer Pelea

El escarbador de acequia bajó la cabeza y se lanzó contra Elia.

Ella apretó la espada y se movió hacia la derecha, las pesas que llevaba debajo de la ropa tiraron de sus piernas.

No era la primera vez que se movía con ellas pero el movimiento de la criatura la obligó a reaccionar más rápido de lo que esperaba.

La criatura pasó a su lado y una de sus garras rozó la tela de su pantalón.

Elia giró sobre un pie y levantó la espada golpeó una de las placas de su lomo.

El sonido fue seco, la espada rebotó y el golpe le recorrió todo el brazo.

El monstruo siguió corriendo unos pasos, sus patas removieron el barro y levantaron pequeñas gotas de agua, asta que después se detuvo y voltio la cabeza.

Elia se colocó de lado con la espada frente al cuerpo.

—Respirá.

Dijo Sira desde atrás.

Elia tomó aire.

El escarbador volvió a bajar la cabeza.

Una pared redonda de agua apareció frente a Elia.

La superficie era transparente y se movía con pequeños círculos, no era muy grande pero cubría su cuerpo.

El monstruo chocó contra ella.

El agua se dobló hacia atrás, Elia mantuvo la forma y dejó que parte de la fuerza se desviara hacia un costado.

La criatura resbaló, sus patas se separaron y cayó sobre el barro.

Elia desiso el escudo, el agua cayó al suelo y se extendió en una mancha brillante.

El monstruo se levantó casi enseguida.

—¡Cuidado!

Avisó Bram.

La criatura no esperó, giró con rapidez y atacó de nuevo.

Elia saltó hacia atrás, las pesas hicieron que aterrizara con más fuerza de la que esperaba.

Su talón se hundió en el barro y perdió el equilibrio durante un instante.

El escarbador aprovechó ese momento.

Elia cruzó la espada frente a su pecho, las garras golpearon la madera y la hicieron retroceder.

Sintió dolor en las manos pero no soltó el arma.

Con la mano libre, reunió agua a su lado.

Una flecha salió disparada hacia el suelo, delante de las patas del monstruo.

Al tocar el barro, se extendió en una corriente corta, y la criatura tuvo que levantar una pata para no resbalar.

Elia sacó la espada y se apartó.

Otra flecha de agua cruzó el aire, no golpeó al escarbador.

Cayó a su izquierda y levantó una salpicadura que le cerró el paso hacia el molino.

La criatura se volvió hacia el otro lado.

Elia entendió que no solo debía atacar, también podía usar el agua para decidir por dónde se movería el monstruo.

El escarbador giró la cabeza y corrió hacia ella otra vez.

Elia esperó hasta que estuvo cerca, entonces se inclinó y pasó por debajo de una de sus patas delanteras.

Las pesas volvieron a hacer más difícil el movimiento pero consiguió salir antes de que la cola gruesa de la criatura la golpeara.

El monstruo giró con un gruñido.

Elia se quedó quieta durante un segundo.

Había visto algo.

Cada vez que el escarbador iba a embestir, bajaba un poco más la cabeza y apoyaba el peso en una de sus patas delanteras.

No siempre atacaba en línea recta, a veces cambiaba de dirección en el último instante.

La criatura volvió a prepararse.

Elia levantó la espada y esperó.

Cuando el monstruo comenzó a moverse, ella dio un paso hacia un lado.

El escarbador cambió la trayectoria y giró hacia ella.

Elia no logró alejarse por completo, la criatura golpeó su hombro con parte del cuerpo y la lanzó contra el suelo.

El golpe le sacó el aire.

—¡Elia!

Exclamó Sira.

Elia rodó antes de que las garras pudieran alcanzarla.

Se puso de pie con dificultad y volvió a levantar la espada.

El escarbador la observó desde unos pasos de distancia.

El hombro le dolía, pero podía moverlo.

—Estoy bien.

Dijo.

Orven no hablo, solo mantuvo la mirada en la pelea.

Elia extendió la mano.

El agua del suelo se levantó en varios hilos, primero formó un cuerpo bajo y alargado.

Después aparecieron cuatro patas, una cabeza y una cola.

La criatura terminó pareciéndose a un lobo pequeño aunque sus bordes se movían como si estuviera dentro de una corriente.

Elia le dio una orden mental.

El lobo de agua corrió hacia el escarbador y se lanzó contra una de sus patas.

Sus dientes de agua se cerraron sobre la piel oscura, no llegó a atravesarla pero el golpe hizo que la criatura levantara la pata y desviara el cuerpo.

El escarbador lanzó una garra.

El lobo se apartó, una parte de su cabeza se deshizo, pero el agua volvió a reunirse detrás de la criatura.

Elia mantuvo la espada en una mano y extendió la otra, entonces un segundo lobo salió del agua que cubría el barro.

Se movió por el lado contrario y se lanzó contra el costado del monstruo.

El golpe no lo derribó pero hizo que se alejara de la entrada del molino.

El segundo lobo volvió a ponerse de pie y sacudió el cuerpo, no lo hizo porque estuviera asustado.

Era solo la forma en que Elia había creado su movimiento.

El escarbador giró y atacó al primer lobo.

El lobo retrocedió, después saltó hacia adelante y golpeó el hocico de la criatura con las patas delanteras.

El monstruo cerró la boca sobre el agua y la forma se rompió en varias gotas.

Elia sintió el impacto en la mente como un tirón.

El agua volvió a reunirse a su lado.

Dos aves aparecieron sobre su hombro, eran pequeñas y tenían alas transparentes.

Subieron unos metros y comenzaron a volar alrededor de la cabeza del escarbador.

Elia les dio una orden.

Las aves se lanzaron en picada.

y una golpeó el hocico del monstruo con el pico de agua.

La otra pasó por detrás y chocó contra una de sus placas.

El escarbador levantó la cabeza y dio un manotazo, las aves se apartaron, pero una de ellas recibió el golpe en un ala.

La forma se deformó, luego se alejó y volvió a tomar su figura.

Los lobos atacaron al mismo tiempo, uno mordió la pata trasera de la criatura.

El otro golpeó su costado y se apartó antes de que la cola pudiera alcanzarlo.

El escarbador gruñó y giró sobre sí mismo.

Elia sintió que mantener las cuatro formas le exigía más concentración.

La imagen de cada cuerpo estaba presente en su mente, pero no tenía que controlar todos sus movimientos, las criaturas podían desplazarse, atacar y reagruparse siguiendo la orden general que ella les había dado.

No tenían voluntad propia, no sentían miedo ni rabia.

Solo cumplían su función y nunca actuaban contra Elia.

El monstruo retrocedió hacia una pila de tablas que estaba junto a la pared del molino.

Elia comprendió que intentaba pasar entre las formas de agua y volver al edificio.

Una de las aves bajó demasiado, el escarbador la golpeó con la cabeza y la forma estalló en gotas.

Elia levantó la espada y avanzó.

El lobo que estaba más cerca saltó sobre el lomo de la criatura, sus patas se aferraron a las placas mientras mordía una de ellas.

El ataque no rompió la protección, pero obligó al monstruo a sacudirse con fuerza.

Elia golpeó una de sus patas delanteras con la espada y no lo hizo con toda su fuerza.

El objetivo era conseguir que desviara el cuerpo.

El segundo lobo atacó desde el costado.

El escarbador chocó contra una tabla, varias piezas de madera cayeron al suelo.

—¡Atrás!

Dijo Orven.

Elia retrocedió un paso, una tabla cayó donde había estado su cabeza.

El polvo se levantó alrededor de ellos.

El escarbador se sacudió y lanzó un gruñido, el lobo que estaba sobre su lomo cayó al barro pero volvió a levantarse.

Las formas de agua se movieron al mismo tiempo, el ave restante bajó sobre el rostro del monstruo.

El primer lobo atacó una pata, el segundo se lanzó contra el hombro de la criatura.

El escarbador dio un salto hacia atrás y golpeó al lobo con una garra.

El cuerpo de agua se abrió, una parte desapareció y la otra cayó al suelo.

Un instante después, las corrientes se reunieron y el lobo volvió a formarse.

Elia respiró con dificultad.

Podía mantenerlos, pero le costaba energía, aunque dentro de su cuerpo no se había agotado.

Su entrenamiento de los últimos meses y las noches de meditación habían aumentado su mana.

Ahora podía sostener más formas que antes.

Eso no significaba que fuera fácil.

La concentración le pesaba detrás de los ojos, el hombro dolorido le dificultaba mover la espada.

Las pesas hacían que cada paso necesitara más esfuerzo.

El escarbador se agachó.

Elia observó sus patas.

Esta vez no corrió, esperó a que la criatura eligiera un objetivo.

El monstruo se lanzó hacia el lobo de la izquierda.

Elia movió dos dedos.

El lobo retrocedió, el otro avanzó y se cruzó en el camino.

Las dos formas se unieron durante un instante como si fueran una sola corriente y después se separaron.

El escarbador golpeó el suelo con sus garras.

Elia aprovechó el momento y se acercó, la espada chocó contra una placa de su costado.

La criatura se volvió hacia ella y movió la cola.

Elia apenas alcanzó a agacharse.

La cola pasó sobre su cabeza y golpeó una pared de madera, el impacto hizo vibrar todo el molino.

—¡Elia, salí de ahí!

Gritó Bram.

Ella retrocedió.

El escarbador quiso seguirla, pero los lobos volvieron a acercarse.

Uno se lanzó contra su pata delantera, el otro golpeó su costado y luego se apartó.

El monstruo quedó obligado a girar.

El ave descendió desde arriba y golpeó el hocico de la criatura, el escarbador cerró la boca y mordió solo agua.

Elia les indicó que avanzaran.

Las formas se desplazaron sin esperar nuevas órdenes, una de las aves pasó sobre el monstruo y la otra se colocó cerca del camino.

Los lobos atacaron desde lados opuestos, acercándose y alejándose para mantenerlo en movimiento.

Elia siguió detrás con la espada.

No necesitaba dar órdenes a cada rato, las criaturas entendían la dirección general y se acomodaban entre ellas.

Cuando una era golpeada y se deshacía, otra ocupaba su lugar, cuando el escarbador cambiaba de rumbo las formas se reunían y volvían a rodearlo.

Elia podía sentir cada movimiento, pero no como si varias voces hablaran dentro de su cabeza.

Era más parecido a mantener varias corrientes de agua bajo sus manos.

El monstruo se lanzó contra una de las aves.

El ave se elevó y el golpe pasó debajo, al mismo tiempo uno de los lobos mordió la parte trasera de una de sus patas.

La criatura levantó la pierna y perdió el equilibrio durante un instante.

El segundo lobo aprovechó la abertura y chocó contra su pecho.

El escarbador cayó de lado, pero se levantó enseguida.

Una de las aves se convirtió en una corriente cuando una garra la alcanzó.

Elia volvió a formar la criatura.

El cansancio aumentó, pero todavía podía usar otros hechizos, reunió agua en su mano y creó tres flechas.

Las lanzó contra el suelo, una delante del monstruo y dos a sus costados.

El barro se cubrió de corrientes resbaladizas.

El escarbador intentó avanzar hacia el molino, pero sus patas patinaron.

Recuperó el equilibrio y embistió al lobo que tenía delante.

El lobo saltó y cayó sobre el cuello de la criatura, sus dientes se cerraron sobre una de las placas.

El monstruo se sacudió con tanta fuerza que la forma se partió en dos.

Elia sintió el golpe y apretó los dientes.

El segundo lobo aprovechó el momento para atacar una pata, mientras las aves volaron alrededor de la cabeza del escarbador y una de ellas golpeó uno de sus ojos.

La criatura se apartó y gruñó.

Elia no dejó que se detuvieran.

El lobo que estaba en el suelo se levantó y la parte que había caído del cuello volvió a unirse al cuerpo.

Después ambos lobos atacaron de frente.

Uno golpeó el pecho del monstruo.

El otro mordió su pata delantera.

El escarbador respondió con un movimiento brusco y destruyó a los dos.

Las formas se convirtieron en agua sobre el barro.

Elia sintió un tirón más fuerte que los anteriores, sau concentración casi se rompió.

El escarbador quedó libre y corrió hacia la puerta del molino.

Elia corrió detrás.

Las pesas tiraron de sus tobillos, el monstruo era más rápido en esa corta distancia, Elia levantó la mano y varias flechas de agua salieron delante de él.

La primera golpeó el suelo.

La segunda se desvió y chocó contra una columna.

La tercera pasó cerca del costado del monstruo y lo hizo cambiar un poco la dirección.

Elia llegó a la puerta antes de que la criatura pudiera entrar, levantó la espada.

El escarbador bajó la cabeza.

Elia no podía bloquearlo de frente y si recibía el golpe, saldría volando hacia dentro del molino.

Formó agua alrededor de sus pies y dejó que la corriente se extendiera por el suelo.

No era una barrera alta, solo una capa resbaladiza que cubrió la entrada.

Cuando el monstruo embistió, Elia se apartó hacia un lado.

Las patas delanteras de la criatura tocaron el agua y patinaron.

El escarbador cayó de costado, pero sus garras se clavaron en la tierra y consiguió detenerse antes de entrar.

Elia aprovechó el momento y golpeó el suelo con la espada delante de su hocico.

No intentó herirlo, solo lo hizo retroceder.

El monstruo levantó la cabeza y lanzó un gruñido.

Elia volvió a formar dos lobos detrás de ella, Eran más pequeños que los anteriores, pero tenían las patas y los dientes bien definidos.

También creó tres aves sobre la entrada del molino.

No necesitó hablar.

Los lobos corrieron hacia la criatura, uno mordió su pata y el otro saltó contra su costado.

Las aves bajaron en picada y golpearon la cabeza y las placas del lomo.

El escarbador golpeó al lobo más cercano.

La forma se deshizo, pero el segundo lobo aprovechó el espacio y mordió el borde de una de sus placas.

El monstruo se volvió hacia él.

Las aves atacaron otra vez, una golpeó su hocico y la otra chocó contra su hombro. La tercera pasó sobre su cabeza y cayó sobre la tierra al otro lado.

El escarbador giró varias veces, tratando de responder a todos los ataques.

Elia mantuvo la espada lista y avanzó junto a las criaturas.

El monstruo encontró un espacio y se lanzó hacia ella.

Elia dio un paso hacia la izquierda y golpeó una de sus patas con la parte plana de la espada.

La criatura perdió el ritmo y el lobo ocupó el lugar delante de ella.

El segundo lobo llegó por detrás.

Las aves se reunieron sobre el monstruo y luego se separaron. Una golpeó su cabeza, la otra atacó una de las patas traseras y la tercera descendió sobre el costado.

El escarbador se sacudió y destruyó dos de ellas.

La restante se alejó y volvió a reunirse con el agua del suelo.

Elia creó una pared de agua a un costado del edificio.

No era una pared alta, era una forma larga que cubría parte del espacio entre el monstruo y la puerta.

El escarbador se acercó y golpeó la pared.

El agua se curvó, pero se mantuvo.

Los dos lobos se colocaron detrás del monstruo. Uno atacó una pata y el otro mordió la parte trasera del cuerpo.

El escarbador se volvió para responderles.

La pared de agua se inclinó hacia la acequia.

El monstruo retrocedió.

Por un momento pareció que todo estaba funcionando.

Entonces la criatura clavó las garras en el barro y se impulsó hacia adelante.

La pared se rompió.

El agua cayó sobre el suelo y el escarbador pasó entre las formas.

Uno de los lobos fue destruido por el golpe de su hombro, el otro quedó separado de Elia.

La criatura corrió hacia la puerta del molino.

Elia corrió detrás.

Las pesas tiraron de sus tobillos, Elia levantó la mano y una flecha de agua se formó junto a su brazo.

La lanzó contra el suelo, delante de las patas del monstruo.

El agua se extendió y la criatura frenó para no caer.

Elia llegó a su lado y golpeó su costado con la espada, el escarbador se volvió de inmediato.

Elia apenas alcanzó a cubrirse con un escudo de agua.

La garra atravesó parte de la defensa, pero perdió fuerza antes de alcanzarla, Elia deshizo el escudo y se apartó.

El monstruo quedó frente a los juncos.

Elia reunió el agua del barro y formó tres lobos.

Esta vez no eran iguales eran diferentes uno de ellos tenía el cuerpo más ancho, los otros eran más pequeños y rápidos.

Los tres atacaron.

El más grande se lanzó contra el pecho del escarbador mientras los otros mordieron sus patas delanteras.

La criatura levantó el cuerpo y golpeó al lobo grande con las dos patas.

La forma se partió, pero los dos lobos pequeños continuaron atacando.

Uno mordió la parte trasera de una pata y el otro golpeó el costado del monstruo.

Elia reunió agua sobre su cabeza y creó cuatro aves. Las aves cayeron sobre el escarbador, atacando el lomo, el hocico y las patas.

El monstruo giró con rapidez.

Una de las aves se deshizo bajo una garra, otra fue golpeada por la cola.

Las dos restantes se reagruparon y atacaron desde arriba.

Elia podía sentir cada forma, el esfuerzo le pesaba en el cuerpo, pero su mana todavía no se acabó.

No podía dejar de concentrarse, aunque sí podía moverse y usar la espada.

El escarbador retrocedió.

Sus patas tocaron el agua de la acequia.

Elia mantuvo a las criaturas unidas alrededor del escarbador.

Los lobos atacaban desde los lados y las aves descendían cada vez que el monstruo intentaba salir del canal.

El escarbador entró al agua hasta la mitad del cuerpo después se volvió y lanzó un último ataque hacia el lobo más cercano.

El lobo recibió el golpe y se abrió en varias corrientes la otra forma ocupó su lugar y mordió la pata de la criatura.

El escarbador levantó la cabeza.

Elia se colocó entre él y el camino.

No levantó la espada para atacar, solo permaneció allí con los pies firmes en el barro.

Las aves se movieron sobre la acequia. Los lobos quedaron a ambos lados.

El monstruo dio un paso hacia adelante.

Elia elevó una pared de agua baja.

La criatura golpeó la defensa y el agua se levantó, el escarbador intentó cruzarla, pero la pared se inclinó y lo obligó a girar hacia el canal.

Los lobos atacaron sus patas al mismo tiempo y las aves golpearon su cabeza y su lomo.

Elia mantuvo la forma durante unos segundos más.

Después la dejó caer.

El escarbador ya estaba dentro de la acequia.

Las criaturas de agua se deshicieron casi al mismo tiempo, los lobos cayeron en corrientes cortas.

Las aves se convirtieron en gotas que brillaron un instante antes de mezclarse con el agua del canal.

El monstruo observó a Elia desde la orilla.

Ella mantuvo la espada levantada.

La criatura no volvió a acercarse, se metió entre los juncos y desapareció siguiendo la corriente.

Elia esperó unos segundos más.

Luego bajó la espada.

Sus piernas temblaron.

Bram llegó primero y le sostuvo un brazo.

—¿Te lastimaste?

—El hombro.

Sira se arrodilló frente a ella y revisó el golpe, Elia tenía un rasguño en la pierna y la ropa embarrada.

El hombro le dolia pero podía moverlo.

—No parece grave.

Dijo Sira.

—Igual descansá.

Elia miró hacia la acequia.

—Entró al agua.

—Sí.

Respondió Orven.

—No quería que volviéramos a pelear.

—Por eso lo llevaste hasta allí.

Elia bajó la mirada hacia sus manos.

—Casi entra al molino.

—Pero no entró.

—Las criaturas no pudieron detenerlo

—Lo hicieron retroceder varias veces.

—Algunas se rompieron.

—Y las volviste a formar cuando pudiste.

Orven no habló como si estuviera dando una clase. Solo miró la entrada del molino, las tablas caídas y las marcas que habían quedado en el barro.

—Usaste la espada cuando hacía falta.

Continuó.

—No usaste fuego o rayo en un lugar donde podían causar más problemas. También pudiste mantener varias formas y hacer que atacaran al mismo tiempo.

Elia observó el canal.

—A veces se movían sin que yo les dijera qué hacer.

—Eso te ayudó.

—También atacaban solas.

—Les diste esa orden.

Elia tocó la empuñadura de la espada.

Neris se acercó y miró el agua que corría entre los juncos.

—No fue una pelea fácil.

Dijo.

—¿Porque era grande?

Preguntó Elia.

—Porque no se quedó quieto para que usaras tus hechizos.

Elia pensó en eso.

—Tampoco me quedé quieta.

—Eso fue lo correcto.

Sira terminó de revisar el hombro de Elia y le colocó una venda sencilla.

Después el grupo recogió las tablas caídas y revisó las zonas dañadas del molino, nadie había sufrido heridas graves y la estructura podía repararse.

Cuando regresaron a Ardentia, el sol ya estaba bajando.

Elia caminó junto a Bram, las pesas seguían debajo de su ropa pero ahora cada paso le parecía más pesado.

En una mano llevaba la espada de entrenamiento y en la otra una bolsa con parte del equipo.

—¿Fueron varias criaturas?

Comentó Bram.

Elia contó con los dedos.

—Varios lobos y aves. Algunas desaparecieron y estuviste hay, presente.

—Solo pensé que no sabías.

Elia sonrió un poco.

–Podría hacer más.

—Primero aprendé a mantenerlas durante más tiempo.

—Puedo mantenerlas.

—Hoy algunas se deshicieron cuando recibieron un golpe.

—Pero después las volví a formar.

—Eso también es cierto.

Elia siguió caminando, las piernas le pesaban pero no quería quitarse las pesas delante de Bram ni de los demás.

En la Casa de los Puentes, los niños ya estaban sentados alrededor de la mesa, Tarin se levantó al ver la venda en el hombro de Elia.

—¿Qué pasó?

—Un monstruo me golpeó.

—¿Un monstruo de verdad?

—Sí.

Los demás niños se acercaron, algunos miraron la venda.

Otros observaron el barro en sus botas.

—¿Era enorme?

Preguntó uno de los más pequeños.

—Era grande.

Respondió Elia.

—¿Más grande que Bram?

Elia miró al guerrero que acababa de entrar detrás de ella.

—No sé. Bram ocupa mucho espacio cuando se sienta.

Bram la miró con seriedad durante un momento.

Después soltó una risa corta.

Los niños también se rieron.

Mara ya no estaba allí para servir la comida ni para preguntar si todos se habían lavado las manos.

Ahora esa tarea la compartían los mayores de la casa, Tarin puso un plato frente a Elia y le acercó un cuenco con guiso de verduras, carne y papas.

—Comé despacio.

Le dijo.

—Tengo hambre.

—No por eso tienes que tragar sin masticar.

Elia tomó la cuchara.

Los niños comenzaron a hacer preguntas, querían saber si el monstruo tenía dientes, si había saltado sobre ella y si había usado fuego.

—No usé fuego.

Dijo Elia.

—¿Por qué?

—Porque el molino tenía madera y harina. Podía incendiarse.

—¿Usaste rayos?

—Tampoco.

—¿Entonces solo agua?

—Y espada.

Tarin la observó con atención.

—¿Creaste animales?

Elia asintió.

—Lobos y aves.

—¿Solo para distraerlo?

Elia negó con la cabeza.

—También lo atacaron.

—¿De verdad?

—Sí. Mordieron sus patas y golpearon sus placas. Las aves atacaron su cabeza.

—¿Te obedecían?

—Sí.

—¿Hacían lo que querían?

Elia pensó un momento antes de responder.

—Se movían solas, pero no tenían voluntad propia. Yo les daba una orden y ellas la seguían.

—¿Como cuando sigues las órdenes de Orven?

Preguntó Tarin.

Elia frunció el ceño.

—Yo sí tengo voluntad propia.

—Eso ya lo sabemos.

Los niños volvieron a reírse.

Elia terminó el guiso y pidió un poco más de pan, el hombro le dolía menos después de comer.

Escuchó las conversaciones de los demás y contó solo una parte de la pelea. No explicó cuánto le había costado mantener las criaturas ni cuánto miedo sintió cuando el escarbador pasó cerca de la puerta.

Después de la cena, algunos niños le pidieron que creara un animal de agua en el patio.

—No puedo hacer uno grande.

Dijo Elia.

—Uno pequeño está bien.

—Mañana.

—Dijiste eso ayer.

—Entonces mañana sí será mañana.

Tarin se apoyó contra la pared.

—¿Orven dijo algo después de la pelea?

Elia miró hacia las luces del gremio, visibles al otro lado de la calle.

—Dijo que se acerca la evaluación final.

Tarin dejó de sonreír.

—¿La evaluación para ser aventurera oficial?

—Sí.

—¿Tan pronto?

—No dijo cuándo.

—¿Y estás preparada?

Elia observó las pesas bajo su ropa.

—Todavía no.

—Eso es bueno.

—¿Por qué?

—Porque si ya estuvieras preparada, no tendrías que entrenar.

Elia pensó que Tarin tenía razón, aunque no le gustaba admitirlo.

Más tarde, Orven pasó por la Casa de los Puentes para hablar con ella.

No entró a la habitación de los niños, se quedó en el patio mientras Elia se sentaba en el borde del pozo.

—La evaluación no será mañana.

Dijo Orven.

—Primero vamos a seguir entrenando.

—¿Habrá un duelo?

—Es posible.

—¿Contra Neris?

—Tal vez contra ella o contra otra persona.

—¿Y después una mision?

Orven asintió.

—La evaluación tendrá más de una parte. No alcanza con saber pelear.

—Lo sé.

—Hoy lo demostraste. No intentaste derrotar al monstruo solo para terminar rápido.

Elia miró el vendaje de su hombro.

—Quería que se fuera.

—Eso es proteger.

Elia levantó la vista.

—¿Y si vuelve?

—Entonces estaremos preparados para ayudar al molino.

Orven se despidió poco después, Elia permaneció en el patio un rato más.

Solo levantó una pequeña corriente de agua y la dejó girar sobre su mano.

La corriente se dividió en tres partes, una quedó suspendida frente a ella.

Las otras dos se movieron alrededor y se unieron de nuevo sin que Elia tuviera que guiarlas en cada instante.

Todavía estaba cansada, pero podía mantener las formas.

Elia cerró la mano y dejó que el agua cayera al suelo.

La pelea del molino había terminado, pero la evaluación final se acercaba.

Todavía necesitaba mejorar su espada, sus pesas y sus hechizos.

También debía aprender cuánto podía exigirles a sus creaciones sin perder el control.

Al día siguiente volvería a entrenar.

Y esta vez tendría que prepararse para luchar contra una persona.

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