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Me Casé Con El Príncipe Maldito Para Escapar Del Heredero

Me Casé Con El Príncipe Maldito Para Escapar Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor en la guerra / Bestia / Romance
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Darcalie

Faltaban veintitrés días para mi boda cuando descubrí que el príncipe Cassiel planeaba matarme después de convertirse en emperador.

Esa misma noche, mi padre apareció muerto.

Solo tenía una forma de escapar de mi prometido: casarme con su hermano mayor.

Killian, el príncipe maldito que todo el Imperio temía.

Creí que estaba eligiendo al menor de dos monstruos.

Hasta que llegué al Norte y miles de soldados se arrodillaron ante mi esposo.

—Bienvenido a casa, mi rey.

Entonces se arrodillaron ante mí.

—Bienvenida, mi reina.

NovelToon tiene autorización de Darcalie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Bienvenida al Norte.

Enterré a mi padre bajo un cielo gris. La lluvia comenzó poco antes de que el sacerdote terminara la ceremonia, cayendo suavemente sobre las lápidas del mausoleo familiar. Permanecí inmóvil frente a la tumba incluso cuando los demás comenzaron a retirarse; no lloré, pues ya había derramado suficientes lágrimas durante las noches anteriores.

Rosie asistió al funeral, pero se mantuvo junto a los miembros más alejados de nuestra familia y no intentó acercarse. En una ocasión nuestras miradas se encontraron, e inmediatamente bajó la suya. Cassiel también estaba allí; lo sentí observándome durante toda la ceremonia, aunque no dijimos una sola palabra. Killian, por su parte, permaneció a mi lado en silencio. No intentó tomar mi mano ni pronunció palabras vacías sobre cómo el dolor terminaría desapareciendo; simplemente estuvo allí, vestido de negro, soportando la lluvia conmigo.

Cuando todos se marcharon, dejé una flor blanca sobre la tumba.

—Voy a descubrir qué ocurrió —susurré—. Con los dos. Mamá. Papá.

Me incorporé y vi a Killian esperando unos pasos más atrás.

—Estoy lista —dije.

Él no preguntó si estaba segura. Aquella misma tarde partimos hacia el Norte.

Los primeros días del viaje me enseñaron dos cosas fundamentales: la primera era que el Imperio era mucho más grande de lo que parecía sobre un mapa, y la segunda, que Killian era incapaz de viajar de manera discreta. Nos acompañaban casi cincuenta soldados norteños, todos vestidos con armaduras oscuras y capas gruesas sujetas por broches con la figura de un lobo. Morvath aparecía y desaparecía a su antojo, internándose durante horas en los bosques para regresar únicamente cuando comenzaba a oscurecer.

Dormíamos en fortalezas y residencias pertenecientes a los aliados de Killian. Cuanto más avanzábamos hacia nuestro destino, menos personas se referían a él como príncipe; en su lugar, escuchaba constantemente susurros y reverencias que lo aclamaban como «Mi rey», «Majestad» o «El Rey ha regresado». Mientras él fingía no notarlo, yo simplemente acumulaba preguntas.

A la par del camino, el paisaje comenzó a transformarse. Las suaves colinas que rodeaban Veridian dieron paso a enormes bosques de pinos y las temperaturas descendieron bruscamente, hasta que al cuarto día encontré hielo cubriendo los bordes de un río. Al quinto, finalmente apareció la nieve. Nunca había visto tanta: cubría caminos, ramas y montañas, transformando el horizonte en una inmensa y pura extensión blanca.

—¿Cuánto falta? —pregunté.

Killian cabalgaba a mi lado.

—Dos horas.

—Dijo eso hace dos horas.

—Entonces estamos mucho más cerca.

Lo miré con incredulidad.

—Empiezo a comprender por qué Morvath intenta matarlo.

Killian sonrió. Había descubierto que lo hacía con más frecuencia cuanto más nos alejábamos de la capital; no era una transformación espectacular, pues seguía siendo reservado y conservaba la desagradable costumbre de responder preguntas con otras preguntas, pero aquí parecía respirar diferente. Más libre.

—¿Tiene nombre? —pregunté cuando las montañas aparecieron delante de nosotros.

—¿Qué cosa?

—Su hogar.

—Draeven.

Dejé escapar un suspiro.

—Podría haberme explicado todo esto antes de casarnos.

—Podrías haber preguntado.

—Estaba ocupada intentando evitar mi asesinato.

—Una distracción comprensible.

En ese instante, Morvath reapareció entre los árboles. El lobo corrió junto a mi caballo durante unos minutos antes de perderse nuevamente en la vegetación. Aunque los soldados ya habían dejado de reaccionar cuando hacía aquello, yo todavía no podía evitarlo: cada vez que lo veía, recordaba aquella palabra. Guardiana. No se lo había contado a Killian porque aún no sabía si realmente la había escuchado o si mi mente simplemente comenzaba a desmoronarse.

—Mira —dijo Killian de pronto.

Levanté la cabeza y la fortaleza surgió entre las cumbres, haciendo que cualquier pensamiento sobre Morvath se evaporara al instante.

Draeven era colosal. Yo había imaginado un castillo sombrío escondido entre las laderas, pero aquello era prácticamente una ciudad fortificada. Sus murallas negras se extendían entre dos elevaciones naturales, coronadas por torres de vigilancia, y detrás de ellas podía distinguir tejados cubiertos de nieve, chimeneas humeantes y, finalmente, una fortaleza imponente construida directamente contra la roca de la montaña.

—Eso es suyo —murmuré, asombrada.

—Nuestro —corrigió él.

Lo miré, pero Killian continuó observando el camino como si nada.

—Ahora eres mi esposa.

La frase produjo una sensación extraña y cálida en mi pecho, aunque decidí culpar al frío para no darle más vueltas.

A medida que nos acercábamos a las imponentes murallas, el sonido de una campana rompió el silencio, seguida por otra y otra más, hasta que toda la ciudad pareció responder en una perfecta sinfonía. Las pesadas puertas comenzaron a abrirse lentamente. Yo esperaba encontrar una hilera de guardias armados, pero en su lugar me topé con cientos de personas que abarrotaban ambos lados del camino: comerciantes, mujeres, niños y soldados, algunos de los cuales levantaban con orgullo estandartes negros con la figura del lobo plateado. No gritaban; simplemente esperaban en un silencio lleno de expectación.

—Killian... —murmuré.

Mi esposo avanzó sin dudar y yo lo seguí a la par. En cuanto atravesamos las puertas, el ambiente estalló en aclamaciones que resonaron con fuerza por todas las calles: «¡El Rey! ¡El Rey ha regresado!». Sentí un escalofrío recorrer mi espalda que no tenía nada que ver con la temperatura del Norte. Aquellas personas no miraban a Killian con la falsedad o el recelo de los nobles de Veridian; en sus ojos no había miedo, sino un orgullo profundo.

De pronto, un niño se zafó del agarre de su madre y corrió entusiasmado hacia nosotros. Aunque los soldados reaccionaron instintivamente, Killian levantó una mano para detenerlos. El pequeño frenó frente a su caballo y extendió algo con timidez: una pequeña figura de madera tallada con la forma de un lobo.

Killian desmontó con calma y tomó la figura entre sus manos.

—¿La hiciste tú? —preguntó.

El niño asintió rápidamente.

—Es para Morvath.

Killian examinó la artesanía con atención.

—Probablemente intentará comérsela.

El pequeño sonrió con complicidad y Killian le revolvió el cabello con afecto antes de volver a montar. Al notar mi fijada mirada, giró hacia mí.

—¿Qué?

—Nada —respondí disimulando.

—Estás mirando demasiado... ¿Te gusta lo que ves?

Puse los ojos en blanco, pero no pude evitar una leve sonrisa mientras continuábamos la marcha hacia la fortaleza. Fue al llegar allí cuando comprendí que la verdadera bienvenida apenas estaba comenzando.

Miles de soldados ocupaban la enorme explanada frente a Draeven, distribuidos en filas perfectamente ordenadas, luciendo armaduras negras y capas que se agitaban con fuerza bajo el viento helado. Mi caballo disminuyó el paso ante semejante despliegue.

—¿Todos estos hombres son suyos? —pregunté, sobrecogida.

Killian me miró de reojo.

—Son del Norte.

Aquello no respondió directamente a mi pregunta, aunque, de alguna manera, lo explicó todo.

Un hombre de cabello gris y rostro curtido, con una espada enorme colgando de la cintura, avanzó desde las primeras filas. En cuanto Killian desmontó, yo hice lo mismo. El desconocido se detuvo frente a él y, durante unos segundos tensos, ninguno de los dos dijo una palabra, hasta que el mayor esbozó una amplia sonrisa.

—Tardaste demasiado.

—Sigues demasiado viejo —replicó Killian, sonriendo también.

—Y tú sigues siendo un bastardo insolente.

Para mi sorpresa, ambos se estrecharon en un fuerte abrazo. Al separarse, el hombre golpeó su puño contra el pecho y se arrodilló con solemnidad frente a él:

—Bienvenido a casa, mi rey.

Como una ola imparable, el movimiento se contagió de inmediato: una fila tras otra, miles de soldados comenzaron a arrodillarse al unísono, haciendo que el retumbar de sus armaduras y rodillas contra la tierra firme recorriera toda la montaña.

—¡Bienvenido, Rey en el Norte! —retumbó el grito al unísono.

Contuve la respiración y me giré hacia Killian con urgencia.

—Creo que necesitamos hablar.

—Probablemente —admitió él con frialdad.

—Lo llaman rey.

—Ya lo habías notado antes.

—¡Es que son miles!

El hombre de cabello gris desvió la mirada hacia mí y sus ojos se posaron de inmediato en el anillo que adornaba mi mano antes de volver a dirigirse a Killian.

—¿Es ella?

—Alamea Aster —respondió él sin vacilar—. Mi esposa.

Algo cambió al instante en el ambiente. El general se volvió por completo hacia mí y se arrodilló con solemnidad.

—Bienvenida a casa, mi reina.

Sentí que se me congelaba la sangre en las venas.

—¿Qué? —exclamé.

Detrás de él, los miles de soldados inclinaron la cabeza al mismo tiempo, mientras sus voces resonaban en la montaña: «¡Bienvenida, Reina del Norte!».

Miré a Killian, quien tuvo la absoluta desvergüenza de permanecer imperturbable.

—Killian.

—Alamea.

—¿Por qué me llaman reina?

—Porque estás casada conmigo.

—¡Pero usted no es rey!

El general carraspeó con incomodidad ante mi exclamación y Killian levantó una ceja. Al percatarme de que a nuestro alrededor miles de guerreros continuaban arrodillados, comprendí que quizá acababa de insultar una grave tradición local.

—Oficialmente... —añadí en un intento desesperado por matizar mis palabras.

Killian dio un paso hacia mí.

—Para el Imperio soy solo un príncipe —dijo, mientras su mirada recorría las murallas, los soldados y los picos nevados que nos rodeaban.

Cuando sus ojos volvieron a encontrarse con los míos, contenían algo que jamás le había visto en Veridian: una autoridad y un poder absolutos.

—Pero aquí no estamos en el Imperio, Alamea.

El viento gélido levantó su capa negra justo en el momento en que Morvath emergía del bosque a nuestras espaldas. Nadie huyó ni gritó; al contrario, los soldados golpearon sus puños contra las armaduras en señal de respeto al ver al enorme lobo.

Killian extendió una mano hacia mí.

—Bienvenida al Norte.

Miré su mano extendida y luego contemplé a los miles de hombres que aguardaban en silencio. Había huido de Cassiel creyendo que me casaba con un príncipe desterrado, un hombre sin derechos al trono a quien el Imperio había expulsado y convertido en monstruo; sin embargo, comenzaba a sospechar que nadie me había contado la parte verdaderamente crucial de la historia.

El Imperio había desterrado a Killian como príncipe, pero el Norte lo había recibido como rey. Y yo, al aceptar su mano, acababa de convertirme en su reina.

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Maria Arias
hay que bueno jajajsj 🤭
Maria Arias
hay me morí con estos par de locos
Maria Arias
hay Dios esto está es bueno. tiene mucho suspenso
Maria Arias
que desgraciado
Flæka Caviedez
Mucha demora para un capítulo. así no aguanta leer
Mayelin Cepero Valdes
x favor actualizar rápido
inuyasha/ Tomoe🦊
más capítulos plis no dejes de escribir lo espero con ansias 🫠
Maria Liendo
más capitulos por favor 😁 está muy buena la novela sigue así
Arely Castañeda
maldito Cassiel como que apropiación ilegal si ella es la heredera
Darcalie: LO ODIO CON TODO MI CORAZÓN 😭
total 1 replies
Iliana Curiel
oh dios mío autora me encanta tu novela no puedo esperar a leer más capítulos soy tu fan ❤️❤️❤️❤️
Iliana Curiel
autora estoy fascinada con tu novela me encanta, no tengo palabras estoy ansiosa por más capítulos
gracias me dejas sin palabras, hermosa y misteriosa historia ❤️❤️❤️🥰🥰🥰
Georgetth Rosemary
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Dulce
Nooo, que feooo /Sob/
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