Morí siendo una escritora de novelas mediocres…
solo para despertar dentro de la peor de mis historias.
Ahora soy Ciel Rousla, la “princesa tonta”: hermosa, ingenua… y destinada a ser traicionada y devorada por bestias.
En la historia original, confiaba ciegamente en su “amable” hermana, la hija ilegítima que todos adoraban, mientras tres poderosos prometidos la controlaban bajo la excusa de protegerla… hasta abandonarla en su peor momento.
Pero esta vez es diferente.
Yo conozco el final.
Sé quién me manipula.
Sé quién me traicionará.
Y sé que cada sonrisa a mi alrededor… es una mentira.
Ya no seré la princesa ingenua.
Aunque tenga que enfrentar a la “santa”, romper mis propios lazos y cambiar todo lo que escribí…
Voy a sobrevivir en este mundo bestia
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Capítulo 9: Antes del movimiento
La semana no fue tranquila.
Fue precisa.
Ciel no improvisaba.
Observaba.
Probaba.
Fallaba.
Corregía.
—“…Otra vez.”
El taller era pequeño.
Oculto.
No en el palacio principal.
Más abajo.
Más discreto.
Trabajadores bestia.
No nobles.
Pero útiles.
Un zorro gris sostenía el mortero.
—“…La proporción no es estable.”
—“…Lo sé.”
Ciel se acercó.
Tomó el polvo oscuro.
Piedra de monstruo refinada.
—“…Reduce la carga.”
—“…¿Cuánto?”
—“…Un tercio.”
—“…Entonces no tendrá efecto.”
—“…Tendrá el suficiente.”
Pausa.
—“…no busco transformación.”
—“…busco dependencia.”
Silencio.
El siguiente intento funcionó.
No perfecto.
Pero visible.
La piel.
Más firme.
Más suave.
—“…Esto… funciona.”
—“…Esto vende.”
Flora observaba.
—“…Van a matarse por eso.”
—“…Van a competir por ello.”
—“…y cuando compitan…”
—“…hablarán.”
—“…y cuando hablen…”
—“…escucharé.”
Tres días pasaron.
Errores controlados.
Ajustes precisos.
El taller creció en calidad.
Aceites.
Extractos.
Mezclas.
Primer lote estable.
Kaien observaba.
—“…No estás descansando.”
—“…No es el momento.”
—“…Esto es necesario.”
En el palacio—
los rumores crecían.
—“…Dicen que cambió…”
Flora se movía entre ellos.
Escuchando.
Separando.
Midiendo.
Información.
Fragmentos.
El inicio de algo más grande.
El cuarto día—
—“…movimientos en la frontera.”
—“…¿Bestias?”
—“…Sí.”
Kaien frunció el ceño.
—“…No es temporada.”
—“…Entonces alguien las está moviendo.”
—“…o algo las está empujando.”
Ciel cerró el informe.
—“…Si el imperio se tensa…”
—“…la gente busca control.”
—“…y tú lo vendes.”
—“…exacto.”
Quedaban dos días.
El primer lote estaba listo.
—“…No es solo belleza.”
—“…es control.”
La capital no tenía zonas neutrales.
Solo niveles.
Y ese lugar—
era donde los nombres pesaban.
Negocios de condes.
Marquesas.
Barones.
Y ahora—
uno nuevo.
“La Boutique de Ciel.”
Interior limpio.
Elegante.
Preciso.
—“…No venderemos a cualquiera.”
—“…Exclusividad.”
—“…y curiosidad.”
—“…y competencia.”
Una mujer entró.
Observó.
No compró.
Pero analizó.
—“…Ya empezó.”
En la parte trasera—
una puerta.
Discreta.
—“…Información.”
—“…contactos.”
—“…errores.”
—“…todo vale.”
Al día siguiente.
Dos de la tarde.
Sala secundaria del castillo.
No pequeña.
No grande.
Perfecta.
Ambiente calmado.
Pero tenso.
Las invitadas llegaron.
Duquesas.
Marquesas.
Condesas.
Poder.
Silencioso.
Yo entré cuando todas estaban.
Vestido blanco.
Ajustado lo justo.
Flora a mi lado.
También de blanco.
Perfectas.
Las miradas cayeron.
—“…Ese vestido…”
—“…Flora…”
—“…claro…”
Mis hermanas ya estaban.
Rosa.
Laura.
Vestidos de Flora.
Y eso—
las incomodaba.
No estaba Kaien.
Las bestias lo ocupaban.
—“…Bienvenidas.”
Sin discursos.
Sin adornos.
—“…Dicen que cambiaste.”
—“…Sí.”
—“…¿Y ahora?”
—“…Ahora no pierdo el tiempo.”
El té seguía sirviéndose.
Pero ya no era una reunión.
Era un campo de prueba.
—“…No baja la mirada…”
—“…no es la misma…”
Ciel escuchaba todo.
—“…Que hablen…”
—“…aún no entienden.”
Flora se movía entre ellas.
—“…Las estás acomodando.”
—“…Las estoy separando.”
—“…¿Las peligrosas?”
—“…ya te miran.”
—“…Si funciona…”
—“…¿por qué compartirlo?”
—“…Porque no puedo controlarlo todo sola.”
—“…pero sí con quién crece.”
—“…Entonces no es producto…”
—“…es red.”
Tomé el frasco.
—“…No obligo.”
—“…quien quiera…”
—“…se acerca.”
Una archiduquesa probó.
—“…funciona.”
—“…¿Qué quieres?”
—“…Negocios.”
—“…quien entra gana.”
—“…¿Y tú?”
—“…yo crezco.”
—“…Quiero entrar.”
—“…Acepto. No serás la única.”
—“…mejor.”
—“…¿Y si te copian?”
—“…que lo intenten.”
—“…volverán.”
—“…Seré rival.”
—“…Entonces entra.”
—“…las rivales hacen crecer.”
—“…¿Y si te traicionan?”
—“…eligieron mal.”
—“…eso es arrogante.”
—“…es caro.”
Flora intervino.
—“…prueben.”
Varias se acercaron.
Otras no.
Y eso—
era perfecto.
—“…Esto no es por el producto…”
—“…es por ellas.”
—“…orgullo…”
—“…competencia…”
—“…miedo…”
—“…no necesito convencerlas…”
—“…ellas se empujan solas.”
—“…Esto es una fachada.”
—“…no…”
—“…esto está funcionando.”
Silencio.
No podían detenerlo.
La sala quedó vacía.
—“…Hermana.”
Lucio.
Pálido.
—“…Siempre fui débil…”
—“…ni siquiera primer anillo…”
—“…¿recuerdas el lago?”
Ciel no respondió.
—“…me empujaron…”
—“…casi muero…”
—“…tú te lanzaste…”
—“…no sabías nadar…”
—“…me salvaste…”
—“…pero cambiaste.”
—“…me culpaste…”
—“…pero fingías…”
—“…los castigaste…”
—“…lo supe después…”
Pausa.
—“…alguien se acercó a ti…”
—“…una taza…”
—“…y ella.”
—“…tenía trece…”
—“…y ya planeaba.”
—“…no tengo pruebas…”
—“…pero tampoco dudas.”
—“…no olvidaste…”
—“…te hicieron más manipulable.”
—“…pero nunca dejaste de protegernos.”
—“…eso fue hace tres años…”
—“…yo tenía nueve.”
Silencio.
La sala en silencio.
—“…Tres años…”
—“…y no recuerdo nada.”
Frustración.
—“…¿Qué me hicieron?”
—“…No me quedaré así.”
—“…Hermana…”
—“…lo voy a descubrir.”
—“…pero primero…”
—“…mis prometidos.”
—“…no me quieren.”
—“…no importa.”
—“…pero no aceptaré más control.”
—“…decidirán.”
—“…o cambian…”
—“…o se callan.”
Pausa.
—“…que sigan creyendo…”
Sus ojos brillaron.
—“…que su prometida perfecta…”
—“…hace lo correcto.”
Silencio.
Ciel cerró los ojos.
No recordaba.
Pero iba a descubrirlo.
Y esta vez—
nadie la iba a controlar.