Luna es una creadora de contenido y diseñadora UX que se hace pasar por su hermana Sol para contraer un matrimonio arreglado con Gael, un fundador de ciberseguridad al que todos llaman "lobo de negocios". Pero él ya sabe la verdad – su fachada feroz es solo para proteger a los suyos – y juntos hacen un pacto para investigar las amenazas que acechan a la empresa de su hermana.
Mientras trabajan en equipo, las reglas de su mentira empiezan a romperse: descubren una pasión compartida por la tecnología con propósito, y cada día se acercan más. En un mundo donde la imagen parece todo, tendrán que decidir si seguir fingiendo o atreverse a ser ellos mismos – porque el único código que nunca falla es el del amor construido sobre la autenticidad.
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capitulo 9
CAPÍTULO 6
El primer ataque
Volvimos al hotel poco antes de la medianoche. El cansancio se notaba en todos – los ojos hundidos, los pasos lentos, las palabras entrecortadas. Pero también había una sensación de alivio en el aire, como si hubiéramos quitado un peso enorme de encima. Gael pagó el taxi y nos dirigimos al ascensor, cogidos de la mano sin darnos cuenta hasta que Sara nos miró con una sonrisa cómplice.
“Creo que nosotros nos vamos a nuestra habitación”, dijo ella, señalando a David y Miguel. “Hemos tenido un día muy largo, y mañana tendremos que empezar temprano con la restauración de los datos.”
“Gracias por todo, equipo”, dijo Gael, abrazándolos a todos. “Sin vosotros, esto no habría sido posible.”
“De nada, jefe”, respondió Miguel con una sonrisa. “Fue un placer trabajar con vosotros – y con Luna, claro está. Su forma de hablar con Marta fue impresionante.”
Me sonrojé y les di las gracias, prometiéndoles que los invitaría a cenar cuando volviéramos a Madrid. Luego subieron en el ascensor con nosotros, pero se bajaron en el piso de abajo, dejándonos a Gael y a mí solos.
Cuando llegamos a la suite, me senté en el sofá y dejé la cabeza caer sobre los cojines. Estaba tan cansada que apenas podía mantener los ojos abiertos, pero mi mente seguía funcionando a mil por hora – pensaba en Marta, en BioInnova, en Sol, en todo lo que habíamos conseguido y en todo lo que todavía teníamos que hacer.
Gael entró en la cocina pequeña y volvió unos minutos después con dos tazas de té caliente con miel. Me dio una y se sentó a mi lado, apoyando la cabeza en el respaldo del sofá.
“¿Te duele algo?” preguntó, mirándome con preocupación. “Pareces muy cansada.”
“Solo estoy agotada”, respondí, tomando un sorbo de té caliente que me calentó desde dentro hacia fuera. “Pero también estoy contenta – me siento como si hubiéramos conseguido algo realmente importante.”
“Sí. Hemos protegido a VerdeFuturo y a todas las personas que dependen de ella. Y además, hemos conseguido que Marta se dé cuenta de lo que estaba haciendo mal – quizás ahora pueda empezar de nuevo y hacer las cosas de forma correcta.”
Me quedé en silencio por un momento, pensando en todo lo que había pasado en las últimas horas. Luego me giré hacia Gael y le pregunté:
“¿Qué pasa ahora? Con nosotros, quiero decir.”
Gael se quedó mirándome durante unos segundos, como si estuviera pensando en la respuesta. Luego cogió mi mano y la apretó suavemente.
“Lo primero es que Sol vuelva a su vida normal – que vuelva a dirigir VerdeFuturo y que pueda explicar la situación a todos. Después… bueno, después tendremos que decidir qué hacer con nuestro matrimonio.”
“¿Y qué quieres hacer tú?”
Gael se acercó un poco más a mí, hasta que nuestras caras estaban muy cerca. Podía sentir su aliento caliente en mi piel y ver los reflejos de la luz del salón en sus ojos marrones.
“Quiero seguir viéndote”, dijo con voz suave. “No como mi esposa, porque sé que esto no fue más que un acuerdo. Pero como tú – como Luna, la diseñadora UX que hace contenido maravilloso y que sabe cómo calmar a una persona enfurecida con solo hablarle.”
Sonreí, sintiendo cómo se me llenaban los ojos de lágrimas – lágrimas de alegría esta vez.
“Yo también quiero seguir viéndote”, dije. “Quiero conocerte de verdad – saber qué te gusta, qué te molesta, qué sueños tienes. Quiero trabajar contigo en ese proyecto de la fundación, como dijiste antes.”
Gael sonrió y acercó su rostro aún más al mío, hasta que nuestros labios casi se tocaban.
“¿Podría besarte?” susurró.
“Por favor”, respondí yo también.
Sus labios se posaron sobre los míos de forma suave y tierna, como si estuviera tratando con algo frágil y precioso. Me envolví alrededor de su cuello con los brazos y le correspondí el beso, sintiendo cómo desaparecían todos los miedos, la fatiga y la preocupación que había sentido en los últimos días. En ese momento, solo existíamos nosotros dos – en la suite del hotel, con el té caliente sobre la mesa y la luz suave del salón iluminándonos.
Nos separamos después de un rato, respirando un poco agitados y mirándonos con sonrisas en los rostros. Gael me cogió la cara entre sus manos y me dio un beso suave en la frente.
“Deberíamos dormir”, dijo con una sonrisa. “Mañana será otro día largo – Sol vendrá de Madrid y tendremos que hablar con ella, con el equipo de VerdeFuturo y con los abogados.”
“Tienes razón”, respondí, levantándome del sofá con esfuerzo. “Pero antes de dormir, quiero llamar a Valen – tengo que contarle todo lo que ha pasado.”
Gael asintió y se dirigió a su habitación, pero antes de entrar, se giró hacia mí y me sonrió.
“Luna”, dijo. “Gracias por estar aquí. Por ser tú misma, incluso cuando tenías que fingir ser otra persona.”
“Gracias a ti”, respondí. “Por verme a mí, no a Sol. Por creer en mí y en lo que podía hacer.”
Gael cerró la puerta de su habitación y yo me senté en el sofá, cogiendo mi móvil del bolsillo. Llamé a Valen y le conté todo – sobre Marta, sobre cómo habíamos conseguido detenerla, sobre el beso con Gael. Valen gritó de alegría por el teléfono y me dijo que venía a verme a primera hora de la mañana para celebrarlo.
Después de colgar, me dirigí a mi habitación y me desvestí, poniéndome una camiseta grande de algodón que tenía estampado un diseño de circuitos electrónicos. Me metí en la cama y cerré los ojos, pero no podía dormir – seguía pensando en Gael, en su beso, en todo lo que había pasado y en todo lo que vendría. Sabía que el camino no sería fácil – tendríamos que explicar la situación a la abuela, a la familia, a los amigos – pero también sabía que valía la pena. Porque había encontrado a alguien que la veía por lo que era, que la quería por lo que era, y con quien podía construir algo realmente bonito.
Me estaba quedando dormida cuando escuché un ruido suave en la puerta de mi habitación. Me senté en la cama y vi cómo se abría la puerta y aparecía Gael, con una manta enrollada en los brazos y una expresión preocupada en la cara.
“Perdón por molestarte”, dijo en voz baja. “Pero he estado pensando en algo y no podía quedarme quieto.”
“¿Qué pasa?” pregunté, moviéndome en la cama para dejarle sitio.
Gael se sentó a mi lado y extendió la manta sobre nuestras piernas.
“Me he dado cuenta de que aunque hemos detenido a Marta y a BioInnova, pueden haber otras personas que quieran hacer daño a VerdeFuturo – o a ti”, dijo con voz seria. “Quiero instalar un sistema de seguridad en tu apartamento de Madrid, y también enseñarte algunas técnicas básicas de ciberseguridad para que puedas proteger tus datos y tu contenido en redes sociales.”
Me sonríe, tocándole la mano.
“Gracias, Gael. Eres muy considerado.”
“También quiero que sepas que estaré ahí para ti – para cualquier cosa que necesites. Ya sea para ayudarte con tu trabajo, para hablar de problemas o simplemente para pasar un rato agradable juntos.”
“Yo también estaré ahí para ti”, respondí, acercándome un poco más a él. “Prometo.”
Gael me cogió en sus brazos y me abrazó, manteniéndome cerca de su cuerpo caliente. Me apoyé en su pecho y cerré los ojos, escuchando el ritmo de su corazón que latía con calma y regularidad. Era un sentimiento reconfortante, como si hubiera encontrado un lugar donde realmente pertenecía.
“Duerme bien, Luna”, susurró Gael en mi pelo. “Mañana será un día nuevo, lleno de posibilidades.”
“Duerme bien tú también”, respondí, cerrando los ojos y dejándome llevar por la sensación de calma y felicidad que me daba estar en sus brazos.
Gael se quedó así conmigo durante unos minutos más, luego me dio un beso suave en la cabeza y se levantó de la cama.
“Voy a mi habitación”, dijo. “No quiero molestarte más.”
“No me molestas”, respondí, agarrándole la mano antes de que se fuera. “¿Te gustaría quedarte aquí? En la cama, digo. Solo para dormir – no quiero hacerte sentir mal.”
Gael sonrió y asintió, desvestiéndose de su camisa y su pantalón hasta quedarse en sus bóxers. Luego se metió en la cama a mi lado y me abrazó desde atrás, poniendo su brazo alrededor de mi cintura y acercando su rostro a mi cuello.
“Esto está bien”, susurró en mi pelo. “Así está bien.”
Me recosté contra él y cerré los ojos, sintiendo cómo el cansancio finalmente se apoderaba de mí. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí segura, feliz y en paz. Sabía que el futuro era incierto, que habría obstáculos y dificultades por delante, pero también sabía que tenía a Gael de su lado – y con él, podía enfrentarse a cualquier cosa.