Lyhia era una lectora que gritaba a la pantalla: «¡Este tirano es un padre de mierda!» hasta que tropezó con un cable y ¡pum! Despertó como Alice Sigrid, la niña de siete años que en la novela termina con la cabeza rodando por culpa del mismo tirano.
Plan perfecto; escapar antes de que papá Draven afine la guillotina familiar. Pero sorpresa, un sistema le regala puntos por soltar chismes mentales .
Lo peor; sus pensamientos son un megáfono invisible. Alice planea fugas épicas mientras piensa «¡Huyo esta noche, adiós palacio de locos!».
Resultado: todo falla “por casualidad”, mamá la abraza más fuerte y papá la mira como si fuera su posesión más preciada.
Chismes que salvan vidas, pensamientos que la condenan y un tirano que, contra todo pronóstico, empieza a parecer… ¿humano?
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Capítulo 9
El emperadorDraven no perdió tiempo después del tenso encuentro en los jardines reales. Apenas concluyó el pequeño festín, dio una orden seca a su guardia personal. El doctor Navarro, médico personal de la concubina fue traído de inmediato al palacio bajo pretexto de una "consulta urgente " pero fue conducido a una cámara subterránea reservada para interrogatorios " discretos " ; este entro con la dignidad de quien aún creía que su posición lo protegía. No duró mucho. El emperador en persona supervisó el proceso. No grito ni alzó la voz, simplemente se quedó de pie en la sombra, con esa calma helada que hacía más terrorífico su silencio que cualquier amenaza. Los torturados —hombres entrenados que no ne se citaban palabras para entender las órdenes—aplicaron métodos precisos y progresivos; presión en articulaciones, cortés en lugares sensibles, exposición al fuego controlado, incluso en sus heridas aplicaron agua con sal y chile picante. Navarro se resistió al principio, negando toda acusación pero la resistencia física tiene límites, y Draven conocía cada uno de ellos.
Al final, roto y temblando, el médico hablo. Reveló que la relación con la concubina Elena había sido real, y que lo habían mantenido en secreto durante tres años. Ella había quedado embarazada de él, y al enterarse, para mantener las apariencias y mantener su lugar en la corte, formuló un plan y ese fue drogar al emperador una noche y meterse en su cama, así simuló haber pasado la noche con él. Al despertar y verla allí, Draven asumió que había sido él quien tomó su pureza. No tuvo más remedio que asumir la responsabilidad públicamente y elevarla de rango. En cuanto al hijo que nunca nació... Elena lo perdió deliberadamente tomando brebajes tóxicos. Culpando a la anterior concubina Amira, una mujer que nunca había sido de su agrado. La acusaron de enviar a su doncella real para intentar matar al bebé en el vientre de Elena, y terminó siendo eliminada junto a su linaje entero. Draven escucho sin mover un músculo. Cuando Navarro terminó, exhausto y sangrando, Draven simplemente dio una orden silenciosa con un gesto de la mano, y sus hombres lo entendieron rápidamente.
A partir de esa noche no se volvió a saber nada del doctor Navarro. Desapareció sin dejar rastro alguno, como si la tierra se lo hubiera tragado entero. Su nombre fue borrado de los registros del hospital imperial y su familia fue desterrada a tierras lejanas. Nadie se atrevió a mencionar su nombre en voz alta. En cuanto a la concubina Elena, ella fue despojada de su título de inmediato. El título por el que luchó durante años fue revocado, sus aposentos sellados y sus pertenencias confiscadas en una sola mañana. Su padre un ministro con una larga trayectoria en la corte real, perdió su cargo esa misma tarde, ya que también se descubrieron sus tratos sucios. Padre e hija fueron condenados a muerte. El emperador Draven, ya no tenía más dudas, los pensamientos que Alice transmitía al hablar con el sistema eran ciertos, y ahora con la confesión de lo de Navarro con la concubina lo había confirmado. Sin duda todo lo que ella había dicho en su mente era verdad. No solo sobre Elena, sino que posiblemente sobre mucho más. La profecía, la traición, las intrigas, el intento de asesinato... ¿Cuánto sabía realmente esa niña de siete años? ¿Y cómo lo sabía? La pregunta lo carcomía y por ello tomó la decisión, y era que a partir de ahora, Alice asistiría con él a las audiencias diarias en el Salón real. Su objetivo era sencillo; quería ver quien era real y quien no, quien hablaba con sinceridad y quien ocultaba sus más oscuros secretos detrás de esos gestos de respeto. Si ella podía predecir el futuro, y revelar los secretos sin mover sus pequeños labios, entonces la tendría cerca. Ahora ella se ha convertido en su tesoro más preciado.
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La audiencia matutina ya había dado inició en el Salón Real con la calma habitual. Los ministros estaban alineados en filas ordenadas y el emperador Draven sentado en el trono elevado, con los ojos fijos al frente. A su lado derecho, una silla más pequeña pero igual de tallada, y Alice estaba sentada justo en ella. Apenas podía mantenerse despierta, tenía los párpados pesados, se sobaba los ojos con el dorso de la mano cada que podía y bostezaba sin disimulo alguno. Su pequeño y diminuto cuerpo estaba hundido en el asiento, el vestido ceremonial azul oscuro con bordados dorados que su padre había encargado que le confeccionaran días antes, le quedaba un poco grande y la tiara pequeña se ladeaba sobre su cabello negro.
—Soy tan solo una niña... ¿por qué me traen a estos lugares tan temprano? Debería estar durmiendo... los niños necesitan dormir más...— se quejó, su voz apenas era audible, pero se escuchó lo suficiente como para que su padre girará la cabeza discretamente mirándola con una pequeña sonrisa en el rostro.
Entonces, uno de los ministros — un hombre de unos cuarentena años,cabello grisáceo corto, y túnica roja con ribetes plateados y expresión de rectitud inflexible—dio un paso adelante. Hizo una reverencia profunda, y habló con una voz respetuosa pero firme sin un ápice de vacilación
correspond, Su Majestad... ¿Por qué está la pequeña princesa aquí? Este no es un lugar para ella. Es una niña. Los asuntos imperiales, las decisiones de estado, y las discusiones de la corte... no son para mujeres , menos para una de tan corta edad. Sería mejor que estuviera en sus aposentos, jugando o tomando al té como corresponde.
Draven giró la cabeza lentamente hacia él. Penetrándolo con sus ojos rojos sin parpadear.
—Es mi hija —dijo con voz plana—¿ Por qué no podría está aquí?
Pero el ministro no retrocedió. En cambio bajo la cabeza un poco más y prosiguió con un tono más firme, casi didáctico.
—No lo decía para ofenderlo, Su Majestad. Solo le recordaba las reglas seguidas desde tiempos antiguos. Las mujeres, especialmente las de sangre real en edad temprana, no suelen participar en audiencias formales. Es tradición... y la ley impuesta por el difunto emperador, su padre. No puede simplemente ignorarla.
Alice levanto la cabeza se golpe, sus ojos se entrecerraron, y miro al hombre frente a ella con atención y curiosidad a la vez.Draven en cambio, no respondió de inmediato. Sino que miro al ministro con una calma que helaba la sangre.
—Dentro de esta corte y de este mundo, yo soy la ley ¿Quién se atreve a cuestionarme? ¿O es que acaso me desafía, tercer ministro Elden?
El nombre resonó en el Salón como una sentencia. El ministro palideció ligeramente, pero mantuvo la reverencia intacta. Alice por su lado, al pie el nombre se enderezó un poco en su silla, como si el suelo desapareciera dando paso a la curiosidad.
—Le otorgué el título de princesa serena. Así que a partir de ahora, la primera princesa estará presente en todas las dispuestas de Estados —dijo Draven.
—Ya lo entiendo. Sin embargo, una princesa que desconoce las normas no debería entrar a escuchar asuntos de estados. Esto no es apropiado según las costumbres y el sistema. Ruego a su Majestad que reconsideré seriamente —insistió el ministro Elden.
—Rogamos a su Majestad que lo reconsidere —dinero los demás ministros al unísono.
" ¿Cómo se atreve a hablarle así al emperador? " —pensó Alice.
" ¿Qué fue eso? "—se preguntó el tercer ministro mirando para ambos lados al escuchar aquella voz.
—Su Majestad, arriesgo mi vida para pedirle que expulse a la princesa serena por ser solo una mujer, y que no intervenga más en política.
" Sistema ¿Qué secretos oculta este tercer ministro? ¿Se atreve a cuestionar mi identidad? ¡Quiero que lo desenmascares por completo!. "
y si como dijeron los secuestradores el emperador es tan tonto sabiendo en el peligro que está su familia no les a proporcionado seguridad 😡
unnn algo no cuadra con el hermano🤔
ojalá esta vez lo plane vien