Felicity siempre ha vivido para servir a su familia.. Pero, ahora cuando se siente madura y en paz, tiene la posibilidad de volver a empezar..
* Esta novela es parte de un universo mágico *
** Todas novelas independientes **
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Vestidos
Al día siguiente, la mansión Dagger despertó con una actividad inusual, como si las paredes mismas hubieran entendido que algo importante estaba por comenzar. A primera hora, Felicity dio la orden de llamar a la mejor modista de la región, una mujer conocida por vestir a damas nobles en los momentos más decisivos de sus vidas.
Cuando la modista llegó, cargada de telas, cintas y cuadernos de bocetos, Fantine apenas podía contener la emoción. Sus manos temblaban al tocar los rollos de seda y encaje, y sus ojos brillaban con una ilusión casi infantil.
Felicity no se separó de ella ni un instante.
La ayudó a elegir los tonos —un marfil suave que realzara su piel—, escuchó con paciencia cada idea, cada duda, cada sueño que Fantine expresaba en voz alta. Cuando su hermana se miraba al espejo, insegura, Felicity estaba allí para asentir, para sonreírle, para decirle que se vería hermosa… porque lo sería.
Mientras la modista tomaba medidas y anotaba detalles, Felicity sostuvo a Florence en brazos, meciéndola suavemente para que no llorara, sin dejar de prestar atención a la conversación. Era como si hubiera aprendido a estar en dos mundos al mismo tiempo.. el de la bebé que dependía de ella y el de la joven que estaba a punto de convertirse en esposa.
Fantine, en más de una ocasión, buscó la mirada de Felicity, como si necesitara confirmar que todo aquello era real. Y Felicity siempre estaba allí, firme, presente, sosteniendo el momento con su calma.
Aunque por dentro el cansancio seguía existiendo, ese día Felicity no se sintió sobrepasada. Ver a su hermana feliz, acompañarla en ese comienzo, le dio una sensación nueva.. no de carga, sino de propósito.
Y así, entre telas blancas, risas nerviosas y el suave respirar de Florence dormida, comenzó a tomar forma no solo un vestido de novia, sino también una nueva etapa para toda la familia Dagger.
Fantine notó casi de inmediato que, mientras hablaba con entusiasmo de encajes, cortes y velos, Felicity siempre se hacía a un lado cuando la modista mencionaba vestidos para las damas de honor. Sonreía con amabilidad, pero desviaba la conversación, como si no se considerara parte de aquella celebración.
—Feli, tú también necesitas un vestido hermoso —insistió Fantine, tomándole las manos—. Es mi boda.
Felicity negó con suavidad.
—No es necesario… con algo sencillo estaré bien. Prefiero que el dinero se use en lo importante.
Fantine frunció el ceño, con esa mezcla de cariño y terquedad que la caracterizaba, pero por más que insistió, Felicity no cedió. Para ella, pensar en sí misma seguía siendo un lujo.
Fue entonces cuando la modista, que había observado la escena en silencio, se acercó con una sonrisa cómplice.
—Mi lady —dijo, dirigiéndose a Felicity—, si usted acepta que le haga un vestido, también podría confeccionar uno pequeño… para la señorita Florence.
Felicity levantó la vista de inmediato.
—¿Para Florence?
La modista asintió.
—Uno delicado, acorde a la boda. Y sería un honor hacerlo para la niña que ya la llama “Feli”.
En ese instante, la pequeña Florence, sentada en brazos de Felicity, como si entendiera que se hablaba de ella, apoyó la cabecita en su pecho y murmuró, con su voz infantil y dulce..
—Fe… li.
El corazón de Felicity cedió.
Sintió un nudo en la garganta, una emoción inesperada que la desarmó por completo. Miró a su hermana, luego a la modista, y finalmente a Florence, que sonreía sin saber el poder que tenía.
—Está bien… —susurró al fin—. Acepto.
Fantine dio un pequeño grito de alegría y la abrazó con cuidado, riendo entre lágrimas.
—¡Gracias! Te lo prometo, será precioso.
Mientras la modista tomaba medidas y hablaba de telas suaves y colores armónicos, Felicity acarició el cabello de Florence con ternura. Por primera vez en mucho tiempo, aceptó algo para sí misma, no por vanidad, sino por amor.
Y así, entre risas, emoción y la dulce voz de una niña que decía “Feli”, quedaron sellados tres vestidos, unidos por un mismo hilo invisible.. el de una familia que, a pesar de las pérdidas, seguía encontrando razones para celebrar.
Finalmente, cuando todo estuvo listo, la mansión Dagger se llenó del sonido de cofres cerrándose, órdenes dadas en voz baja y pasos apresurados. El viaje a Deira había llegado, y con él, la certeza de que nada volvería a ser exactamente igual.
El carruaje aguardaba en el patio, elegante y firme, como un guardián del nuevo comienzo. Felicity fue la última en subir, asegurándose de que no faltara nada, de que cada detalle estuviera en orden, como siempre. Luego tomó asiento con cuidado, acomodando a Florence en su regazo.
Cuando el carruaje comenzó a avanzar, el traqueteo suave de las ruedas marcó el ritmo del viaje.
Dentro, las tres hermanas Dagger compartían un espacio pequeño, pero lleno de calidez. Fantine no podía dejar de sonreír.. hablaba sin parar, imaginando la boda, el vestido, la música, la nueva vida que la esperaba. Sus manos se movían con entusiasmo, y sus ojos brillaban como si Deira ya estuviera ante ellas.
Felicity la escuchaba con una sonrisa tranquila, asintiendo, haciendo preguntas, cuidando que la emoción de su hermana no se desbordara en nervios. De vez en cuando, Fantine se recostaba sobre su hombro, buscando ese apoyo silencioso que siempre había encontrado en ella.
Florence, sentada entre ambas, observaba el vaivén del carruaje con curiosidad. Reía con un sonido claro y contagioso, estirando las manos como si quisiera atrapar la luz que se colaba por la ventana. A ratos balbuceaba palabras sin sentido, y otras veces repetía, orgullosa..
—Feli…
Fantine reía al oírla y le besaba la frente.
—Te va a encantar Deira, pequeña —decía—. Allí todos sabrán que tienes a la mejor hermana mayor del mundo.
Felicity bajaba la mirada, algo avergonzada, y abrazaba un poco más a Florence, sintiendo cómo el calor de sus hermanas la envolvía.
Entre risas, confidencias y silencios cómodos, el carruaje avanzó por el camino. No había preocupaciones en ese momento, solo complicidad, cariño y la sensación profunda de estar juntas, como si el mundo exterior pudiera esperar.
Y así, envueltas en ese pequeño refugio rodante, las hermanas Dagger dejaron atrás Bernicia, llevando consigo no solo baúles y vestidos, sino una historia compartida que seguía creciendo con cada kilómetro del viaje.
... pero me gustaría que colocarán una imagen de él... aún no lo describen del todo... cómo es su cara... falta una imagen