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ÁMAME SIN MEDIDA.

ÁMAME SIN MEDIDA.

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Reencuentro / Triángulo amoroso / Romance
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna stars

Dicen que la venganza sabe dulce al principio, pero que termina dejando un sabor amargo que ni el tiempo puede borrar.
Ella lo creyó culpable de su dolor y dedicó cada latido, cada suspiro, a destruirlo. Pero lo que no imaginó era que al herirlo, también desgarraba el corazón de un hombre que solo deseaba amarla incondicionalmente.
Él, marcado por las sombras de un error que nunca cometió, vio cómo el que creía el amor de su vida se le escapaba de las manos sin poder hacer nada, roto antes de poder florecer.
Pero entonces apareció ella, luminosa, inesperada, distinta. Ella que con su sola presencia lo sacaba de su zona de confort, irritandolo a cada momento. Sin embargo, con una sonrisa era capaz de desarmar a cualquiera provocando que su corazón temblara sin medida.
El destino ya había trazado un camino, pero la venganza lo torció… Ahora, se trazaba uno nuevo en el cual ninguno de los dos estaba dispuesto a perder.

NovelToon tiene autorización de Luna stars para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¡Quédate conmigo... no te sueltes!

La ciudad pasaba en tonos borrosos y luces tenues, mientras el vehículo transitaba por calles que Sofía no reconocía. El reflejo de los faros se deslizaba sobre su rostro, desvaneciéndose con cada curva. A su lado, Maximiliano apenas respiraba; su cabeza descansaba sobre el cristal y su piel se veía pálida, casi translúcida bajo la tenue iluminación del interior del vehículo.

El trayecto se hizo eterno. Los ruidos del motor y el zumbido de los neumáticos se mezclaban con el eco lejano de sirenas que parecían desvanecerse tras ellos. Sofía, entre consciente e inconsciente, intentó levantar la vista para entender hacia dónde iban, pero la visión se le nubló, y solo alcanzó a distinguir un letrero luminoso; Hotel Élysée.

Era un edificio elegante, de fachada impecable, con portones altos y ventanales dorados. Dos hombres vestidos de negro los hicieron bajar del vehículo con rapidez, como si no valieran nada, como si se tratara de algo rutinario para ellos. Nadie en el vestíbulo pareció notar nada fuera de lugar; eran solo dos personas más entre las muchas que cruzaban por aquel lujoso corredor de mármol.

Los dos fueron llevados hasta una habitación amplia, con una cama enorme, cortinas cerradas y un perfume tenue en el aire. Después de dejarlos sobre la cama semidesnudos, la puerta se cerró con un clic dejándolos en la penumbra. Sofía apenas si alcanzó a tocar la mano de Maximiliano, colocándola sobre su pecho. Su voz, casi un suspiro, se quebró entre la neblina que ya la envolvía.

— Quédate conmigo… no te sueltes. — Cerrando finalmente sus ojos.

No sabían cuánto tiempo había pasado. Quizá minutos… quizá horas. El aire olía a encierro, y las voces lejanas se mezclaban con el zumbido eléctrico de una lámpara. Ninguno de los dos podía reaccionar; estaban atrapados en un limbo entre la conciencia y el vacío.

Mientras tanto, lejos de allí, el asistente personal de Maximiliano notó que algo no andaba bien. No era común que su jefe no respondiera llamadas, y mucho menos que el chofer lo buscara, alterado, diciendo que había visto cómo lo subían a un auto desconocido. Intentó seguirlos, pero un par de sujetos le cerraron el paso a la entrada del hotel.

Steffan, amigo leal y hombre de confianza de Maximiliano, encendió todas las alarmas. Él conocía bien los hábitos de su jefe; nunca actuaba de manera impulsiva, mucho menos bajo influencia del alcohol. Por lo que efectivamente algo, sin duda, estaba muy mal.

En cuestión de minutos organizó un pequeño grupo de seguridad privada y se dirigió al lugar que el chofer le había indicado. La tensión crecía a cada kilómetro; la señal del GPS aún mostraba la ubicación activa del teléfono de Maximiliano.

Al llegar, Steffan se topó con la elegante fachada del hotel. Pero no perdió tiempo y con la ayuda de un contacto en el área administrativa, logró acceder a las cámaras y confirmar lo que temía; dos hombres habían llevado a Maximiliano a una habitación del último piso, pero lo que más le sorprendió fue que Sofía estaba con él.

De inmediato, llamó a la policía y alertó a los directivos del hotel. Todo debía hacerse rápido; cada minuto contaba. Cuando finalmente estuvo frente a la puerta, no dudó en derribarla. Fue un golpe fuerte que resonó en el pasillo.

Dentro, el aire era denso, y la habitación estaba en penumbra. Al acercarse pudo ver a Sofía, su cabello como un río oscuro sobre la almohada, y a su lado estaba  Maximiliano, inmóvil.

— Max… — Steffan se acercó con rapidez mientras su voz temblaba. — ¿Puedes oírme?

No hubo respuesta. Solo el silencio y el sonido irregular de la respiración de ambos. Verificó sus pulsos; ambos estaban débiles, pero presentes. Sofía tenía un tono pálido, y Maximiliano sudaba copiosamente, con espasmos leves en las manos. El miedo lo golpeó de lleno, y sin perder más tiempo, llamó una ambulancia.

— ¡Necesito asistencia urgente en el Hotel Élysée, habitación 807! ¡Dos personas inconscientes, signos vitales inestables!

El reloj avanzó con una lentitud insoportable mientras esperaban. Finalmente, los paramédicos irrumpieron y se hicieron cargo, conectando cables, oxígeno y monitores. Steffan los acompañó hasta la clínica más cercana, con el corazón en un puño.

Durante el trayecto, observó a Sofía recostada sobre una camilla. Aunque su rostro estaba pálido, una mueca de dolor se dibujaba entre sus labios, como si su cuerpo luchará por despertar.

Al llegar al hospital, todo fue un caos. Los médicos, enfermeras, y las camillas, eran movidos de un lado al otro, mientras los dos eran ingresados de urgencia.

— ¡Pacientes intoxicados, posible sobredosis combinada! — Gritó un enfermero. — ¡Necesitamos sala de urgencias ya!

La escena parecía sacada de una pesadilla. Los tubos se entrelazaban, las máquinas pitaban, y los nombres se confundían con los ecos de las órdenes médicas.

Horas más tarde, cuando la situación se estabilizó, Steffan fue llamado a declarar. Había hecho todo lo posible, pero aún no comprendía quién podía estar detrás de aquello.

Los padres de Maximiliano fueron informados esa misma noche. La noticia cayó como un balde de agua helada. Su madre, al escuchar el diagnóstico, sintió cómo las piernas le fallaban.

— No puede ser… mi hijo… — Murmuró, temblando.

Su esposo la sostuvo con firmeza, aunque su propio rostro era una máscara de impotencia.

— Haremos que encuentren a los responsables. — Dijo con voz ronca el padre de Maximiliano, mientras pedía a su gente que comenzara una investigación paralela.

Minutos después en la clínica, el médico salió de la sala con un gesto grave.

— Familiares del señor Maximiliano Ferreira. — Ambos padres se acercaron de inmediato.

— El señor Ferreira sufrió una intoxicación severa. — Explicó el doctor. — Al parecer, la mezcla de sustancias fue intencional. Además, su organismo reaccionó con una fuerte alergia. Logramos desintoxicarlo a tiempo, pero debido al tiempo transcurrido sin atención médica… ha entrado en un estado de coma.

El silencio que siguió fue insoportable. La madre de Maximiliano se llevó una mano al pecho, buscando aire mientras las lágrimas comenzaban a nublar su vista, a diferencia de su esposo que permaneció quieto, con la mandíbula apretada. No lloró; su dolor se transformó en rabia contenida.

Sabía que esto no había sido un accidente. Y juró en silencio que descubriría quién había intentado destruir a su hijo…

Afuera, el amanecer comenzaba a teñir de gris el cielo, pero dentro del hospital, las máquinas continuaban pitando, recordándoles que Sofía y Maximiliano aún luchaban por aferrarse a la vida.

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Maria Elena Martinez Lazaro
hay no, que rabia me da que cada vez que van a decir algo importante alguien tiene que abrir la puerta e interrumpir, no puede ser yo también quiero saber que paso con el desalmado de su papá
Maria Elena Martinez Lazaro
Dios mío que incertidumbre quien será esa persona que entró así y a quien llamó Fernanda
Maria Elena Martinez Lazaro
Que bien por Sofía y Maximiliano 👏👏👏que bueno que salió a defender el honor de su furia esposa 🤭🤭. Por favor querida autora Luna no te demores mucho en subir capitulos quedé perdida y me tocó volver a leer de nuevo para poder cogerle el hilo
Maria Elena Martinez Lazaro: gracias y bendiciones
total 1 replies
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente la historieta
Margalenis
la verdad es q no he entendido es nada esto está enredado
Lucenid Perez Quintero
espero nuevos capítulos 🤭🤭
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