Dicen que ten cuidado con lo que desees... ¡Pero yo pedí un trono!, bah, que más da. Y si no fuera poco, resulta que ahora soy un omega puro. La nueva cáscara, que, aunque tenga mi nombre, en realidad era un... ¡Idiota, migajero, sin nada de dignidad! Y para el colmo; un personaje que sería utilizado por el protagonista y luego desechado.
No gracias, arreglaré eso, y mientras tanto me voy a divertir, porque este mundo donde los alfas dominan; no va conmigo, es más, haré que se inclinen a mis pies.
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Epi 9; Jaque
Leonard alzó una ceja, y por un microsegundo, pude jurar que vi una chispa de auténtica sorpresa en sus ojos oscuros. Estaba a punto de abrir esa boca perfecta para soltar alguna frase condescendiente o quizás un cumplido con doble filo, pero el destino —o mejor dicho, el mal gusto de este universo— decidió interrumpirnos.
—¡Leonard, querido! Te he estado buscando por todas partes. No querrás dejar a tu prometido solo en medio de esta gente, ¿verdad?
Apareció como si lo hubieran invocado desde las profundidades de una revista de modas barata. Un Omega que parecía haber sido diseñado en una fábrica de "perfección dócil", con una mirada cargada de un desdén que conocía demasiado bien. Julian, el prometido. Para el anterior Inel, este tipo era el villano principal, el obstáculo insuperable. Habían protagonizado peleas dignas de un reality show de tercera categoría, todo por las migajas de atención de un Alfa que ahora nos miraba a ambos como si fuéramos informes de gastos aburridos.
Julian me barrió con la mirada, deteniéndose un segundo de más en mi esmoquin. Sus ojos ardían con el odio de mil soles al notar que, por primera vez, no estaba vestido como su sombra barata, porque anteriormente mi predecesor le copiaba el estilo porque pensaba que ese era los gustos de Leonard.
—Vaya, Inel. Veo que finalmente has decidido dejar de intentar imitar mi estilo —siseó Julian, aferrándose al brazo de Leonard con una posesividad casi cómica—. Aunque el negro te hace ver... un tanto desesperado por ser tomado en serio.
Leonard no dijo nada. Se limitó a asentir con una cortesía gélida, manteniendo las apariencias ante la élite que nos rodeaba. No le importaba Julian, eso era obvio. Julian era solo una pieza de ajedrez en su tablero de estatus, un accesorio necesario para su imagen de magnate impecable. Me lanzó una última mirada, una que parecía intentar perforar mi cráneo para descubrir qué demonios había cambiado en mi software, antes de dejarse arrastrar por su prometido hacia el centro de la pista.
Me quedé ahí, solo, viendo cómo se alejaban. Solté un suspiro largo y tomé un sorbo de champán.
"¿Ese es? ¿Ese es el gran Leonard Ruiz por el que el anterior dueño de este cuerpo lloraba en su diario?", pensé, sintiendo una punzada de vergüenza ajena por mi predecesor. "Sí, es guapo. Tiene esa mandíbula que podría cortar diamantes y un aroma que haría que cualquier Omega con poco criterio se pusiera de rodillas. Pero, por favor... he visto tipos igual de atractivos en catálogos de ropa interior y con personalidades menos predecibles".
Leonard era el típico Alfa dominante que cree que el mundo es su patio de juegos personal porque nadie le ha dicho nunca "no" de forma convincente. Para él, yo era una conquista fácil o un peón útil. No había nada sorprendente en su técnica, nada que me hiciera temblar las piernas. De hecho, comparado con la intensidad cruda y la lealtad de mercenario que empezaba a ver en Damián, Leonard me parecía... plano. Un villano de manual.
—Qué decepción —murmuré, dejando la copa vacía en la bandeja de un camarero que pasaba—. El 'Rey del Imperio' tiene el carisma de una piedra preciosa: brilla mucho, pero es igual de frío e inútil si no sabes cómo venderlo.
Me alejé del lugar, dándole la espalda a la pareja dorada. Ya había tenido suficiente de Leonard por una noche. Había confirmado que no era un rival intelectual imposible, solo un hombre arrogante con demasiada información a su favor. Información que yo ya estaba empezando a envenenar.
Caminé hacia la terraza, buscando un poco de aire que no estuviera contaminado por el perfume de Julian. Tenía nombres, tenía aliados y tenía el desprecio absoluto de mi círculo social. Todo iba según el plan.
...—🖇️—...
Me escapé de la gala sin despedirme de nadie; el aroma de Leonard a "macho alfa de manual" y el perfume de Julian, que olía a inseguridad y Chanel, ya me estaban dando migraña. Al subirme a mi coche, sentí un placer casi pecaminoso al ver mi reflejo. "Inel, cariño", me dije, "estás desperdiciado en este género de romance barato".
En el trayecto a la oficina secreta, llamé a Damián. Sabía que estaría despierto; los hombres con hambre de venganza no duermen, solo esperan.
—Damián, prepárate —solté en cuanto descolgó—. He visto a la bestia de cerca y, sinceramente, es más ruido que nueces. Leonard Ruiz es predecible porque cree que nadie es lo suficientemente inteligente para no adorarlo. Es el momento de acelerar la fase dos.
—¿Tan pronto? —la voz de Damián sonó ronca a través del altavoz—. Marco todavía no ha hecho su movimiento.
—Marco está esperando a que el cielo se caiga para sacar el paraguas. Yo prefiero derribar el cielo de una vez —respondí, estacionando frente al edificio discreto—. Mañana, mi empresa de ciberseguridad, "Cifra & Sombra", hará su debut. No con un anuncio, sino con un apagón. Vamos a bloquear el acceso de Leonard a la base de datos de los Vargas. Quiero que sienta el pánico de perder su ventaja injusta.
Entré en la oficina y me senté frente a los monitores. Mis dedos volaban sobre el teclado. Era hora de ser el fantasma en la máquina. No iba a destruir a Leonard hoy, eso sería demasiado rápido y poco divertido. Iba a jugar.
"Veamos qué tan 'dominante' te sientes cuando tus cuentas de inversión empiecen a mostrar números rojos y tus ratas no puedan enviarte ni un correo de 'buenos días'", pensé con una sonrisa sádica.
Envié el comando. En la pantalla, una barra de carga se llenó en segundos: Acceso denegado a usuario: L_Ruiz_Admin.
—Jaque.
Lo mejor de todo era que, mientras Leonard se volvía loco buscando al culpable, Marco recibiría una notificación de seguridad "anónima" diciendo que su sistema había sido protegido de un ataque externo por una firma desconocida. Me convertiría en el salvador de mi hermano sin que él supiera que yo era quien sostenía la espada.
inel es simplemente inel