Me obligaron a casarme con un hombre que no amaba, ni el a mi. En el camino aprendi a vivir como la esposa del segundo principe de Cassttle, resignada a morir como la princesa despreciada.
Hasta que llego el. Estaba segura que no volveria a verlo nunca y ahora resulta que esta aqui y que es el hermano mayor de mi esposo. El principe heredero.
Amarlo de la manera en que lo hacía era un pecado, uno dificil de no cometer, controlar el deseo que sentia por el, era una guerra que irremediablemente habia perdido, fue imposible no caer en su juego... de Seducción
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9. Trampa
Mis días de reclusión habían acabado, no había visto Alejandro desde aquel día en mi habitación y lo agradecía. Me sentía culpable por estar deseando al hermano de mi esposo. Aunque no amaba a mi esposo no estaba bien lo que estaba haciendo. Desearlo de la manera en que lo hacía, no estaba bien.
Era verdad aquello de que las tentaciones son difíciles de ignorar. Es dificil negarse y no caer en pecado, cuando la tentación llama a tu puerta, portando ojos dulces y palabras envolventes. Era una invitación a caer en un abismo, que Aunque estaba mal, se sentía tan placentero.
Ni siquiera había podido dormir mas de tres horas en estos días. Los recuerdo de aquella noche me perseguían, sus manos en mi cuerpo, sus labios en los mios, la magnificencia de su presencia. La forma en que me sostenía en sus brazos. Recordar era una tortura. Porque me hacia desear mas que solo un beso.
— Buenos dias, Alteza, la estan esperando para desayunar en el comedor.
— Muchas gracias Luna, ya voy para alla.
Sali de mi habitación directo al comedor, se escuchaban muchas voces dentro, que se apagaron cuando las puertas se abrieron y se dio el anuncio.
— Viene entrando la segunda princesa del imperio de Cassttle, Lady Alicia Louis de Xion.
Camine a paso lento hasta llegar hacia ellos, me lleve la sorpresa de que estabamos acompañados, habían dos jovenes y una jovencita que no conocia en la mesa.
Todos los caballeros de la mesa se levantaron siguiendo protocolo.
— Buenos días Familia, Esposo, Padre, Madre Hermanas, Alteza. —
Hice una reverencia y camine a sentarme, solo quedaba un puesto al lado de uno de los jovenes. Sus ojos se quedaron en los mios, abrio la silla con torpeza invitándome a sentarme.
— Esposa — Remus interrumpió — Ven aqui, ese no es tu lugar. Patricia siéntate tu alla
Mi hermana puso mala cara y se levantó. Camine hacia Remus y me sente a su lado.
— Ya que estamos todos podemos comenzar a comer.
Comenzaron a servir la comida, mi mirada se desvío a Alejandro, estaba hablando tan a gusto con aquella joven. Parecían intimos y eso... Despertaba un incomodidad en mi interior. Y como si sintiera mi mirada, volteo a verme, sus ojos escanearon mi rostro y bajaron a mi escote descaradamente. La mirada de la joven se poso en mi.
— Alteza, es un gusto conocerla, Me llamo Renata Gust soy hija del Conde Gust.
Su mirada despectiva no me sorprendió. La familia Gust y la familia Louis tenian tierras que desde hace años estaban en disputa, eran nuestros vecinos, nunca los habia visto, desde que me converti en candidata para princesa no hacia más que estudiar y en mis tiempos libres lo menos que quería era pasar tiempo con nadie.
— Es un gusto Lady Gust — sonrei educada.
— Se habla mucho de su matrimonio en el imperio, Alteza.
— Lo se — respondi, sin quitar mi sonrisa.
Era un comentario con malas intenciones, esta serpiente venenosa creía que podía perturbarme. Me importaba muy poco lo que los nobles del imperio hablaban sobre mi fallido matrimonio.
La comida siguió, todos hablaban entre si y yo solo me concentraba en mi comida como siempre. Cuando al fin termino la comida me levante para retirarme, iba por el pasillo caminando hacia mi residencia y aquel chico me interrumpió.
— Alteza, disculpe no nos presentaron. Soy Demian Gust, heredero del condado Gust, es un gusto conocerla.
Yo solo hice una reverencia y salude — Es un gusto conocerlo Lord Gust, como ya sabe soy la segunda princesa Alicia Louis de Xion.
El tomo mi mano y la beso, sus ojos se posaron en los míos con equivocadas intenciones. Aleje mi mano de la suya.
— Fue un gusto conocerlo, ahora me retiro. Que tenga buena tarde, mi lord.
Me di la vuelta y segui a mis aposentos.
— Clara, que preparen mi carruaje, hoy saldremos de compras.
— Enseguida, Alteza.
Fui a mi habitación y opte por una ropa mas comoda, me cambie y sali a la entrada del palacio, cuando iba a subirme en el carruaje una mano tomo la mia para ayudarme a subir, voltee y ahi estaba el. Alejandro.
— Buenos días, alteza, gracias por su ayuda, pero podía subir sola — respondí seco.
No queria tenerlo cerca.
— Me gustaría acompañarla en su viaje, tambien voy de salida.
— Pero... — respondi con rapidez — Alteza, no me parece correcto que el principe heredero viaje en un carruaje como este.
— Oh no se preocupe he estado en peores — respondio, restandole importancia.
Él se subió y ordeno que arrancaran.
¿Acaso no entendia que no queria compartir mi carruaje con el?
— ¿Sigue molesta conmigo princesa?
— Nunca dije que lo estuviera.
— Bueno, aquella noche en su habitación...
— Silencio por favor — respondi callando sus palabras — Le agradecería que no volviera a tocar este tema, olvidemos y hagamos como que nunca paso, es lo correcto.
El se inclino hacia adelante, aquellos ojos como esmeraldas se clavaron en mi — ¿Olvidarlo? ¿Crees que puedo olvidarlo, Alicia? He estado recordando cada dia. Reviviendo ese momento. El sabor de tus labios, la suavidad de tu piel. No he podido dormir siquiera, mi mente esta llena de ti. Te has apoderado por completo de mis pensamientos. No he dejado de pensar en que hubiera sucedido si no nos hubiéramos detenido..
¡Que calor!
Inevitablemente, comencé a abanicar mi rostro con mi mano
— No hubiera pasado nada, alteza, nada debía pasar, soy una mujer casada y usted un hombre enamorado.
El bufo — ¿Vas a seguir con eso Alicia? Ni siquiera sabes quien es la mujer que amo.
¡Que descaro!
— Tampoco quiero saberlo — respondi volteando mi mirada — Asi que le pido que no siga con esto.
— Voy a seguir, Alicia — replico, su mano tomo la mia, voltee, nuestras miradas se encontraron y entonces el susurro, como una dulce confesion — Te deseo Alicia, como nunca habia deseado a nadie.
Aquella confesión había logrado erizar mi piel. Yo también lo deseaba como nunca había deseado a nadie, pero esto no estaba bien.
Mi mano se retiro de la suya y voltee a ver por la ventana.
— Lo que dice no puede ser cierto ya que usted tiene sentimientos mucho más fuertes hacia aquella mujer que quiere hacer su esposa. Hacerle esto no es digno de un caballero, Alteza.
— ¡¿Por que eres tan terca?! — replico — ¿Quieres saber quién es esa mujer? Te lo dire...
En ese momento el carruaje se detuvo y el cochero aviso que habíamos llegado.
— No quiero saberlo alteza, le agradecería que dejemos todo como esta.
La puerta se abrio y baje con rapidez, escapando de el. Iba a entrar a la boutique cuando lo senti tomar mi mano.
— Alicia...
— Alteza, por favor, tengamos esta conversación otro dia, estamos en publico y no quiero más habladurias sobre mí en el imperio — susurre.
El solto mi mano y se inclino hacia mi, susurrando en mi oido — Tendremos esta conversación hoy mismo, nos vemos en tu habitación esta noche.
El dio la vuelta y se fue. Dejandome con la palabra en la boca, queria gritarle que no era bienvenido en mi habitación, pero definitivamente no haria tal escandalo en publico.
Entramos a la boutique y comenzamos a ver ropas, no me interesaba perder el tiempo comprando ropa, pero este sería el primer paso para dejar en ridículo a mi inútil esposo.
Escuchaba a las damas susurrando, lanzando miradas furtivas, sabía que cuchicheaban de mí.
Comencé a pedir ropas y accesorios al azar, los mas caros que conseguía. Fuimos pasando de tienda en tienda comprando miles de cosas innecesarias. Cuando al fin terminamos las compras, volvimos al palacio, como ya lo esperaba mientras bajaban las cosas mis hermanas se acercaron.
— ¿Malgastando el dinero del imperio, hermana?
— Oh no, claro que no. Mi querido esposo me ha dado de sus ganancias y me ha dicho que comprara todo lo que quisiera, que quiere verme hermosa todos los dias ¿Acaso no les dijo lo mismo a ustedes? — pregunte con inocencia.
Sus ceños se fruncieron en molestia y confusion, pero como siempre quieren ganar en todo, cavaron su propia tumba.
— Oh claro si, su alteza nos ha dicho que compremos todo lo que queramos, pero preferimos hacerlo mañana, estábamos ocupadas complaciendo a nuestro esposo — respondio altiva.
— Eso me alegra que este siempre bien complacido para que no siga queriendo venir a ocupar un puesto en mi cama que nunca sera para el.
— Ahora te dedicas a inventar chismes. El principe nunca querrá nada contigo.
— Que bueno, eso me hace bastante feliz — respondí sonriente — Con su permiso señoritas, tengo mucha prendas y joyas que acomodar en mi habitación, talvez tenga que mandar a remodelar mi armario — dije con fingida emocion.
Me aleje por el pasillo con una sonrisa de victoria en los labios. Ellas se encargarían de terminar lo que empecé