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Me Casé Con El Príncipe Maldito Para Escapar Del Heredero

Me Casé Con El Príncipe Maldito Para Escapar Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor en la guerra / Bestia / Romance
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Darcalie

Faltaban veintitrés días para mi boda cuando descubrí que el príncipe Cassiel planeaba matarme después de convertirse en emperador.

Esa misma noche, mi padre apareció muerto.

Solo tenía una forma de escapar de mi prometido: casarme con su hermano mayor.

Killian, el príncipe maldito que todo el Imperio temía.

Creí que estaba eligiendo al menor de dos monstruos.

Hasta que llegué al Norte y miles de soldados se arrodillaron ante mi esposo.

—Bienvenido a casa, mi rey.

Entonces se arrodillaron ante mí.

—Bienvenida, mi reina.

NovelToon tiene autorización de Darcalie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: ¿Qué eres?

A la mañana siguiente descubrí que Morvath había decidido seguirme, y no precisamente de manera metafórica. Cuando abrí la puerta de mi habitación, me encontré con el gigantesco lobo negro tendido en medio del corredor, como si hubiera decidido convertir aquel lugar en su territorio personal. Me quedé inmóvil, todavía con una mano sobre el picaporte, mientras Morvath levantaba lentamente la cabeza y me observaba con una tranquilidad que, por alguna razón, me resultó mucho más inquietante que cualquier gruñido.

—Buenos días.

Sus orejas se movieron ligeramente, y preferí interpretarlo como una buena señal. Definitivamente era mejor que un gruñido. Salí con cuidado y cerré la puerta detrás de mí, intentando no hacer ruido, pero el lobo se incorporó de inmediato y clavó los ojos en mí.

—No tienes que venir conmigo.

Morvath comenzó a caminar detrás de mí.

—Perfecto.

Los sirvientes reaccionaron de maneras bastante interesantes. Una doncella dejó caer la bandeja que llevaba en las manos y se quedó mirando a Morvath como si acabara de encontrarse con la mismísima muerte. Un hombre se pegó tanto a la pared que, por un momento, pensé que intentaba convertirse en parte de ella. Otro ni siquiera se molestó en averiguar qué estaba pasando; dio media vuelta y desapareció por el corredor con una dignidad admirable para alguien que claramente estaba huyendo.

—Empiezo a sospechar que no haces esto normalmente.

Morvath siguió avanzando.

Encontré a Killian en el comedor, hablando con Ronan cuando entré. Bueno, técnicamente cuando entramos, porque Morvath venía detrás de mí con la tranquilidad de quien ya consideraba el castillo su nueva residencia.

Ronan dejó de hablar en cuanto nos vio.

Killian, en cambio, cerró los ojos durante un instante, como si estuviera reuniendo toda la paciencia que le quedaba antes de preguntarme por qué demonios había llevado un lobo gigantesco al comedor.

—No.

Me detuve.

—¿No qué?

Señaló detrás de mí.

—Eso.

Miré a Morvath.

—No sé cómo devolverlo.

Ronan soltó una carcajada.

Killian lo fulminó con la mirada.

—Fuera.

—Mi rey...

—Ronan.

—Sí. Por supuesto.

Ronan abandonó el comedor todavía sonriendo.

Volví a mirar a Killian.

—Otra vez.

—¿Qué?

—Lo llamó rey.

—Tenemos problemas más importantes.

Morvath se acomodó junto a mi silla.

—Está evitando la pregunta.

—Y tú estás siendo perseguida por una criatura ancestral que podría devorar a un caballo entero.

Miré al lobo.

—Parece bastante tranquilo.

—Ese es exactamente el problema.

Killian se sentó frente a mí.

Había documentos distribuidos sobre la mesa.

Reconocí algunos.

Pertenecían a mi padre.

—Prometió hablarme de mamá.

El humor desapareció de la habitación. Killian empujó una carpeta hacia mí y esperó a que la abriera antes de hablar.

—Helena Aster estuvo en Vhalen.

Sentí que algo se hundía dentro de mi estómago.

—¿Durante la masacre?

—Antes.

Abrí la carpeta. Dentro había cartas, mapas y una lista de nombres que reconocí a medias. Pasé los dedos por uno de los documentos mientras Killian continuaba.

—Oficialmente, tu madre murió siete años después de Vhalen.

—De una fiebre.

—Eso es lo que dice el informe.

Levanté la mirada.

Killian me observaba con una seriedad que no dejaba espacio para dudas.

—No creo que fuera una fiebre.

No debería haberme sorprendido. Aun así, escucharlo en voz alta dolió más de lo que esperaba.

—Entonces, ¿qué cree?

—Que alguien la silenció.

Mis dedos se cerraron alrededor de una de las cartas.

—¿Cassiel?

—Tenía diecisiete años cuando murió tu madre. Es posible que supiera algo, pero dudo que pudiera organizar su muerte por sí solo.

—Entonces fue mi tío.

Killian sostuvo mi mirada durante unos segundos antes de responder.

—El emperador.

Todavía me resultaba extraño escucharlo hablar de su propio padre de aquella manera.

—¿Por qué querría matar a mi madre?

Killian señaló los documentos que tenía delante.

—Porque Helena descubrió algo en Vhalen.

Me obligué a respirar despacio.

—¿Qué ocurrió realmente allí?

Killian se reclinó en su silla y guardó silencio durante unos segundos, como si estuviera decidiendo cuánto podía contarme sin abrir una herida que llevaba años intentando mantener cerrada.

Finalmente, habló.

—Me enviaron a Vhalen cuando tenía dieciocho años. Había rumores sobre magia prohibida en las montañas y varias patrullas habían desaparecido.

—Y murieron cuarenta soldados.

—Cuarenta y tres.

La corrección salió de sus labios con una calma que me resultó mucho más inquietante que cualquier muestra de emoción.

Entonces recordé las marcas apenas visibles que asomaban junto al cuello de su camisa.

—¿Qué pasó con ellos?

—Cuando llegamos, encontramos un santuario. Mis hombres comenzaron a morir esa misma noche. La versión oficial afirma que intenté realizar un ritual y perdí el control.

Lo miré fijamente.

—¿Y la verdad?

Killian bajó la mirada hacia sus manos antes de responder.

—El ritual ya había comenzado cuando llegamos.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

—¿Quién lo hizo?

—Eso llevo doce años intentando descubrir.

Antes de que pudiera preguntar algo más, Morvath levantó la cabeza desde su lugar junto a la pared. Killian siguió su mirada y permaneció unos segundos observando al lobo.

—Despertó aquella noche.

Volví los ojos hacia él.

—¿Morvath?

—Mi familia ha estado vinculada a él durante generaciones, pero el vínculo llevaba décadas dormido. En Vhalen, algo lo obligó a despertar dentro de mí.

Miré al gigantesco lobo negro. Hasta ese momento había conseguido convencerme de que, a pesar de su tamaño y su aspecto intimidante, no era más que un animal extraño al que había terminado siguiendo.

Ahora ya no estaba tan segura.

—¿Y mi madre?

Killian tomó una de las cartas de la carpeta y la examinó antes de responder.

—Llegó a Vhalen tres semanas antes que nosotros.

—¿Por qué?

—No lo sé.

La respuesta me dejó más preguntas que antes.

Recordé lo ocurrido el día anterior y levanté la mirada.

—Ayer Morvath me mostró algo.

Killian frunció ligeramente el ceño.

—Eso tampoco debería ser posible.

—Parece que últimamente hago muchas cosas imposibles.

Esta vez tampoco sonrió.

Se levantó de la silla y se acercó hasta quedar frente a mí.

—Dame tu mano.

Lo miré con desconfianza.

—¿Para qué?

—Quiero comprobar algo.

No me gustaba cómo sonaba aquello, pero terminé extendiendo la mano. Killian tomó mis dedos y, en cuanto su piel tocó la mía, una corriente helada recorrió mi brazo.

Las marcas negras aparecieron bajo su mandíbula.

Retiré la mano de inmediato.

—Eso.

Killian se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Cada vez que lo toco ocurre algo.

Bajó la mirada hacia las marcas.

—Lo sé.

—Ayer desaparecieron.

—También lo sé.

Lo miré, cada vez más exasperada.

—Entonces deje de responder como si todo esto fuera perfectamente normal.

Killian levantó los ojos hacia mí. Por primera vez desde que había comenzado a contarme lo ocurrido en Vhalen, su expresión perdió aquella calma contenida.

Se inclinó ligeramente hacia mí y habló en voz baja.

—Créeme, Alamea. Nada de esto es normal.

Sus ojos bajaron hacia mi mano.

—Cuando Morvath despertó, estas marcas aparecieron por primera vez. Desde entonces no han dejado de extenderse.

Miré las manchas oscuras que desaparecían bajo el cuello de su camisa.

—¿Qué ocurrirá cuando lleguen al corazón?

Killian guardó silencio.

No necesitaba que respondiera.

—Killian.

—Moriré.

La palabra cayó entre nosotros con una tranquilidad insoportable.

Tragué saliva.

—¿Cuándo?

—No lo sé.

—¿Meses?

—Probablemente no.

—¿Años?

Killian sostuvo mi mirada.

—Si tengo suerte.

Me quedé observándolo. Llevábamos casados apenas dos días y acababa de descubrir que mi esposo tenía una fecha de caducidad que nadie se había molestado en mencionar.

—Debería haber mencionado eso antes de la boda.

Una sonrisa cansada apareció en sus labios.

—¿Habría cambiado tu respuesta?

Pensé en Cassiel, en la razón por la que había aceptado aquella boda y en todo lo que había dejado atrás para llegar hasta allí.

—Probablemente no.

—Entonces nos ahorramos una conversación incómoda.

Quise enfadarme con él, pero algo en las marcas volvió a llamar mi atención. Seguían visibles bajo su piel.

Sin pensarlo demasiado, extendí nuevamente la mano.

Killian frunció el ceño.

—¿Qué haces?

—Quédese quieto.

Apoyé los dedos sobre su muñeca. La misma sensación helada que había sentido antes recorrió mi piel, pero esta vez no retiré la mano. Cerré los ojos y me concentré.

Algo comenzó a moverse dentro de mí.

No era dolor.

Era calor.

Una corriente cálida nació en mi pecho y descendió por mi brazo hasta alcanzar las puntas de mis dedos. Entonces, alrededor de mi mano, apareció un resplandor plateado.

Killian contuvo la respiración.

Las marcas bajo su piel comenzaron a retroceder.

Las observé desaparecer lentamente, alejándose de su clavícula hasta quedar ocultas bajo la camisa.

Aparté la mano y el resplandor se extinguió.

Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada.

Morvath se puso de pie y se acercó, como si también hubiera sentido el cambio.

Killian abrió el cuello de su camisa y examinó su piel.

Las marcas que antes habían alcanzado su clavícula habían retrocedido varios centímetros.

—Eso nunca había ocurrido —murmuró.

Lo miré.

—¿Nunca?

Killian negó lentamente con la cabeza.

—Nunca.

Morvath se acercó y olfateó mi mano antes de sentarse tranquilamente a mi lado. Killian, en cambio, llevaba varios segundos observándome de una manera que empezaba a ponerme nerviosa.

—No me mire así.

—¿Cómo?

—Como si estuviera considerando abrirme para descubrir qué tengo dentro.

Una leve sonrisa apareció en sus labios.

—Todavía no lo descarto.

—Killian.

Esta vez sonrió de verdad, aunque la expresión desapareció casi de inmediato.

—Necesitamos regresar al Norte.

Parpadeé, sorprendida por el cambio repentino.

—¿Qué?

—Aquí no puedo investigar esto.

—Mi padre acaba de morir. La Casa Aster...

—Está siendo vigilada por mis hombres.

—Cassiel...

—Es precisamente otra razón para marcharnos.

Se acercó a la ventana y observó el exterior antes de continuar.

—En el Norte existen registros sobre Morvath que la familia imperial nunca tuvo. Textos anteriores al Imperio. Si existe alguna explicación sobre lo que eres, estará allí.

La última frase me hizo fruncir el ceño.

—¿Sobre lo que soy?

Killian se volvió hacia mí.

—Morvath no se arrodilla ante los humanos.

—Usted es humano.

—Morvath no se arrodilla ante mí.

Aquello me dejó sin respuesta durante unos segundos.

—Tal vez simplemente le agrado.

Killian miró al lobo.

—Morvath ha intentado arrancarle la cabeza a tres de mis generales.

Miré a Morvath.

—Quizá ellos no le agradaban.

—Uno de ellos lo alimentó durante cuatro años.

Volví a mirar al lobo.

—Desagradecido.

Como si hubiera entendido la conversación, Morvath apoyó tranquilamente la cabeza contra mi pierna.

Killian pareció cada vez menos convencido de que aquello fuera una buena señal.

—Partiremos mañana.

—¿Mañana?

—El viaje tardará varios días.

Recordé algo y mi expresión cambió.

—¿Y el funeral de mi padre?

Su mirada se suavizó.

—Después del funeral.

Asentí. No pensaba abandonar Veridian sin despedirme de él.

Killian recogió los documentos y volvió a guardarlos en la carpeta.

—Hay algo más.

—Naturalmente.

A esas alturas, habría sido extraño recibir una buena noticia.

—El hombre que te atacó habló.

Sentí que todo mi cuerpo se tensaba.

—¿Quién lo contrató?

—No conocía su identidad, pero recibió instrucciones de buscar cualquier documento relacionado con Helena Aster y Vhalen.

—Entonces quien mató a mi padre sabe que todavía existen pruebas.

—Sí.

—Y sabe que yo puedo encontrarlas.

Killian sostuvo mi mirada.

—También.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

—Por eso quiere llevarme al Norte.

—Es una de las razones.

—¿Cuál es la otra?

Sus ojos descendieron hacia Morvath. El enorme lobo seguía tranquilamente junto a mis piernas, como si aquella conversación no tuviera absolutamente nada que ver con él.

Killian tardó unos segundos en responder.

—Anoche ocurrió algo que ningún Valtheris ha visto en casi cuatrocientos años.

Lo miré con atención.

—¿Qué?

—Morvath eligió a alguien.

Bajé la mirada hacia el lobo.

—¿Me eligió para qué?

Killian me sostuvo la mirada.

—Eso es lo que vamos a descubrir.

Morvath abrió los ojos.

Durante un instante juraría que escuché algo dentro de mi cabeza.

Una palabra.

Débil.

Lejana.

Pero perfectamente clara.

Guardiana.

Dejé caer la taza que sostenía.

Killian se volvió inmediatamente hacia mí.

—¿Qué ocurrió?

Miré a Morvath.

El lobo me observaba.

—Nada.

Mentí.

Porque después de pasar dos días exigiendo respuestas a todo el mundo, acababa de descubrir algo bastante incómodo.

Tal vez yo también tenía secretos.

Solo que todavía no sabía cuáles eran.

1
Maria Arias
hay que bueno jajajsj 🤭
Maria Arias
hay me morí con estos par de locos
Maria Arias
hay Dios esto está es bueno. tiene mucho suspenso
Maria Arias
que desgraciado
Flæka Caviedez
Mucha demora para un capítulo. así no aguanta leer
Mayelin Cepero Valdes
x favor actualizar rápido
inuyasha/ Tomoe🦊
más capítulos plis no dejes de escribir lo espero con ansias 🫠
Maria Liendo
más capitulos por favor 😁 está muy buena la novela sigue así
Arely Castañeda
maldito Cassiel como que apropiación ilegal si ella es la heredera
Darcalie: LO ODIO CON TODO MI CORAZÓN 😭
total 1 replies
Iliana Curiel
oh dios mío autora me encanta tu novela no puedo esperar a leer más capítulos soy tu fan ❤️❤️❤️❤️
Iliana Curiel
autora estoy fascinada con tu novela me encanta, no tengo palabras estoy ansiosa por más capítulos
gracias me dejas sin palabras, hermosa y misteriosa historia ❤️❤️❤️🥰🥰🥰
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Nooo, que feooo /Sob/
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