"El arrepentimiento llega cuando el silencio comienza."
Vera y Nadia Smirnov siempre fueron las sombras de los gemelos Vane, hasta que escucharon lo que ellos realmente pensaban: que eran solo unas "chiquillas malcriadas" y un "estorbo" en sus vidas.
Ahora, las gemelas han decidido darles lo que pidieron: ausencia total.
En medio de la boda de Aria y Ethan, Evans y Edans Vane descubren que el poder y la tecnología no sirven de nada contra el hielo de las mujeres que despreciaron. Mientras ellos se desesperan por recuperar su atención, se enfrentan a un obstáculo mayor: la furia de sus padres, Killian y Damián, quienes no perdonarán que hayan roto el corazón de sus niñas.
En esta guerra de egos y orgullo, los enemigos son ellos mismos. ¿Podrán los gemelos Vane convencer a las Smirnov de que ya no son un juego, o las perdieron para siempre?
cuarta parte
_mis hijos hackearon al CEO
_heredero del Pecado
_Dinastía del Leon y la luna
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Capitulo 8
El salón principal de la villa en Cerdeña parecía una sala de interrogatorios de alta seguridad. Las pesadas cortinas de terciopelo estaban cerradas, y la única luz provenía de las lámparas de cristal que proyectaban sombras alargadas sobre las paredes de piedra. Damián Smirnov estaba sentado tras un escritorio de caoba, con una calma que helaba la sangre. A su lado, Killian Vane permanecía de pie, con los brazos cruzados, observando a sus hijos con una decepción que pesaba más que cualquier condena.
Frente a ellos, Evans y Edans mantenían una postura rígida, con la esperanza brillando en sus ojos. Evans todavía sostenía la mano de Vera, mientras Edans buscaba desesperadamente la mirada de Nadia.
—Han causado un caos innecesario —empezó Damián, su voz baja y rasposa—. Han arriesgado rutas comerciales, han hackeado sistemas internacionales y han desobedecido órdenes directas por lo que ustedes llaman "amor", pero que yo llamo obsesión inmadura.
Evans dio un paso al frente, apretando el agarre en la mano de Vera.
—Estamos aquí para arreglarlo, Damián. He renunciado a todo por ella. Estoy listo para formalizar nuestra unión. Si lo que quieres es una alianza definitiva, casémonos. Evans y Vera, Edans y Nadia. Se acaba la incertidumbre.
Una pequeña sonrisa triunfante se dibujó en los labios de los gemelos Vane. Creían que, al final del día, el negocio de la mafia ganaría y los padres aceptarían la boda como la solución lógica para mantener la paz.
Damián soltó una risa seca, un sonido carente de alegría que hizo que la sonrisa de Evans se congelara.
—Tienes razón en algo, Evans —dijo Damián, poniéndose de pie con una elegancia depredadora—. La incertidumbre se acaba hoy. Es necesario que mis hijas se casen para asegurar el futuro de los Smirnov y fortalecer nuestros lazos con Europa. De hecho, ya he seleccionado a sus prometidos.
Los gemelos Vane ensancharon su sonrisa, preparándose para el anuncio. Edans incluso asintió hacia su padre, creyendo que Killian ya lo había pactado todo.
—Me alegra que estén de acuerdo —continuó Damián, mirando fijamente a sus hijas—. Vera, te casarás con el Conde Lorenzo di Medici. Su familia controla los puertos del Mediterráneo. Nadia, tú te unirás a la casa de los Cavalcanti en Milán. Los contratos ya están redactados.
El silencio que siguió fue absoluto. Fue como si el aire hubiera sido succionado de la habitación. La sonrisa de Evans y Edans se borró tan rápido que sus rostros quedaron transformados en máscaras de puro horror.
—¿Qué... qué estás diciendo? —susurró Evans, su voz temblando por primera vez—. Lorenzo... ¿el tipo del bar? ¡Es un idiota! ¡Damián, esto es una broma!
—No es una broma —intervino Killian, su voz fría como el acero—. Ustedes perdieron su derecho a reclamarlas el día que las llamaron estorbos en esa oficina. Damián tiene razón. Necesitamos aliados estables, no hombres que actúan por impulsos cuando el orgullo les pica.
Vera sintió un nudo en la garganta. Miró a Evans, quien la observaba con una súplica silenciosa, sus ojos gritando que ella se negara, que peleara por ellos. Pero entonces, el recuerdo de la humillación en Nueva York volvió a su mente. Recordó cómo él la había despreciado, cómo la había llamado "chiquilla malcriada".
—¿Y qué dicen ellas? —preguntó Edans, con la voz rota, mirando a Nadia—. ¡Nadia, diles que no! ¡Diles que no puedes casarte con un extraño!
Nadia miró a Edans. Vio el dolor en su rostro y, por un segundo, quiso correr hacia él. Pero su orgullo era más fuerte. Su orgullo era una armadura de hielo que los gemelos Vane habían ayudado a forjar.
—Si mi padre cree que es lo mejor para la familia... —empezó Nadia, su voz firme a pesar del temblor en sus manos—, acepto. Prefiero casarme con un hombre que me vea como una mujer valiosa que con alguien que me considere una molestia en su agenda de trabajo.
Evans se giró hacia Vera, desesperado.
—Vera, por favor... No hagas esto. Sabes que te amo. ¡He renunciado a mi herencia por venir aquí!
Vera soltó su mano lentamente, sintiendo el frío del vacío.
—Tu sacrificio llega tarde, Evans. Renunciaste a tu herencia cuando ya no tenías nada que perder. Yo voy a hacer lo que tú no supiste hacer: poner a la familia por delante de mis caprichos. Acepto el compromiso con Lorenzo. Al menos él sabe cómo tratar a una dama sin necesidad de hackear su vida.
Evans sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. El hombre que siempre tenía un plan B, el arquitecto de la red, el guerrero de la Dinastía, estaba siendo derrotado por dos palabras de la mujer que amaba.
—¡NO! —rugió Evans, intentando abalanzarse hacia Damián, pero los guardias de la Smirnov se interpusieron de inmediato—. ¡No puedes obligarlas! ¡Vera, mírame! ¡No lo hagas por despecho!
—No es despecho, Evans —respondió Vera, caminando hacia su padre sin mirar atrás—. Es dignidad. Algo que tú no nos permitiste tener.
Damián miró a los gemelos Vane con una frialdad absoluta.
—La reunión ha terminado. Killian, llévate a tus hijos de regreso a Nueva York. Tienen mucho trabajo que hacer para recuperar su honor. Mis hijas se quedan aquí para preparar sus bodas europeas.
Mientras los hombres de Killian escoltaban a Evans y Edans fuera de la villa, los gemelos sentían que sus vidas se habían convertido en cenizas. Estaban siendo arrastrados hacia el jet, lejos de las mujeres que eran su aire.
—Se acabó, Evans —susurró Edans, derrumbándose en el asiento del coche—. Las perdimos. Ellas aceptaron... realmente aceptaron.
Evans miró hacia la villa, que se alejaba en la distancia. Sus ojos ya no estaban llenos de lágrimas, sino de una oscuridad nueva, una furia gélida que prometía una tormenta sin precedentes.
—No se ha acabado, Edans —dijo Evans, su voz bajando a un susurro que hizo que incluso los guardias se estremecieran—. Ellas creen que el orgullo las salvará. Mi padre cree que me ha dado una lección. Pero no voy a permitir que ningún conde toque lo que es mío. Si tengo que destruir a los Medici, a los Cavalcanti y a mi propia Dinastía para detener esas bodas, lo haré.
Evans apretó los puños hasta que sus uñas se clavaron en sus palmas.
—Si quieren guerra, tendrán guerra. Pero Vera y Nadia Smirnov nunca llegarán al altar con otros hombres. Aunque tenga que secuestrarlas frente a toda Europa.
En la villa, Vera y Nadia lloraban en silencio en sus habitaciones separadas, sosteniendo sus contratos matrimoniales como si fueran sentencias de muerte, mientras en el horizonte, el jet de los Vane despegaba, marcando el inicio de la era más oscura de la Alianza.
Espero que el orgullo de las gemelas no sea tan drástico
Ellos se equivocaron pero ellas están siendo demasiado duras 🤦🤦😅