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Lo Que El Poder No Pudo Comprar

Lo Que El Poder No Pudo Comprar

Status: En proceso
Genre:Romance / Mafia / Posesivo
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Darling.LADK

En una gala impecable, donde todo está cuidadosamente controlado, Amalia Vélez observa en silencio desde el anonimato, como siempre: presente, pero invisible.

Todo transcurre según lo planeado... hasta que él aparece.

Vladímir Alekséi Morán.

Su presencia no altera el ambiente de forma evidente, pero sí lo tensiona. Es un hombre que no necesita moverse ni hablar para dominar el espacio. Y cuando sus miradas se cruzan, no hay sorpresa ni curiosidad... sino reconocimiento.

Un instante silencioso, cargado de peligro.

Ella se aparta primero, como dicta su mundo. Pero sabe que él no es un hombre cualquiera... y que esa noche no terminará igual.

Desde la perspectiva de Vlad, ella no debería ser distinta al resto. Una mujer más, elegante pero irrelevante. Sin embargo, algo en ella no encaja: no busca atención, no reacciona, no quiere nada de él.

Y eso la vuelve imposible de ignorar.

NovelToon tiene autorización de Darling.LADK para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

11_Preparativos

Amalia no estaba en el hotel.

Nunca lo estaría.

No para preparar.

No para planear.

Eso... lo hacía antes.

Mucho antes.

El salón frente a ella no era real.

Pero era exacto.

Un holograma a escala perfecta del espacio donde se llevaría a cabo la gala.

Cada mesa.

Cada entrada.

Cada punto ciego.

Cada ángulo de visión.

Todo proyectado sobre la mesa central de mármol.

Perfecto.

Controlable.

Predecible.

Amalia observaba en silencio.

De pie.

Manos relajadas.

Mirada fría.

Iván estaba a su lado.

Tablet en mano.

-Lista preliminar de invitados confirmada.

Amalia no miró la pantalla.

Sus ojos seguían en el holograma.

-Filtra.

Pausa.

-Quiero los que no encajan.

Iván asintió.

-Seguridad prevista en doble anillo.

Amalia movió apenas la mano.

El holograma respondió.

Una entrada lateral se iluminó.

-No es suficiente.

Silencio breve.

-Tripliquen accesos secundarios.

Iván anotó.

-Se lo paso al secretario.

-Hazlo.

Abajo, en el mundo real...

el secretario recibía las órdenes.

-Cambio de protocolo -indicó con firmeza-. Refuercen accesos secundarios.

-Revisión completa del personal.

-Ahora.

Nadie cuestionó.

Nadie preguntó.

Solo ejecutaron.

Porque no sabían quién decidía.

Pero sí sabían...

que no fallaba.

Amalia rodeó lentamente la proyección.

Observando desde todos los ángulos.

-Cámaras.

Iván respondió de inmediato.

-Cubriendo el noventa por ciento.

-Quiero el cien.

Pausa.

-Incluso donde no debería haber.

Eso significaba una sola cosa.

Control absoluto.

-Entendido.

Amalia se detuvo.

Mirando el centro del salón holográfico.

Vacío.

Por ahora.

-Esta gala...

Pausa.

-no es un evento.

Iván levantó la mirada.

-Es un escenario.

Silencio.

-Y alguien puede aparecer.

No por invitación.

Por interés.

Iván no preguntó.

-Entonces vendrá.

Amalia no respondió.

Pero sus ojos...

sí.

Mientras tanto...

en otro punto del tablero...

el juego ya había hablado.

Los "tiburones" habían caído.

No todos.

Uno quedó.

Por decisión.

Por mensaje.

Vladímir Alekséi Morán observaba el resultado.

Sin emoción visible.

Pero completamente atento.

-¿Confirmado? -preguntó su mano derecha.

-Sí.

-Uno escapó.

Vlad negó apenas.

-No escapó.

Pausa.

-Lo dejé.

Silencio.

-Para que hable.

-Para que piense que entiende.

Una leve sonrisa.

-Y lo cuente mal.

Caminó despacio.

Analizando.

-Quien esté detrás...

Pausa.

-ya vio.

No había nombre.

No había rostro.

Solo certeza.

-Y ahora...

sus ojos se afilaron-

-va a querer más.

En la oficina...

Amalia no necesitó ver todo para entenderlo.

Iván habló.

-Resultado limpio.

-Control total.

Silencio.

-Dejó uno.

Amalia inclinó apenas la cabeza.

-Mensaje.

Pausa.

-Elegante.

Eso fue lo que le importó.

No la victoria.

La forma.

Sus ojos volvieron al holograma.

-No es impulsivo.

-No es torpe.

-No es predecible.

Eso...

era raro.

Y valioso.

-Vale la pena.

Iván la miró.

-¿La gala?

Amalia hizo un leve gesto.

Y el holograma cambió.

Ahora lleno.

Personas simuladas.

Movimiento.

Rutas.

Colisiones.

Encuentros.

Todo posible.

Todo calculado.

-La gala.

Pausa.

-Ahí lo voy a sentir.

No verlo.

No aún.

Pero sí...

reconocerlo.

Porque alguien como él...

no pasaba desapercibido.

Y alguien como ella...

no lo dejaría hacerlo.

El holograma se detuvo.

Congelado en un instante.

Perfecto.

-Que todo esté impecable.

-Lo estará.

Amalia sostuvo la imagen un segundo más.

Luego-

la apagó.

Oscuridad.

Silencio.

Pero el escenario...

ya estaba listo.

Y en algún lugar...

sin saberlo aún...

él también se dirigía hacia ese punto.

Donde dos presencias...

finalmente...

coincidirían.

Vladímir Alekséi Morán no tenía intención de ir.

La gala...

no le interesaba.

Demasiado ruido.

Demasiada exposición.

Demasiadas variables innecesarias.

-Descártalo -dijo, revisando informes sin levantar la mirada.

Su mano derecha dudó apenas.

-¿Seguro?

-Sí.

Pausa.

-No es relevante.

Porque en su mundo...

lo importante no se anunciaba con copas de cristal y luces cálidas.

Se encontraba en silencio.

En movimiento.

En errores.

Y esa gala...

no prometía nada de eso.

O eso creía.

El informe de los "tiburones" ya estaba cerrado.

Limpio.

Resuelto.

Predecible.

Lo único interesante...

había sido la mente detrás.

Esa que no había visto.

Esa que no había encontrado.

Esa...

que no había respondido como los demás.

-Sigue sin aparecer -dijo su mano derecha.

Vlad se recostó levemente en su silla.

-No tiene que hacerlo.

Pausa.

-Ya se movió.

Y eso era suficiente.

Por ahora.

Pero entonces-

-Señor.

Un cambio en el tono.

Más serio.

Más... específico.

Vlad levantó la mirada.

-Habla.

-Tenemos algo.

Pausa.

-No es un rastro.

-Es... una entrega.

Silencio.

Eso sí captó su atención.

-Explícate.

Su mano derecha colocó el objeto sobre la mesa.

Un sobre.

Negro.

Sin marca.

Sin sello.

Sin origen.

Vlad lo observó.

Sin tocarlo aún.

-¿Revisado?

-Sí.

-Limpio.

Eso no significaba seguro.

Significaba...

intencional.

Lo tomó.

Lo abrió.

Dentro...

una invitación.

Elegante.

Precisa.

Minimalista.

Una gala.

Ubicación.

Fecha.

Hora.

Nada más.

Sin nombre.

Sin remitente.

Sin explicación.

Silencio.

Vlad sostuvo la tarjeta unos segundos más.

-Directo.

-Sí.

Pero no era lo único.

Había algo más.

Una nota.

Pequeña.

Sutil.

Colocada con intención.

La desplegó.

Sus ojos recorrieron las palabras.

Y por primera vez...

algo cambió.

No mucho.

Pero lo suficiente.

Una leve curva en sus labios.

Oscura.

Interesada.

-¿Qué dice? -preguntó su mano derecha.

Vlad no respondió de inmediato.

Porque no era solo lo que decía.

Era cómo lo decía.

-Si tanto quieres verme...

Pausa.

Sus ojos brillaron apenas.

-ven a mí, gatito.

Silencio.

Su mano derecha no habló.

Porque no era necesario.

Eso...

no era una invitación.

Era una provocación.

Directa.

Personal.

Calculada.

Vlad dejó la nota sobre la mesa.

Pero no apartó la mirada de ella.

-No vino a esconderse.

-Vino a jugar.

Pausa.

-Y ahora...

Se levantó.

Lento.

Decidido.

-me está llamando.

Eso lo cambiaba todo.

Porque ya no era rastreo.

No era análisis.

Era encuentro.

-¿Irás? -preguntó su mano derecha.

Vlad tomó la invitación.

La giró entre sus dedos.

Pensando.

Midiento.

-No quería.

Pausa.

Una leve sonrisa.

-Ahora sí.

Porque no podía ignorarlo.

No después de eso.

No después de que alguien...

lo llamara así.

-Prepara todo.

-¿La gala?

-La gala.

Silencio.

-Y el resto.

Porque si iba...

no lo haría como invitado.

Lo haría como jugador.

Uno que ya había sido provocado.

Y que ahora...

aceptaba.

Vlad miró una última vez la nota.

-Ven a mí, gatito...

Repitió en voz baja.

Sin molestia.

Sin enojo.

Solo...

interés.

-Cuidado con lo que pides...

murmuró.

Sus ojos se endurecieron apenas.

-podrías obtenerlo.

Y en ese instante...

la decisión estaba tomada.

No por la gala.

No por el evento.

Sino por ella.

Por la mente detrás.

Por la única que no había intentado esconderse...

sino atraerlo.

Y eso...

era algo que Vladímir Alekséi Morán

no ignoraba.

El silencio en la base de Eclipse no era ausencia.

Era control.

Todo funcionaba.

Todo respiraba en sincronía.

Pantallas encendidas.

Datos en movimiento.

Sombras trabajando.

Y en el centro de todo...

ella.

Amalia estaba en su oficina subterránea.

Lejos de la superficie.

Lejos de lo visible.

Donde realmente existía.

De pie, frente a la mesa de control, observaba sin mirar realmente.

Porque su mente ya estaba varios pasos adelante.

Iván entró sin hacer ruido.

Como siempre.

-El paquete fue entregado.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Y entonces-

una sonrisa.

No amplia.

No evidente.

Pero real.

Precisa.

-Bien.

Una sola palabra.

Suficiente.

Iván la observó.

Sabía lo que significaba.

-Va a ir -dijo.

Amalia inclinó apenas la cabeza.

-Sí.

No era duda.

Era certeza.

Caminó despacio.

Rodeando la mesa.

Pensando.

Sintiendo.

-Ahora sí...

murmuró.

-el juego empieza.

Se detuvo.

Sus ojos se alzaron levemente.

Fríos.

Calculadores.

-Indícale al equipo del evento...

Pausa.

-que quiero perfección.

Iván asintió.

-Sin margen de error.

-Exacto.

-Diles que sus sueldos aumentarán.

Silencio.

Iván levantó la mirada.

-¿Condición?

Amalia lo miró de lado.

-Ningún fallo.

Pausa.

-Ni uno.

Iván entendió.

No era solo exigencia.

Era incentivo.

Pero también...

algo más.

Amalia volvió a mirar al frente.

-Tiene que ser perfecto.

No por el evento.

No por la imagen.

No por el dinero.

Por alguien.

Iván cruzó los brazos.

-Porque él vendrá.

No fue una pregunta.

Amalia no respondió de inmediato.

Pero su expresión...

lo confirmó.

-Sí.

Pausa.

-Vendrá.

El ambiente se tensó apenas.

Imperceptible para cualquiera.

Pero no para ellos.

Amalia apoyó suavemente los dedos sobre la mesa.

Marcando un ritmo invisible.

-Que empiece el montaje final.

Iván asintió.

-En marcha.

Se giró.

Listo para ejecutar.

Pero antes de salir-

-Iván.

Se detuvo.

-Sí.

Esta vez, Amalia lo miró.

Directo.

Frío.

Claro.

-Mañana en la noche...

Pausa.

-nadie falla.

Silencio.

-Nadie.

Iván sostuvo la mirada un segundo.

-Entendido.

Y salió.

La puerta se cerró.

Suave.

Precisa.

Definitiva.

Amalia quedó sola.

El silencio volvió.

Pero no era vacío.

Era antesala.

Respiró lento.

Controlado.

Sus ojos se fijaron en la nada.

Pero no veían ausencia.

Veían lo que venía.

-Ven...

susurró apenas.

Sin sonrisa.

Sin duda.

-gatito.

Y en la oscuridad de Eclipse...

todo quedó listo.

Porque mañana en la noche...

el juego dejaría de ser invisible.

Y empezaría de verdad.

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