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TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor-odio / Atracción entre enemigos / Reencarnación
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.

El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.

Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.

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NovelToon tiene autorización de YESRABI para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¡La Tercera En Discordia!

Julie continuaba acostada en el suelo frío. Estaba esperando ceder a la calma momentánea, pero su mente no dejaba de pensar en ello como un sinónimo de peligro, así que solo podía recurrir a su respiración honda como un catalizador de su realidad.

Sus nervios no disminuyeron luego de su breve reunión con Elis. La molestia parecía envenenarla hasta el punto de no poder evitar decepcionarse y frustrarse con todos los que anhelaban su bienestar armonioso, porque habían sido estos mismos los primeros que le dieron la espalda apenas mencionó su deseo por romper el matrimonio. De hecho, si bien lo pensaba, no sonaba descabellado que probablemente toda esa gente estuviera hechizada por Oriel.

Y es que la cancelación de la boda era la mejor opción que podían tomar. Era tan simple como una firma en una carta de tratado de paz para que todos tuvieran su victoria colectiva sin la necesidad de forzar su matrimonio y, aun así, parecía que todos estaban aferrados a la idea de quitarle su sagrada libertad. Aunque claro, era obvio para Julie que Elis no se negaría a la oportunidad de hacerle la vida imposible teniéndola en charola de plata para su plena merced. Sin embargo, ella no se daría por vencida tan fácilmente.

Acomodó sus manos sobre su vientre y respiró hondo, concentrándose en lo insípido del techo. No estaba dispuesta a vivir el martirio de la mediocridad, así que se puso a pensar en las maneras de acabar con la paciencia de Elis hasta que decidiera cancelar la boda por sí mismo.

Pero entonces llegó aquella señal del cielo.

—¿Quién es Margaret? —murmuró.

—¡Milady!

—¡Oh, por Dios! ¿Está bien? ¡No se mueva!

Ruby y Lili se acercaron, hincándose a su costado con los ojos húmedos y las lágrimas empezando a chorrear sus mejillas.

—Estoy bien —anunció Julie, sin levantarse—. Solo estoy aclarando mis pensamientos —aclaró.

—¿Eso está bien? —inquirió Lili con las cejas arrugadas.

—¿Por qué no lo estaría?

Lili miró a Ruby y aplanó los labios, acariciando el dorso de su señorita como si de ese modo pudiera regresarla a la normalidad.

—Esto va en contra de las normas de etiqueta, Milady, ¿también lo ha olvidado?

Julie bufó fastidiada, soltando la mano que sujetaba a la suya. La irritación que apenas había logrado apaciguar volvió a encenderse como una llama furiosa. Decidió no moverse y se quedó quieta, como si buscara ignorarlas, aunque rápidamente se retractó porque entendió que no podía ganarse el desprecio de sus doncellas.

—No hay nada de malo en acostarse en el suelo —declaró—. En realidad, esto ayuda muchísimo a la salud. Inténtenlo.

La rubia y la pelirroja se miraron. Los ojos de color violeta de Odette aguardaban con expectación su acción, provocando que los nervios se les elevaran hasta la cabeza. Para asombro de Julie, Lili y Ruby se acostaron, cada una a su lado, replicando su posición con la vista en alto. Estaban silenciosas, acostumbrándose a la sensación fresca de los azulejos.

—Ahora no piensen en nada, simplemente respiren con calma —instruyó.

Las dos obedecieron y Julie escuchó sonriente sus murmullos. Las vigiló discretamente y promovió el silencio total por algunos minutos, los suficientes para acomodar sus propios pensamientos y no verse demasiado evidente con sus preocupaciones.

—Oigan, ¿quién es Margaret?

La pregunta salió con una tranquila curiosidad genuina. Lili y Ruby la miraron con duda, pero sin perturbar su postura en el piso. El ambiente se volvió mudo por unos minutos más, hasta que la pelirroja soltó un suspiro agotado que representó su rechazo.

—La única Margaret cercana a su círculo es la florista pobretona del reino —murmuró—. ¿Podemos saber la razón de su interés, Milady?

—¿Qué tan cercana es a Elis y a mí? —continuó.

—¡Oh! Uh… Margaret no es cercana a ninguno, por ahora. Pero las malas lenguas hablan de que el consejero real la ha reconocido ante el público como su hija ilegítima —musitó Ruby.

—Con ese título, esa mujer podrá asistir a las fiestas de té del reino —agregó Lili—. Y ahora que lo mencionamos, la emperatriz ha organizado una esta tarde para silenciar los rumores de su estado de salud.

Odette se levantó con rapidez. Su expresión se volvió fea con los ojos pelones, casi saliendo de sus cuencas. Su frente palpitó con la fuerza de un estrés incontrolable y, por más que quiso guardar la calma, no pudo.

—¿Una fiesta de té? ¡¿Hoy?!

—Sí, Milady —respondieron en unísono.

—¡Pero no se preocupe! La emperatriz y el emperador ya se han enterado de la situación y su amnesia —tranquilizó la rubia.

Julie suspiró fuertemente, tragándose las ganas de llorar ahí mismo. Se levantó del suelo por completo y se sacudió la falda, apoyando los puños en sus caderas con la resignación en sus pupilas.

—Bien, entonces no hagamos esperar a los invitados.

—Milady, tiene que cambiar su atuendo —señaló Lili.

Julie sonrió. Ya ni siquiera buscó molestarse o ir en contra de las normas de ese mundo, y solo vio a las chicas levantarse del suelo para guiarla en su preparación. El baño, el peinado, la vestimenta y el maquillaje eran pasos que se veían asombrosos en las películas, pero que sentían como un eterno infierno en ese momento. Se obligó a no pensar demasiado en ello. Obedeció cada una de las demandas de sus doncellas y sonrió cuando escuchó los halagos de su apariencia. Ruby le había puesto un vestido amarillo suave con detalles y cristales brillantes por todos lados. Lili se encargó de trenzar su cabello con algunos cuantos broches, y ambas concluyeron con un maquillaje ligero, cuidando la delicadeza de su piel.

—Ruby y yo nos encargaremos de la gente —señaló Lili, acomodando los últimos mechones—. Aunque el príncipe Oriel probablemente será quien lo haga.

—De acuerdo, voy a confiar en ustedes.

Las mujeres sonrieron, se acomodaron a sus costados y caminaron fuera de la habitación. Julie lanzó una mirada de reojo por los ventanales del pasillo, sintiendo un nudo en el estómago cuando notó el movimiento en el jardín. La gente hablaba y sonreía entre gestos de hipocresía monumental; Julie recordó algunas fiestas de sus viejos padres, provocando su arrepentimiento; sin embargo, sus intenciones de escape se quedaron tardías cuando notó aquel extraño escenario que le alborotó el corazón.

Oriel estaba de pie junto a los que supuso que eran sus padres. Estos apenas sonreían, escuchando con atención a los dos que estaban frente a ellos.

Una belleza americana de cabellos dorados y ojos de oro. Su vestido era notablemente menos costoso que el suyo, pero eso quedaba de lado con tan solo mirarla.

—Esa mujer es Margaret, Milady.

Julie no respondió. Continuó mirando la escena, notando el brillo en los ojos de Margaret y la serenidad en el rostro de Oriel. El trío de la realeza parecía no sentirse perturbado por ella y esa fue señal suficiente para que Julie sonriera con ánimo.

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