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Latidos Que Se Esconden

Latidos Que Se Esconden

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Malentendidos / Romance
Popularitas:994
Nilai: 5
nombre de autor: Autor lucia

Desde la ventana de su habitación, Mireya aprendió a escapar sin salir de casa.

A sus dieciséis años, el mundo le quedaba grande: discusiones detrás de las paredes, una bebé llorando en la habitación contigua y la palabra separación flotando como una sombra imposible de ignorar. Pero al otro lado de la calle había algo distinto. O alguien.

Ryan.

Veintiuno. Cabello castaño arrulado. Ojos verdes imposibles de olvidar. Siempre tranquilo. Siempre ajeno a la mirada que lo observaba cada tarde.

Él nunca la notaba.

Hasta que el destino decidió que una ventana no sería suficiente para mantenerlos separados.

Y lo que comenzó como simple curiosidad... estaba a punto de cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Capítulo 7: Negación

Cuando llego a casa después de la escuela, lo único que quiero es entrar a mi cuarto, cerrar la puerta y no ver a nadie por un rato.

El día ya fue lo suficientemente largo.

Camino hacia la puerta principal mientras saco las llaves de mi mochila.

Pero antes de abrir... escucho la voz de mi mamá.

Viene desde el estudio.

Está hablando por teléfono.

No debería importarme. Siempre habla por teléfono.

Pero algo en su tono me hace detenerme.

-Te dije que no llames aquí -dice en voz baja.

Frunzo el ceño.

Me acerco un poco más al pasillo.

-Álvaro está trabajando -continúa-. No hay problema... pero igual no deberías hacerlo.

Mi corazón empieza a latir más rápido.

Apoyo la espalda contra la pared, escuchando sin querer.

-Sí... yo también te extraño.

Las palabras se sienten como un golpe.

Cierro los ojos.

No.

No, no, no.

-Claro que pienso en ti -susurra mi mamá-. Solo tenemos que tener cuidado.

Eso es suficiente.

Un calor incómodo me sube por el pecho.

Rabia.

Tristeza.

Confusión.

Todo mezclado. No quiero escuchar más. Salgo de la casa rápido, casi cerrando la puerta de golpe. El aire frío me golpea la cara.

Empiezo a caminar por el jardín sin mirar.

Y entonces-

¡PUM!

Choco contra alguien.

-¡Oh!

Retrocedo un paso.

La chica frente a mí también da un pequeño salto hacia atrás.

Es... muy bonita.

Cabello pelirubio, largo y brillante, que parece dorado con la luz de la tarde. Sus ojos celestes son claros y tranquilos. Tiene una sonrisa suave, de esas que parecen naturales. Se ve perfecta.

Como una persona que nunca tiene un mal día.

-Lo siento mucho -dice con amabilidad-. No te vi salir.

No estoy de humor para gente perfecta.

-Pues deberías mirar por dónde vas -respondo con sequedad.

Ella parpadea, un poco sorprendida.

-Sí... tienes razón. Perdón.

Su tono sigue siendo amable.

Eso me irrita aún más.

-¿Vives aquí? -pregunta señalando mi casa-. Quería hablar con tus padres un momento.

-Sí, vivo aquí.

-¿Están en casa?

Pienso en la voz de mi mamá diciendo "yo también te extraño" por teléfono.

Mi estómago se revuelve.

-Sí -respondo con frialdad-. Pero están ocupados.

-Oh... bueno... podría esperar si-

-Haz lo que quieras -la interrumpo-. No es mi problema.

La chica se queda en silencio un segundo.

No parece molesta.

Solo un poco incómoda.

-Solo quería pedirles algo rápido -dice-. Soy la novia de-

-No me interesa -corto.

En ese momento escucho una voz masculina detrás de ella.

-¿Qué pasa aquí?

Levanto la mirada.

Ryan se acerca desde la acera.

Me mira primero a mí, luego a Ashlie.

-Nada -dice ella rápidamente-. Solo saludaba.

Ryan frunce el ceño cuando nota mi expresión.

-¿Le hablaste así?

Me tenso.

-¿Así cómo?

-Como si no valiera nada.

Parpadeo.

-No dije eso.

-Pero lo insinuaste.

Su tono no es agresivo.

Es firme. Desaprobador.

Eso me enciende.

-No te metas -respondo.

Ryan suspira.

-Solo digo que podrías ser más educada.

-No tengo que serlo.

-Sí, sí tienes.

La frase me golpea.

Lo miro con incredulidad.

-¿Disculpa?

Ryan me observa con seriedad.

-Ashlie solo quería hablar. No te hizo nada.

-No la conozco.

-Y eso no te da derecho a tratarla mal.

Siento cómo la rabia sube por mi pecho.

-No necesito que me des lecciones.

Ryan da un paso más cerca.

Es más alto que yo.

Su presencia se siente grande, imponente.

-No son lecciones -dice-. Es sentido común.

Aprieto los puños.

-No te pedí opinión.

-Y aun así la necesitas.

Eso es suficiente.

-Perfecto -murmuro.

Paso por su lado sin mirarlo.

-Qué vida tan perfecta tienen todos.

Camino rápido por la vereda.

El corazón me late fuerte.

No debería importarme.

No debería.

Pero sí me importa.

La forma en que me miró.

La desaprobación en su voz.

Como si fuera una niña malcriada.

Como si no tuviera derecho a estar enojada.

---

Sigo caminando ignorando todo hasta llegar a la calle principal.

Las tiendas están abiertas.

Gente entrando y saliendo.

Y entonces la veo.

La tienda de música.

Las guitarras en la ventana.

Los vinilos.

El letrero de luces tenues.

Sin pensar mucho, empujo la puerta.

Pov: Jack

La campanita de la tienda suena.

No levanto la vista.

No hay clientes interesantes hoy. Solo gente que mira guitarras como si fueran muebles y se va.

Sigo con el teléfono.

Nada importante.

Mensajes sin responder. Notificaciones que no me interesan.

Los pasos de alguien se escuchan cerca del mostrador.

Lentos.

Inseguros.

Ya sé qué tipo de cliente es: el que duda, el que mira demasiado, el que no compra nada.

Perfecto.

No pienso saludar.

No me pagan por ser simpático.

Dejo que mire lo que quiera.

Guitarras, amplificadores, vinilos.

No es mi problema.

Pero la siento ahí.

No se va.

No hace preguntas.

Eso es raro.

La mayoría habla.

"¿Cuánto cuesta esto?"

"¿Tienen otro color?"

"¿Sirve para principiantes?"

Ella no dice nada.

Frunzo un poco el ceño y levanto la mirada solo un segundo.

Mireya.

La chica del choque.

La del desayuno manchado.

La misma que se fue ofendida ayer.

Está parada frente a una guitarra.

No la toca.

Solo la mira.

Y no es la mirada de alguien interesado en comprar.

Es distinta.

Vacía.

Como si estuviera aquí pero no realmente aquí.

La expresión me detiene un segundo.

No porque me importe.

No debería importarme.

Clientes vienen y se van.

Problema resuelto.

Vuelvo al teléfono.

Ignórala.

Funciona.

O debería.

Pero la tienda está demasiado silenciosa.

Y algo en la forma en que está parada...

Joder.

Me recuerda algo.

No sé por qué.

No quiero saberlo.

Es solo una chica.

Una desconocida.

No mi problema.

Sigo mirando la pantalla.

-¿Qué quieres?

La pregunta sale más seca de lo necesario.

Pero no voy a fingir amabilidad.

Si necesita algo, que lo diga.

Silencio.

Otra vez.

Mala señal.

La gente que calla demasiado suele estar pensando en cosas complicadas.

No es mi trabajo arreglar vidas.

Trabajo aquí para vender instrumentos.

Nada más.

Levanto la vista.

Solo un segundo.

Y ahí está.

Ella.

Más cerca.

Los hombros caídos.

La mirada perdida.

No es la expresión molesta de ayer.

No es rabia.

Es cansancio.

Tristeza.

Como si algo la hubiera aplastado por dentro.

La vi antes.

En otras personas.

En espejos.

En momentos en los que no quería seguir haciendo nada.

Joder.

No debería fijarme en eso.

No es mi problema.

Pero me recuerda a mí.

No en lo obvio.

No somos iguales.

Ella es una chica del colegio.

Yo solo trabajo aquí.

Pero la sensación...

Esa mirada.

Vacía.

Perdida.

Da igual.

No vine a ser terapeuta de nadie.

Si quiere hablar, que hable.

Si no, que se vaya.

Vuelvo al teléfono.

-Entonces no molestes.

La frase sale sin filtro.

Directa.

Quizá demasiado.

Pero prefiero eso a fingir interés.

Ella se queda en silencio.

Puedo ver cómo aprieta los labios.

Como si quisiera decir algo.

No lo hace.

Bien.

Se dará la vuelta.

Se irá.

Y todo seguirá igual.

Eso debería ser suficiente.

Pero no lo es.

Algo en su postura me hace dudar.

No está aquí por capricho.

No está molesta como ayer.

Está... rota.

Un poco.

Joder.

No debería importarme.

Pero me recuerda a mí en días malos.

A veces la gente viene a la tienda no por guitarras.

Sino porque necesitan un lugar donde respirar.

Un minuto sin presiones.

No sé si es eso lo que busca.

Tal vez solo quiere distraerse.

Tal vez no.

Da igual.

No soy su consejero.

Pero tampoco soy un idiota.

Dejo el teléfono sobre el mostrador.

Me acerco un paso.

Solo uno.

No demasiado.

No quiero invadir su espacio.

La miro.

De verdad la miro.

Y la expresión me golpea otra vez.

Perdida.

Cansada.

Como si hubiera pasado un mal día... o muchos malos días.

No sé qué le pasó.

No me importa saberlo.

Pero la veo.

Y por un segundo entiendo algo.

Esa mirada.

La he visto antes.

En mí.

En personas que intentan fingir que todo está bien.

Que sonríen cuando no quieren.

Que se tragan lo que sienten.

Joder. No vine a salvar a nadie.

Pero tampoco voy a ser un imbécil sin motivo.

Abro la boca.

Las palabras salen más suaves de lo que pretendía.

-Estás hecha mierda.

La frase cuelga en el aire.

Directa. Sin adornos.

No es un insulto.

No del todo.

Es una observación.

Crua.

Honesta.

Porque fingir que está bien sería peor.

Ella parpadea.

Me mira.

Y por un segundo creo que va a enojarse. Que va a responder con algo sarcástico. No lo hace. Solo se queda ahí.

Y la forma en que me mira...

Joder.

No sé cómo explicarlo.

No es rabia. No es sorpresa.

Es algo más.

Como si alguien hubiera dicho en voz alta lo que ella estaba intentando ocultar.

No me gusta esa sensación.

No quiero meterme.

Pero ya lo hice.

Da igual.

Vuelvo al mostrador.

-Si quieres hablar, habla.

No soy su amigo.

No soy su terapeuta.

Pero tampoco voy a fingir que no la vi.

A veces la gente solo necesita que alguien reconozca que las cosas están mal.

No significa que vaya a solucionarlo.

No puedo.

Pero tampoco voy a ignorarlo por completo.

Ella sigue en silencio.

Bien.

Que piense.

Que decida.

No voy a presionarla.

La tienda está tranquila otra vez.

El zumbido de los amplificadores.

El olor a madera.

La campanita que ya no suena.

Miro el teléfono por inercia.

Nada nuevo.

Pero no puedo evitar volver a mirarla.

Está parada frente a la guitarra.

No la toca.

Solo la mira.

Y por primera vez desde que entró...

No parece que vaya a irse de inmediato.

1
Mary Ney
Más capítulos por favor ☺️ gracias escritora
Yelitza Goyo
interesante 🤔🤔
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