Siempre ha sentido que tiene mala suerte, y ahora renace con muchas posibilidades, intentando cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
* Todas las novelas son independientes**
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Lady Smith 1
El día de la fiesta de Lady Smith amaneció despejado, como si el cielo mismo hubiese decidido ofrecer un escenario impecable para el espectáculo social de la temporada.
En la mansión Alderwick reinaba un movimiento elegante y nervioso. Doncellas ajustando detalles, el brillo final sobre los zapatos, el broche plateado asegurado con precisión en el cabello negro de Eveline.
Cuando terminó de arreglarse y se miró al espejo, la imagen la hizo contener el aliento.
La seda gris perla abrazaba su figura con perfección.
Los hilos de plata auténtica dibujaban patrones que capturaban la luz como si la tela respirara.
Su cabello negro caía suelto por la espalda, apenas sujeto por el broche sutil que reflejaba destellos discretos.
No parecía una joven insegura.
Parecía una declaración.
Un carruaje se detuvo frente a la mansión.
Eveline sintió el pulso acelerarse.
—El duque Rathborne ha llegado, mi lady.
Sonrió.
—Por supuesto que ha llegado.
Cassian descendió primero del carruaje.
Vestía un traje negro impecable, sobrio y elegante. Pero los detalles en las solapas y los bordes de las mangas brillaban con bordados plateados.
No cualquier bordado.
El mismo patrón que recorría el vestido de Eveline.
Cuando ella apareció en la escalinata, él alzó la vista.
Y se quedó en silencio.
El contraste entre su cabello oscuro y el brillo de la plata era hipnótico. Parecía hecha de luz y sombra.
Eveline descendió con cuidado esta vez.. muy consciente de cada escalón.. y cuando estuvo frente a él, lo recorrió con la mirada.
—Muy bien, su gracia —dijo con aprobación solemne.
Y, sin más ceremonia, le dio un pequeño beso en los labios.
Un roce breve.
Un premio.
Cassian sonrió ampliamente.
—¿Eso significa que he aprobado la inspección?
—Con excelencia.
Él ofreció su brazo.
—Entonces, mi lady, vayamos a causar un poco de incomodidad.
Ella entrelazó su brazo con el suyo.
—Con elegancia.. incomodemos en esa fiesta a la cual no fui invitada..
El primer incidente de la noche ocurrió antes de partir.
Eveline se inclinó ligeramente para entrar al carruaje… y olvidó medir la altura.
Su frente rozó la parte superior.
No fue fuerte.
Pero sí suficiente para que Cassian se tensara de inmediato.
—¿Está bien? —preguntó, llevándose la mano a su mejilla con preocupación genuina.
Eveline lo miró un segundo… y comenzó a reír.
—Estoy perfectamente. Mi armadura absorbe impactos.
Él no parecía tan divertido.
—Eveline…
—Cassian, apenas fue un roce.. Si sobreviví a una maceta, sobreviviré a un carruaje.
Él negó con la cabeza, aunque una sonrisa terminó venciendo su preocupación.
Se sentó frente a ella y durante el trayecto no dejó de observarla, como si esperara que otro objeto inanimado decidiera declararle la guerra.
Eveline notó la mirada.
—No me desarmaré en el camino, se lo prometo.
—Agradezco la garantía.
La mansión de Lady Smith estaba iluminada como un palacio.
Carruajes alineados, música escapando por los ventanales abiertos, risas que flotaban en el aire.
Cuando el lacayo anunció..
—Su gracia, el duque Cassian Rathborne… y Lady Eveline Alderwick.
Las conversaciones disminuyeron.
Cabezas giraron.
La combinación era impactante.
Negro y plata.
Poder y elegancia.
Cassian descendió primero y ofreció la mano a Eveline. Ella bajó con gracia calculada.. aprendida tras múltiples caídas.. y tomó su brazo.
Entraron juntos.
Y entonces apareció Lady Smith.
La joven baronesa era hermosa, delicadamente vestida en tonos pastel que, de pronto, parecían menos memorables frente al brillo plateado de Eveline.
Intentó sonreír.
Pero la molestia fue evidente.
Sus ojos se posaron primero en Cassian… luego en Eveline… luego en las manos entrelazadas.
—Duque Rathborne.. Que alegría que asista..
Sus ojos se desplazaron hacia Eveline.
—Y… me sorprende verla en mi fiesta, Lady Alderwick.
Eveline sostuvo la mirada con serenidad impecable.
Sonrió.
No con arrogancia.
Con seguridad.
—Mi prometido, mi novio, me invitó. No puede estar sin mí.
La palabra flotó en el aire como una campana clara.
Prometido.
Novio.
Propiedad compartida.
Cassian no intervino.
Solo asintió con naturalidad, confirmando cada palabra.
Lady Smith tensó apenas la mandíbula.
—Oh… claro. Qué considerado de su parte.
Eveline inclinó la cabeza.
—Siempre lo es.
Las dos mujeres se miraron fijamente durante un instante que pareció eterno.
Sonrisas perfectas.
Ojos afilados.
Una batalla silenciosa.
Cassian, sintiendo la tensión, deslizó su mano un poco más firme sobre la de Eveline.
No para controlarla.
Para respaldarla.
Ella no apartó la mirada.
No retrocedió.
No tropezó.
Al menos no aún.
Y cuando finalmente Lady Smith dio un paso al costado para permitirles avanzar, Eveline caminó con gracia junto al duque Rathborne, sintiendo las miradas sobre ellos.
Brillaba.
Del brazo del hombre más codiciado de la noche.
Y aunque la mala suerte siempre la acompañaba…
Esta vez no parecía estar perdiendo.
Si aquello era una guerra social,
Ella había llegado vestida con armadura de plata.
me encanta súper bien narrada
nunca perdió el hilo narrativo
ella con su suerte y el siempre ahí al lado