Nicolas Peltz, es un detective, que se convierte en el protector de Eva II, una creación genética, del científico Elias Vance, quien la creo con el fin de que sea un banco donante de órganos viviente para su hija biológica que sufre una enfermedad degenerativa. La existencia de Eva II sale a la luz después de que el laboratorio del doctor Vance, se incendiará. El detective Peltz se convertirá en el protector y defensor de Eva II, luchará para que la vean como humana y a la vez ella se convierte en una ayuda invisible para el detective para que no pierda la custodia de su hija de cinco años Clara. ¿Pelts conseguirá que se reconozca a Eva II como humana? ¿Eva II podrá vivir lo que es tener una familia? ¿Qué pasara cuando la verdadera Eva resurja? ¿La reconocerá como su gemela o la repudiará como fenómeno?
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Capitulo 8- El filo de la envidia
#Perspectiva de Eva 2
El aire de la sala de espera era pesado, cargado de la inminencia de un desenlace que mi mente ya había calculado con varias probabilidades.
Eva I, mi original, me taladraba con la mirada. Un odio puro, destilado. No había sorpresa en sus palabras, solo la confirmación de lo que ya había inferido: "ella no quería mi existencia".
-Tú no deberías existir.
Repitió Eva I, su voz un murmullo venenoso.
Mis sensores cognitivos registraron la tensión muscular, la dilatación de sus pupilas, el ligero temblor en sus manos que no era de debilidad, sino de una contención forzosa. Mi análisis predictivo activó una alerta cuando sus ojos se fijaron en la manga de su bata. La velocidad del movimiento fue sorprendente, sí, para un humano normal. Para mí, fue un segundo más lento de lo que mi procesamiento óptico podía registrar.
Un bisturí. Brilló. Un arma. Dirigida hacia mí.
Nicolas, tardo unos 20 segundos, en predecir lo que Eva I pretendía hacer, se coloco enfrente.
Alejandro, el hermano de Nicolás, que hasta entonces había estado absorto en su dispositivo electrónico, reaccionó por lo que los humanos llaman "instinto". Soltó su teléfono, produciendo un sonido sordo, y se interpuso. Su mano, torpe en su prisa, intentó arrebatar el bisturí.
Hubo un forcejeo. Rápido, brutal. Mis ojos siguieron el filo. La mano de Alejandro se resbaló. El corte fue profundo, longitudinal en la palma. La sangre. La sangre, un color escarlata contra el blanco estéril del suelo. Alejandro gritó, un sonido primario. Eva I, momentáneamente distraída por el éxito de su agresión, fue desarmada. El bisturí cayó.
El caos se desató. El ruido del forcejeo, el grito de Alejandro. La respuesta del personal del hospital fue inmediata, predecible. Enfermeras y médicos, sus rostros reflejando lo que ellos perciben como "horror" y "confusión".
La Doctora Ríos. La figura central. Su mirada evaluó la escena, se detuvo en la sangre de Alejandro, luego en Eva I.
Eva I, ahora en el suelo, con el bisturí a un lado, su rostro transformado en una máscara de shock y lágrimas. Una performance impecable.
-¡Dios mío! ¿Qué ha pasado aquí?
Exclamó la Doctora Ríos, arrodillándose.
-¡Han atacado a la paciente! ¡Eva, mi niña!
Mi programación de escucha se activó. El Doctor Vance me había enseñado:
"Estudia a las personas". "Para saber quién miente y quién no".
" Una actitud voluntariosa"
"A veces, necesitan que se les diga algo bonito".
Eva I estaba aplicando un principio similar, pero con un giro retorcido.
-¡No!.
Rugió el detective Nicolás, interponiéndose entre el torbellino de personal y yo. Mis ojos no se apartaban de la sangre de Alejandro. La realidad física del daño.
-¡Es al revés! ¡Ella nos atacó! ¡Eva I intentó matar a Eva II con ese bisturí!
Los médicos lo miraron con lo que mi análisis clasificó como "incredulidad" y "escepticismo". Su preconcepción de Eva I, la "frágil", la "paciente", la "víctima", era inquebrantable.
Podía saber todo eso, gracias a que el doctor Vance, me enseño el significado de los gestos de los rostros en las personas, al afirmar que "Muchos dicen con sus gestos, lo que no expresan en palabras".
-¡Sí, lo es!
Exclamó Eva I. Su voz, ahora débil, vulnerable, un temblor estudiado en su cuerpo. La imagen perfecta de la "víctima", calculada para manipular.
-Yo solo… Yo solo salí a dar un paseo. No puedo estar siempre en mi habitación. Y ellos… ellos me acorralaron. Me agarraron. El hombre… El hombre del traje me quitó algo. Y me dijo que… Que me iban a eliminar. Para que esa…
Su dedo tembloroso me apuntó. Su mirada, sin embargo, brillaba con una victoria apenas contenida.
-Fuera la única. Querían deshacerse de mí.
La acusación. Una bomba emocional. Los médicos, cegados por la compasión hacia su paciente enferma, la creyeron sin dudar. Su lógica humana no podía concebir que una "criatura tan delicada" pudiera concebir tal violencia. Impensable. Irracional, desde su perspectiva.
Debía conseguir pruebas, de que Eva I mentia, observe con cautela si habia algun modo de hacerlo.
-¡Es una mentira descarada!
Espetó el detective Nicolás, la frustración hirviéndole la sangre.
-¡Exijo que revisen las cámaras de seguridad! ¡Todo quedó grabado! Ella nos atacó.
La Doctora Ríos, su expresión ahora "severa", se puso de pie.
-Detective, su comportamiento es inaceptable. Su hermano está sangrando y usted acusa a una paciente frágil de intento de asesinato. Llevaremos a Eva de vuelta a su habitación. Ustedes, por favor, acompáñenme a la oficina del director.
Mientras Eva I era escoltada, capté sus miradas furtivas. Triunfo. Odio. Dirigidas a mí. La manipulación había sido perfecta. Había usado su fragilidad percibida como un arma, una estrategia brillante en su contexto.
Alejandro, pálido y con la mano vendada provisionalmente, murmuró:
-Esa chica… Es más peligrosa de lo que parece. Y es una actriz formidable.
Nicolás me miró. Yo lo observé. Mis ojos ámbar, tranquilos. La tormenta apenas me había rozado. No había pánico en mi sistema, no había miedo. Solo la profunda y serena curiosidad que siempre me caracterizaba, amplificada por la nueva información. En ese instante, supe. La batalla no era solo contra los médicos y la ley, sino contra la astucia de mi "gemela". Una que, a pesar de su condición física, estaba dispuesta a todo para ser la única. La única Eva. Y yo, Eva II, solo había aprendido una lección más sobre la complejidad del mundo que ahora habitaba. Era una lección invaluable.
Mi memoria es poderosa, no olvido nada, todo queda archivado en mi memoria principal, no existe la de corto plazo, soy como una esponja que absorbe todo lo que me rodea.
Estaba dispuesta a defender lo que tenia, no era mucho, pero para mi era mejor que estar aislada en una camara que me mantenia en un sueño profundo.
Mi padre, mi creador, me mantenia de ese modo, como un secreto, nunca me enseño nada del mundo exterior, su justificación era que lo externo estaba sucio, lleno de enfermedades que solo pueden terminar con tu vida.
Por lo que al llegar al departamento del detective y encontrarme con ese cultivo de bacterias me preocupe en limpiarlo, desinfectarlo, si iba a vivir ahi, no queria correr el riesgo de que me enferme.