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Entre Bestias Y Pasión

Entre Bestias Y Pasión

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Romance / Fantasía / Completas
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Llegué a la selva con miedo.
Me quedé por su protección.
Y sin darme cuenta… encontré un hogar.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8 – Descubrirse sin temor

El primer día llegó sin aviso.

No hubo sueños proféticos ni señales en el cielo. Solo una sensación distinta que se coló en el cuerpo de Aiden antes incluso de que pudiera abrir los ojos. El calor lo envolvía desde dentro, como si algo profundo hubiera despertado durante la noche. Su mente estaba nublada, lenta, y una inquietud difícil de nombrar se extendía por su pecho.

No era dolor.

No era miedo.

Era algo nuevo. Intenso. Confuso.

Y lo hacía sentirse vulnerable y extrañamente despierto al mismo tiempo.

Se incorporó con cuidado, respirando hondo, intentando reconocer su propio cuerpo. La piel le parecía más sensible, como si cada contacto con las mantas, con el aire, con la luz filtrada entre las hojas tuviera un peso distinto.

—¿Qué me pasa…? —susurró para sí, con la voz aún dormida.

Cada latido se sentía fuerte. Cada pensamiento parecía llegar con retraso. No había una causa clara, solo la certeza de que algo estaba ocurriendo dentro de él, algo que no podía ignorar ni controlar.

Intentó ponerse de pie, pero se detuvo. No se sentía débil, solo… desbordado. Como si su cuerpo estuviera procesando más de lo que su mente podía ordenar.

Sin pensarlo demasiado, buscó a Raegor.

No fue una decisión razonada, sino un impulso profundo, instintivo. La misma parte de él que había aprendido que, en ese mundo, pedir ayuda no era una señal de falla.

—Raegor… —lo llamó con voz baja, insegura, desde el umbral.

El hombre-bestia apareció casi de inmediato, como si ya hubiera percibido el cambio. Bastó una sola mirada para que entendiera. Su postura se suavizó, sus movimientos se volvieron aún más lentos y cuidadosos.

—Ven —dijo con calma, extendiendo los brazos—. No estás solo.

Aiden dudó apenas un segundo antes de acercarse. No se lanzó a su pecho ni buscó refugio desesperado. Simplemente se apoyó contra él, dejando que su peso descansara allí. Raegor no lo apretó. No lo dominó. No intentó “arreglar” nada.

Solo estuvo.

—Siento cosas que no entiendo —confesó Aiden, con la voz temblorosa—. Mi cuerpo… mi mente… todo es demasiado.

Raegor apoyó una mano firme en su espalda, amplia y cálida, marcando un ritmo lento y constante que invitaba a respirar con él.

—No tienes que entenderlo todo ahora —respondió con voz baja—. Esto es parte de crecer. No es peligroso. No es vergonzoso. No es algo que debas ocultar.

Aiden cerró los ojos.

Por primera vez desde que había despertado así, se permitió no luchar contra lo que sentía. El calor seguía ahí. La confusión también. La sensibilidad no desapareció. Pero ya no estaba solo frente a ella.

Raegor no le dio explicaciones complejas ni nombres definitivos. Le habló en cambio de la selva, de cómo todo ser vivo atravesaba momentos de desorden antes de encontrar una nueva forma de equilibrio. Le habló de los ciclos, de las estaciones internas que no siempre coincidían con las externas.

—Hay días en que crecer se siente así —dijo—. Como una tormenta breve. Intensa. Pero necesaria.

Pasaron las horas sin que Aiden pudiera decir cuánto tiempo exactamente. A veces permanecían en silencio, escuchando el murmullo lejano del agua y el canto de las aves. Otras veces, Raegor hablaba con voz grave y constante, historias simples, ancladas a la tierra, que no exigían atención plena, solo presencia.

Aiden respiraba.

Escuchaba.

Sentía.

Y poco a poco, la intensidad comenzó a disminuir.

No desapareció de golpe. Se fue retirando como la marea, dejando tras de sí un cansancio profundo, pero limpio. El cuerpo, agotado, empezó a pedir descanso. La mente dejó de girar sobre sí misma.

Aiden no se dio cuenta del momento exacto en que se quedó dormido.

Solo supo que, cuando ocurrió, ya no había tensión en su pecho. Su respiración se volvió regular, pesada, tranquila. Su cuerpo, aún cálido, estaba en calma.

Raegor lo sostuvo con cuidado, ajustando su postura para que pudiera descansar sin incomodidad. No se movió durante largo rato, atento a cada cambio en su respiración, asegurándose de que el descanso fuera real.

—Crecer no significa apurarse —murmuró en voz tan baja que apenas rompía el silencio—. Significa aprender a escucharte.

Cuando Aiden despertó, la luz había cambiado. El día avanzaba con suavidad, y la selva parecía envuelta en un murmullo distinto, más sereno. Su cuerpo aún se sentía diferente, pero ya no abrumador. Había una conciencia nueva, una comprensión silenciosa de que algo había comenzado… y que no necesitaba resolverse de inmediato.

Se incorporó lentamente.

El mundo parecía distinto.

No porque hubiera cambiado.

Sino porque él lo había hecho.

Y por primera vez, al pensar en lo que estaba llegando, Aiden no sintió miedo.

Sintió tiempo.

Sintió acompañamiento.

Sintió que podía crecer sin perderse a sí mismo.

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soney_130602
espera que? :0
Luna cristal Rodriguez
pobre 😭 ...🤭 esperando lo bueno
Pirupiupiu
Muy lindo (⁠๑⁠♡⁠⌓⁠♡⁠๑⁠)
Pirupiupiu
♡⁠˖⁠꒰⁠ᵕ⁠༚⁠ᵕ⁠⑅⁠꒱
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