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Una Jugada Del Destino

Una Jugada Del Destino

Status: En proceso
Genre:Triángulo amoroso / Reencuentro / Amor eterno / Romance
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Abigail Limón

La vida de Ricardo parece estar completa, tiene una novia hermosa y un empleo prometedor pero un día al reencontrarse con un amor del pasado se dará cuenta que su vida había estado vacía todo ese tiempo. Sin dudarlo más tiempo decide recuperar el amor de aquella mujer que alguna vez tiempo atrás lo había sido todo para él, aunque no le será del todo fácil.

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Agradable coincidencia

—Entiendo que crees estar enamorado de esa muchacha, quizás y así es —dijo mi padre condescendiente, yo permanecía en silencio, para que creyera que estaba tomando en cuenta sus palabras, apretando con fuerza mis puños en un intento para contenerme —. Pero aún eres joven y te falta mucho por vivir, hijo a esa edad uno ama con mucha intensidad, pero ese amor tan intenso se extingue con facilidad y después te enamoras otra vez y vuelves a empezar. Verás que con el tiempo llegará la mujer que realmente te convenga, una mujer que no te de tantas complicaciones. 

—Tu padre tiene razón hijo —intervino mi madre, impaciente por dar también su opinión acerca de lo que me convenía —. Esa muchacha viene de una familia muy problemática, si tú supieras lo que dice la gente, sus papás son unos exhibicionistas que gritan todo el tiempo y se insultan en la calle sin importar que la gente los vea además, su mamá siempre está peleando con sus vecinas y francamente no quiero que vuelva a venir a nuestra casa a gritar cosas como lo hizo ayer; que vergonzoso, gracias a Dios que yo no estaba si no…

—Ya cariño, creo que nuestro hijo ya entendió lo que estamos tratando de decir y va a dejar de ver a esta noviecita suya. 

—¿Ya terminaron? —me levanté de golpe, molesto por la manera en que ambos creían que podían decidir qué era lo mejor para mí; molesto porque ellos creían que el amor que Angie y yo sentíamos era algo sin importancia que podía cambiar de un día para el otro —no tienen derecho a meterse de esta manera en mi vida —mi voz no era fuerte pero si firme; por supuesto que entendía lo que querían decir y sabía que tenían razón en que la madre de mi novia era una mujer problemática pero Angie no era así y era injusto que mis padres la menospreciaran —. Yo la amo y no la voy a dejar solo porque ustedes creen que es lo mejor. Ella y yo somos uno, no podemos estar separados. No la dejaré. No lo haré.

—¡Ricardo! ¡No te atrevas a desobedecerme! —gritó mi padre exaltado.

La indignación de mi madre y el gesto furioso de mi padre no me importaron, defender mi amor por Angie era lo único que quería, ni siquiera sabía si estaba hablando con coherencia. 

—¡Ya no soy un niño, papá! —fue lo último que dije antes de salir por la puerta de casa. No me separarían de Angie, ni su madre, ni mucho menos mis padres. 

Llevaba tres días intentando ver a Angie sin atreverme a pasar cerca de su oficina, al parecer ella se estaba ocultando de mi, era extraño que no hubiéramos coincidido, sobre todo cuando Fernando pasaba tanto tiempo hablando de lo bien que olía su cabello o sobre la suavidad de sus manos o lo cerca que había estado de su bello rostro y tan cerca de sus labios; es que Fernando buscaba cualquier pretexto para irse a meter allá.

Por otro lado yo tenía que esperar para verla, aunque era solo cuestión de tiempo. La pregunta era qué le diría cuando me cruzará con ella. Era graciosa la forma en que comenzaba yo a actuar, igual que un adolescente, soñando despierto con el momento de tenerla frente a mi. 

—Licenciado, buenos días —me saludó esa chica la gerente de piso de venta. Cómo siempre que cruzábamos palabra, la chica se puso nerviosa y sonrió como si yo fuera su persona favorita. 

—Buenos días, Alicia —. Le saludé y seguí de largo. Mi atención estaba puesta en la puerta de su oficina pero estaba cerrada, quizás ya había llegado y de nuevo había perdido la oportunidad. 

—No piensa ir a la reunión. 

Me detuve en seco. Había olvidado esa reunión. Mire mi reloj y estaba justo a tiempo; con la intención de encontrarme con ella había salido más temprano de casa, al menos había valido la pena. 

—Claro —le dije fingiendo demencia, me di media vuelta —ya iba para allá, solo que…

—Yo también voy para allá. 

La manera en que esa chica había adquirido seguridad me asustó, hacía un momento ella estaba sonrojada y apenada y ahora caminaba sonriendo a lado mío, tan cerca que pensé que se colgaría de mi brazo. Nos dirigimos entonces al punto de encuentro en la entrada principal que era parte más amplia de todo el lugar, ahí ya estaba todo el personal incluida ella, al lado del Licenciado Zamora. Angie no necesitaba unos zapatos caros ni usar un vestido ceñido con escote pronunciado, podía cautivar incluso con tenis y esos jeans, Angie desde siempre había sido una belleza natural. 

—El motivo de esta reunión es muy simple pero no por eso menos importante —comenzó Zamora con el discurso —. Seré breve, ella es la Licenciada Angélica Ramírez, ella será la directora de recursos humanos de hecho ha empezado a trabajar desde el lunes pero no habíamos tenido la oportunidad de presentarla.

De alguna manera en ese espacio donde había al menos treinta personas, mi mente logró enfocarse solo en ella y es que desde que volvió a aparecer en mi vida, todo ese amor que sentí por ella años atrás volvió a mi como si nunca se hubiera ido, como si hubiera permanecido dormido dentro de mi esperando su regreso. No tenía sentido negarlo, seguía amando a Angie y tampoco había una razón para no intentar acercarme a ella; Angie estaba sola y mi relación con Mónica había terminado. Quizás ella también lo sentía o si no porque me miraba de esa forma. 

—Muchas gracias por sus palabras, licenciado —ella comenzó a hablar y todos guardaron silencio, no me sorprendió darme cuenta que no era yo el único que caía ante el hechizo de su dulce voz —. Estoy muy contenta de estar aquí con ustedes y de que se me haya dado la oportunidad de trabajar en esta empresa. Cómo el licenciado Zamora mencionó, he trabajado en esta empresa durante dos años y me han transferido aquí por los cambios que estamos teniendo con la nueva sucursal. Solo quiero que sepan que pondré todo de mi parte para que todos nos llevemos bien y que pueden contar conmigo para cualquier cosa que se les ofrezca, algún consejo, alguna duda, pueden contar conmigo. 

Cuándo la reunión terminó y el lugar se fue despejando, supe que era el momento para acercarme a ella, la invitaría a comer para ponernos al día y entonces…

—Bienvenida, Angélica —escuche decir a Fernando 

—Gracias, Fernando. 

—Sabes, estaba pensando y no sé si tú también quieres, pero… me gustaría invitarte a…

—¡Fernando! —le llame así nada más, yo sabía lo que Fernando quería hacer, estaba a punto de invitarla a salir y aunque sabía que ella no lo iba a aceptar no pude evitar que los celos me gobernaran, no le iba a permitir que lo hiciera, no le iba conceder ni siquiera una pequeña oportunidad —. Ya hiciste lo que te encargue —dije, haciendo uso de la autoridad que tenía sobre él. Fernando me miró algo molesto e indignado, en todo el tiempo que llevábamos trabajando juntos, nunca le había hablado de esa manera, pero no me importó. 

—Ahora voy, jefe —una última mirada a Angie fue todo lo que logró, ella solo le sonrió a manera de despedida y volvió la vista hacía mí, eso era todo lo que me importaba, sus bellos ojos puestos sólo en mi. 

—Hola, Ricardo. ¿Cómo has estado? —me dijo tímida cuál jovencita asustada, pero sin dejar ese aire de sensualidad que ella misma ignoraba que tenía. 

—Ahora que te he vuelto a ver estoy mejor, Angie

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