— Melisa espera. — La llamé pero me ignoró. — Melisa por favor. — Tomé su brazo. — Tú sabías que ésto podía pasar. — Ella me observo y negó con la cabeza. Luego jalo su brazo.
— ¿Qué sabía? ¿Qué sólo me veías cómo la opción de repuesto? ¿eso debo saber?
— Eres mi amiga, mi socia.
— Yo quería más. Y tú, me has cambiado por una colegiala. — Dijo con rabia.
— No te cambie, entré tu y yo nunca ha habido nada.
— ¡Por qué tú no has querido! — Gritó con desesperación. — Pero siempre has sabido de mis sentimientos por ti. — Sus ojos se pusieron llorosos. — Te has comprometido con una niña de 21 años, la pregunta es por qué. ¿La amas? ¿o es que te casas con ella para que te dé su virginidad?
— No sé de qué hablas.
— Te escuché hablando con Ramiro. Dijiste que es la primera vez que conoces a alguien virgen con esa edad y belleza.
— No es lo que piensas. ¿Creés que me casaría con ella por una razón tan tonta?
— No lo creó. Si esa fuera la razón te habrías casado conmigo hace mucho tiempo
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Siga luchando
...Melisa....
Hoy recibí un ramo de flores, me pregunté si podían ser de Diego. Hasta me emocioné. Pero a los pocos segundos mi emoción se fue, descubrí que eran de un proveedor de telas. El siempre ha sido muy amable conmigo. Me deseó una pronta recuperación. ¿Qué le habrán dicho? No creó que alguien sepa de mi depresión.
— Señorita Melisa. ¿Puedo pasar? — Mi empleada llamo a mi puerta. Me sorprendió que estuviera aquí tan temprano.
— Pasa.
— Señorita. ¿No le gustó la comida? — ¿Comida? A claro la comida.
— Si. Estaba buena gracias.
— Pero ni siquiera se ve que la haya probado. — Es verdad. Olvidé bajar a comer.
— ¿Y a ti en que te afecta? Vete a la cocina. —Dije molesta.
— Señorita usted se ve muy mal. Me preocupa.
— ¿Yo te preocupo? Ja ja ja. — Me reí sarcásticamente. — ¿A ti? — Ni siquiera le preocupo a Diego.— ¿Por qué te importaría a ti?
— Señorita llevó más de cuatro años trabajando con usted. Y nunca la había visto como ahora. Algo muy grave debió pasarle.
— Pues si. Si pasó.
— ¿Me quiere contar? — Yo la miré y sentí confianza. Quizás sea bueno aliviar un poco mis penas.
— Ya que. Siéntate. — Le pegué a la cama.
— ¿De verdad?
— Ven ya. — Ella se acercó y sentó. — ¿Recuerdas a Diego?
— Claro. Es el muchacho guapo que la visita a veces.
— A ese idiota yo lo estuve esperando por años. — Le conté mi triste historia con el. — Es el único hombre con el que alguna vez deseé casarme, tener hijos. Soñaba con mi vida a su lado. Pero hace unos días se comprometió. Y todos esos sueños los tiré a la basura.
— Señorita usted nunca se da por vencida. Siga luchando. Tarde o temprano logrará cumplir esos sueños.
— No. Está vez no. Ya no quiero luchar por alguien que no me valora.
— Nadie dijo que debía luchar por el señor Diego. Usted es hermosa, inteligente y trabajadora, seguro que tiene una fila de pretendientes.
— No creó. Estuve con Diego mucho tiempo, hice muchas cosas por el, pero ni así se pudo enamorar de mi. ¿Por qué otro hombre lo haría?
— Por qué no todos son tan tontos cómo el señor Diego. — Ambas nos reímos. Está vez si fue una risa sincera.
— ¿Piensas que el es tonto?
— ¿Qué hombre listo deja ir a una mujer como usted? — Ella trató de animarme. — Señorita le traeré su desayuno, usted pongase bella. Salga, conozca gente, vaya a citas a ciegas. Ya verá que encontrara un hombre que si sepa valorarla.
— Gracias.
— De nada. Con su permiso. — Ella se fue y yo me levanté de la cama. Revisé mis mensajes, tenía varios de mi asistente. Me decía sobre el trabajo pendiente y algunas reuniones que tuve que cancelar.
Le pedí que pusiera a la venta mis acciones y me avisará cuándo hubiera un comprador. Luego fui a bañarme, elegí un hermoso vestido, planche mi cabello y puse maquillaje sobre mi rostro. Me veía bien, sólo mis ojos delataban mi tristeza.
— Señorita aquí está su comida.
— Muchas gracias. Ponla sobre mi mesa.
— Si. Por favor coma, las penas con pan son menos.
— Eso espero.
...Diego....
Emily me visitó en la empresa, Roberto también estaba aquí, aproveché para presentarlos.
— Amor, el es mi amigo Roberto. Ella es Emily, mi prometida.
— Mucho gusto. — Ambos estrecharon sus manos.
— El gusto es mío. Emily eres muy bella.
— Muchas gracias.
— ¿Y a qué te dedicas?
— Trabajo en un restaurante.
— ¿Eres la dueña?
— Roberto ya te había comentado que es mesera. — Interviene en la conversación.
— O claro. Es que lo había olvidado. Mi amigo no acostumbra salir con mujeres diferentes. Tú entiendes.
— Supongo que hablas de mi condición económica.
— No te ofendas por favor.
— No. No me ofendo. — Contestó ella tranquila, pero noté cómo su voz se puso un poco triste.
— Bueno. Ya se conocieron. Emily, ¿me acompañas a comer?
— Si amor.
— Roberto nos vemos después.
— Ok. Pero mañana me gustaría desayunar contigo. — Asentí y salí. De camino al restaurante trate de animar a Emily, mañana hablaré con Roberto, lo conozco y se que fingió olvidar para hacerla sentir incómoda.
...Al día siguiente. Roberto....
Llegué al restaurante dónde solemos desayunar Diego y yo. El aún no estaba presente por lo que ordené un café mientras esperaba. Luego de unos minutos ví llegar a Melisa. Estaba más hermosa de lo que recordaba.
— Melisa. Hola. — Me acerque a saludar.
— Roberto. ¿Cuándo llegaste de Italia? — Ella besó mi mejilla y nos dimos un abrazo.
— Hace dos días. Moría por verte.
— Eres un exagerado. — Ella rió levemente. — ¿Esperas a alguien?
— Si. Pero puedo cancelar y desayunamos juntos.
— No. Tengo una reunión con mi asistente. Dejémoslo para otra ocasión.
— Está bien. — Ambos vimos llegar a Diego.
— Voy a mi mesa. Te veré después.
— Vale. — Ella se fue sin siquiera saludarlo. Me pareció muy extraño, algo muy grave debió pasar está vez. No es normal que se porte indiferente.
— Veo que tenías compañía. — Mencionó mi amigo apenas llegó.
— La tope y saludé. ¿Tiene algo de malo?
— Nada. ¿Me puedes decir para que me citaste?
— Para hablar de mi antes acompañante.
— ¿Qué hay sobre Melisa? ¿Te contó por qué nos peleamos?
— No. Y me gustaría saberlo. Además también quiero saber más sobre tu prometida.
— ¿Qué problema tienes con Emily?
— Ninguno. Acabo de conocerla. Parece una buena chica, pero no todo es lo que parece. Y eso me preocupa.
— Melisa y yo peleamos por qué intentó separarme de Emily. Cómo lo ha hecho con mis otras novias, pero no contaba con que ella es diferente.
— ¿Qué hizo exactamente?
— Le ofreció dinero.
— ¿Emily te dijo?
— No sólo me lo dijo, tenía pruebas que lo demostraban, Melisa también lo admitió.
— Meli ha estado esperándote por años. Creó que su conducta es normal.
— ¿Normal? ¿Llamas normal a una persona que actúa con maldad?
— Ella no es mala.
— Pero tampoco es buena. Ya hemos tenido está discusión. Por favor no sigamos con lo mismo.
— Intentó abrirte los ojos. No quiero que cometas un error.
— No lo estoy haciendo. Amo a Emily y me voy casar con ella. No importa lo que diga mi padre o tú.
— Okay okay. No te enojes. Pero espero que más adelante no te arrepientas.
— No será así. Deja de preocuparte.