Nuestros mundos eran diferentes, nuestros caminos... pocas veces se cruzaron. Éramos como dos líneas paralelas que no debieron encontrarse, mas, sin embargo; el universo quiso que así fuera.
Yo no estaba preparada para enamorarme de ti, de caer en tu juego de seducción y pasión desbordada, de aquel amor que todos miraron prohibido al principio, pero, que solo nosotros dos, entendimos como sucedió. Somos el equilibrio perfecto entre el dolor y el placer, entre conocer la virtud para después familiarizarnos con el vicio.
Tú me amas, yo te amo, nuestros cuerpos son el ejemplo perfecto de que dos almas están destinadas a estar juntas aun cuando la muerte acechaba en cada rincón de nuestra existencia. Tu eres el dragón que me envuelve en sus fuego incandescente, eres la marca que deseo en mi piel por siempre.
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VI — UN ALMUERZO INTERESANTE
En el comedor...
Narra Adrien
— No tienes por qué asustarla Adrien — espeta Felipe con un suspiro — Es sólo una niña, es nueva en todo esto. ¿Puedes decirme que pasó entre Karla y Tabatha?
— Sólo te diré que ninguna de las dos pueden encontrarse, no se sabe que pueda pasar — y la verdad es que no sé qué pasará... esa niña que según Felipe dice que es, es todo menos una niña, es una completa salvaje, que me dejo con la pregunta en la boca y desde ese día no la saco de mi cabeza, sólo que no puedo corresponder, hay asuntos más importantes que estar pendiente de una chiquilla hermosa jaja — ¿Te gusta la chiquilla Felipe? —sonríe sombrío.
— No, Adrien, — le mira con cara de fastidio— Sabes la razón, pero si se da la oportunidad no lo pensaré dos veces, —baja su mirada un poco triste, toma su copa de vino y degusta, mientras observa a Adrien, quien éste asiente.
— ¿Sabes que es jugar con fuego verdad? ¿Quieres quemarla Felipe? — lo observa con cierta burla en la mirada.
— Maldición Adrien, ¡basta! —golpea la mesa— Siempre me quieres sacar de mis casillas, ¡con tus comentarios sarcásticos!, no la voy a lastimar porque no pasará nada ¿Entiendes? — Adrien asiente en señal de rendición y disculpa, mientras deja su copa de vino.
Tabatha regresa y se sienta, mientras Felipe se levanta y se disculpa para luego ir él al baño.
— Tabatha, Adrien me disculpan iré un momento al baño — habló en voz baja y se percibió un poco de molestia y tristeza, Tabatha asiente, Adrien se inmuta a hablar.
— Señor Ferrer— habla Tabatha rompiendo el silencio — Quiero disculparme personalmente con usted, por lo que pasó hace unos días, de verdad fue un accidente, jamás quise hacerle algo así a ella o a alguien, por favor discúlpeme y si puede olvidarlo — le observo mientras baja su copa, sus ojos negros y fríos siempre estuvieron viéndome y habla.
— Yo, ya lo olvidé — excepto a ti pensé yo — De mi parte te disculpo — me quedo asombrado cuando ella toma mi mano y la aprieta emocionada mientras me agradece.
— ¡¿De verdad?! Aww gracias señor Ferrer, me siento mejor, un problema menos para mí — tomo su mano, es tan tibia, y suave, me quedo viendo su gesto y él ni reacciona.
Narra Tabatha
— Bueno Tabatha ¿Quieres algún postre? —regresa Felipe a sentarse y yo en menos de un segundo quité mi mano de Adrien y le asentí a Felipe — Bien, entonces llamaré al mesero para que te traiga un exquisito postre —me guiña un ojo y una sonrisa traviesa.
— Gracias, eh... señor Ferrer ¿Le gustaría acompañarnos en el postre? —le pregunto en tono divertido, ya no me cae mal, bueno un poquitín menos.
— No gracias, no como azúcar de este tipo.— responde arrogante, y hasta ahí íbamos bien, y ruedo mis ojos internamente, no sabe lo que se pierde.
— Señor Felipe puede probar conmigo si desea, — éste asiente y le doy una cucharada de mi postre, si en la boca, lo está haciendo a propósito y yo como una estúpida esperando que tome sus cubiertos — ¡¿Es en serio Felipe?! —le reprocho medio molesta, y me mira confundido.
— ¿Que hice? — Adrien observa, atento mas no dice nada.
— Tienes postre aquí— le señalo la boca, tomo mi servilleta y le limpio, él lo que hace es reír, le gusta al niño que le limpie la baba ay no, este hombre — Listo bebé, ya puedes ir a jugar al parque — le digo burlona me río en carcajadas suaves, ósea estoy en un restaurante no voy a hacer eso como una loca desquiciada , observo al señor Ferrer y les juro que si pudiera tocarle la cara lo haría para meterle los ojos hacia adentro, está atónito — Señor Ferrer, no se ponga celoso, también puedo darle un poquito —le digo sarcástica y este medio sonríe — Ah hasta que por fin le veo medio sonreír, pensé que no tenía dientes — la seriedad inunda su rosto por completo.
— Mi esposa dice que eres salvaje, y yo digo que eres traviesa — me observa atentamente como un león acechando una presa, yo sin querer le respondo riendo, pero no debí hacerlo porque al segundo siguiente se torna más serio.
— Su esposa dice eso porque casi la dejo sin cabellos, — me echo a reír, más vale que no, ahora me quiere matar con esos ojos si pudiera— Lo siento no quise decir eso — me disculpo y miro a Felipe quien me ve sorprendido y pregunta.
— ¿De qué hablas Tabatha? ¿Cuáles cabellos? — pregunta curioso y nos mira a ambos y yo respondo.
— Nada Señor Felipe, ya eso quedó en el pasado — sonrío con gracia para no ser mal educada, éste asiente, pero no quedó convencido sé que más adelante me va a preguntar, Ferrer se levanta para despedirse y marcharse, estrechamos manos para salir del restaurante.
COLUMBUS GROUP.
Hemos regresado a nuestras labores, cada uno en su lugar. Yo terminando los informes de las reuniones anteriores, revisados, firmados y sellados.
— Muero de hambre —murmuro en voz baja pero perceptible.
— Yo también —me sobresalto— ¿Te asusté? ¿Tan feo soy? — se acerca hasta mi escritorio, le río suave y le respondo.
— Sí eres horrible — y estallamos en carcajadas los dos.
— Morirías por estar con un Sugar Boy como yo — ríe marcando sus lindos hoyuelos, yo mientras río ruedo los ojos, sí vale como no
— Vamos te llevo a tu casa, ya terminamos la jornada, es bastante tarde, las 7 para ser exactos — mira su reloj y se sorprende — Quiero conocer a tu mamá, —me dice con un guiño — A mi suegra, mejor dicho — levanto la vista con mis ojos como platos mientras recojo mis cosas y le veo caminando con aire arrogante hasta el ascensor.
— Ya quisieras tú, que sea tu suegra —le digo mientras me hago la desinteresada y subo al ascensor.
Al llegar a casa...
Hago pasar a Felipe hasta la sala, se sienta en el sofá mientras llamó a mamá
— Mama ya llegué, traigo visitas, me encontré un perrito abandonado y lo traje conmigo —Felipe me observa con cara de matarme — Pero no muerde — estallo en risas y el me sigue segundos después.
Sale mi mami y observa a Felipe sorprendida y luego me ve a mí, como buscando al perrito y me vuelve a ver.
— ¿Dónde está el perrito abandonado? — nos observa curiosa y yo le señalo a Felipe — ¡Tabatha! — me grita molesta — ¿Tienes problemas? Ay disculpe señor mi nombre es Madeline, soy la mamá de esta niña, que parece que olvidó los modales — Felipe se levanta y estrecha sus manos y se presenta a mamá.
— No se preocupe, mi nombre es Felipe Windsor, soy el Jefe de Tabatha — mi mamá me observa con cara de querer arrancarme la cara y me grita.
— ¡TABATHA!, ¿Le dijiste perro abandonado a tu Jefe? ¿Estás loca? — y yo casi escupo mi agua, pero me contengo y hago un gesto con la cabeza diciendo si, mientras intento no reírme fuerte.
— No se moleste señora Madeline, Tabatha y yo nos tratamos así, yo fui peor porque la fiché para trabajar conmigo, no sabía que tenía problemas mentales — mi mama se ríe y yo lo fulmino con la mirada, el denota sus hoyuelos lindos
— JAJAJA gracioso — y ruedo mis ojos y me voy a la cocina.
— Yo pensé que era la única que aguantaba sus loqueras — Felipe y mi mamá se ríen, hasta que mi madre empieza a toser y Felipe la ayuda a sentarse para cenar.
— Felipe eres muy guapo, ¿Estas casado? —pregunta mi madre con curiosidad, Felipe sonríe de lado.
— Ma por favor, que preguntas son esas, no me avergüences —le hago seña con los ojos y me ignora.
— No, no estoy casado. Soy soltero y un Sugar Boy — escupo mi comida y me atraganto por su comentario, mientras mi mamá me observa con cara de vergüenza.
— ¿No sabes comer Tabatha? — me dice con cara seria, trágame tierra no sé quién es peor si ella o yo.
— ¿Quieres un babero Tabatha? —mueve sus cejas pícaras, y me guiña un ojo,
« ¡IDIOTAAAAA! ¿Si éste fuera mi novio y mi madre su suegra entre los dos que no me harían?»