Victoria Adame García regresa del más allá para cobrar venganza. Polo Hernández no comprende que está pasando, pero siente una presencia extraña dentro de su coche.
NovelToon tiene autorización de Maria Esther para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Ya era muy difícil que coordinara sus pensamientos
Polo hizo caso omiso al doctor y no fue con el psicólogo, "yo no estoy loco", se dijo.
Decidió ya no ver a Noelia.
"Ella es la causa de todo", pensó Polo.
Catalina fue a buscarlo a su empresa, Polo no la esperaba después de la noche en que le vio esos rasguños.
¿Qué haces aquí?, pensé que habíamos terminado.
¿Eso quieres?, estoy preocupada por ti y ¿solo se te ocurre decirme eso?
Pues tú dijiste que ibas a mandarme a freír espárragos, ¿ya se te olvidó?
Fue solo un decir, jamás te abandonaría.
Pues entonces no andes diciendo eso. Por hoy te perdono, pero si vuelves a decir algo así te mando al carajo, dijo Polo, tratando de mantenerse calmado.
Ella lo abrazó, está bien, amor; Catalina le dio un beso. Pero Polo ya no le hallaba placer a esos besos.
Espera, no se te olvide que estamos en la empresa.
Pero es tu empresa, mi amor. Nadie te va a decir nada.
Prefiero que vayamos a mi casa. Espera que termine el turno.
En cuanto dieron las seis, Polo guardó todos los papeles importantes en un cajón bajo llave, y luego salió, abrazado de Catalina, que más que abrazo parecía que la llevaba colgando.
Subieron al auto. Hasta ahí todo marchaba bien, pero conforme iban avanzando por la carretera, Polo sintió un olor muy raro.
Al ver por el espejo retrovisor vio a Victoria sentada en el asiento de atrás, le sonreía, su sonrisa estaba sin dientes, en el lugar donde debieran estar los ojos solo había dos cuencas vacías, producto de varios meses bajo la tierra.
Toda ella despedía un olor nauseabundo; Polo frenó de inmediato, haciendo que Catalina se fuera hacia el frente golpeándose en el parabrisas. No llevaba el cinturón de seguridad.
Al voltear ya no había nada.
"¿Me estaré volviendo loco?", se dijo.
Catalina, ¿estás bien?
Ella no contestó, estaba desmayada.
Como pudo, salió del auto y fue al lado de Catalina. Ella tenía un fuerte golpe en la cabeza.
La ambulancia llegó minutos después.
¿Qué fue lo que pasó?, preguntó el paramédico.
El auto derrapó y me fue imposible contenerlo, dijo Polo, pálido por el susto.
¿Usted está bien?
Me duele un poco la cabeza, pero en general estoy bien.
Bueno, también irá con nosotros, no vaya a ser que tenga una lesión interna.
¿Cómo está Catalina?, preguntó Polo, estaba muy nervioso.
Débil, pero estable. Se repondrá.
Catalina pasó varios días en el hospital, hasta que después de una semana fue dada de alta.
¿Cómo te sientes, amor?, te llevaré a tu casa.
Eres un imbécil, llévame a casa y después no quiero volver a saber más de ti.
Pero amor, ¿por qué me dices eso?, fue un accidente.
Accidente o no, ya no quiero nada contigo, eres un cafre al volante. Además, creo que te estás volviendo loco.
¿Tú también me estás diciendo que estoy loco?
¿También?, ¿quién más te ha dicho eso?
No importa.
Poco después, Catalina ya estaba en su casa, dio por asentado que todo había terminado.
Polo había llegado en taxi a su casa, el coche se había quedado en el taller, estaba en un estado deplorable, pero ahí le dijeron que "quedaría como nuevo".
Los siguientes días, Polo viajó en el otro coche.
Ese día, un mes después, estaba esperando a un amigo para irse de farra.
Al parecer, ya no había tenido problemas, desde que no usaba el coche de Victoria todo estaba tranquilo, o al menos eso parecía.
Su amigo Fidencio y él estaban tomando en una cantina de mala muerte.
Todo era diversión, las chicas malas pululaban en esa cantina como abejas a la miel.
Polo se dejaba querer, Fidencio fue al privado con una de esas mujeres.
Polo imitó a su amigo.
Estaba en pleno acto sexual cuando creyó ver a Victoria parada en la puerta del privado.
Polo aventó a la chica, se vistió rápido y salió "como alma que lleva el diablo".
Ella se levantó del suelo, adolorida por el golpe seco.
Y solo se limitó a mirar hacia la puerta. Se vistió y siguió trabajando.
Cuando Fide salió del otro privado se dio cuenta de que Polo se había ido.
Pagó la cuenta y se fue.
El auto de Polo estaba ahí.
"¿Dónde andará?", pensó Fidencio.
Al caminar hacia el coche vio algo raro en el suelo.
Al dar la vuelta vio a Polo tirado en el piso, desmayado.
Polo, ¿qué tienes?, despierta, Fidencio le dio varias palmadas en la mejilla.
Polo despertó, en sus ojos se veía la desesperación y el terror de horas antes. Al parecer, Victoria no pensaba dejarlo en paz.
Ella me persigue a donde quiera que voy.
¿De quién hablas?, preguntó Fidencio.
Victoria no quiere que sea feliz con mis amantes.
¿Hablas de tu esposa muerta?
Sí, ella se ha propuesto a arruinarme la vida.
Fidencio lo vio con una mezcla de pena y pesar.
Ellos eran amigos casi de la infancia. Lo conocía bastante bien y sabía de que pie cojeaba.
Sin embargo, eso no le impedía pensar que tal vez se estuviera volviendo loco.
Tranquilo, amigo, aquí no hay nadie. Solo tú y yo.
No, mira, ahí está, ella se está riendo como si se burlara de mí. Ayúdame amigo.
Fidencio llamó a una ambulancia, Polo no se veía nada bien.
Cabe aclarar que Fidencio no veía nada.
Polo fue internado en un hospital de psiquiatría. Baltasar fue a visitarlo, Polo lo reconoció enseguida.
¿Qué te pasó, Polo, por qué estás aquí?
Él seguía repitiendo la misma versión que le dio a Fidencio.
Victoria no me deja en paz, me persigue a todas partes.
El doctor entró en ese instante.
¿Qué tiene mi amigo, doctor?
Esquizofrenia compulsiva. El hombre tiene alucinaciones. Dígame, ¿él acostumbra a consumir drogas?
No, él jamás ha probado droga alguna, es un empresario muy dedicado y ordenado.
Por lo pronto, se le harán unos exámenes de sangre, para comprobar eso que nos acaba de decir.
¿Cuánto tiempo estará aquí, doctor?, dijo Baltasar, preocupado por su socio.
Es necesario, por lo menos, que se quede aquí una semana para descartar cualquier cosa.
Está bien, doctor, yo me hago responsable. Haga todo lo que tenga que hacer, yo avalo todos los gastos.
De acuerdo, le mandaré por e-mail todos los resultados de los exámenes que le hagamos.
Gracias doctor.
Mientras Polo seguía viendo a Victoria, tenía los ojos desorbitados.
Ya era muy difícil que coordinara sus pensamientos.
Ella lo miraba con esas cuencas vacías y esa boca desdentada, y su olor nauseabundo.
Polo se tapaba los ojos para no verla, pero ella se metía en sus pensamientos y en todo su ser.
Los doctores lo veían a través del vidrio, él manoteaba y gritaba hacia algo que estaba frente a él, pero los doctores no veían nada.