En un mundo donde el poder corrompe y la sangre siempre se paga con más sangre, la paz no es más que una mentira bien contada.
Ella creció entre sombras, bajo las reglas de una familia donde la mafia dictaba cada paso.
Ahora sigue el mismo camino hasta que un enemigo de su familia aparece para arrastrarla a un infierno de verdades que duelen, pactos rotos y recuerdos que jamás murieron.
Entre la oscuridad del odio y la fragilidad del amor, deberá elegir: ¿vale su alma mas que la venganza… o ya es demasiado tarde para salvarla?
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Capitolo 6
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El día en la playa llegaba lentamente a su final. El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte cuando salimos del mar.
Me vestí de nuevo mientras observaba a monica, apoyada en la orilla, fumando con una tranquilidad absoluta.
—¿Quieres un poco, prima?—me pregunto, extendiéndome el cigarrillo.
Lo tome y exhale el humo despacio sintiéndome relajada.
—¿Estarás en la despedida de soltera de Daniela?
—Tengo que estar, prima. Mi padre me obligara—respondió—¿tu iras?
—Sabes que no. Mañana estaré allí solo porque es mi obligación como hermana del novio, nada más.
—Sera aburrido sin ti. Solo estará su familia… y ya sabes, los colombianos son muy alegres, su cultura es tan distinta a la nuestra.
—Lo sé, pero así son las cosas. Para mañana todo debe estar en orden.
—Deberías quedarte en la celebración. Tu hermano cantará serenatas, habrá música… baile.
—No me gusta repetir lo que digo, monica. Es hora de irnos. Tú también debes arreglarte.—Está bien, como digas.
Fuimos a buscar a mis sobrinos y salimos junto a Ricci. Los dejé primero a ellos y luego a monica, quien insistió una vez más en que asistiera a la ceremonia. Me negué de nuevo.
Al regresar a la mansión, encontré a mi padre esperando a mi madre para marcharse. Al verme vestida así, se acercó.
—No irás, ¿verdad?
—Llegué cansada de la playa. Ricci y yo nos quedaremos.
—No te rogare que vayas, pero espero que mañana estés lista temprano para la boda.
—Iré al matrimonio. No te fallare. Además, debo darte mi decisión sobre el problema de los Becker.
—Eso espero. Descansa, figlia.
Besó mi frente y me retire a mi habitación. Esta vez quería estar sola. Me bañe y, con una bata puesta, Sali a la terraza. Necesitaba pensar.
Era difícil ignorar todo lo que ocurría a nuestro alrededor, aceptar una realidad que nos había sido impuesta. La plata había sido un breve escape, pero sabia que al día siguiente nada seria sencillo. Aun así, estaba decidida a que ese día fuera único.
El día llego. Me levante temprano para arreglarme. El vestido caía suavemente sobre mi cuerpo: un tono dorado, casi miel. La espalda quedaba al descubierto, sostenida por un lazo ancho que nacía en el cuello y caía en dos largas tiras. Llevaba el cabello recogido en un moño, con algunos mechones sueltos.
Al salir, vi a mis padres ya listos. Juntos nos dirigimos a la mansión de Massimo, donde se celebraría la boda. Al llegar, fui a buscarlo. Estaba en su habitación, terminando de arreglarse.
—Veo que tengo un fratello muy guapo.
—¿Me veo bien?
—Claro que sí. Solo quería verte.
—¿Para que cambie de opinión o para felicitarme?
—Ya estamos aquí, no hay tiempo para cambiar decisiones. ¿A dónde irán de luna de miel? No te recomiendo Suiza.
—Iremos a Colombia. No puedo ir a otro país de Europa con todo este lío de la mafia alemana.
—Te arruinaron la luna de miel sin ofender.
—Lo importante es que amo a Daniela. Eso es lo único que me interesa.
—Como digas… recuerda que enamorarse hace idiota a las personas, bueno nos describimos los dos, pero solo quiero que seas feliz y que nadie te lastime. Te extrañaré.
—Yo también te extrañaré, pero estaré pendiente de cada paso que des. ¿Cuándo hablarás con padre?
—Después de la ceremonia.
—Espero que sea una decisión tuya, sin que te presionen.
—Tranquilo, lo pensé bien.
—Entonces es hora, sorella.
—Me iré… y no te pongas nervioso.
Lo abracé y me dirigí al evento. Me senté junto a mi padre y Renzo mientras comenzaba esa música ridícula que siempre elegían. Massimo entró acompañado de mi madre; luego pasaron las hijas de Alonzo, y finalmente Daniela del brazo de su padre. Su familia era ruidosa, chiflaban, reían. Su alegría me sorprendió.
La ceremonia comenzó con unas palabras, después los testigos y el intercambio de anillos. Mis padres se mantenían firmes, mientras los padres de Daniela lloraban de felicidad. Cuando llegó el beso final, todos lanzaron arroz al aire, símbolo de fertilidad y prosperidad.
La recepción me irritaba. Tradiciones, buffet, música, baile… Todos felicitaban a los novios. Yo me limité a sentarme en una mesa, bebiendo limoncello. Mi tía Anastasia se acercó con una copa.
—¿Por qué estás tan sola?
—No me gustan las multitudes. Me irritan.
—Ya se casaron, no puedes evitarlo.
—Eso me han dicho todos. Ojalá le dure.
—¿Quieres apostar?
—Apuesto más de cien millones de euros a que terminan en menos de dos años.
—Yo apuesto otros cien millones a que en menos de un año tienen un hijo.
—Me gusta la apuesta, tía.
Luego pidieron fotos con los novios. Solo accedí a fotografiarme con Massimo. No quería compartir espacio con ella.
Me alejé hacia el jardín delantero de la mansión y encendí un cigarrillo. Observaba a mi alrededor cuando noté que mi padre se acercaba.
—¿Quieres?
Asintió y le pasé uno, que encendí para él.
—¿Por qué estás tan sola?
—Sabes que no me gustan estos eventos.
—Todo por Leonardo, ¿verdad?
—Tú mismo te respondes. ¿Por qué no estás con ellos?
—Digamos que la familia de Daniela es un poco escandalosa.
—Se los advertí y nadie me escuchó.
—Pero dime… ¿qué pensaste sobre el asunto de los alemanes?
—Sabía que tocarías ese tema. Ya me decidí.
—¿Entonces me ayudarás?
Apagué el cigarrillo y lo miré fijamente.
—Soy una capo. Debo cumplir con mis deberes. Cuenta conmigo.
Mi padre sonrió.
—Mañana en la organización, a las diez.
—Trato hecho.
Y en ese instante supe que volvía a arrastrarme hacia un infierno del que no sabía si saldría igual… o si esta vez cambiaría mi mundo por completo.
...CONTINUARÁ...