NovelToon NovelToon
“Cuando La Luz Se Rompe”

“Cuando La Luz Se Rompe”

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Venganza / Fantasía épica
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: La Casa Donde Nace el Desprecio

Muy lejos del barrio humilde donde los Suzuki cenaban en silencio…

La residencia del clan Sato brillaba bajo la luz de las lámparas de aceite.

Era una mansión grande, elegante, hecha de piedra blanca y columnas altas, con jardines perfectamente podados y pasillos donde incluso el eco parecía obedecer.

Todo estaba limpio.

Todo estaba en orden.

Y sin embargo…

No había calor en esa casa.

Solo jerarquía.

Solo orgullo.

Solo veneno.

 El Regreso del Heredero

Sato cruzó las puertas principales con el uniforme aún ligeramente desacomodado por la pelea.

Tenía un pequeño corte en el labio.

Un moretón apenas visible en la mandíbula.

Y una furia insoportable ardiendo bajo la piel.

Los sirvientes lo miraron al pasar, pero ninguno se atrevió a hablar.

Ya sabían.

Las noticias volaban más rápido entre nobles que entre pobres.

Su padre lo esperaba en la sala principal.

Sentado.

Recto.

Con una copa de vino en la mano y una expresión que no era de enojo.

Era peor.

Decepción.

El hombre levantó apenas la mirada al verlo.

—¿Es en serio? —preguntó con una calma afilada—. ¿Perdiste una pelea?

Sato apretó la mandíbula.

No respondió.

Su padre apoyó la copa sobre la mesa.

—Y contra una mujer en medio del conflicto, además. Si vas a arrastrar así el nombre del clan… deberías ir a dormir con los cerdos.

El silencio se volvió pesado.

Pero Sato no bajó la cabeza.

No era de los que aguantaban humillación en silencio.

No con él.

—Cierra la boca, viejo —escupió con frialdad—. Tengo más talento del que tú jamás tuviste.

El aire en la sala cambió.

Uno de los sirvientes al fondo se tensó.

Pero el padre de Sato no se sorprendió.

Parecía acostumbrado a ese veneno.

Se levantó lentamente.

Era un hombre alto, de mirada dura y presencia imponente. Sus ojos eran los mismos que los de su hijo.

Fríos.

Juzgadores.

—Talento… —repitió con desprecio—. ¿Llamas talento a ser humillado por alguien sin poder mágico?

Sato apretó los puños.

Su padre se acercó hasta quedar frente a él.

—¿Es en serio, mocoso? —continuó—. ¿Te derrotó un chico que solo tiene físico bruto?

Su tono bajó aún más.

Y eso lo volvió peor.

—Esa es la peor humillación posible.

 El Verdadero Origen de Sato

Sato lo miró con odio.

No con tristeza.

No con vergüenza.

Con odio puro.

Porque ese no era un padre.

Era un verdugo con apellido.

Desde niño, nunca le enseñaron cariño.

Le enseñaron comparación.

Nunca le enseñaron respeto.

Le enseñaron superioridad.

Nunca le enseñaron a amar.

Le enseñaron a dominar.

Y así había crecido.

Convencido de que solo el fuerte merecía existir.

Convencido de que las mujeres eran inferiores.

Convencido de que el valor de una persona se medía por cuánto podía aplastar a otra.

Porque en esa casa…

Eso era lo normal.

Eso era educación.

Eso era familia.

 La Rabia del Humillado

—No volverá a pasar —dijo Sato con voz baja.

Su padre soltó una risa seca.

—Claro que no volverá a pasar.

Lo miró con dureza.

—Porque si un don nadie del barrio bajo vuelve a tocarte… no serás digno del apellido que llevas.

Sato sintió la sangre hervir.

Pero no por vergüenza.

Por rencor.

Por impotencia.

Por esa necesidad enfermiza de devolverle al mundo la humillación que acababa de tragarse.

—Ese chico… —murmuró— no es normal.

Su padre arqueó una ceja.

—¿Ah, no?

Sato recordó los ojos de Asahi.

Recordó la fuerza en sus golpes.

La forma en que lo miró.

No como alguien que quería ganar.

Sino como alguien que estaba dispuesto a romperlo.

—No tiene magia —dijo Sato—. Pero por un momento… sentí algo raro.

El padre lo observó con más atención.

Eso sí le interesó.

No el orgullo herido de su hijo.

No su humillación.

Solo la posibilidad de que hubiera algo útil.

Algo peligroso.

Algo que pudiera convertirse en amenaza… o en herramienta.

—Entonces investígalo —dijo al final.

Sato alzó la mirada.

—Si ese chico esconde algo… encuéntralo.

El hombre tomó nuevamente su copa.

—Y si no puedes superarlo por talento…

Su voz se volvió helada.

—Entonces destrúyelo por posición.

 Una Orden Disfrazada

Sato bajó la mirada apenas.

No por obediencia.

Sino porque ya estaba pensando.

En Asahi.

En Himari.

En cómo romperlos.

No frontalmente.

Eso ya había fallado.

No.

Esta vez sería distinto.

Más sucio.

Más preciso.

Más noble.

Y por eso mismo…

Más cruel.

 Bajo el Mismo Reino

Esa noche, mientras en una casa humilde una familia cenaba con miedo…

En una mansión noble se empezaba a trazar una represalia.

Ambos mundos estaban separados por dinero, apellido y poder.

Pero compartían algo.

El mismo reino.

La misma podredumbre.

Y la misma noche.

Solo que en una casa todavía había amor.

Y en la otra…

Solo hambre de dominio.

 Capítulo 7 – Parte 2

La Chica Que Dejó de Inclinar la Cabeza

La mañana llegó fría.

El cielo estaba cubierto por nubes grises, y el viento arrastraba hojas secas por los caminos de piedra que llevaban a la academia.

Ese día…

Algo se sentía distinto.

No solo en el ambiente.

También en ellos.

 Asahi Cambia su Presencia

Asahi llegó como siempre.

Pero no se veía como siempre.

Llevaba una sudadera negra encima del uniforme de la academia, con la capucha puesta, cubriéndole parte del rostro. Sus manos estaban dentro de los bolsillos y caminaba sin mirar demasiado a nadie.

Ya no saludaba a todos.

Ya no sonreía con facilidad.

No era que su personalidad hubiera cambiado por completo.

Todavía no.

Pero algo en su forma de moverse…

Se había vuelto más pesada.

Más cerrada.

Más difícil de leer.

Varios estudiantes lo notaron.

Susurros se extendieron a su paso.

—Es él…

—El que humilló a Sato…

—Dicen que casi lo mata…

Asahi no respondió a nada.

Solo siguió caminando.

Como si el mundo alrededor le importara cada vez menos.

 Himari Camina Distinto

A unos metros de ahí, Himari avanzaba por el corredor principal.

Pero ella también había cambiado.

No en oscuridad.

Sino en decisión.

Su espalda estaba recta.

Su mirada firme.

Ya no caminaba como alguien que esperaba aprobación.

Ya no se movía como si tuviera que medir cada palabra para no molestar a otro.

No.

Ese día…

Caminaba como alguien que había recordado quién era.

Y al final del corredor estaba Sato.

Esperándola.

Como si todavía creyera tener derecho a hacerlo.

Apoyado contra una columna, con la misma arrogancia de siempre, aunque más contenida que antes.

—Himari —dijo con tono seco.

Ella no se detuvo de inmediato.

Solo cuando estuvo lo bastante cerca para que sus palabras fueran claras.

Sato dio un paso hacia ella.

—Tenemos que hablar.

Himari lo miró.

Y por primera vez…

No había duda en sus ojos.

Solo desprecio.

—Jamás te acerques a mí.

Sato frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué?

Himari lo sostuvo con la mirada.

—Y menos me toques.

Su voz no tembló.

No se rompió.

No pidió permiso para existir.

Sato dio otro paso, pero ella no retrocedió.

—Aquí te termino.

El silencio en el corredor fue absoluto.

Algunos estudiantes ya se estaban quedando quietos para escuchar.

Sato la miró con incredulidad.

Como si no entendiera cómo alguien que antes agachaba la cabeza ahora se atrevía a mirarlo así.

—¿Estás bromeando? —dijo con frialdad.

Himari sonrió apenas.

Pero no fue una sonrisa dulce.

Fue una herida que aprendió a mostrar los dientes.

—Mi hermano es más hombre de lo que tú eres, Sato.

La frase lo atravesó.

No por el contenido.

Sino porque había testigos.

Porque fue ella quien lo dijo.

Porque no pudo controlarlo.

Y eso lo destruyó más que cualquier golpe.

 La Humillación del Orgullo

Sato apretó los dientes.

Su mirada se volvió oscura.

—Te vas a arrepentir de hablarme así.

Himari inclinó apenas la cabeza, como si lo analizara por última vez.

—No.

Hizo una pausa.

—Me arrepiento de haberte soportado tanto tiempo.

Y entonces se dio la vuelta.

Sin correr.

Sin mirar atrás.

Sin pedir disculpas.

Caminó por el pasillo con paso firme rumbo a su salón de clases.

Y cada paso fue una declaración.

No volvería a ser la chica sumisa de antes.

No volvería a dejarse reducir.

No volvería a permitir que alguien la tratara como trofeo.

No mientras todavía tuviera voz.

No mientras todavía pudiera caminar con la cabeza en alto.

 Ojos que Observan

Desde el otro extremo del corredor, bajo la sombra del techo exterior…

Asahi había visto todo.

No intervino.

No hizo falta.

Y por primera vez en mucho tiempo…

Sintió orgullo.

No porque Himari hubiera roto con Sato.

Sino porque había recuperado algo mucho más importante.

Su valor.

Bajó apenas la cabeza bajo la capucha.

Y aunque nadie pudo verlo bien…

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

No cálida.

No inocente.

Solo satisfecha.

Sato levantó la mirada.

Y por un instante sus ojos se cruzaron con los de Asahi.

No hicieron falta palabras.

El mensaje ya estaba dado.

Esto no había terminado.

Apenas había empezado.

 Bajo el Techo de la Academia

Ese día, la academia siguió funcionando como si nada hubiera pasado.

Las clases comenzaron.

Los maestros hablaron.

Los estudiantes fingieron normalidad.

Pero en los pasillos…

La tensión ya era visible.

Dos humillaciones públicas.

Una ruptura.

Una amenaza.

Y un nombre que empezaba a pesar más de lo que debía:

Asahi Suzuki.

Todavía era solo un estudiante.

Todavía era solo un hermano.

Todavía era solo un chico intentando proteger lo poco que amaba.

Pero el reino tenía una costumbre cruel.

Tomar a los que más aman…

Y convertirlos en algo más oscuro.

Fin del Capítulo 7 – Parte 2

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play