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Aunque Me Odies, Te Amo

Aunque Me Odies, Te Amo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor de la infancia / Amor-odio
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Sherin VR

Un árbol fue testigo de su promesa.
El destino fue testigo de su ruptura.
Emma juró que nunca lo abandonaría.
Gael juró que jamás la dejaría sola.
Pero la muerte llegó primero.
Y el silencio hizo el resto.
Ella se fue obligada.
Él se quedó creyendo que lo eligió dejar.
Entre raíces quedó escondida una carta.
Entre el orgullo quedó enterrado el amor.
Años después, el destino los volverá a cruzar.
Ya no como niños.
Ya no inocentes.
Y cuando sus miradas se encuentren…
descubrirán que lo que más duele no es perder a alguien.
Es pensar que eligió perderte.

NovelToon tiene autorización de Sherin VR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7 - Orgullo

La mansión nunca había sido tan grande.

O tal vez Gael era quien se sentía más pequeño dentro de ella.

Desde que Emma se fue, los pasillos parecían más largos. Las habitaciones más frías. Las tardes más silenciosas.

Había pasado una semana.

Siete días.

Siete veces había ido al árbol.

Siete veces había regresado con el mismo vacío.

—Se fue —se repetía—. Y no miró atrás.

Intentaba convencerse de que eso era suficiente explicación.

Pero en el fondo, algo no cuadraba.

Emma no era así.

O al menos… la Emma que él conocía no lo era.

Esa tarde, Gael volvió una vez más.

No sabía por qué seguía haciéndolo.

Tal vez era orgullo.

Tal vez era esperanza disfrazada.

Se sentó bajo el árbol y miró el corazón tallado en la madera.

“E + G”.

—Supongo que ya no significa nada —murmuró.

Sacó del bolsillo una pequeña navaja que siempre llevaba consigo.

Dudó.

Y trazó una línea sobre el corazón, cruzándolo.

No lo borró.

Pero lo marcó.

Como si necesitara que doliera físicamente.

El viento sopló más fuerte ese día.

Las hojas se agitaron.

Y dentro del tronco, la carta se movió apenas… pero no cayó.

El destino seguía guardando su secreto.

En la ciudad, Emma miraba por la ventana del pequeño departamento donde ahora vivían.

Nada era como el pueblo.

El ruido era constante.

Los autos no dejaban dormir.

La gente no se saludaba.

Su padre pasaba más tiempo fuera que dentro.

Decía que buscaba trabajo.

Pero a veces Emma notaba el mismo brillo extraño en sus ojos.

El mismo que veía antes de que se fuera a jugar.

Ella no preguntaba.

Había aprendido que preguntar dolía.

Esa noche se sentó en la cama con una libreta.

Escribió el nombre “Gael” en la esquina.

Luego lo borró.

—Debe haber encontrado la carta —susurró.

Se obligaba a creerlo.

Porque la otra opción era demasiado dolorosa.

Si él no la había encontrado…

Entonces pensaría que lo abandonó.

Y Emma no podría soportar esa idea.

En el pueblo, el padre de Gael anunció oficialmente la mudanza.

—La próxima semana nos vamos —dijo con tono firme—. Es definitivo.

Gael asintió.

No discutió.

No pidió quedarse.

Ya no había nada que lo retuviera allí.

O eso quería pensar.

Esa noche volvió al árbol por última vez.

El cielo estaba anaranjado.

El mismo color que tantas tardes había compartido con Emma.

Se apoyó contra el tronco.

Cerró los ojos.

Por un segundo, pudo escuchar su risa.

—No me dejes sola nunca —le había dicho ella una vez.

Gael apretó los puños.

—Fuiste tú quien se fue —susurró.

Pero la frase no sonó convincente ni siquiera para él.

Se levantó.

Miró el árbol una última vez.

Y sin saberlo, dejó atrás la única prueba de que Emma nunca quiso irse.

La carta quedó oculta.

Esperando.

El día de la mudanza llegó con cielo gris.

Los muebles fueron cubiertos.

Las puertas cerradas.

El eco de la mansión vacía resonó en cada rincón.

Gael subió al auto sin mirar atrás.

Pero cuando el vehículo avanzó, giró la cabeza instintivamente.

El pueblo se alejaba.

El árbol quedó pequeño en la distancia.

Sintió algo quebrarse dentro de él.

No era solo tristeza.

Era una decisión.

Si Emma había elegido irse sin despedirse…

Entonces él también podía elegir no esperar.

—No voy a buscarte —murmuró.

Era una promesa hecha desde el dolor.

Y las promesas nacidas del dolor suelen ser peligrosas.

En la ciudad, esa misma tarde, Emma sintió un presentimiento extraño.

Como si algo estuviera cambiando al mismo tiempo que ella.

Se levantó de la cama y caminó hasta la ventana.

Miró el cielo gris.

Sin saber que, a kilómetros de distancia, Gael también miraba el mismo color.

Dos adolescentes.

Dos corazones heridos.

Separados por silencio.

Un silencio que no eligieron.

Pero que definiría su historia.

Esa noche, Emma soñó con el árbol.

Soñó que la carta caía al suelo.

Que Gael la leía.

Que corría hacia ella.

Despertó con el corazón acelerado.

La habitación estaba oscura.

Y la realidad era distinta.

Gael no sabía nada.

Y ella tampoco sabía que él ya no estaba en el pueblo.

El destino había sido exacto.

Cruel.

Preciso.

Ella se fue primero.

Él se fue después.

Y la carta quedó en medio.

Guardando una verdad que, cuando salga a la luz…

Podría cambiarlo todo.

O destruir lo poco que quede.

1
Milagros Guadalupe Selvan
muy buen libro espero con ansias lo demás
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