El Hospital Bernet siempre ha sido un lugar de segundas oportunidades… pero también de secretos que nunca sanaron.
Después de años lejos, Claudia Borges regresa para trabajar como interina, acompañada de su pequeña hija. Todos creen que la niña es hija de Agustín Murillo, su novio fallecido en un accidente.
Todos… menos alguien.
El doctor Osmán Bernet, hermano gemelo de Agustín, carga con un estigma que no merece: fue señalado como el villano de la historia, el que “arruinó” la relación de su hermano, el que siempre estuvo un paso detrás. Pero solo él conoce la verdad… o parte de ella.
Porque aquella noche en que Agustín la abandonó enferma, fue Osmán quien la cuidó.
Fue Osmán quien la sostuvo bajo el agua tibia.
Fue Osmán quien escuchó su llanto, su fiebre, su ruego…
Y fue a él a quien Claudia entregó su cuerpo sin saber que no era Agustín.
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Recuerdos que matan...
El joven frente a Claudia, llevaba puesto un traje de doctor color azul rey. Se veía muy apuesto.
—Manuel… ¿por qué estás vestido así? ¿Por qué aquí? —preguntó Claudia, sorprendida.
—A mí también me alegra verte —respondió él, acercándose para abrazarla—. Y te contesto: seré el pediatra de este hospital. No te dije nada, pero yo también había aplicado para un puesto. No podía vivir sin ti —susurró al final.
A un lado, Alicia dejó caer la mandíbula.
—Este muñeco trabajará con nosotros… bendito sea Dios. Las cosas por fin mejoran por aquí. Por favor, Dios, envía más de estos especímenes. —murmuró casi rezando.
—Alicia, deja de fantasear, estás soñando despierta—río Borges—. Saldré con el doctor Murillo. Si ya sabes quién me necesita, dile que me llame al teléfono de urgencias.
—Por supuesto, tú atiende al doctorcito y yo me encargo de don gruñón.
Ambos salieron rumbo a la cafetería, donde Manuel le contó que estaba quedándose cerca del hospital.
El corazón de una mujer es un mar de secretos. Algunas los guardan hasta la tumba, pero otras —como Borges— tienen a alguien en quien confiar. Manuel era ese apoyo, su consejero.
Claudia respiró hondo y dijo.
—Hay algo que tengo que decirte… Lo haré antes de que lo veas...
¿Recuerdas a Agustín, mi novio? —su voz bajó para que nadie la escuchara—. Tenía un hermano gemelo. Y trabaja en este hospital.
En ese instante, una voz detrás de ella dijo, incrédula:
—No puede ser… Esto no es posible...
Osmán quedó paralizado. La sonrisa se borró de su rostro y, las palabras se le atoraron en la garganta. A su lado, Erick preguntó en voz baja:
—¿Qué pasó, doc? ¿No que sí la ibas a invitar a una cita?
Claudia se giró de inmediato. Y sus ojos se encontraron con los de Osmán.
—¿Una cita…? —susurró con incredulidad.
Minutos antes…
—Erick, eres un idiota. Ya te dije: a veces salgo con la doctora Silvia solo cuando deseo… saciar mi cuerpo. Pero ¿Borges? ¿Salir con Borges? Eso no… —Osmán negó con la cabeza.
—Doc, dejemos la relación laboral de lado. Te hablo como tu amigo —insistió Erick—. Te he visto. Ella te gusta, por eso compites con ella. Decídete, pídele una cita. Conócela fuera de aquí. Ella te puede sorprender, quien sabe, al rato es el amor de tu vida y tu ego no te deja ver eso.
—Una cita… tal vez, no pierdo nada al invitarla a salir—admitió, pensativo.
Ambos caminaron hacia la cafetería. Al entrar, Osman vio a Murillo con Claudia, y algo extraño lo atravesó. Un ardor desconocido le apretó el pecho.
—Creo que es el momento —dijo decidido—. Iré a invitarla.
Pero al acercarse escuchó lo inesperado.
“Agustín tenía un hermano gemelo.”
“Trabaja en este hospital.”
“Es idéntico a Agustín, mi novio…”
El mundo se le vino encima. Una oleada de emociones se apoderó de su ser.
—Era ella… —pensó, aturdido—. No puede ser… Yo me acosté con ella. ¿Por qué no la reconocí? Porque cambió… cambió tanto. Por eso no he dejado de pensar en mi hermano… Por su presencia aquí.
Osmán, sacudió la cabeza, herido, tenso, sin saber que pasará.
—Escuche, doctora —dijo con voz fría—, no haga caso a lo que dice este imbécil. Erick es un tonto. Solo… solo quería decirle que no está en hora de receso. Sus pacientes la esperan, vuelva a su trabajo.
Claudia regresó a su realidad de golpe.
—Bien… iré enseguida —respondió, nerviosa—. Manuel, ven conmigo. Te enseñaré tu lugar de trabajo.
Claro... Manuel pasó muy cerca de Osmán para comprobar que no era Agustín a quien habia visto.
Claudia y Manuel salieron juntos, dejando atrás a Erick y Osman.
—Doc… ¿qué fue eso? ¿Por qué no lo hiciste? —preguntó Erick confundido.
—No preguntes nada. Solo vuelve a tu puesto. Yo… necesito salir un momento, necesito aire fresco, necesito salir de aquí.
Osmán sintió sus pies como si fueran de plomo, era imposible caminar y coordinar sus pensamientos. Tenía secretos que exigían salir, recuerdos que había bloqueado.
Y entonces, ese recuerdo lo golpeó.
Flashback, tres años atrás...
—Osmán, por favor… no te niegues a esto, hoy por mí, mañana por ti.
—No puedo, Agustín. No me pidas que cuide a tu novia mientras tú te revuelcas con otra. No soy un niñero, tengo cosas que hacer, por si lo olvidas, yo también tengo una vida.
—Solo será hoy. Solo está noche...
Pero recuerda que no debes tocarla. Ese pastelito es mío. Ella se guarda para mí, para nuestro matrimonio.
Ante tanta insistencia, Osmán apretó la mandíbula. Siempre caía en los juegos de su hermano.
—Bien. Como tú dijiste: no habrá besos, no puedo tocarla. Sí ella no quiere nada hasta el matrimonio. Entonces, puedo hacerlo.
Esa noche, Osmán llegó al departamento de Agustín y encontró a Claudia tirada en el sofá. Era lo que menos esperaba.
—Mi amor… aquí están las medicinas —repitió las palabras que Agustín le pidió que usara. ya que ella no podía sospechar nada.
—Agustín… no estoy bien. Ayúdame —deliraba ella, ardiendo en fiebre.
El joven se acercó despacio y al tocar la frente respondió.
—No puede ser… estás muy mal. ¿Cómo puede mi hermano ser tan irresponsable? —susurró él.
Luego la cargó en sus brazos y la llevó a la ducha, dejando que el agua tibia cayera sobre ella.
—Tengo que bajarte la fiebre —dijo mientras la sostenía.
Cara a cara logró ver de cerca los labios rojos de ella, la piel temblorosa, y una expresión vulnerable…
Osmán sintió cómo algo dentro de él se quebraba.
—Agustín… mi amor —murmuró Claudia. al mismo tiempo lo abrazó y lo besó. Luego bajó la mano hacia la mancuerna de él—. Hazme sentir mejor…
—Osmán… no puedes… no puedes tocarla —se repetía, intentando resistir—. Ella es su novia… Es mi cuñada...
Pero la lágrima que rodó por la mejilla de Claudia lo dejó sin defensas.
—¿Ya no me amas? ¿Acaso tienes otra?
—No… eso nunca —susurró él, rendido. Sin saber si Claudia en verdad era la dueña del corazón de su hermano.
El agua seguía cayendo sobre sus cabezas.
Ella dio un paso atrás y dejó caer el vestido…
Esa noche, su mundo cambió para siempre.
los padres nunca deben tener favoritos 😭😭😭😭😭😭