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Todo Por Mis Hijos

Todo Por Mis Hijos

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy

Emili de 18 años es hija de una migrante cubana y un Italiano, su padre no la reconoció por eso lleva los apellidos de su madre, Álvarez García con orgullo, deciden migrar a Estados Unidos, el sueño Americano Pero en la travesía en México conoce a Dimitri por mediación del coyote y tienen un encuentro sexual, ella se embaraza de mellizos y pero la niña tiene una enfermedad grave que necesita mucha atención médica y apartir de ese momento, Ella hará lo que sea por sus hijos y su bienestar...

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Rusia mi calvario

Emily está sola desnuda en la habitación del Jet privado de Dimitri, sus ojos hinchados de tanto llorar, su vida pasa por su mente y esto no estuvo ni en sus peor pesadilla, mucha necesidad económica había en su país, pero secuestro, abuso y mafia, lo conoció en México y de la peor manera.

El avión privado, un jet de líneas elegantes y frías como el hombre que lo poseía, cortó la bruma grisácea del amanecer en San Petersburgo. Los motores rugieron con un lamento ahogado al tocar la pista de aterrizaje del aeródromo privado, una extensión de asfalto solitario y custodiado por vallas altísimas. Dimitri, conocido en ciertos círculos bajo mundo por el sobrenombre de «el tigre siberiano», observaba por la ventanilla el paisaje de hangares discretos y bosques de abedules al fondo, su rostro impasible reflejado en el cristal. La aeronave rodó con suavidad hasta detenerse en una posición precisa, donde ya esperaban dos vehículos negros con vidrios polarizados y varios hombres de porte firme y mirada gélida. El frío, un invitado más en esta recepción, se colaba por cualquier rendija, anunciando la esencia de la ciudad que Emily, en su ingenuidad, alguna vez había soñado conocer como turista, no como cautiva. La escena era de una eficiencia aterradora, un ballet mudo de poder y control que terminaba con el silbido final de los motores apagándose. Todo estaba calculado, hasta el último detalle, menos la mujer que yacía en la habitación privada diseñada para el descanso.

Dentro, en la opulenta cama donde horas antes había sido despojada de todo, incluso de su dignidad, Emily intentaba cubrirse con los restos de su ropa, ahora jirones inútiles esparcidos por la alfombra. Oyó el golpe seco de la puerta al cerrarse: Dimitri había salido, sin una palabra, sin una mirada atrás, como quien deja un envoltorio vacío. El pánico, frío y agudo, le atenazó el estómago cuando la voz de la azafata anunció que debían desembarcar. «No puedo… No tengo nada que ponerme», susurró para sí, sintiendo el rubor de la humillación quemarle las mejillas. Al verla través de la puerta entreabierta, pálida y temblorosa, la joven azafata, cuyo nombre era Anya, contuvo una expresión de conmovedora pena. Sin mediar palabra, desapareció y regresó minutos después con uno de sus uniformes de trabajo, limpio y planchado. «Tome, rápido», dijo en un inglés con acento suave, evitando mirar los moretones en los brazos de Emily. Era un acto de rebeldía silenciosa, un pequeño rayo de humanidad en aquel metal volante que olía a perfume caro y a violencia.

Vestida con el uniforme azul marino y blanco, claramente holgado en algunas curvas y ajustado en otras, Emily bajó la escalerilla del avión, con la frente alta porque no quería mostrar debilidad, ella era una guerrera y eso lo aprendió de su madre.. El viento cortante de la pista la azotó, pero fue nada comparado con el impacto de las miradas. Los guardaespaldas, el chófer junto al coche, incluso el piloto que realizaba la revisión post-vuelo, todos clavaron sus ojos en ella por un instante eterno. Se produjo una extraña y tensa quietud, un silencio cargado donde solo el rumor del viento en los abedules se atrevía a sonar. Todos sabían. Todos entendían la situación, leían la historia en su andar cohibido, en la ropa prestada, en la ausencia de equipaje. Pero el respeto, y sobre todo el miedo a Dimitri, quien observaba la escena desde dentro del coche con una expresión indescifrable, selló sus bocas. Emily, agradeció ese silencio cobarde; cualquier palabra, cualquier pregunta falsamente cortés, habría sido insoportable. Caminó con la cabeza algo alta, pero la mirada baja, hacia los vehículos blindados, sintiendo cada paso como una marcha hacia una nueva celda, la vergüenza ardiendo en su interior como un segundo fuego.

El viaje en el coche fue un duelo de silencios. Dimitri, satisfecho, recorrió con la vista la figura de Emily en el asiento contrario. Una sonrisa complaciente, casi burlona, se dibujó en sus labios. «Quizás debiste ser azafata», comentó en un tono bajo, juguetón y cruel. «El uniforme te queda bien.» La frase, cargada de una obscena familiaridad, fue la cerilla que encendió la pólvora acumulada. Antes de que pudiera reaccionar, la mano de Emily voló por el aire y conectó con su mejilla con un chasquido seco y contundente. La sorpresa, luego una ira glacial, nubló los ojos de Dimitri. Nadie, jamás, había desafiado su físico de esa manera. La humillación hirió su orgullo de macho alfa, de patriarca mafioso, más profundamente que cualquier daño físico. No dijo nada, pero la promesa de una reprimenda futura saturó el aire del coche. Al llegar a la casa de seguridad, una mansión imponente y fría, un desfile de criados aguardaba en formación en el vestíbulo. Dimitri, con la mejilla aún roja, declaró en ruso: «Ella no habla vuestro idioma. Es mi mujer. Le deben respeto». La presentación fue un decreto, no una presentación. Una criada mayor, de rostro severo, guió a Emily a una suite lujosa y aislada. Allí, tras un baño largo y llorado, encontró bandejas con comidas variadas y exquisitas. Un gesto ambiguo: ¿cortesía de un esposo o precaución de un carcelero que ni siquiera conocía los gustos de su prisionera? El día se desvaneció tras los cristales blindados, en un silencio opresivo solo roto por el crujir de la nieve contra los vidrios.

Dimitri estaba en su despacho revisando papeles y controlando la irá no fue hacia ella y se llenó de trabajo tenía que contenerse, paso su mano por su rostro cuando su hermana Olga le pregunto en tono jocoso y a ti que te pasó, cinco dedos claramente marcado en tu cara, tu labio mordido y disímiles arañazos, el la fulmina con la mirada y ella ríe a carcajadas, checaste con una gata y salió corriendo cuando el tomo algo para tirarlo contra ella no más cerro la puerta y sintió el vaso romperse, Pero no dejo de reir, por fin alguien lo puso en su lugar al machista de su hermano, ahora más que nunca estaba interesada en la joven del cuarto.

Olga Volkhov

1
Rosalina Vega Palazuelos
perro 🐕 infeliz HDSPM
Yulianni Casanova
me encantó más capítulos esta inconclusa
Jos Qui
el papa de Elie era italiano va a ver si no resulta hermana con la esposa de el o hermana del Alexie su cuñado ya también es procedente italiano también
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita
Gómez Martínez juaniss
Hay Olga que hicisteis 🤭😍🥰😱
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