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EL JEFE DE LA MAFIA ESTÁ ENAMORADO DE MI

EL JEFE DE LA MAFIA ESTÁ ENAMORADO DE MI

Status: Terminada
Genre:La mimada del jefe / Traiciones y engaños / Jefe en problemas / Completas
Popularitas:8k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

*Ella solo quería pagar sus cuentas. Él solo quería mantener su imperio.*

Sofía no buscaba problemas, solo un buen turno de noche. Pero cuando sus ojos se cruzan con los de Alessandro, el hombre que controla la noche y el peligro, su vida sencilla se hace añicos. Ella es testigo de algo que no debió ver, y ahora, en lugar de ser eliminada, se convierte en su posesión más preciada y peligrosa.

Alessandro es un depredador, un jefe de la mafia cuya palabra es ley y cuyo corazón se creía muerto. Pero Sofía, con su inocencia indomable y su inesperada resistencia, desentierra una vulnerabilidad que él juró enterrar bajo capas de poder.

Atrapados en una mansión dorada que es también su jaula, la tensión entre ellos se vuelve insoportable. ¿Podrá Sofía amar a un hombre cuyo mundo se construye sobre secretos y violencia? y estará Alejandro dispuesto a quemar su imperio hasta los cimientos para mantenerla a salvo?

prepárate para una historia donde la obsesión es la única regla.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 7

Sofía sostuvo la fotografía como si fuera un pájaro frágil, sus huesos huecos y fácilmente aplastables. El joven Alessandro en la imagen era un extraño: un chico, en realidad, con una sonrisa que arrugaba las comisuras de sus ojos y una inclinación despreocupada de su cabeza.

Era un contraste marcado con el hombre cuya mirada ahora se sentía como una vigilancia constante. La mujer a su lado, de cabello color trigo, irradiaba una calidez que parecía saltar del papel descolorido. Estaban entrelazados, sus cuerpos juntos, una promesa silenciosa de eternidad grabada entre ellos.

Un escalofrío recorrió la columna de Sofía. No era solo la sorpresa de ver una faceta humana en el hombre que la había secuestrado; era la punzada de celos por una mujer que ni siquiera conocía, pero que había sido amada con una intensidad que ahora parecía faltarle a Alessandro. ¿Quién era ella? ¿Y qué le había pasado para convertir a ese joven sonriente en el jefe frío y calculador que la mantenía prisionera?

Guardó la caja rápidamente, el corazón latiéndole contra las costillas, y devolvió los libros a su sitio. Necesitaba tiempo para procesar, para reajustar su balance emocional. El conocimiento era poder, pero este conocimiento se sentía como una bomba de relojería.

Cuando Alessandro regresó esa noche, la atmósfera en la mansión era pesada, cargada con la electricidad de la verdad oculta. Sofía lo esperó en la biblioteca, no en su silla asignada, sino de pie junto al ventanal, observando la noche.

"Llegas tarde," comentó ella, su voz sorprendentemente firme.

Alessandro se detuvo en seco, evaluándola. Llevaba el traje oscuro, pero la corbata estaba aflojada, un signo de fatiga o de relajación forzada.

"Asuntos de Estado," respondió él, quitándose la chaqueta y lanzándola sobre un sillón. "Pareces tensa. ¿Algún problema con el ala residencial?"

Sofía giró lentamente para enfrentarlo. No iba a usar la palabra "fotos". Iba a usar la contabilidad, su lenguaje común.

"He estado revisando algunos de los archivos antiguos, Alessandro. Documentos que no tienen que ver con el balance de la empresa, sino con el balance personal." Hizo una pausa, dejando que la ambigüedad hiciera su trabajo. "¿Qué sucede cuando un *Activo* muy valioso se pierde, y no hay forma de recuperarlo? ¿Cómo se registra esa pérdida en las cuentas?"

El aire se congeló. Alessandro no se movió. Sus ojos se estrecharon, la máscara de indiferencia se resquebrajó para revelar una furia controlada, antigua. Sabía exactamente a qué se refería.

"¿Qué has estado haciendo, Sofía?" Su voz era un susurro peligroso, más amenazante que cualquier grito.

"He estado haciendo lo que me enseñaste: buscar la verdad oculta en los registros. Encontré a la mujer," dijo ella, dando un paso hacia él. "La que te hizo sonreír así."

Alessandro tardó un momento en decidir si debía castigarla por su intromisión o abrazarla por su honestidad brutal. La segunda opción ganó, pero solo por un margen infinitesimal.

"Esa es una línea que no debiste cruzar," dijo, avanzando hacia ella hasta que estuvieron separados por apenas unos centímetros. El olor a colonia y peligro era abrumador. "Esa mujer era mi futuro. Era el único pasivo que estaba dispuesto a mantener sin esperar retorno. Y se fue. Por mi culpa."

"¿Culpa?" Sofía sintió una oleada de algo parecido a la compasión, algo que no debería sentir por este hombre.

"¿Qué pasó?"

Alessandro cerró los ojos brevemente, un gesto de dolor genuino que la desarmó por completo. "El mundo que yo construí para protegerla, la destruyó. Ella no encajaba en la arquitectura del secreto. Intentó sacarme de ella, y yo fui demasiado lento para ver que el peligro no estaba fuera, sino en la estructura misma de mi vida. Ella murió en un accidente que yo orquesté indirectamente al negarme a cambiar. Un ajuste de cuentas que no era para mí."

El silencio que siguió fue denso. Sofía comprendió que su atractivo no residía solo en su poder, sino en la trágica soledad que su poder le había impuesto.

"¿Y por eso me tienes aquí? ¿Como una compensación contable? ¿Un reemplazo para el 'Activo' perdido?" preguntó, su voz apenas un hilo.

Alessandro la tomó por la barbilla, forzándola a mirarle. "No. Te tengo aquí porque eres la única persona que me ha mirado a los ojos y no ha visto al monstruo, sino al hombre que intenta sobrevivir a su propio legado. Te tengo aquí porque, cuando te miro, siento que puedo ser menos eficiente, menos despiadado. Y eso es un riesgo que no puedo permitirme, pero que desesperadamente deseo correr."

Su pulgar acarició su mandíbula, y la tensión que había estado burbujeando desde el primer roce explotó. No era solo atracción; era la colisión de dos almas catalogando un riesgo mutuo.

"No te atrevas a tocarme si no vas a terminar lo que empiezas, Alessandro," siseó Sofía, más por el miedo a echarse atrás que por el deseo de avanzar.

"¿Y si termino lo que empiezo, Sofía? ¿Si te toco, te conviertes en parte de mi secreto. Y mi secreto, una vez que lo poseo, lo protejo con mi vida. ¿Estás dispuesta a pagar ese precio?"

Ella no respondió con palabras. En un movimiento impulsivo, impulsado por la necesidad de borrar la imagen de la mujer rubia de su mente y reclamar el control de su propia narrativa, Sofía se inclinó y presionó sus labios contra los de él.

El beso no fue tierno; fue una declaración de guerra y rendición simultáneas. Alessandro gruñó, un sonido gutural que resonó en su pecho, y la atrapó, sus manos firmes en su cintura, levantándola ligeramente del suelo.

El control que ejercía en los negocios se tradujo en una posesión absoluta en ese beso.

Sus labios eran exigentes, explorando con una urgencia que desmentía su compostura habitual. Sofía sintió que se disolvía en él. Sus manos, que antes solo habían conocido el tacto de los libros de texto y los teclados de Excel, se aferraron a su cabello, tirando suavemente, pidiendo más profundidad, más admisión.

Alessandro rompió el beso solo para respirar, su frente apoyada contra la de ella, sus alientos mezclándose.

"Eres mi ruina, Sofía," jadeó, sus ojos oscuros brillando con una mezcla de lujuria y desesperación.

"Entonces, arruinémonos juntos," susurró ella, y lo besó de nuevo, esta vez con la intención de no dejarle espacio para pensar en el pasado.

Él la levantó en sus brazos sin esfuerzo, y ella se aferró a su cuello, sintiendo la dureza de sus músculos bajo la fina tela de su camisa. La llevó fuera de la biblioteca, a través del pasillo silencioso, con la certeza de que cada paso los alejaba más del mundo de las reglas y los asientos contables.

La habitación de Alessandro era todo lo que la de ella no era: oscura, dominada por maderas pesadas y una cama que parecía un altar. Él la bajó suavemente sobre el edredón de seda oscura.

La ropa se convirtió en un obstáculo torpe. Alessandro desabrochó su propia camisa con una eficiencia casi violenta, revelando un torso cincelado, marcado por la disciplina de un guerrero, no de un financiero. Sofía observó, fascinada y aterrorizada, cómo la vulnerabilidad que había visto en la biblioteca se transformaba en una fuerza primal.

Cuando sus manos llegaron a los botones de la blusa de ella, el aire se hizo denso. Él no se apresuró; cada movimiento era deliberado, diseñado para grabar la sensación en su memoria. Sus dedos rozaron la piel expuesta de su pecho, y Sofía arqueó la espalda, un gemido escapando de sus labios.

"Mírame, Sofía," ordenó Alessandro, su voz áspera por el deseo reprimido.

"Quiero que me veas. No al jefe, no al fantasma. Mírame a mí."

Ella abrió los ojos. Vio el deseo, sí, pero también vio la necesidad, la rendición a un impulso que él había mantenido encerrado durante años. Era una transacción peligrosa, pero en ese momento, Sofía estaba dispuesta a aceptar el torrente emocional.

Él se inclinó, y sus bocas se encontraron de nuevo, esta vez con una lentitud exquisita. Sus manos exploraron, trazando las curvas de su cuerpo con una reverencia que contrastaba con la urgencia de su beso.

No era solo sexo; era un intento desesperado de anclaje, de encontrar algo real en medio de su vida de falsedades.

El tacto de su piel contra la suya fue un choque térmico. La seda de las sábanas se sentía fría, pero su cuerpo era un fuego. Alessandro se movió sobre ella, la intensidad de su presencia llenando cada espacio, cada pensamiento lógico que Sofía intentaba aferrar.

Ella sintió el control desvanecerse, no por coerción, sino por una rendición mutua a la química innegable. Los viejos libros de contabilidad, las reglas, el peligro; todo se desvaneció bajo el peso de su boca sobre su cuello, bajo el ritmo constante y profundo de su cuerpo contra el suyo.

Cuando finalmente se unieron, fue un acto de desesperación compartida. Alessandro era posesivo, pero también extrañamente cuidadoso, como si temiera que la presión excesiva pudiera romperla, y al romperla, perder la única cosa que lo anclaba a algo parecido a la vida.

Sofía se aferró a él, sus uñas marcando ligeramente su espalda. En ese caos de sensaciones, encontró un momento de claridad: estaba cayendo en el abismo del hombre más peligroso que había conocido, y por primera vez desde que firmó el fideicomiso, no le importaba el riesgo. El desequilibrio se había consumado.

El clímax fue una explosión silenciosa, una liberación compartida de años de contención por parte de él y de miedo reprimido por parte de ella.

Cuando el temblor cesó, Alessandro se retiró ligeramente, pero no se separó del todo. La sostenía contra su pecho, su respiración aún agitada.

"Esto," susurró contra su cabello, "no es un activo, Sofía. Es una deuda que me cobraré a diario."

Ella sonrió débilmente, exhausta y extrañamente en paz. "Entonces, asegúrate de que los intereses sean altos."

Se quedaron así, envueltos en la oscuridad y el silencio de la mansión, dos almas peligrosamente conectadas bajo el techo del jefe de la mafia. El secreto de Alessandro ahora tenía un testigo, y el secreto de Sofía, su propia atracción, ya no era una mera anotación, sino una realidad palpable que prometía reescribir cada línea de su futuro. El capítulo se había cerrado, pero la historia, ahora íntima y volátil, apenas comenzaba a escribirse.

1
Lucinda Deluque
excelente trabajo
JZulay
hay frases repetitivas....
escrituras , al parecer 2 versiones de una misma historia
🤔
JZulay
interesante, sofisticado y gracioso el lenguaje contable en esta relación 🤭/Facepalm//Slight/.....haber cuánto aguantas Alessandro /Proud/
JZulay
sinvergüenza.....cobro diario ..../Slight//Proud/
JZulay
uiii...muy seguro ...éste 🤦🏼‍♀️
qué se cree ????/Smug/
JZulay
🙊....😧....violento !!!!
Rosa Rodelo
Foto. De los protagonistas de la historia
Rosa Rodelo
Foto de los protagonistas
Johanna Batista
porque no continua
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