Ana Lucía Arango se casó muy enamorada y soñaba con tener un hogar lleno de amor y mucha pasión, pero después de la boda su pareja cambió al 100% y no entiende por qué.
¿Superarán está crisis o todo se irá al carajo?
¿Su amor por el seguirá intacto, o llegará alguien que le haga sentir cosas nuevas?
Gonzalo Piedrahíta guarda un secreto, el cuál no le deja acercarse a su esposa íntimamente, cometió un grave error días antes a su boda y hoy paga las consecuencias.
¿Logrará Gonzalo salir invicto de ese secreto y recuperar la confianza de su esposa?
¿Logrará recuperar su matrimonio y sobre todo el amor y el cuerpo de Ana Lucía?
Eduardo Salvatierra, un Magnate hotelero, muy apasionado. Conoce a una hermosa pelinegra que lo deja hipnotizado desde el primer instante en que la ve sin saber que es la esposa de un amigo de la preparatoria que hace mucho tiempo no ve.
¡Ven acompáñame a descubrir que sucede en este triángulo amoroso!
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Familia perfecta.
• Eduardo
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Cinco días después...
Hace cinco días me reencontré con un viejo amigo de la preparatoria: Gonzalo Piedrahíta. Me contó sobre su vida amorosa y no pude evitar sentir un poco de envidia por la forma en que hablaba de su esposa; se le nota que está profundamente enamorado, y tengo muchas ganas de conocerla, pues imagino que ella debe corresponderle con el mismo sentimiento.
Yo estoy comprometido con Cristina Cruz, una mujer hermosa. Llevamos cuatro años de relación; al principio todo era maravilloso, lleno de amor y pasión, pero poco a poco las cosas se fueron enfriando hasta el punto de sentir que ya no quedaba nada. La quiero, pero ya no la amo; y querer y amar son dos cosas muy distintas. He compartido muchos momentos bonitos con ella, eso es cierto.
Hubo un momento en que quise terminar con todo: ella merecía ser feliz con alguien que la amara con todo su corazón. Pero el día que me decidí a hablarlo, me dio la noticia de que íbamos a ser padres. Una mezcla de emociones me abrumó, me sentí confundido y sin saber qué hacer. Ella me dijo que no importaba, que podíamos separarnos y yo me haría cargo del bebé, o que incluso podía interrumpir el embarazo y no habría problemas. Pero yo no acepté eso: debíamos asumir nuestra responsabilidad. ¿Qué culpa tiene un niño de venir al mundo? Decidí darle un hogar a ese bebé y, al mismo tiempo, intentar una segunda oportunidad con Cristina. Llegamos a un acuerdo para empezar de nuevo, y siempre he sido sincero con ella respecto a lo que siento.
Ella dice que me ama igual que el primer día, pero yo no puedo decir lo mismo. La quiero y la valoro. Ahora lleva tres meses de embarazo; no ha sido fácil, pues tuvo que dejar su carrera de modelo, al menos hasta que nazca el bebé, ya que se trata de un embarazo de riesgo. Mi madre insistió en que nos mudáramos a su casa para estar más cerca de Cristina y cuidarla junto con mi nana Luisa. Al principio no estaba muy de acuerdo; siempre me ha gustado ser independiente y tener mi propia privacidad, pero al ver el estado de Cristina terminé aceptando, todo por el bien del bebé.
Cristina es guapa, atenta y cariñosa, pero siento que hay algo que ya no me llena, que todo es diferente. Sin embargo, cada día me esfuerzo por cambiar, por volver a amarla como al principio, por recuperar esa magia de los inicios y darle a ella y al niño todo lo que necesiten.
Soy hijo único y mis padres siempre me han dado mucho amor y comprensión; hemos sido, se podría decir, una familia casi perfecta. Y quiero darle un hogar así a mi hijo: que crezca feliz, rodeado de cariño y compañía, disfrutar cada etapa de su vida, enseñarle a jugar al fútbol o a la casita si es niña, a nadar, a correr… Solo de imaginármelo se me enternece el corazón. Todavía no sabemos si será niño o niña, pero desde ya quiero aprender y enseñarle todo lo que pueda.
— Esperaré a que vuelvas a amarme con la misma intensidad de antes. Ya verás que este bebé viene para volver a unirnos, y seremos muy felices los tres —fueron sus palabras aquel día en que quise terminar la relación.
Poco después compré un anillo bonito y le pedí que fuera mi esposa; ella aceptó llena de alegría.
Mis padres adoran a Cristina, especialmente mi padre. Ella no tiene padre: el suyo falleció cuando era muy pequeña, así que solo cuenta con su madre, que vive en el extranjero y se ven pocas veces al año. Por eso, para ella solo estamos mi familia, que la mima como a una hija más, yo y ahora el bebé.
Estuve fuera de viaje durante cinco días y, al regresar a Miami, me dirijo directo a casa de mis padres. Tengo muchas ganas de saber cómo ha crecido mi hijo y llenar la barriga de su madre de besos. No avisé que volvía hoy; llamé a mi mamá y me dijo que había salido a hacer unas diligencias y había dejado a Cristina descansando, pero que intentaría regresar temprano. Me despedí sin decirle que ya estaba de camino.
Bajo del auto en la entrada principal y el chófer se encarga de llevarlo al garaje. Entro a la casa cargado de varios paquetes para Cristina. Camino despacio y noto un silencio extraño; no veo a las empleadas ni a mi nana, aunque supongo que estarán ocupadas en alguna tarea. Subo al segundo piso y me dirijo a la habitación que compartimos con Cristina, pero no la encuentro allí. Dejo los paquetes sobre la cama y vuelvo a salir, con intención de ir al despacho de mi padre.
Entonces escucho unos ruidos extraños que vienen de esa habitación. ¿Gemidos? Pero si mi madre no está en casa… ¿De quién pueden ser? Porque sin duda son gemidos de mujer. Nunca he pensado que mi padre le haya sido infiel a mi madre, y ella tampoco es de hacer escenas de ese tipo; es una persona muy reservada y discreta.
Cristina no está en su cuarto. Miles de ideas cruzan por mi mente, pero niego con la cabeza: no, no puede ser lo que estoy imaginando. Ellos no serían capaces. Mi padre es un hombre ejemplar y Cristina es una buena mujer; además, es como una hija para él, y por el embarazo de riesgo no debe tener relaciones íntimas. Quizás mi padre solo está viendo algún video y por eso se oyen esos sonidos… Sí, eso debe ser.
Me detengo, a punto de regresar a mi habitación, pero cuando los gemidos se vuelven más intensos y reconozco la voz de la mujer, algo en mí se despierta y me arrastra hacia la puerta. Es como si una fuerza irresistible me empujara.
— ¡Mmm… ah! ¡Así, papi, más fuerte! —sin lugar a dudas, es la voz de mi prometida.
— ¿Te gusta así, p3rra? —responde una voz masculina que conozco demasiado bien.
En ese momento siento que algo se rompe en mi pecho. La imagen de familia perfecta que siempre he tenido se empieza a derrumbar pedazo a pedazo.
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Gustavo Salvatierra.
Saray Valenzuela.
Cristina Cruz.
Eva también formó una hermosa familia.
La mamá de Eduardo se volvió a casar con un buen hombre es muy feliz.
Todos los que actuaron bien lograron sus objetivos ser felices.
Los que actuaron mal están pagando sus errores de una forma ú otra pero tuvieron que pagar......💔💋❤️
Qué esperaban de un matrimonio de un hombre de esa y una modelo joven que pudo traicionar al novios con su propio padre el papá de Eduardo fue capas de traicionar a su hijo por esa mujer capas de traicionar a su suegra y a su novio no tenía grandes valores humanos.......💔💋❤️