un día normal. Bell, una mujer adulta leé su novela preferida. no contenta con el final se le cruza un pensamiento« ojalá y pudiera cambiar el destino del villano».... su deseo se cumple pero no por completo... renace en la sirvienta del villano... ¿será capaz de salvarlo de su trágico destino?...
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capítulo 7: “conexión mutua"
Mi cuerpo estaba tan pesado que no podía mover ni un músculo. Se que esa pastilla era un antídoto, de lo contrario, estaría muerta... Apenas y puedo abrir los ojos... Lo primero que veo es el techo, muevo un poco la cabeza a los lados y en el lado izquierdo veo al emperador sentando a mi lado... El ve que ya estoy consciente. También tenía los músculos de los labios dormidos y no podía hablar por ahora... El ve que trato de hablar, ya que mi boca temblaba.
— no lo intentes... Tu cuerpo está pasando por el antibiótico de la pastilla. Es normal que ahora no puedas moverte... Asi que cálmate... De verdad eres una tonta. Sin embargo, me impresionante... Otra persona se hubiese acobardado y se fuese ido con el rabo entre las piernas... Pusiste tu vida en riesgo solo para probar tu lealtad conmigo... Elenor Shawn, eres la primera persona que no deja de sorprenderme...
¡No lo puedo creer!.... ¡Se está abriendo ante mí!... Esta siendo más apacible y sincero... Se que puedo, aún le falta pero esto es un buen avance...
— me voy... Solo espero que cuando puedas mover un músculo no haga nada estúpido...
Alessandro se va de la habitación... En el camino se consigue a Alfred. El y su sonrisa saludan al emperador... Pero él no estaba de buenas... Alessandro lo toma de la ropa y le dice con enfado...
— ¡Bastardo... Sabías que esa sirvienta que vino contigo desde el castillo tenía intensiones de matarme!
Alfred aún mantenía su sonrisa y le responde— espera... Esa sirvienta te la mando tu esposa, la emperatriz Micaela... Pero te diré algo... Si yo sabía de su intensiones asesinas, también tú... La verdadera pregunta es... ¿Estás molesto porque la que sufrió las consecuencia fue tu sirvienta... Elenor Shawn?...— Alessandro entrecerró los ojos—... ¡Lo sabía!... ¿Pensate que ella era como las demás?...— Alessandro chasquea la lengua y lo suelta...— ¿A donde vas...?
— a estar lejos de tu maldito perfume de mujer...
— ¡Mi perfume no tiene nada que ver, es que tú no tienes buenos gustos!... ¡Tampoco es mi culpa que tengas un olfato tan agudo!
Alessandro le saca el dedo grosero mientras caminaba...
Nuevamente abrí los ojos. Se que dormí un buen rato. Por fin puedo mover mis piernas... Me siento y noto que tengo una bata... ¿Alejandro me cambiaría de ropa?... Sería lo más lógico, estába manchada de sangre... Lo que más me inquieta es... ¿Donde esta esa mujer?... Solo espero que el emperador la haya echado del castillo... Me asomo por la ventana y veo entre el cielo nublado la luna... Me llega un pensamiento del dragón y lo que Alfred me dijo sobre el... ¿Será verdad que le caigo bien?... Solo había una forma de averiguarlo. Tomo un abrigo y vuelvo a salir del castillo... Hago mi rutina con el camino y espero pacientemente a que llegue... Pasan los minutos y nada. Como unos veinte minutos llevo esperando en el frío tan congelado... Escucho que alguien se acerca... Y pregunta con gran seriedad..
— ¿Que haces aquí?
Esa voz... No lo veo, pero se quién es... Él continúa...
— te dije que no hicieras algo estúpido cuando te sintieras mejor...
Sale Alessandro desde el bosque de pinos con nieve... Yo, feliz, pronuncio su nombre sin vacilación...
— ¡Alessandro!... No estaba haciendo nada sin razón...— el se queda frente de mi y pone ambas manos en las caderas.
— ¿A no?... Entonces explicame que haces sola en medio de un bosque en un frío invernal... ¿Eso no es algo sin razón?
— yo... yo..
— ¿A quien esperaba?
— ¿Eh...?
— ¡Respóndeme!
Sentía una presión que si no gritaba no me iba a sentir mejor... Grito sin ningún preocupación por la presencia del emperador...
— ¡Esta bien!... ¡Esperaba a la criatura del bosque!... ¡A ese hermoso dragón azul!— me llevo ambas manos a la boca, miro sorprendida al emperador... El también me ve con sorpresa pero luego se le pasa y me obliga a volver al castillo. Yo no quería, insistía en quedarme... El obviamente se molestó. Me toma de las piernas y me sube hasta sus hombros... Como una presa que acababa de casar...
— te llevaré al castillo y te irás a dormir... Mañana tienes mucho trabajo.
Dejo de patalear y pregunto...— ¿Otra vez sexo?
Pensé que diría que sí...— no... Mañana quiero que vengas a este bosque temprano...
— ¿Eh, pensé que...— el habla y no me deja terminar...
— solo mantente callada por un tiempo... Cielos.. eres tan ruidosa...— el esperaba a que yo protestara, sin embargo, apoyé mi barbilla con la palma de mi mano y le pregunté...
— ¿De verdad son tan ruidosa?...
El respondé con risas— eres la mujer más ruidosa del mundo... Nunca eh conocido a alguien como tú...
— ¿Es enserio?... ¿No me estás tomando el pelo?
— eh estado con más mujeres de la que tú te puedas imaginar... ¿Por qué cree que son tan bueno en la cama?
—... Buen punto...
Hablábamos y hablábamos... Por fin sentía esa conexión con el. Se controlaba un poco en decirme alguna cosas, mientras que otras la contaba con más libertad... Llegamos a mi alcoba... Se va a mi cama y en el intento de acostarme en ella... Nos quedamos viendo el uno al otro, yo aún sostenía su cuello... Veo como sus ojos me miran con otro tipo de sentimientos... El se acerca más a mi rostro con intensiones de besarme... Estaba logrando mi objetivo, posiciono mis labios y escucho claramente cuando el abre los suyos... Luego, oigo como se queja de dolor... Se separa de mi tocándose el pecho. Me preocupo eh intento levantarme... Pero el me detiene.
— ¡Quédate ahí y duérmete!... ¡Fuí lo más que generoso en traer hasta aquí!
— ¡Alessandro!... ¡Me preocupas!... ¡No podré dormir si tú estás así!— me muevo de la cama para hacerle un lado— por favor.... Ven. Duerme conmigo.
El estaba que aceptaba la petición... Otra ola de dolor se cruza en su cara...
— ¡No, no puedo!— se va y cierra la puerta. Yo voy tras el... Pero descubro que había congelado la perilla... ¡Maldición!... Pateo la puerta. Si más que hacer me acuesto pensando en el...
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