Ayla nació muda por un trauma, pero nunca fue débil. Aprendió a pelear y a sobrevivir por su familia… hasta que se la llevaron como una esclava más al harén del sultán. Nadie sabe que es la princesa. Cuando el sultán queda paralizado y los traidores se acercan, ella se convierte en su sombra más peligrosa. Intriga, venganza, pasión y un romance prohibido en las sombras del imperio.
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Capítulo 5
El día después de que la litera cruzara el patio, el harén entero parecía contener la respiración.
Ayla notó el cambio en cuanto abrió los ojos. Sahra entró más temprano que de costumbre. No dio palmadas. Solo se detuvo en el umbral y miró a las seis mujeres como si contara cabezas.
—Hoy nadie sale del ala de servicio sin permiso. El sultán está en el palacio. Quien se acerque demasiado a las zonas altas se arrepentirá.
Lina se pegó más a la pared. Yasmin bostezó sin disimulo. Ayla se puso la túnica gris y recogió el cubo sin hacer ruido.
La mandaron otra vez al corredor largo. El mármol todavía guardaba el frío de la noche. Mientras fregaba, escuchó pasos distintos. Más pesados. Más seguros. Guardias que no eran los de siempre. Hablaban entre ellos en voz baja, pero Ayla leyó los labios desde el suelo.
—Dicen que no se levanta de la cama.
—Las piernas no responden. El médico de la campaña se fue esta madrugada.
—El príncipe ya dio órdenes de que nadie entre sin su permiso.
Ayla pasó el trapo con calma. El agua sucia se llevaba las palabras, pero ella las guardó.
A media mañana la cambiaron de tarea. Sahra la envió al patio de los naranjos otra vez, esta vez con orden de limpiar también los bancos de piedra. Mientras trabajaba, vio a dos concubinas de rango alto cruzar el patio. Iban vestidas de colores vivos y hablaban animadas. Una de ellas, la del pelo teñido de henna que había resbalado días atrás, la reconoció.
Se detuvo.
—La muda del suelo sucio —dijo en voz alta, para que la oyeran las demás—. Todavía aquí. Pensé que ya la habrían mandado a las cocinas de verdad.
Ayla no levantó la cabeza. Siguió fregando el banco.
La mujer se acercó más. Le puso el pie encima del trapo.
—Mírame cuando te hablo.
Ayla levantó la vista despacio. No había desafío en su cara. Solo la misma expresión vacía de siempre. La concubina sostuvo la mirada unos segundos y después sonrió con desprecio.
—Ni siquiera tiene miedo. Qué aburrida.
Le quitó el pie y se fue. Ayla recogió el trapo. El corazón le latía tranquilo. Había ganado esa pequeña batalla sin mover un músculo.
Por la tarde, mientras ayudaba en el lavadero, Yasmin se acercó con una sábana mojada.
—Esta noche hay movimiento —susurró sin mover casi los labios—. El príncipe Zahir viene al ala de las favoritas. Va a elegir a alguien para “acompañar” al sultán. O eso dice.
Ayla asintió apenas.
—Si te mandan a llevar algo, ve. Escucha. Pero no te quedes.
La noche cayó más rápido de lo normal. Después del baño frío, Sahra apareció con una lista.
—Tú, la muda. Llevas agua caliente a la cámara de las eunucas mayores. Y vuelves inmediato.
Ayla tomó el cántaro pesado. El pasillo hacia esa zona era más estrecho y mejor iluminado. Mientras caminaba, memorizó cada puerta. Una tenía el símbolo de la luna. Otra, un candado nuevo. Al fondo escuchó voces. Se pegó a la pared y leyó los labios de dos eunucos que hablaban cerca de una ventana.
—Zahir quiere que el sultán firme el decreto esta semana.
—No puede ni sostener la pluma. Las manos le tiemblan del dolor.
—Entonces lo firmamos nosotros. El visir ya tiene el sello.
Ayla siguió caminando como si no hubiera oído nada. Entregó el agua. Bajó la cabeza. Regresó por el mismo camino. Esta vez contó los pasos exactos entre la puerta de la luna y la escalera.
Cuando llegó al dormitorio, Lina estaba despierta. Tenía los ojos grandes de miedo.
—Oí gritos —susurró—. Del lado de las favoritas.
Ayla se sentó a su lado. Le puso una mano en el hombro un segundo. Después se acostó. Miró el techo.
El sultán estaba en el palacio.
Las piernas no le respondían.
El hijo y el visir ya preparaban el sello.
Ayla cerró los ojos.
Mañana fregaría el mismo corredor.
Pero esta vez sabría exactamente qué puertas evitar… y cuáles empezar a observar con más cuidado.