Victoria Black fue víctima de una terrible traición por parte de su hermana y su esposo llevándola a una muerte con arrepentimientos, pero el universo le ha regalado una segunda oportunidad, esta vez con conocimiento del futuro le va a conocer el verdadero amor y los que la hicieron sufrir se las van a pagar con intereses.
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La fotografía
Capítulo 6
La fotografía
Salí al pasillo.
Y allí estaba Rodrigo.
—¿Qué haces aquí?
—Me enteré de que Adrián tuvo un accidente.
—No fue un accidente.
Rodrigo frunció el ceño.
—¿Cómo?
—No importa.
Me observó con una expresión que conocía demasiado bien.
—¿Estás preocupada por él?
—Sí.
—¿Más que por mí?
Lo miré directamente.
—No existe comparación.
Su rostro se endureció.
—¿Qué te hizo ese hombre?
—Nada.
—Entonces, ¿por qué estás actuando así?
—Porque me importa.
Rodrigo dio un paso hacia mí.
—Victoria, nosotros tenemos algo.
Solté una risa.
—No.
—Todavía no lo entiendes.
—Entiendo perfectamente.
—Tú no puedes simplemente cambiar de opinión.
—Ya lo hice.
Respondí viéndolo a los ojos y me marché, dejándolo hablando solo detrás de mí.
Mientras caminaba por el pasillo, recordé que sus celos no eran nuevos. En mi primera vida, Rodrigo siempre había encontrado una forma de convertir mi afecto por otras personas en una amenaza contra él. Primero había sido Adrián. Después, mis amigos. Finalmente, incluso mi propia familia.
En mi primera vida había conseguido convencerme de que nuestro matrimonio era inevitable.
Había utilizado mi inseguridad, la opinión de mi familia y el miedo a perder la herencia hasta hacerme creer que no tenía otra opción.
Cuando llegué a casa, Lucía me esperaba en la sala de estar mientras bebía vino. Estaba muy arreglada, como de costumbre, con uno de sus típicos vestidos. Estaba sentada con las piernas cruzadas y su celular en la otra mano.
Al verme, levantó la mirada.
—Hola, hermana.
—Hola, Lucía.
—Escuché que Adrián está hospitalizado.
—Sí.
—Qué pena.
La observé. Cerró los ojos e hizo un gesto muy exagerado con los labios.
—No pareces muy preocupada.
Ella suspiró y colocó la copa en la mesa del centro.
—Siempre fuiste demasiado sensible.
Me acerqué.
—Lucía.
—¿Sí?
—¿Qué pasó realmente aquella noche de la
piscina?
Se quedó inmóvil solo un instante, pero lo vi.
—¿Qué noche?
—La que todavía no ha ocurrido.
Su rostro perdió color. Había cometido un error y yo también había dicho demasiado.
—No sé de qué hablas.
—Claro.
Me di la vuelta y subí las escaleras. Cuando iba a la mitad, Lucía volvió a hablarme.
—Victoria.
Me giré. Ella sonreía.
—No deberías jugar con cosas que no entiendes.
La miré a los ojos y respondí con voz calmada:
—Ya no estoy jugando.
Entré en mi habitación y cerré la puerta detrás de mí. Sentí que por fin podía respirar y no sabía en qué momento había dejado de hacerlo.
Entonces, cuando levanté la mirada, encontré un sobre sobre mi almohada.
No tenía nombre.
Solo una frase:
"Tu abuela sabía que esto iba a pasar".
Abrí el sobre. Dentro había una fotografía.
Mi abuela Elena aparecía junto a Patricia, su abogada, y Adrián.
Los tres estaban juntos. Parecía una fotografía antigua, pero lo que me hizo estremecer fue lo que había escrito mi abuela en el reverso:
"Si Victoria regresa, entrégale esto".
Sentí que el corazón se me detenía.
¿Cómo podía haber sabido que regresaría?
Mi abuela había muerto un año antes de que yo empezara la universidad.
A menos que...
La idea era absurda. Mi abuela no podía haber sabido que yo moriría, y mucho menos que tendría una segunda oportunidad. Pero después de despertar cinco años atrás en el tiempo, había dejado de creer que lo imposible no podía ocurrir.
Si aquella frase era realmente suya, significaba que alguien había preparado esa fotografía para mí.
Miré nuevamente la fotografía. Adrián parecía más joven, pero era inconfundible.
¿Por qué estaba con mi abuela?
¿Y por qué Patricia también estaba allí?
Antes de que pudiera encontrar una respuesta, escuché pasos en el pasillo.
La puerta se abrió.
Y Lucía apareció.
—¿Todavía estás despierta?
—Sí, no tenía sueño.
Sus ojos recorrieron la habitación con demasiada rapidez. No parecía haber venido a conversar conmigo. Parecía estar buscando algo.
Y eso me hizo desconfiar todavía más.
—¿Qué estás mirando?
Intenté esconder la foto detrás de mi espalda, pero fue demasiado tarde. Me di cuenta de que ella ya la había visto.
—Nada.
Sus ojos bajaron hacia mi mano.
—¿Dónde encontraste eso?
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Lucía no estaba sorprendida. Estaba preocupada, y esa diferencia lo cambiaba todo.
Ella sabía qué era aquella fotografía.
Y si Lucía había reconocido a mi abuela, a Patricia y a Adrián juntos, entonces llevaba años ocultándome algo mucho más grande de lo que había imaginado.
La pregunta era cuánto sabía.