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Vientre En Alquiler: Un Hijo Para El Alfa.

Vientre En Alquiler: Un Hijo Para El Alfa.

Status: En proceso
Genre:Romance / Hombre lobo / Posesivo
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

Cassandra López tiene veinticuatro años, una montaña de deudas sobre los hombros, unos padres jubilados a los que ayudar y un sueldo que apenas le alcanza para sobrevivir. Cada día es una lucha por llegar a fin de mes, hasta que una inesperada propuesta en una clínica de fertilidad pone su mundo patas arriba.

Un millón de dólares.

Esa es la cifra que le ofrecen por alquilar su vientre y gestar al hijo de un hombre que parece tenerlo todo: dinero, poder y un apellido capaz de hacer temblar a cualquiera. Un hombre tan apuesto como arrogante, tan misterioso como peligroso. Un Alfa acostumbrado a dar órdenes y conseguir siempre lo que desea.

Para Cassandra, aceptar parece la solución perfecta a todos sus problemas. Nueve meses a cambio de una fortuna. Un contrato, unas cuantas reglas y una promesa: no involucrarse emocionalmente.

NovelToon tiene autorización de Dalia Hache para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

A las ocho de la mañana del día siguiente, una elegante camioneta negra de cristales blindados se detuvo frente a la humilde vivienda de la familia López. Para los vecinos del barrio, la llegada de un vehículo de semejante calibre fue un acontecimiento inédito, pero para don Mateo y doña Elena, los padres de Cassandra, era simplemente la prueba de que el nuevo "empleador" de su hija era un hombre de negocios sumamente poderoso.

Marcos, el chofer de confianza de Damián, bajó del vehículo con postura respetuosa y ayudó a los dos ancianos a subir sus modestas maletas. Mateo, un hombre cansado por los años de trabajo duro pero con los ojos brillantes de gratitud tras haber saldado sus deudas, tomaba con fuerza la mano de su esposa. Doña Elena, una mujer dulce y abnegada de manos trabajadoras, no dejaba de acariciar el rosario que llevaba en el bolsillo, rezando en silencio por el bienestar de su hija.

El trayecto transcurrió en un silencio reverente. A medida que el vehículo dejaba atrás las calles polvorientas de la periferia y se adentraba en la zona residencial de las colinas, los ancianos miraban por la ventana con asombro. Las enormes hectáreas de jardines perfectamente podados y la imponente arquitectura de la mansión Rossi los dejaron sin aliento al cruzar los portones de hierro.

La camioneta no se detuvo frente a la entrada principal, sino que rodeó la propiedad hasta la casa de huéspedes del ala sur, una hermosa edificación de piedra y grandes ventanales que, por sí sola, era más grande y lujosa que cualquier casa de su antiguo barrio.

En el pórtico de entrada, Cassandra los esperaba de pie. Lucía un vestido sencillo de punto holgado que disimulaba cualquier rasgo, pero su rostro reflejaba una palidez que delataba la tormenta emocional que llevaba por dentro. En cuanto vio bajar a sus padres, corrió hacia ellos y los envolvió en un abrazo desesperado, hundiendo el rostro en el hombro de su madre mientras las lágrimas, reprimidas durante semanas, finalmente brotaban de sus ojos.

—¡Mi niña! ¡Mi muchachita hermosa! —exclamó doña Elena, besándole las mejillas y acariciándole el cabello con devoción—. Pero mírate... estás tan bonita, aunque te veo un poco pálida. ¿Te están tratando bien aquí?

—Hija mía... qué bendición verte —dijo don Mateo, abrazando a ambas con los ojos humedecidos—. El señor Rossi ha sido tan generoso... Nos pagó las medicinas, saldó la hipoteca de la casa y ahora nos trae a esta maravilla de lugar. Dios bendiga a la familia para la que trabajas.

Las palabras de su padre cayeron sobre el corazón de Cassandra como estocadas de culpa. El engaño no podía sostenerse por más tiempo. No bajo ese techo, no con los contratos firmados y con el heredero Rossi creciendo en su interior.

—Papá... mamá... entren, por favor. Necesitamos hablar —pidió Cassandra con la voz entrecortada, tomándolos de las manos y guiándolos al interior de la sala de estar de la casa de huéspedes.

La Sra. Martha, siguiendo las órdenes de Damián, les sirvió un té caliente en la mesa de centro y se retiró con discreción, cerrando las puertas dobles para garantizarles absoluta privacidad.

Los dos ancianos se sentaron en el cómodo sofá de terciopelo, mirando a su alrededor con timidez. Cassandra se hincó frente a ellos, apoyando sus manos sobre las rodillas de su madre y mirando a don Mateo a los ojos.

—Mamá, papá... lo que voy a decirles es muy difícil, pero necesito que me escuchen con el corazón abierto y sin juzgarme —comenzó Cassandra, sintiendo que el nudo en su garganta amenazaba con ahogarla.

—¿Qué pasa, Cassandra? Me estás asustando, hija —dijo doña Elena, frunciendo el entrecejo con preocupación e intercambiando una mirada con su esposo.

—Yo... yo no soy la empleada doméstica de esta casa —confesó Cassandra en un hilo de voz, dejando caer la cabeza por un segundo antes de volver a mirarlos—. Nunca limpié estos pisos, ni cociné para el señor Rossi.

Don Mateo frunció el ceño, confundido.

—¿De qué hablas, hija? Si nos dijiste que habías conseguido trabajo como asistente ejecutiva y ama de llaves en la mansión... ¿Entonces qué haces aquí? ¿Por qué ese hombre pagó todas nuestras deudas si no eres su empleada?

—Porque firmé un contrato con él, papá —dijo Cassandra, rompiendo a llorar amargamente mientras juntaba las manos de sus padres entre las suyas—. Firmé un acuerdo de gestación subrogada. Vendí mi vientre.

El silencio que cayó sobre la sala fue absoluto, pesado y sofocante.

Doña Elena parpadeó varias veces, tratando de procesar las palabras, mientras la sonrisa de don Mateo se desvanecía por completo, reemplazada por una mueca de absoluta incredulidad.

—¿Tu... tu vientre? —tartamudeó doña Elena, desconcertada—. Hija, no entiendo... ¿Qué significa eso? ¿De qué estás hablando?

—Estoy embarazada —soltó Cassandra, mirando a su madre a los ojos con la verdad al desnudo—. Llevo en mis entrañas al hijo de Damián Rossi. Me sometí a un procedimiento médico en una clínica privada. No hubo contacto físico con él, fue una inseminación... pero el bebé que crece dentro de mí es el heredero de esta familia.

Don Mateo se puso de pie de golpe, como si lo hubiera picado una serpiente. El rostro del anciano se cubrió de un rojo vivo y sus manos comenzaron a temblar convulsivamente por la impresión.

—¡¿Qué?! —gritó el anciano con la voz quebrada por el impacto—. ¡¿Qué locura estás diciendo, Cassandra?! ¡¿Un bebé?! ¡¿Le vendiste un hijo a un desconocido?!

—¡Mateo, por favor, el corazón! —suplicó doña Elena, llevándose las manos a la cabeza mientras las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas ajadas—. ¡Hija, dime que es una broma! ¡Dime que no es verdad! Tú eres una muchacha limpia, educada, una niña de su casa... ¡¿Cómo pudiste hacer algo así?!

—¡Lo hice por ustedes! —exclamó Cassandra, levantándose del suelo con el rostro empapado en lágrimas y la voz rota por el dolor—. ¡Iban a quitarles la casa! ¡A ti te iban a cortar el tratamiento médico, papá, y te estabas muriendo! Los bancos nos estaban ahogando y no teníamos ni para comer. ¿De dónde iba a sacar cincuenta mil dólares para salvarlos? ¡No había otra opción!

Don Mateo se llevó la mano al pecho, sintiendo que el mundo se le venía abajo. Miró el lujo que los rodeaba, los muebles costosos, la ropa de su hija, y todo le pareció de pronto un escenario grotesco.

—¡Prefería mil veces pudrirme en la calle, Cassandra! —rugió el anciano con lágrimas de impotencia brotando de sus ojos cansados—. ¡Prefería perder la casa, las medicinas y la vida antes que saber que mi única hija vendió su cuerpo y su dignidad por dinero! ¡Nos engañaste!

—¡No vendí mi cuerpo, papá! —se defendió ella con desesperación—. Firmé un trato legal. La esposa del señor Rossi no puede tener hijos y él necesitaba un heredero. Me pagaron para llevar a su hijo en mi vientre durante nueve meses. En cuanto nazca, se lo entregaré a ellos, me darán el resto del dinero y seremos libres para siempre. Tendrán una vejez tranquila, sin deudas, sin miedo...

—¡¿Y tú?! —intervino doña Elena, levantándose del sofá y abrazando a su hija con un llanto desgarrador—. ¡¿Cómo vas a entregar a un hijo, mi amor?! ¡Es tu sangre! ¡Es una criatura que va a crecer en tus entrañas! ¡¿Cómo vas a vivir el resto de tu vida sabiendo que dejaste a tu bebé en manos de desconocidos?!

Cassandra se desmoronó en los brazos de su madre, llorando con un desconsuelo que hizo retumbar las paredes de la estancia.

—No tenía otra salida, mamá... los amo demasiado para dejarlos morir en la miseria —sollozó Cassandra pegada al pecho de doña Elena—. Por favor, no me odien... Necesito que estén conmigo. El señor Rossi aceptó traerlos a vivir aquí porque le exigí que ustedes estuvieran a mi lado para cuidarme. La esposa de ese hombre me odia y este lugar es un nido de serpientes... Si no los tengo a ustedes, no voy a poder aguantar estos nueve meses.

Don Mateo miró a su esposa e hija abrazadas en medio de la ostentosa sala. La rabia inicial en el pecho del anciano comenzó a transformarse en un dolor sordo, en la amarga comprensión de que su hija había sacrificado su juventud, su cuerpo y su futuro por puro amor filial. Se acercó despacio, con los hombros caídos y el rostro devastado por la culpa, y envolvió a ambas en sus brazos.

—Mi niña... mi pobre niña... qué carga tan pesada te dejamos encima —murmuró don Mateo llorando en silencio sobre el cabello de Cassandra—. perdónanos tú a nosotros por no haber sido capaces de protegerte.

—Estamos aquí, mi amor... —susurró doña Elena, besando las lágrimas de Cassandra—. Tu madre no te va a soltar. Si esta es la cruz que te tocó cargar por nosotros, la vamos a cargar juntos. Nueve meses... vamos a cuidar de ti y de esa criatura cada segundo de este viaje.

Nota 📤

Está historia la hice sin carencias al tener amor de padres. En todas mis novelas a la protagonista la rechazan sus padres. Aquí no jejejjejeje ☺️☺️☺️

¿Cuanto creen que sea capaz de soportar Damian sin enamorarse?

1
Celia Morales
no debió callar ahora está ella y sus padres en peligro en cualquier momento la víbora puede morderle
Chimera👑
🤭🤭🤭🤭 que cómico él
Chimera👑
esto será un tira y encoje verás ella no quería ser madre pero va a joder bastante
Chimera👑
jajajajajjaja ella ni lo pensó. yo tampoco lo pensaría nada 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Chimera👑
me encanta nunca había leído una historia así, por favor autora presenta a los personajes me muero por ver a Damián 🥰🥰😍😍🥰
Milagros Suarez
Hasta Ami me ha dolido está confusión que tuvo Damián en el momento menos oportuno caray
Cassandra yo también 😭😭
Gracias Dalia excelente historia
Bendiciones
Javier carrasco
Pero creo también que los padres son muy viejos y ella tiene 24 años no lo sé
Javier carrasco
Damian ya está enamorado eso desde el día uno jejejejejeje
Javier carrasco
A mi me hace gracia. Ella no quiere que ninguna mujer se le acerque y se enoja pero porque no le dio el hijo ella. Por dios que mujer tan idiota
Javier carrasco
Yo creo que por los deseos de ser padre y tal vez sentirse amado entonces ella le pudo haber gustado todo es posible
Javier carrasco
Es verdad es muy buena
Javier carrasco
Excelente novela. Espero que pasen más cosas interesantes
Nadia Leonila Borjas Borjas
querida autora la espera me tiene loca deseo de corazón que ya estén juntos los padres 🙏
FGallito
Hay que nervios.... No puedo esperar a que nos hagan la revelación de sexo🥰🥰🥰🥰
Yuriela Molina
Ufff demasiado buena, cada capítulo es más emocionante que el otro
Rosangela Evangrla
Yo creo que ese matrimonio es por conveniencia o tal vez ellos se querían pero como ella no le pudo dar el hijo que el quería entonces la relación se deterioró
Rosangela Evangrla
Estuve leyendo. En algunas de tus historias te preguntan lo mismo. La gente que no lee, no puede entender. Cada autora le da a su historia una manera diferente en cuanto al embarazo. Ella es humana y el es Alfa. Los embarazos solo duran 3 meses cuando se trata de omega y alfa. O sea omegaverse. Esto es diferente
Javier carrasco: Tampoco pueden darse cuenta y separar la realidad de la ficción. O sea. 🙄🥴
total 2 replies
Milagros Suarez
Victoria que pena con tigo, pero creo que ese lugar nunca te ha pertenecido y ahora menos
Para tu veneno acá encontrarás el antídoto, me encanta porque Cassandra no se deja 👏👏 Gracias Dalia bendiciones 🙏🙏🙏
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Jhon Salazar
lo siento pero a él le gustó 3lla en cuanto la.vio en la clínica
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