Valeria, una exitosa empresaria, se aleja de todo para descansar y encuentra a un hombre herido sin memoria. Al cuidarlo, surge un amor profundo entre ellos. Pero cuando él recupera su identidad, regresa con su esposa e hijo y descubre una traición peligrosa: su esposa solo lo quiere por dinero y planeó matarlo. Ahora debe elegir entre su pasado o el amor verdadero.
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Fragmentos
Valeria no volvió en horas.
El bosque se había vuelto su escape… otra vez.
Caminaba sin rumbo, con los brazos cruzados y la mente girando en círculos. El beso seguía presente. No como un recuerdo lejano, sino como algo vivo, insistente.
Se detuvo junto al río.
El agua corría con fuerza, golpeando las piedras, constante… imparable.
—Esto no puede estar pasando… —susurró.
Pero sí estaba pasando.
Y lo peor era que no quería detenerlo.
Cerró los ojos un momento, respirando profundo. Cuando los abrió, ya tenía una decisión: debía recuperar el control.
Aunque no supiera cómo.
En la cabaña, Adrián permanecía en silencio.
Sentado.
Pensando.
O intentando hacerlo.
Porque algo había cambiado.
No solo entre él y Valeria… dentro de él también.
Se llevó la mano a la cabeza.
Un dolor leve.
Luego otro.
Más fuerte.
Cerró los ojos.
Y entonces…
Una imagen.
Rápida.
Difusa.
Un volante.
Luces.
Un golpe.
Su respiración se aceleró.
—¿Qué…?
Abrió los ojos de golpe, confundido. El dolor desapareció tan rápido como llegó, pero la sensación quedó.
Algo estaba ahí.
Algo que quería salir.
Se levantó lentamente, apoyándose en la mesa. Caminó hasta el ventanal, mirando el bosque como si pudiera encontrar respuestas afuera.
Pero las respuestas estaban dentro.
Y eso era lo más difícil.
Valeria regresó al atardecer.
Su expresión era distinta. Más seria. Más cerrada.
Más protegida.
—¿Estás bien? —preguntó Adrián al verla entrar.
—Sí.
Respuesta corta.
Distante.
Adrián la observó unos segundos.
—No lo parece.
Valeria dejó la chaqueta a un lado sin mirarlo.
—Estoy bien.
Silencio.
Él dio un paso más cerca.
—Valeria…
—No —lo interrumpió—. No vamos a hablar de eso.
Adrián frunció el ceño.
—¿Por qué no?
—Porque no cambia nada.
—Para mí sí.
Ella lo miró por primera vez desde que llegó.
Y ahí estaba otra vez.
Esa intensidad.
Ese peligro.
—No podemos seguir así —dijo ella.
—Entonces dime cómo.
Valeria dudó.
Porque no tenía una respuesta.
—Como antes —dijo finalmente—. Sin complicaciones.
Adrián soltó una leve risa, sin humor.
—Eso ya no existe.
El silencio cayó entre ellos.
Pesado.
Real.
Valeria lo sabía.
Y él también.
Pero ninguno estaba listo para aceptar lo que venía después.
Esa noche, no hubo cercanía.
No hubo miradas largas.
No hubo palabras innecesarias.
Pero tampoco hubo distancia real.
Porque aunque sus cuerpos estaban separados…
Sus pensamientos no lo estaban.
Y eso era peor.
Mucho peor.
Valeria evitó mirarlo durante la cena.
Cada gesto era medido, cada palabra calculada. Pero el silencio entre ellos decía más que cualquier conversación.
—No puedes seguir ignorando esto —dijo Adrián finalmente.
Ella dejó los cubiertos.
—No lo estoy ignorando. Lo estoy controlando.
—No todo se puede controlar.
Valeria levantó la mirada.
—En mi mundo, sí.
Adrián negó suavemente.
—Entonces este no es tu mundo.
Esa frase quedó suspendida en el aire.
Valeria sintió cómo algo dentro de ella se quebraba, apenas perceptible… pero real.
—Tal vez no —admitió en voz baja.
Por primera vez, no sonó segura.
Y eso cambió todo.
Porque cuando Valeria dudaba…
Algo importante estaba a punto de pasar.