En el poderoso reino de Valdoria, la belleza es poder… y el amor, una condena.
Lady Anya Naville, segunda hija de un influyente archiduque, ha sido admirada toda su vida como el diamante del reino. Prometida desde la infancia al príncipe heredero, Maxime Iker Lindberg, Anya creció creyendo que su destino era convertirse en reina… y esposa del único hombre que había amado.
Pero todo se derrumba cuando una noble extranjera cautiva el corazón del príncipe.
Consumida por los celos y la humillación, Anya comete un acto imperdonable usando la magia prohibida que corre por su sangre. Su crimen la convierte en la villana del reino y la lleva a enfrentar la ejecución pública.
Sin aliados. Sin amor. Sin esperanza.
Hasta que, en su última hora de vida, lanza un hechizo imposible.
Anya despierta años en el pasado, atrapada nuevamente en su cuerpo de cinco años, pero conservando todos los recuerdos de su trágico futuro.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
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Capítulo 6 | Pequeños cambios
La mañana siguiente al incidente del mercado amaneció extrañamente tranquila.
Desde la ventana de mi habitación observé los jardines de la mansión Naville mientras el sol comenzaba a elevarse sobre los rosales cubiertos de rocío. El aire fresco entraba por la ventana abierta, trayendo consigo el aroma húmedo de la tierra y las flores recién abiertas. Era un olor dulce, casi calmante, pero mi mente estaba demasiado ocupada para disfrutarlo.
Apoyé la frente contra el vidrio frío.
En mi vida pasada, aquel carruaje no se había detenido.
El caballo había perdido completamente el control, el vehículo se había estrellado contra varios puestos del mercado y el hombre que viajaba dentro había resultado gravemente herido.
Cerré los ojos por un momento.
Ese hombre no era un simple noble.
Era el ministro extranjero, Armand Virel.
Recordaba perfectamente el caos que había seguido después. Los rumores se habían propagado como fuego en un campo seco: atentado, conspiración, intento de asesinato. El reino del ministro había exigido explicaciones y durante semanas el continente entero había vivido con el miedo de que estallara una guerra.
Yo había presenciado todo aquello, por eso había intervenido ayer. No por compasión, sino porque sabía exactamente lo que ocurriría si no lo hacía.
Abrí los ojos lentamente.
Pero ahora… el carruaje se había detenido. El accidente no había ocurrido.
El destino había cambiado.
—Lady Anya.
La voz suave de una sirvienta interrumpió mis pensamientos.
Me giré lentamente.
—Su padre la espera para el desayuno.
Asentí en silencio.
—Ya voy.
La mansión Naville siempre estaba silenciosa por la mañana. Mientras caminaba por los largos pasillos de mármol, mis pasos apenas producían sonido sobre las alfombras gruesas que cubrían el suelo. Grandes ventanales dejaban entrar la luz dorada del amanecer, iluminando retratos de antepasados que parecían observar cada movimiento.
El olor del pan recién horneado comenzó a llegar desde el comedor.
Cuando entré, mi padre ya estaba sentado en la mesa, sostenía una taza de té entre las manos mientras revisaba algunos documentos.
Al verme, su expresión se suavizó.
—Buenos días, pequeña.
Su voz siempre tenía un tono cálido cuando hablaba conmigo. Algo que en mi vida pasada muchas veces había pasado por alto.
Me acerqué a la mesa y tomé asiento frente a él.
—Buenos días, padre.
Un sirviente colocó frente a mí un plato con pan tibio y mantequilla. El vapor que salía del pan traía consigo un aroma delicioso, mezclado con el leve dulzor de la miel.
Por un momento el comedor quedó en silencio. Luego mi padre dejó los papeles a un lado.
—Por cierto —dijo con tono casual—. Ayer ocurrió algo curioso en el mercado.
Mis dedos se detuvieron sobre el cuchillo de mantequilla.
—¿Ah sí?
Intenté que mi voz sonara indiferente.
—Un caballo se descontroló y casi provoca un accidente.
Mi corazón dio un pequeño salto. Mi padre continuó hablando mientras daba un sorbo a su té.
—Al parecer el animal se asustó con un ruido repentino. El carruaje estuvo a punto de estrellarse contra varios puestos.
Lo miré con calma.
—¿Hubo heridos?
—No —negó suavemente con la cabeza—. Por suerte el cochero logró detener el carruaje a tiempo.
Sentí cómo algo dentro de mi pecho se relajaba. Entonces mi padre añadió:
—Lo cual fue especialmente afortunado, considerando quién iba dentro.
Mis ojos se levantaron hacia él.
—¿Quién?
Mi padre sonrió ligeramente.
—Armand Virel, ministro del reino Kenzua.
Durante un instante el sonido del comedor pareció desaparecer.
Así que realmente había cambiado.
En mi vida pasada, ese hombre había quedado inconsciente durante semanas. Ahora… estaba perfectamente bien.
Unté mantequilla en el pan con movimientos tranquilos para ocultar mis pensamientos.
El destino había sido alterado, pero lo que no sabía aún era cuánto.
Mi padre volvió a tomar uno de sus documentos.
—Afortunadamente, el ministro pudo asistir a la reunión diplomática de ayer por la tarde.
Levanté la vista.
—¿Reunión diplomática?
—Sí.
Sus labios se curvaron ligeramente.
—De hecho, discutieron algo bastante interesante.
No sabía por qué, pero una ligera sensación de inquietud comenzó a crecer dentro de mí.
—¿Qué cosa?
Mi padre dejó los papeles sobre la mesa.
—Un nuevo acuerdo entre reinos.
Se recostó en la silla con expresión pensativa.
—La academia real abrirá sus puertas a estudiantes extranjeros.
Por un momento me quedé completamente quieta.
La Gran Academia Real de Valdoria.
En mi vida pasada… eso nunca había ocurrido.
El pan tibio seguía en mi mano, pero de pronto había perdido todo su sabor. Porque comprendí algo en ese instante.
El cambio que había provocado no solo había evitado una guerra. Había alterado el futuro de una forma que yo no podía prever.
Durante unos segundos no supe qué decir.
Mantuve la mirada fija en el plato frente a mí mientras trataba de ordenar mis pensamientos. La mantequilla comenzaba a derretirse lentamente sobre el pan caliente, formando pequeñas gotas doradas que se deslizaban por la superficie.
En mi vida pasada, la academia nunca había abierto sus puertas a estudiantes extranjeros.
Eso lo recordaba perfectamente.
La tensión diplomática causada por el accidente del ministro había hecho que los reinos vecinos se volvieran desconfiados. Las alianzas se habían debilitado y cualquier tipo de intercambio entre nobles había sido descartado casi inmediatamente. Pero ahora… ahora ese incidente no había ocurrido.
Le di un pequeño mordisco al pan, aunque apenas podía sentir el sabor.
—¿Estudiantes extranjeros? —pregunté con voz tranquila.
Mi padre asintió mientras volvía a tomar su taza de té.
—Sí. Fue una propuesta del propio ministro Virel. Parece que Kenzua está interesado en fortalecer relaciones con Valdoria.
El vapor que subía de la taza llevaba consigo el aroma suave de las hojas de té. Era un olor agradable, familiar, que normalmente me habría relajado.
Pero mi mente estaba demasiado ocupada.
—La academia siempre ha sido prestigiosa —continuó mi padre con una leve sonrisa—. No es extraño que otros reinos quieran enviar a sus herederos allí.
Asentí lentamente.
Eso tenía sentido.
La academia era el centro de formación más importante del continente. Solo los hijos de las familias más poderosas podían estudiar allí, y muchos de los futuros líderes políticos y militares del reino habían pasado por sus aulas. Pero aun así… ese acuerdo nunca había existido antes.
Dejé el cuchillo con cuidado sobre el plato.
Un solo cambio había sido suficiente para alterar el curso de la historia. La idea era… inquietante.
Mi padre me observó por un momento.
—Aunque todavía faltan algunos años para que ingreses —añadió con tono divertido—. Así que no necesitas preocuparte por eso ahora.
Incliné ligeramente la cabeza.
—Lo tendré en cuenta, padre.
La conversación continuó unos minutos más, pero yo apenas escuchaba. Mis pensamientos seguían girando alrededor de una única conclusión.
El futuro ya no era el mismo.
Cuando el desayuno terminó, me despedí de mi padre y salí del comedor.
El aire del pasillo era más fresco que dentro de la sala. Caminé lentamente hacia los jardines, dejando que la luz del sol calentara mi rostro mientras atravesaba las grandes puertas de vidrio.
Los rosales estaban en plena floración.
El perfume de las flores llenaba el aire, mezclándose con el canto lejano de los pájaros. Una brisa suave movía las hojas de los árboles, produciendo un murmullo constante que hacía que el jardín pareciera vivo.
Me detuve cerca de una de las fuentes de piedra.
El agua caía en un flujo continuo, produciendo un sonido claro y relajante.
Apoyé una mano en el borde frío de la fuente.
El futuro cambió.
Hasta ahora había pensado que mi conocimiento de los eventos futuros me permitiría evitar los errores de mi vida pasada. Pero eso solo funcionaría si el mundo seguía el mismo camino. Y ahora sabía que no era así.
—Lady Anya.
La voz de un niño interrumpió mis pensamientos.
Me giré lentamente.
Un joven de cabello castaño claro se acercaba por el sendero de piedra. Sus pasos eran tranquilos y medidos, y su expresión tenía una seriedad poco común para alguien de su edad.
Lo reconocí inmediatamente, Alexei Smirnov.
En este momento aún tenía siete años, pero incluso entonces había algo diferente en él.
Se detuvo a unos pasos de distancia e inclinó ligeramente la cabeza en señal de saludo.
—Buenos días.
Su voz era calmada, casi adulta.
—Buenos días —respondí con la misma cortesía.
Por un momento ninguno de los dos habló.
El sonido del agua de la fuente llenaba el silencio entre nosotros.
Alexei parecía observarme con atención, como si intentara resolver un enigma invisible.
Finalmente habló.
—Mi padre dice que usted es muy talentosa con la magia.
Parpadeé una vez.
—Su padre es muy amable al decir eso.
Alexei frunció ligeramente el ceño, como si estuviera analizando mi respuesta.
Luego dio un paso más cerca.
—Pero usted no parece sorprendida.
Incliné la cabeza.
—¿Debería estarlo?
El niño permaneció en silencio unos segundos.
Sus ojos color miel eran inusualmente intensos para alguien de su edad.
Finalmente, negó con la cabeza.
—No lo sé.
La respuesta me hizo esbozar una pequeña sonrisa. Era una conversación extraña. Pero también… interesante.
En mi vida pasada, Alexei siempre había sido reservado, incluso de adulto. Rara vez hablaba más de lo necesario, y su mente siempre parecía estar trabajando en silencio.
Ahora podía ver que esa naturaleza ya existía desde pequeño.
El viento volvió a moverse entre los árboles.
Alexei miró brevemente hacia el cielo antes de volver a dirigir su atención hacia mí.
—Tengo que irme —dijo finalmente.
Asentí.
—Que tenga un buen día, lord Smirnov.
Él inclinó la cabeza una vez más antes de alejarse por el sendero. Lo observé hasta que desapareció detrás de los arbustos del jardín.
Luego volví a mirar la fuente.
El agua seguía cayendo con el mismo sonido constante de antes, pero algo dentro de mí sabía que el mundo ya no era el mismo.
Había cambiado el destino una vez.
Y ahora el futuro se abría ante mí como un camino desconocido. Uno que ya no podía prever completamente.
Cerré los ojos por un momento mientras el viento fresco rozaba mi rostro.
Si el futuro ya no estaba escrito… entonces tendría que aprender a enfrentarlo de nuevo.
Paso a paso.
La que la llama es ella del futuro o quien puede ser!?