Es una historia intensa y visceral sobre pasión, ambición y lealtad en un universo donde cada decisión puede ser la última.
Un romance envuelto en balas.
Una guerra donde el corazón es el único territorio que no están dispuestos a perder.
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CAPÍTULO 5.
La primera vez que algo salió mal, entendimos que ya no estábamos jugando a ser adultos.
Nos dieron un paquete más grande de lo habitual, no era pesado… pero sí demasiado importante como para que “El Loco” se lo entregara a cualquiera.
_ Ruta corta _ nos dijo _ Sin rodeos.
Eso era lo que decía siempre, pero esa noche el aire estaba distinto. Demasiado quieto para mí y eso Gabriel lo notó antes que yo.
_ No me gusta _ murmuró mientras caminábamos _ Hay pocos autos.
_ Eso es bueno _ respondí.
_ No. Eso significa que alguien limpió el camino.
No alcanzó a terminar la frase cuando una patrulla dobló la esquina.
No corrimos, ya que caminar es menos sospechoso. Eso lo sabíamos muy bien, pero un policía bajó la ventanilla y nos miró demasiado tiempo.
_ Documentos.
No teníamos... (Sentí el pulso retumbándome en los oídos)
Gabriel dio un paso apenas perceptible, colocándose levemente delante de mí. Instinto puro.
_ Vivimos cerca, señor _ dijo con voz firme, sin desafío _ Íbamos a comprar pan.
"Siempre el pan."
El policía nos observó unos segundos más que parecieron eternos. Después bufó.
—Lárguense.
Caminamos siin apurarnos, sin mirarnos y cuando por fin estuvimos fuera de vista, Gabriel me agarró del brazo.
_ Esto ya no es solo por hambre, Aurora.
Lo miré.
—Lo sé _ asentí.
Esa noche entregamos el paquete y cobramos el doble. No nos preguntamos por qué, pero esa noche empezamos a entender que ya no éramos invisibles...
Las pruebas comenzaron después.
Un encargo implicaba cruzar territorio que no pertenecía a “El Loco”. Puesto que no era solo llevar mercancía, era enviar un mensaje y eso
Gabriel lo entendió de inmediato.
_ Nos están midiendo _ me dijo.
_ ¿Para qué?
_ Para ver si servimos cuando las cosas se pongan feas.
Y se pusieron muy feas...
Un día un grupo nos interceptó en una esquina mal iluminada. No eran policías, eran chicos como nosotros... Pero con armas.
_ Ese paquete no cruza _ dijo uno.
Gabriel no levantó la voz.
_ No buscamos problemas.
_ Entonces entréguenlo.
Ese fue el momento exacto donde todo cambió, porque hasta entonces habíamos corrido, negociado o evitado.
Gabriel me miró apenas un segundo y fue suficiente para entenderlo.
Yo retrocedí dos pasos y él avanzó uno. No sé si fue su mirada o su calma lo que hizo dudar al otro, pero algo titubeó wn él.
Lo justo para que una sirena sonara a lo lejos y el grupo decidiera dispersarse antes de que la atención se concentrara en ellos.
Nos quedamos solos en la calle vacía.
_ Esto va a escalar _ dije.
_ Lo sé.
_ Podríamos irnos.
Gabriel guardó el paquete bajo la chaqueta.
_ ¿A dónde?
Yo no tenía respuesta, porque el problema no era la ciudad...Éramos nosotros, ya que estábamos dentro de algo que no sé puede salir, puesto que el dinero empezó a cambiar pequeñas cosas en nuestras vidas.
Comíamos mejor, dormíamos bajo techo algunas noches. Hasta compré una camiseta nueva con mangas largas y Gabriel la miró como si fuera un símbolo.
_ Ahora sí pareces peligrosa _ bromeó cuando me vió con ella.
_ Siempre lo fui.
Pero también empezamos a discutir más, porque él se volvía más protector y yo más desconfiada.
_ No tienes que ponerte delante de mí siempre _ le reclamé una noche.
_ Y tú no tienes que cargar todo sola.
El problema era que ambos habíamos aprendido a sobrevivir solos antes de aprender a querer estar juntos. Ya que en el mundo en el que estábamos entrando no premiaba la ternura.
Premiaba la lealtad ciega y la violencia calculada.
La primera vez que vimos a alguien caer por una deuda impaga, el estómago se me revolvió. No fue sangre lo que me impactó, fue la indiferencia, o la forma en que todos miraban hacia otro lado.
La forma en que “El Loco” ni siquiera estaba presente.... Nunca necesitó estarlo... El mensaje viajaba solo.
Esa noche no pude dormir, mientras Gabriel estaba sentado en el borde del colchón improvisado.
_ Podemos salir _ dijo de repente.
Lo miré sorprendida.
_ ¿Salir cómo?
_ Juntamos suficiente dinero para irnos. Otra ciudad, un empezar distinto.
La idea era tentadora... Pero peligrosa.
_ Nadie sale así _ respondí.
_ Yo sí.
_ No es solo irse, Gabriel.
El silencio volvió.
_ ¿Te arrepientes de haber entrado a esto? —preguntó.
Lo pensé, pensé en el hambre, en el frío, en el beso detrás del galpón y en la primera vez que dormimos sin miedo a que nos robaran los zapatos.
_ Me arrepentiría más de perderte _ dije.
Él exhaló como si hubiera estado conteniendo el aire durante meses.Se acercó y me besó con una mezcla de desesperación y promesa.
Ya no era un beso adolescente... Era un pacto.
Uno peligroso, porque en ese mundo, amar a alguien era darle a tus enemigos un punto exacto donde apuntar y aunque a los diecisiete seguíamos sintiéndonos invencibles… Ya había nombres que nos conocían.
Rutas que dependían de nosotros y miradas que empezaban a evaluarnos no como chicos útiles…
Si nocomo piezas reemplazables.
No sabíamos cuándo llegaría el momento de elegir entre el poder que empezábamos a saborear o la libertad que todavía no sabíamos cómo construir.
Pero el reloj ya estaba en marcha y esta vez, no corríamos por pan. Corríamos contra algo mucho más grande que nosotros mismos y lo entendimos del todo la noche en que nos llamaron por nuestros nombres.
No “los chicos”.
No “los de la ruta norte”.
Aurora y Gabriel. Y esso significaba archivo, significaba registro, significaba que ya no éramos herramientas… Éramos activos y los activos, cuando dejan de servir, se liquidan para siempre.
ella claramente le dijo que era una trampa pero el de disque macho se fue y cayó en el anzuelo a si que no venga a reclamar nada 😡
despues de aquí seguro aparecerá la valentina esa ocupando el lugar de aurora